"EL SUEÑO TRUCHERO DE LA PATAGONIA CHILENA"
Por Enrique Aguado, Director de Trofeo Pesca
 

Todo aquel que ama la pesca de la trucha se plantea alguna vez el viaje de su vida y dónde puede estar ese lugar soñado que justifique el desembolso. Los que han estado en los ríos y lagos del sur de Chile tienen la respuesta: en la Patagonia.
Desde su extremo más septentrional, hasta los confines antárticos, Chile desborda pesca por todos su rincones, pero describirlos se hace complicado. Tanto como cortos se quedan el marco de una diapositiva para recoger un paisaje o las palabras para definir el color tan característico de algunos de sus ríos. En este país andino todo deslumbra en general, quedando las proporciones y las concepciones que trae un europeo rápidamente echadas por tierra. De hecho, la idea de qué es un río cobra aquí otra dimensión. Por eso todos quieren volver, a pescar si es posible.  
El destino patagónico es el mejor escaparate de Chile hacia el mundo, un territorio virgen de verdad, sin asentamientos humanos ni grandes villas turísticas que siembren de visitantes los campos, sin carreteras que se adentren por sus rincones ni demasiados alojamientos al uso donde dormir si no es en plena naturaleza. Por eso atrae, y porque además todo lo que encontramos está especialmente creado para dar al pescador la mejor calidad, por servicios de sus lodges y por abundancia de peces. Chile está de moda, a buen precio y con resultados altamente garantizados, eso está claro.  
De sus casi 5.000 kilómetros de largo (8.000 si contamos con su territorio antártico) por unos 177 de ancho de media, gran parte de ellos están catalogados como aguas trucheras. En la misma capital, Santiago, existen ríos que albergan algunas poblaciones poco estables. Desde allí hacia el sur se encuentra lo que con los años se ha convertido en un destino privilegiado y mimado por las autoridades del país, uno de los mejores lugares del mundo para pescar truchas.
Lo que tradicionalmente se conoce como la Patagonia no es sino una extensa franja longitudinal que comparte con Argentina vertebrada por la Cordillera de los Andes. El lugar donde las moles desérticas del norte del país, que rozan el cielo con sus más de seis mil metros, van menguando poco a poco y se convierten en un sistema de abruptos picos de menor altitud que albergan una vegetación impenetrable y reliquias naturales como el alerce, uno de los pocos árboles capaces de vivir miles de años y todo un símbolo para los chilenos. Todas las cumbres aquí se encuentran entre los dos y los tres mil metros, muchas de ellas volcanes semiactivos, y el manto blanco que las corona es perenne. Estamos en lo que administrativamente se denomina la X y XI Región, conocidas también como las de Los Lagos y Aisén.
En este vasto sistema de montañas y valles la abundancia de ríos allí donde la vista alcanza se convierte pronto en parte del paisaje particular de cada visitante. El agua es uno de los principales bienes del país, cuyos habitantes han acuñado el dicho de que “lo único que nos sobra es agua y electricidad por todos lados”. Pero no se encuentra explotada para obtener esta energía, al menos en los ríos patagónicos, por la dificultad de construir presas y porque no son necesarios generar más watios para la población. Eso contribuye a que haya truchas en cada rincón y a que los ríos sean por tanto salvajes, pero también inmensos y poderosos en corrientes, teniendo que verter al Pacífico después que recorrer un gran desnivel en poco más de 100 kilómetros en el caso de los más largos. El resultado son tremendos cauces que se precipitan veloces hasta encontrar el mar, que se pescan normalmente embarcados, y miles de afluentes considerados “ríos chicos”, lo que equivaldrían en proporciones a un río peninsular y cuya pesca es más similar a la nuestra.

