Angel Cancelo dedicaba muchas horas a escribir sobre la problemática del sector. Durante una docena de años nos vimos con frecuencia, ofreciéndome parte de ese material. Aquí, a continuación, se reproduce su pensamiento sobre la gestión de la Pesca Fluvial.
Fue escrito el 22 de abril de 1994.

TURISMO DE PESCA

Antecedentes

En Europa

Los casos más significativos de Turismo de Pesca son los de Escocia e Islandia, pero hay otros que, por menos conocidos, no dejan de tener importancia. Me refiero a Irlanda, Gales, Inglaterra, Noruega, Finlandia, Suecia y Austria.
En Escocia, país señero en pesca, se obtienen unos ingresos por turismo de pesca de aproximadamente 300.000 millones de pesetas, calculando todos los conceptos.
En Islandia, solamente en salmón y valor pesca, sin contar gastos adicionales, con una afluencia de 200 pescadores diarios, con un resultado de 20.000 jornadas de pesca, a un promedio de 100.000 pts/pescador/día, nos da la respetable cifra de 2.000 millones de pesetas en divisas.

Irlanda, de la que se carece de datos estadísticos, es una potencia emergente, que une a su importante contingente de salmones y truchas y a su reducido precio, una proximidad destacable a las grandes urbes europeas, junto con una climatología templada y lluviosa, con una población muy afable que redunda en que, probablemente, el coste por salmón obtenido es el más bajo de todo el continente.
Gales es una buena zona de pesca, desconocida del gran público internacional pero bien conocida por los ingleses que, junto con los propios galeses, copan su capacidad de oferta.
Inglaterra, con una tremenda capacidad de pesca sobre todo de truchas y ciprínidos, está saturada por sus 6 millones de pescadores, por lo que no tienen relevancia internacional. Su mayor oferta se centra en lagos, lagunas y embalses y es tal la demanda de este tipo de pesca que actualmente se habilitan charcos de 0,5 ha para la pesca. Su turismo interior supone una gran fuente de ingresos para las zonas rurales, no en vano es la patria de Izaac Walton.
Noruega, antiguamente gran destino turístico, con una pesca first class, sobre todo en salmón, los de verdad de gran tamaño, con capturas abundantes de ejemplares de 10 a 20 kg, actualmente ha experimentado un gran bajón, debido a problemas de salud de los salmones que fuentes del sector achacan a la proliferación de granjas de producción en las aguas de los fiordos noruegos.
Sea lo que sea, han empeorado.
Suecia y Finlandia, ambos de parecidas características, con su buena calidad de pesca, sobre todo en trucha, son bien conocidos de los aficionados centroeuropeos.
Austria, con una gran calidad de pesca de trucha que allí miman, es un destino copado por los alemanes que son los únicos con recursos económicos para afrontar el elevado coste que supone.
En el polo opuesto situaremos a Francia, con su riqueza arrasada por Electricité de France, un tremendo furtivismo, una considerable contaminación y una desastrosa política piscícola. Más al sur España y Portugal, en parecidos términos, diezmada su pesca por la voracidad de las compañías hidroeléctricas, una contaminación tremenda, un furtivismo galopante y una ignorancia supina por parte de sus gobiernos hacia la pesca. Actualmente debemos exceptuar a Galicia que, con un presidente sensible a los temas piscícolas y receptivo a las justas aspiraciones de los pescadores, ha acometido la recuperación de su pesca con la promulgación de una novedosa Ley de Pesca Fluvial de Galicia que audazmente prohíbe la comercialización de salmónidos salvajes con cuantiosas sanciones para los infractores, sanciona duramente los casos de contaminación y abusos industriales, corta los derechos de pernada de los aprovechamientos hidroeléctricos con la fijación de un caudal ecológico mínimo y establece lo que puede ser el futuro de la pesca: la posibilidad de gestión privada bajo la modalidad de Cotos Turísticos.
Se estima que en el primer año de aplicación de la ley, centrada la vigilancia en la comercialización, se redujo el furtivismo en un 50%, aproximadamente, y ya fue notoria la mejoría en los stocks de trucha la pasada temporada y se espera que aún sea mejor en las que vienen. Debemos exceptuar los casos de reo y salmón donde ya se llevan tres años de estudios y muchos millones gastados para decirnos lo que ya sabíamos: que si no se repuebla, se acaba.
Si alguna evolución favorable se llega a notar será por obra y gracia de la Madre Naturaleza y de la aplicación de las sanciones de la Ley de Pesca Fluvial.

