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Antecedentes
En Europa
Los casos más
significativos de Turismo de Pesca son los de Escocia e
Islandia, pero hay otros que, por menos conocidos, no dejan
de tener importancia. Me refiero a Irlanda, Gales,
Inglaterra, Noruega, Finlandia, Suecia y Austria.
En Escocia, país señero en pesca, se obtienen unos ingresos
por turismo de pesca de aproximadamente 300.000 millones de
pesetas, calculando todos los conceptos.
En Islandia, solamente en salmón y valor pesca, sin contar
gastos adicionales, con una afluencia de 200 pescadores
diarios, con un resultado de 20.000 jornadas de pesca, a un
promedio de 100.000 pts/pescador/día, nos da la respetable
cifra de 2.000 millones de pesetas en divisas.
Irlanda, de la que se carece de datos estadísticos, es una
potencia emergente, que une a su importante contingente de
salmones y truchas y a su reducido precio, una proximidad
destacable a las grandes urbes europeas, junto con una
climatología templada y lluviosa, con una población muy
afable que redunda en que, probablemente, el coste por
salmón obtenido es el más bajo de todo el continente.
Gales es una buena zona de pesca, desconocida del gran
público internacional pero bien conocida por los ingleses
que, junto con los propios galeses, copan su capacidad de
oferta.
Inglaterra, con una tremenda capacidad de pesca sobre todo
de truchas y ciprínidos, está saturada por sus 6 millones de
pescadores, por lo que no tienen relevancia internacional.
Su mayor oferta se centra en lagos, lagunas y embalses y es
tal la demanda de este tipo de pesca que actualmente se
habilitan charcos de 0,5 ha para la pesca. Su turismo
interior supone una gran fuente de ingresos para las zonas
rurales, no en vano es la patria de Izaac Walton.
Noruega, antiguamente gran destino turístico, con una pesca first class, sobre todo en salmón, los de verdad de
gran tamaño, con capturas abundantes de ejemplares de 10 a
20 kg, actualmente ha experimentado un gran bajón, debido a
problemas de salud de los salmones que fuentes del sector
achacan a la proliferación de granjas de producción en las
aguas de los fiordos noruegos.
Sea lo que sea, han empeorado.
Suecia y Finlandia, ambos de parecidas características, con
su buena calidad de pesca, sobre todo en trucha, son bien
conocidos de los aficionados centroeuropeos.
Austria, con una gran calidad de pesca de trucha que allí
miman, es un destino copado por los alemanes que son los
únicos con recursos económicos para afrontar el elevado
coste que supone.
En el polo opuesto situaremos a Francia, con su riqueza
arrasada por Electricité de France, un tremendo
furtivismo, una considerable contaminación y una desastrosa
política piscícola. Más al sur España y Portugal, en
parecidos términos, diezmada su pesca por la voracidad de
las compañías hidroeléctricas, una contaminación tremenda,
un furtivismo galopante y una ignorancia supina por parte de
sus gobiernos hacia la pesca. Actualmente debemos exceptuar
a Galicia que, con un presidente sensible a los temas
piscícolas y receptivo a las justas aspiraciones de los
pescadores, ha acometido la recuperación de su pesca con la
promulgación de una novedosa Ley de Pesca Fluvial de Galicia
que audazmente prohíbe la comercialización de salmónidos
salvajes con cuantiosas sanciones para los infractores,
sanciona duramente los casos de contaminación y abusos
industriales, corta los derechos de pernada de los
aprovechamientos hidroeléctricos con la fijación de un
caudal ecológico mínimo y establece lo que puede ser el
futuro de la pesca: la posibilidad de gestión privada bajo
la modalidad de Cotos Turísticos.
Se estima que en el primer año de aplicación de la ley,
centrada la vigilancia en la comercialización, se redujo el
furtivismo en un 50%, aproximadamente, y ya fue notoria la
mejoría en los stocks de trucha la pasada temporada y se
espera que aún sea mejor en las que vienen. Debemos
exceptuar los casos de reo y salmón donde ya se llevan tres
años de estudios y muchos millones gastados para decirnos lo
que ya sabíamos: que si no se repuebla, se acaba.