Bajando el Petrohué
La entrada natural del viajero a la Patagonia es la ciudad de Puerto Montt, que con sus 110.000 habitantes es la quinta urbe del país y la última gran ciudad antes de adentrarse en cualquier programa de pesca. Esta es la capital de la región de Los Lagos, ubicada frente al llamado seno de Reloncaví, la terminación de un inmenso fiordo de más de 30 kilómetros flanqueado por farallones y bajo los cuales se produce una de las mayores entradas de salmones del país -principalmente chinook-. Si se llega por aire desde Santiago podremos hacernos una idea de la densidad de lagos que da nombre a la región, todos ellos fruto de glaciaciones pasadas y rellenados por el efecto de las morrenas que impidieron su desagüe al mar. El Ranco, el Puyehue o el Rupanco se encuentran entre los más grandes, pero es el Llanquihue el que concentra la mayor actividad además de ser el segundo por superficie del país. Hasta él se llega a través de una carretera que pronto pasa a ser la característica pista de ripio     -piedra machacada-, el material con el que se fabrican los caminos. Desde éste se divisan volcanes como el Osorno y el Calbuco, que gobiernan el paisaje desde cualquier rincón, y en sus inmediaciones nos topamos con el Petrohue, uno de esos ríos imprescindibles en cualquier viaje.
Por sus dimensiones, es obligado pescar usando una embarcación neumática derivando por la corriente, aunque son muchos los tramos en los que podremos bajar durante el día para hacerlo desde orilla y asentarnos en cualquiera de sus afluentes. A pesar de tener una longitud de 36 kilómetros escasos, su cauce es en muchos puntos superior a los 100 metros y discurre encajonado entre pronunciados cañones que albergan bajo sus aguas tanto truchas comunes como arcoiris que llegan sin problemas hasta los 4 kilos de peso, y en su época de remonte también salmones. Las fario son en general corpulentas en cualquier río, pero aquí presumen de pescar las más grandes y agresivas, siendo bastante normales las capturas de 7 y 8 kg. Pero las inmediaciones de Puerto Montt también ofrecen más opciones. Además de los citados lagos, hermanos en caudal del Petrohué son el Puelo y Maullín y la costa marítima no deja de ser regada por ríos cortos por descubrir, lo mismo que aquellos que desaguan al Llanquihue.

Pasión por el flyfishing
Aunque están permitidas todas las modalidades excepto el cebo natural, Chile es un destino fundamentalmente mosquero, algo que se puede percibir en cualquier lodge en el que nos alojemos o en la cultura y los conocimientos de quienes se encarguen de nuestras salidas. Es el fruto del turismo que recibe -fundamentalmente norteamericano- y de la historia reciente del sur del país, poblado a finales del XIX y comienzos del pasado siglo por un buen número de colonos de origen europeo que entre otros acerbos incorporaron el del flyfishing. La forma de pescar sin embargo no difiere mucho de la que se puede practicar en España. Un equipo básico podría constar de una caña del 5-6 o 7 según los gustos, y un juego de al menos tres líneas: una flotante para ríos medianos, una punta hundida para los más grandes y una línea hundida para pescar en barca o poder colocar la mosca en los grandes pozos y tener la oportunidad de sacar ejemplares de tamaño.

En cuanto a las imitaciones más usadas hay que mentalizarse de que la mosca seca y la pesca a trucha vista es algo muy ocasional y que sólo se practica en ríos muy concretos, de los que convenientemente te informan una vez llegado. Mandan las grandes imitaciones, tipo wooly buggers o stimulators como genéricas, pero nunca hay que dudar de los montajes que, como en cualquier parte del mundo, son específicos. Es el caso de las pancoras (crustáceos autóctonos), verdaderos reclamos para las comunes en los ríos de la X Región. Y quien pesque a lance ligero no tiene por qué temer; de hecho es una técnica mucho más productiva y las diferencias entre señuelos de aquí y allá no existen.
Dejando atrás el equipo usado, el siguiente destino imperdonable en el camino hacia el sur es el entorno de Chaitén con el lago Yelcho a la cabeza. Después de haber tomado la avioneta diaria que conecta con Puerto Montt en media hora (en barco y por carretera el viaje puede ser de un día) y tras otro pequeño tramo por la Ruta Austral, nos situamos en alguna de las pocas entradas accesibles a este lago, donde existen varios alojamientos en plena orilla con embarcadero propio. Tanto para los mosqueros como para los de spinning es más que recomendable navegar pescando al curricán en estas aguas, de las que salen truchas de las dos especies y de un tamaño aceptable de unos 500 gramos de media, o desplazarse hasta la salida del lago hacia el río del mismo nombre para intentar la pesca desde tierra. Si queremos emplear algo más de tiempo, existe la opción de desplazarse hasta el Futaleufú, uno de los ríos más bravos del planeta (grado 5 para los amantes del rafting), pero que también alberga una de las poblaciones trucheras más importantes.

