Y EN JULIO... ¡SEIJAS!

 

Estoy un poco hasta los “tegumentos procreativos” de escribir de males, que nos azotan por cuanto río fluye. No voy a dejar de escribir de ellos hasta que acaben de una vez, pero necesito oxígeno, preciso de mirar al teclado sonriendo y no con gesto triste y sombrío. Así que, por entregas, como los “cedés” de El Ideal Gallego, voy a hablar de lo que merece la pena, de quién merece la pena, y del que, en mi mente, produce un movimiento neuronal inversamente proporcional a la penuria que nos castiga.
Así que, temblad, malditos, porque voy a hacer un capitulario de lo que somos, los que somos y por qué lo somos. (Por cierto, somos MiguelPesca).
Empezaré por “Julito bravura, en cada montaje, una aventura”.
Julio es un mes de abolengo y tronío.
Durante todo este mes que ahora empezará está de Santo Seijas. Estamos invitados a moscas hasta caernos de culo, enterrados en creaciones tan magníficas como de insondable, pero querido y  compartido, argumento.
Julio es lo que hace distinguir lo clásico de lo superficial.
Es maestro en la vida, en la pesca y probablemente de extrema nostalgia que provoca el reclamar lo absoluto y necesario cuando todo es efímero y momentáneo.
Julito monta unas moscas que van de P. M. y Geltrú (ver “Moralejo, obras completas”, volúmenes 11, 17, 23 y 37, volúmenes primos).
Julito, que es un hombre de pelo en pecho, también pone pelo en los anzuelos. Debe ser que poner algo tuyo en lo que quieres que sea tuyo da una impronta que, por lo menos, acojona cuando lo cuentas. Dices: “Este sabe, carallo”.
Julio, Don Julio, no monta moscas ¡quién le diera a una mosca que la montara Julio, por delante o por detrás y sin gomina!
Juliño es un artista, de la pesca, del río, de la comunicación, de la amistad, ésa que vale apretar un tegumento, de los citados antes, contra otro para decir: “Sí, es cierto, esto merece la pena”.

Julio es Seijas, Seijas es Julio, y ahora que comienza su mes, en el que estamos invitados a garimbas, un corte de pelo y un “Salta... lo que usted quiera” en la ciudad del Miño, su Miño, que sigue siendo su niño, simplemente hemos de hacer un lance, sólo uno, aunque sea el primero, el que a veces no sale (como los trescientos quince siguientes), brindando al tendido la suerte, con la firmeza torera y el valor contenido pero explícito del que puede decir: “Va por ti, amigo. Felicidades. Y ahora, en Julio... Seijas”.
¡Coño!

Con respeto y admiración
Alberto Torres
Estajaseijista

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