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Mi
querido Papá. Papá es con mayúscula al inicio, porque Papá sólo hay
uno, y siempre está Papá. Porque Papá es Papá, Papá es nuestro
hombre (evidentemente creo que en mis letras están escritas las de
Marcos).
Querido Papá. Yo no me voy a quedar sin decirte lo que te quiero, y
en letras grandes, que lo vea todo el mundo, pero sobre todo tú.
Querido Papá. En la vida uno es Hombre cuando llega. Es como la
adolescencia, que a veces pienso no he pasado con 35 carambolas.
Pero, Querido (sin perdón por la mayúscula) Papá (con respeto a mí;
minúsculo), ahora lo veo todo distinto.
Tenías, tienes, tendrás, mucha razón siempre, Querido Papá. “La vida
es de los que arriesgan”, me dijiste sin querer cuando viajábamos
hacia Asturias. Me enseñaste a intentar ser como tú: Controlar
siempre, desde el Hombre, el Caballero, toda situación posible sin
olvidar que, a veces, son incontrolables pero, aún así, un
Hombre-Caballero (perdón por la Mayúscula, es de familia) sale
airoso de muchos ríos de pelouro y brizo.
Querido Papá, nos vamos a ver la final de las finales, como vimos el
España-Malta, abrazados. La veremos en Valdoviño, y al día siguiente
nos iremos a La Volta, que dicen que hay salmones.
Es nuestra oportunidad, nos merecemos un salmón, lo hemos currado de
carallo.
Echaremos de menos al equipo alevín de los Torres. Es muy peque
pero, Querido Papá, iremos los tres en menos de lo que piensas.
Aunque en esta ocasión quiero ser tan egoísta como para tenerte,
como en Asturias, en Bilbao, en mi vida, sólo para mí.
Somos cuatro ya. Cuatro Torres; y eso marca cuando el que está por
encima eres tú (no debo recordarte que manda Mamá, que es Roca, y
manda en todos. Como debe ser).
Y yo no voy a ser el necio que no hable, a todos los vientos a la
Rosa entera, de lo que significas para mí, que es todo.
De momento, múgeles y anguilas en el Lago de la Familia (gran
Familia la de todo el Lago) pescaremos los “Albertiños”.
Pero iremos los tres a un Ulla libre, a reírnos, a enseñaros, yo
(que ya sabes que cada vez pesco menos) a pescar. |