¿El río más productivo del mundo?
Pero dentro de la Patagonia también hay respiros, extensas zonas donde el relieve descansa y se torna en suaves montes o mesetas en forma de pampa. Es el caso de Coyhaique y Balmaceda, localidad ésta donde se ubica el aeropuerto que da entrada a este enclave. Sería difícil quedarse con uno de los muchos ríos que salpican esta capital de la región de Aisén para recomendar, aunque nada comparable con la experiencia de pescar en el que puede considerarse uno de los más productivos del mundo. Hablar del Ñireguao y de los saltamontes es decir decenas, cientos de truchas en un día. Todo aquél que lo ha pescado guarda de él un recuerdo imborrable que perdura para el resto de su vida. Y sin embargo no responde al prototipo de río chileno, sino más bien todo lo contrario: discurre en medio de un extenso páramo arbustivo cercano a Argentina, apenas llega a los 10 metros de ancho y su caudal no impide cruzarlo donde queramos. A cambio ofrece una de las densidades de comunes más altas de Chile con tamaños que van desde los 500 gramos hasta los dos kilos. Es además uno de los pocos lugares donde pescar a mosca seca se convierte en un verdadero espectáculo al ver cómo entran francas al señuelo picando incluso a medio metro de nuestra figura.
Tan famoso como sus truchas son sus saltamontes, una imitación muy concreta de este insecto que el literalmente infalible en estas aguas. Desde Coyhaique tenemos oportunidad también de acercarnos al Simpson, considerado también como un río auténticamente mosquero que corre a través de un estrecho valle al que afluyen cantidad de tributarios que podemos pescar si nos desplazamos en barca con tricópetros o efémeras y con la oportunidad de coger algunas especies más como arcoiris, steelheads o reos según nos aproximamos a su desembocadura en Puerto Aisén.

Arcoiris en estado puro

A cinco horas de coche y 290 kilómetros por la Ruta Austral se encuentra el último de los grandes destinos chilenos antes de que las carreteras vayan escaseando y el frío de Tierra de Fuego haga olvidar la Patagonia. Este tramo de vía bien merecería otra semana de pesca aventurera y exploradora, ya que a los lados del camino no dejan de brotar aguas trucheras por todos lados. Arroyos, cascadas, lagunas, ríos inmensos... Miles de kilómetros sin pescar -nadie y nunca lo han hecho- y sin embargo no son una prioridad; es imposible pescarlo todo. Es interminable.
Del segundo lago más grande de Sudamérica (el General Carrera para los del lado chileno y el Buenos Aires para los del argentino) nace el río Baker, a su vez el más caudaloso de todo el país con un flujo nada despreciable de un millón y medio de litros por segundo en su nacimiento. Una auténtica fuerza bruta de la naturaleza que sorprende tanto más por su color azul turquesa -para otros es esmeralda- que por su bravura.
En el Baker se encuentra la población de arcoiris más luchadora que podemos encontrar en tamaños de uno a dos kilos de media y una diversión que no cesa tras la primera arrancada del pez después de haberse prendido. En este río puede vivirse una las eclosiones más espectaculares de toda la zona y ver cómo se convierte en un hervidero de brutales cebadas al atardecer, mucho más francas que las de las truchas comunes, que son sólo esporádicas. Este es para muchos el último río de la Patagonia aunque a partir de aquí todavía quedan más de 200 km de camino, el que marca hasta dónde ha llegado el hombre en busca de truchas. El resto está aún por descubrir.  