Si alguna evolución favorable se llega a notar será por obra
y gracia de la Madre Naturaleza y de la aplicación de las
sanciones de la Ley de Pesca Fluvial.
En América
De forma muy
destacada tenemos Alaska y Canadá -monstruos en pesca de
todo tipo- y en menor grado Argentina y Chile que cuentan
con un importante potencial -sin explotar- de cara al
turismo de pesca.
Alaska, con sus 130.000 turistas (año 1.989) que realizaron
2.260.000 jornadas de pesca y a un promedio de 50.000 pts/día,
obtuvo unos ingresos por este concepto de 113.000 millones
de pts, eso sin contar los gastos adicionales de los
pescadores y estando como está situada en el fin del mundo y
con una climatología terrible. En esas jornadas se
obtuvieron 3.200.000 ejemplares sin contar las devoluciones
de peces vivos al agua que son la gran mayoría.
Canadá, sin datos conocidos, podemos calcular por
extrapolación y teniendo en cuenta que su potencial es muy
superior al de Alaska, así como la proximidad de sus zonas
de pesca a las grandes urbes -tanto canadienses como
estadounidenses- se pueden multiplicar por 4 o 5 las cifras
de Alaska y todavía con toda seguridad nos habremos quedado
cortos.
Argentina, con grandes y poco explotados recursos, con
stocks de enormes truchas y reos tanto en lagos como en
ríos, tiene también salmones (Hucho) y peces autóctonos
sobre los que destaca el Dorado y el modesto Pejerrey.
Cuando despierte de su letargo puede convertirse en una
potencia turística.
Chile, con unas posibilidades naturales y paisajísticas de
cuento de hadas, no posee sin embargo la riqueza piscícola
de Argentina ya que el furtivismo castiga allí más
duramente, pero si se cuidase este “pequeño” detalle podría
ser algo fuera de serie. Debemos pensar que los Andes son
algo omnipresente, te encuentres donde te encuentres, los
sientes encima de tu cabeza.
En España
Históricamente
existían unos cotos de pesca de turismo en Galicia, Asturias
y Cantabria que vendían el 100 % de sus posibilidades y con
unos resultados acordes a su importancia y cuidado.
Actualmente hay un coto turístico de pesca en un embalse de
Lleida, con cobertura total de su capacidad, aún cuando su
gestión no es la más adecuada. Existe asimismo una pequeña
corriente de turismo para pescar el Siluro en Caspe (sobre
todo alemanes) y la carpa en varios embalses de la meseta
(sobre todo ingleses).
En Galicia
Allá por el año 1880, según estudios publicados en
Inglaterra, se calculaba la riqueza salmonera del río Ulla
en unos 300.000 salmones/año. Nada se sabe de otros ríos
pero el Miño debía multiplicar por mucho esa cifra y
existían salmones en prácticamente la totalidad de los ríos
gallegos. De las truchas mejor no hablar porque no cabían en
los ríos.
Florecía la hostelería al amparo de los cotos de turismo en
el río Eo y a lo largo de sus riberas, con gran contento
para los habitantes de la zona donde todo el mundo se dejaba
buenos dividendos que contribuían a la economía de la zona.
Situación actual
en Galicia
Con la aprobación de la Ley 7/92 y su entrada en vigor a
finales del 92 se dio un paso decisivo entre otros puntos,
porque permite coexistir los tres tipos de gestión de la
pesca: enteramente público, semi-público (cotos consorciados)
y gestión privada con fines turísticos, esta reducida al
ámbito de embalses. Al amparo de esta posibilidad se efectuó
la primera concesión de un embalse –Vilagudín- a una empresa
privada.
Perspectivas
Se cree contar con las mejores posibilidades ya que la
empresa concesionaria fija como objetivo la obtención del
éxito a través
de la calidad del
servicio, palabras que constituyen su lema. Esta iniciativa
es pionera en España.
GESTIÓN PRIVADA DE
LA PESCA
Desde siempre
existió una polémica acerca de si los recursos cinegéticos y
piscícolas deberían gestionarse de forma pública o privada.