En América

De forma muy destacada tenemos Alaska y Canadá -monstruos en pesca de todo tipo- y en menor grado Argentina y Chile que cuentan con un importante potencial -sin explotar- de cara al turismo de pesca.
Alaska, con sus 130.000 turistas (año 1.989) que realizaron 2.260.000 jornadas de pesca y a un promedio de 50.000 pts/día, obtuvo unos ingresos por este concepto de 113.000 millones de pts, eso sin contar los gastos adicionales de los pescadores y estando como está situada en el fin del mundo y con una climatología terrible. En esas jornadas se obtuvieron 3.200.000 ejemplares sin contar las devoluciones de peces vivos al agua que son la gran mayoría.
Canadá, sin datos conocidos, podemos calcular por extrapolación y teniendo en cuenta que su potencial es muy superior al de Alaska, así como la proximidad de sus zonas de pesca a las grandes urbes -tanto canadienses como estadounidenses- se pueden multiplicar por 4 o 5 las cifras de Alaska y todavía con toda seguridad nos habremos quedado cortos.
Argentina, con grandes y poco explotados recursos, con stocks de enormes truchas y reos tanto en lagos como en ríos, tiene también salmones (Hucho) y peces autóctonos sobre los que destaca el Dorado y el modesto Pejerrey.
Cuando despierte de su letargo puede convertirse en una potencia turística.
Chile, con unas posibilidades naturales y paisajísticas de cuento de hadas, no posee sin embargo la riqueza piscícola de Argentina ya que el furtivismo castiga allí más duramente, pero si se cuidase este “pequeño” detalle podría ser algo fuera de serie. Debemos pensar que los Andes son algo omnipresente, te encuentres donde te encuentres, los sientes encima de tu cabeza.

En España

Históricamente existían unos cotos de pesca de turismo en Galicia, Asturias y Cantabria que vendían el 100 % de sus posibilidades y con unos resultados acordes a su importancia y cuidado.
Actualmente hay un coto turístico de pesca en un embalse de Lleida, con cobertura total de su capacidad, aún cuando su gestión no es la más adecuada. Existe asimismo una pequeña corriente de turismo para pescar el Siluro en Caspe (sobre todo alemanes) y la carpa en varios embalses de la meseta (sobre todo ingleses).

En Galicia

Allá por el año 1880, según estudios publicados en Inglaterra, se calculaba la riqueza salmonera del río Ulla en unos 300.000 salmones/año. Nada se sabe de otros ríos pero el Miño debía multiplicar por mucho esa cifra y existían salmones en prácticamente la totalidad de los ríos gallegos. De las truchas mejor no hablar porque no cabían en los ríos.
Florecía la hostelería al amparo de los cotos de turismo en el río Eo y a lo largo de sus riberas, con gran contento para los habitantes de la zona donde todo el mundo se dejaba buenos dividendos que contribuían a la economía de la zona.

Situación actual en Galicia
Con la aprobación de la Ley 7/92 y su entrada en vigor a finales del 92 se dio un paso decisivo entre otros puntos, porque permite coexistir los tres tipos de gestión de la pesca: enteramente público, semi-público (cotos consorciados) y gestión privada con fines turísticos, esta reducida al ámbito de embalses. Al amparo de esta posibilidad se efectuó la primera concesión de un embalse –Vilagudín- a una empresa privada.

Perspectivas
Se cree contar con las mejores posibilidades ya que la empresa concesionaria fija como objetivo la obtención del éxito a través
de la calidad del servicio, palabras que constituyen su lema. Esta iniciativa es pionera en España.