¿POR QUÉ HAY TANTOS PECES EN LA PATAGONIA?
Hay muchas razones para considerar a Chile como uno de los mejores destinos mundiales para la pesca de truchas y salmones. La densidad de peces que allí se encuentra sólo es comparable a la de otras regiones remotas del mundo como Alaska o Nueva Zelanda y como en este último país la presencia de salmónidos es fruto de la introducción en el siglo XIX de especies que sólo son autóctonas del Hemisferio Norte del planeta. Para comprender el porqué de esta abundancia y los tamaños que alcanzan hay que referirse a varias causas entre las que estarían las condiciones óptimas de sus ríos para la vida de los salmónidos, la practicamente nula presión de pesca, la inaccesibilidad del territorio, la ausencia total de vertidos ya que no hay ni poblaciones ni industrias, y transversalmente la piscicultura.
Las primeras introducciones de truchas en Chile datan de finales del XIX, pescándose la primera en 1914 en el río Cautín. A partir de ese momento comenzó su fase de expansión a través del extenso engranaje de ríos, lagos y esteros que forma la Patagonia. Las condiciones además, son inmejorables, ya que presentan un gran caudal y una corriente moderada fruto de la cercanía de la cordillera que permite que se reproduzcan con éxito y abunde la comida, fundamentalmente a base de invertebrados y la pancora, un cangrejo muy abundante en los cursos de la X Región que es parte esencial de la  dieta de la trucha y una de las imitaciones en la pesca a mosca más usadas.
La densidad de población del sur del país es de 19,3 habitantes por km2, concentrándose más de un tercio de sus 16 millones de habitantes del país en Santiago, la capital, y otro tanto en las principales ciudades de la zona centro. El territorio patagónico es por tanto una zona escasamente poblada, y donde la pesca recreativa no es un deporte común para sus ribereños, lo que nos permite en la mayoría de los casos pasar jornadas enteras sin encontrarnos con otros pescadores en el río, adonde sólo suelen llegar los guías de pesca, que en muchos casos son los únicos que pueden transitar por las pistas de acceso a los mismos.

La piscicultura es también otro de los motivos de la abundancia de salmónidos. De hecho, las perspectivas afirman que Chile podría convertirse a corto plazo en el primer exportador de salmón del mundo por delante de Noruega con sus 700.000 toneladas de pescado anuales, que podrían llegar hasta 1.377.000 en el año 2013 entre las cuatro especies de salmones que se producen y la trucha arcoiris. A lo largo de Chile operan unas setenta empresas dedicada a este negocio en unas 1.500 granjas flotantes, unos 190 centros de piscicultura y unos ochenta centros de cría repartidos en lagos y zonas de desembocadura. Esto da como resultado un riesgo latente de escapes que se produce con cierta frecuencia y que llena los ríos de peces, que con el tiempo acaban aclimatándose y reproduciéndose. Anualmente se estima que son de uno a cuatro los millones de ejemplares que escapan de la granjas y se incorporan a los ecosistemas fluviales, lacustres y costeros. El último de estos escapes masivos, producido a finales de 2003 en el estuario de Reloncaví (desembocadura del Petrohué) se cifró en uno 130.000 salmones.


CÓMO LLEGAR A CHILE Y MOVERSE POR EL PÁIS
Pese a la lejanía, llegar al sur de Chile y a las zonas de pesca de la X y XI Región es relativamente sencillo y con buenas combinaciones. Lan Chile dispone de un vuelo diario Madrid-Santiago de lunes a sábado a las 23:55 h. Desde la capital, y dadas las distancias, es casi obligado tomar otro vuelo hasta Puerto Montt en cualquiera de los diez horarios existentes en un trayecto de una hora y cuarenta minutos. Tres de esos vuelos prosiguen camino hasta Balmaceda, un aeropuerto cercano a la ciudad de Coyhaique tras otra hora de avión. Todas las tarifas y horarios se pueden consultar en su página wwwlanchile.es.
Para moverse dentro del país las infraestructuras de comunicaciones son bastante escasas por una cuestión geográfica. La Patagonia es una región absolutamente montañosa con valles muy pronunciados que impiden la construcción de carreteras, excepto en las zonas de llanura o pampa colindantes con Argentina. La Ruta Austral es, hoy por hoy, el mejor modo de conocer las posibilidades y la magia de la naturaleza de la Patagonia chilena si se dispone de tiempo. Esta vía se comenzó a construir en 1976 y finalizó su trazado en 1987, aunque continuamente se trabaja en ella, sumando un total de 1.280 kilómetros de caminos ganados a un terreno accidentado e inexplorado hasta entonces en medio de la llamada selva fría, con varios estuarios que hay que franquear por medio de trasbordadores. La Ruta Austral parte de Puerto Montt y llega hasta Villa O´Higgins, muy cerca del Campo de Hielo Sur y ya próxima a Tierra del Fuego. Recorrer esta vía es una de las experiencias más espectaculares que se pueden realizar en el mundo conduciendo un vehículo, aunque con las incomodidades de encontrarse en una región virgen. Actualmente sólo se encuentran pavimentados uno 100 kilómetros en torno a la ciudad de Coyhaique; el resto es una pista de ripio de distinta calidad según la zona. Los más atrevidos pueden hacer esta travesía pescando en cualquiera de los cientos de ríos que se encuentran a su paso -la mayoría nunca pescados-, siempre teniendo en cuenta que el depósito de gasolina debe estar lleno (puede haber cientos de kilómetros entre gasolineras), que podemos pasar horas sin cruzarnos con otro vehículo en el camino y que la velocidad a la que se circula no es superior a los 50-60 km/h.
Otra de las alternativas más extendidas en el país es el alquiler de avionetas o aerotaxis para viajar de un lugar a otro. Actualmente son el método más rápido (en coche 300 kilómetros pueden demorarte un día) e incluso el más económico según los casos. Gran parte de los pueblos, villas o asentamientos patagónicos han construido a lo largo de los años pistas de aterrizaje para las aeronaves del ejército que hoy en día se utilizan para el aterrizaje de turistas, pescadores e incluso transporte discrecional de sus pobladores. Aunque volar entre este paisaje montañoso y climatológicamente inestable no es excesivamente tranquilo se puede decir que los pilotos y la calidad de los aparatos es en general buena. Algunos lodges disponen incluso de hidroaviones con los que transportan a sus clientes entre lagos.