En el caso de la caza y refiriéndonos a España el asunto
quedó zanjado, bien o mal, con la actual ley que regula el
ejercicio de la caza con una mezcla de privado y público,
más o menos natural, debido a que los terrenos donde se
ejercita suelen ser mayoritariamente privados.
No sucede así en lo que respecta a la pesca ya que las aguas
donde de practica son de dominio público.
Para tener una perspectiva más amplia y así poder comparar,
se hace preciso mirar a los países de nuestro entorno:
-Portugal, régimen similar al español.
-Francia, parecido a España excepto algunos enclaves
privados situados casi todos en la Bretaña.
-Noruega, por el contrario, gestiona la pesca de forma
privada en la mayoría de sus aguas.
-Reino Unido, la gestión es casi totalmente privada.
-Irlanda, casi todo privado.
-Islandia, todo privado con raras excepciones.
¿Y en España?. Dado que sus aguas son en su totalidad de
titularidad y dominio público, la pesca siempre ha estado
administrada por la Administración, bien en forma de aguas
libres -en forma de cotos- o en forma de cotos consorciados
con sociedades de pescadores y al mismo tiempo existió un
tímido intento de copiar la gestión privada -en forma de
cotos turísticos- gestionados por las Delegaciones de
Turismo existentes en aquel momento, sobre todo en Asturias
y Santander.
A la vista de los diferentes sistemas. Surge inmediatamente
el deseo de compararlos y ver cuales de entre ellos dan o
dieron mejor resultado.
Por más que nos duela reconocerlo, hemos de admitir que los
países donde hay buena pesca, y precisamente los más
codiciados por los pescadores, son los del norte de Europa
allí donde la gestión de la pesca es privada.
Socialmente es el sistema menos justo pero hay peces.
Por el contrario en los países del sur de Europa, allí donde
la gestión de la pesca es pública, es precisamente donde no
hay peces y vamos de mal en peor. Patético es el caso de
Francia, antiguamente un peso pesado de la pesca fluvial, ya
que en la actualidad la pesca de salmónidos deja mucho que
desear.
Parecida situación
es la de España y Portugal si hacemos la excepción gallega.
Ejemplo de buena
gestión es Islandia, donde su buen hacer les ha llevado a
incrementar su riqueza salmonera; construyendo escalas para
peces incluso en cascadas naturales y velando con mimo por
su riqueza, gestión privada seria y responsable, con pingues
beneficios para todo el país en forma de turismo de
pescadores.
Aquí los pescadores de salmón echamos mucho de menos los
cotos de turismo, existentes años ha, bien provistos de
peces con una gestión pública funcionando como empresa
privada. Ejemplo de la diferencia de gestión es el río Eo
que, de un promedio de 1.000 salmones/año, ha pasado las
últimas temporadas a unos 50 míseros ejemplares. Este caso
se vio agravado al compartir la gestión las administraciones
gallega y asturiana..
Resumiendo; podemos ver que la gestión pública, socialmente
mas justa, da unos resultados deprimentes que redundan en
que el coste por cada pez obtenido es mucho más elevado que
el que resulta de la gestión privada ya que el mero hecho de
salir de casa y desplazarse a un río a pescar ya supone un
importante coste. Si encima no pescas o pescas poco…
Puede ser ilustrativo lo siguiente: en Escocia cada salmón
pescado con caña cuesta unas 160.000 pts, en España el coste
debe de andar entre las 500.000 pts y 1.000.000 pts y si nos
situamos en Galicia mucho mas.
En Galicia van a coexistir las cuatro formas de gestión:
aguas libres, cotos públicos, cotos consorciados y gestión
privada de cotos turísticos.
Por primera vez, sin necesidad de desplazarse a otros países
y pagar grandes cantidades para poder pescar, todos los
aficionados van a poder elegir el sistema que mas les
convenga y a buen seguro que, de forma natural, determinarán
con su opción la gestión mejor y mas eficaz.
Aunque a mi entender la cosa está bastante clara. El tiempo
dirá.
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