GESTIÓN PRIVADA DE LA PESCA  

Desde siempre existió una polémica acerca de si los recursos cinegéticos y piscícolas deberían gestionarse de forma pública o privada.
En el caso de la caza y refiriéndonos a España el asunto quedó zanjado, bien o mal, con la actual ley que regula el ejercicio de la caza con una mezcla de privado y público, más o menos natural, debido a que los terrenos donde se ejercita suelen ser mayoritariamente privados.
No sucede así en lo que respecta a la pesca ya que las aguas donde de practica son de dominio público.
Para tener una perspectiva más amplia y así poder comparar, se hace preciso mirar a los países de nuestro entorno:
-Portugal, régimen similar al español.
-Francia, parecido a España excepto algunos enclaves privados situados casi todos en la Bretaña.

-Noruega, por el contrario, gestiona la pesca de forma privada en la mayoría de sus aguas.
-Reino Unido, la gestión es casi totalmente privada.
-Irlanda, casi todo privado.
-Islandia, todo privado con raras excepciones.
¿Y en España?. Dado que sus aguas son en su totalidad de titularidad y dominio público, la pesca siempre ha estado administrada por la Administración, bien en forma de aguas libres -en forma de cotos- o en forma de cotos consorciados con sociedades de pescadores y al mismo tiempo existió un tímido intento de copiar la gestión privada -en forma de cotos turísticos- gestionados por las Delegaciones de Turismo existentes en aquel momento, sobre todo en Asturias y Santander.
A la vista de los diferentes sistemas. Surge inmediatamente el deseo de compararlos y ver cuales de entre ellos dan o dieron mejor resultado.
Por más que nos duela reconocerlo, hemos de admitir que los países donde hay buena pesca, y precisamente los más codiciados por los pescadores, son los del norte de Europa allí donde la gestión de la pesca es privada.
Socialmente es el sistema menos justo pero hay peces.
Por el contrario en los países del sur de Europa, allí donde la gestión de la pesca es pública, es precisamente donde no hay peces y vamos de mal en peor. Patético es el caso de Francia, antiguamente un peso pesado de la pesca fluvial, ya que en la actualidad la pesca de salmónidos deja mucho que desear.
Parecida situación es la de España y Portugal si hacemos la excepción gallega.

Ejemplo de buena gestión es Islandia, donde su buen hacer les ha llevado a incrementar su riqueza salmonera; construyendo escalas para peces incluso en cascadas naturales y velando con mimo por su riqueza, gestión privada seria y responsable, con pingues beneficios para todo el país en forma de turismo de pescadores.
Aquí los pescadores de salmón echamos mucho de menos los cotos de turismo, existentes años ha, bien provistos de peces con una gestión pública funcionando como empresa privada. Ejemplo de la diferencia de gestión es el río Eo que, de un promedio de 1.000 salmones/año, ha pasado las últimas temporadas a unos 50 míseros ejemplares. Este caso se vio agravado al compartir la gestión las administraciones gallega y asturiana.
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Resumiendo; podemos ver que la gestión pública, socialmente mas justa, da unos resultados deprimentes que redundan en que el coste por cada pez obtenido es mucho más elevado que el que resulta de la gestión privada ya que el mero hecho de salir de casa y desplazarse a un río a pescar ya supone un importante coste. Si encima no pescas o pescas poco…

Puede ser ilustrativo lo siguiente: en Escocia cada salmón pescado con caña cuesta unas 160.000 pts, en España el coste debe de andar entre las 500.000 pts y 1.000.000 pts y si nos situamos en Galicia mucho mas.
En Galicia van a coexistir las cuatro formas de gestión: aguas libres, cotos públicos, cotos consorciados y gestión privada de cotos turísticos.
Por primera vez, sin necesidad de desplazarse a otros países y pagar grandes cantidades para poder pescar, todos los aficionados van a poder elegir el sistema que mas les convenga y a buen seguro que, de forma natural, determinarán con su opción la gestión mejor y mas eficaz.
Aunque a mi entender la cosa está bastante clara. El tiempo dirá
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Angel Cancelo.

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