LODGES A PRIMER NIVEL MUNDIAL
Los alojamientos para pescadores en Chile gozan de una relación calidad-precio excelente y más económica que en otras partes del mundo. En general disponen de precios por días o paquetes incluyendo todas las comodidades. Pero teniendo en cuenta dónde se ubican la sensación de confort se acrecienta y una constante de sus propietarios en la dedicación y el gusto por ofrecer al cliente un servicio de alto nivel.
Sin embargo, poner en marcha un lodge en la Patagonia no es fácil desde el punto de vista del empresario dadas las complicaciones derivadas del aislamiento, de ahí que los que funcionen lo hagan sabiendo que lo que ofrecen tiene que satisfacer a quien llega. Se construyen habitualmente en terrenos que adquieren sus propietarios a orillas de ríos y lagos, a menudo comunicados a través de pistas, la Ruta Austral o simplemente de llanuras acondicionados para el aterrizaje de avionetas, con los pueblos más cercanos a varias decenas o cientos de kilómetros de distancia. Algunos disponen incluso de su propio hidroavión para acortar los tiempos de desplazamientos recogiendo a sus pasajeros a orillas de lago.

La mayoría de ellos están construidas siguiendo el diseño tradicional de las cabañas y en madera, bien como soporte o como elemento decorativo, y presumen de un exquisito gusto por su decoración interior. Este es un país en el que el fenómeno de la pesca es relativamente reciente, y ha adquirido la cultura del lodge anglosajón, que intenta rodear al huésped de toda una serie de adornos e iconografía piscícola que le hace sentir como en casa, eso sí, siempre en inglés. En su interior vamos a encontrar numerosos mapas de la zona, un buen puñado de grabados, óleos o acuarelas de las distintas especies y muchos detalles ornamentales que hacen agradable y calurosa la estancia en estos alojamientos mientras se degusta el pisco, una bebida de alta graduación y mejor sabor típica del país que es ofrecida como costumbre por los anfitriones.
Las comodidades son igualmente la tónica general. Rara será la habitación en lo que nos alojemos que no disponga de vistas al río o lago que vamos a pescar y el ver la televisión no es problema ya que disponen de canales por satélite, el único modo de comunicarse (también por Internet) en una zona en la que ni la telefonía fija ni la televisión analógica son capaces de llegar. Ni siquiera la cobertura de los móviles es efectiva en muchos casos.
Para contactar con cualquier lodge de Chile y elegir la zona y los ríos en los que trabajan se puede consultar la web: www.chilelodge.com, en donde se recogen la mayoría de los que operan en la X y XI Región, con enlaces directos a las páginas de cada uno. En ellas, ofrecen catálogos de imágenes con distintas vistas del lodge, programas de pesca, precios, temporada y algunos la opción de reservar on line.

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