"Salmones chilenos: torpedos de nueva cuña"

Por Enrique Aguado, Director de Trofeo Pesca

 

Mucha gente conoce ya la pesca de salmones en los ríos patagónicos chilenos, pero no hace tanto tiempo que estos colosos pueblan las aguas que vierten de los Andes al Pacífico. Una cosa está clara: por abundancia, tamaño y belleza de sus parajes puede considerarse una de las más espectaculares del mundo.

 Como todos los salmónidos de Chile y del Cono Sur, hay que precisar que estamos hablando de peces no autóctonos cuya presencia no está datada hasta finales del siglo XIX. Fruto de la colonización de la zona sur de Chile, los primeros asentamientos, fundamentalmente de alemanes, italianos y distintas nacionalidades del este de Europa, se empezaron las labores de piscicultura en el país. Las excelentes aguas del Pacífico vieron cómo poco a poco se creaban granjas de trucha como método de supervivencia. Esta familia de peces, autóctona y originaria del Hemisferio Norte del planeta, tuvo un éxito reproductivo espectacular que no ha cesado hasta hoy, convirtiendo a Chile en el segundo productor mundial de piscicultura. Como no podía ser de otra manera, parte de estas poblaciones enjauladas escaparon río arriba, a la vez que algunos pescadores se encargaron de realizar las oportunas sueltas para intentar comprobar la aclimatación a los ríos andinos. El resultado fue que en 1914 se pescó la primera trucha, concretamente en el río Cautín.

Pero a día de hoy, la piscicultura se ha ampliado enormemente, y de las truchas fario y arcoiris se ha pasado a los salmones. Estos últimos, aunque llevan cultivándose bastante más tiempo, no han sido conocidos para la pesca hasta hace unos 10 años o incluso menos. Por supuesto estamos hablando de poblaciones naturales, que ya han nacido en los ríos y se reproducen anualmente en ellos. Son tres las especies que habitan en la Patagonia. Por un lado el salmón atlántico (Salmo salar), que se encuentra principalmente en la X Región y en los alrededores de la ciudad de Puerto Montt, lo que podría considerarse la Patagonia alta. Debido a que no se halla en su mar y teóricamente debería desplazarse demasiados miles de kilómetros para reproducirse allá cerca de Groenlandia, sus poblaciones son escasas y están poco estudiadas. Aun así se pescan unos miles cada año con un peso medio de 5 kilos.

Otro de los salmones es el llamado coho (Oncorhynchus kisutch), de origen norteamericano, que se encuentra en casi toda la Patagonia pero sin entradas constantes a los ríos, lo que hace de su pesca algo esporádico y en cualquier caso incierto. Al igual que el atlántico está todo por estudiar. Su tamaño tampoco suele ser mayor de los 5 kilos.

El verdadero protagonista de las aguas chilenas es el salmón chinnok o king (Oncorhynchus tshawytscha), un pez que sí se ha aclimatado y que año a año ve cómo aumentan sus poblaciones en más y más ríos, desde Puerto Montt hasta los confines de Tierra de Fuego. Muchos miles de kilómetros con cauces aún sin explorar que a buen seguro albergan una de las paradas salmoneras más importantes del planeta.

Este coloso que puede llegar a los 35 kilos sin problema (hay datados ejemplares mucho mayores) realiza sus entrada a los ríos ya desde octubre, prolongándose la temporada de pesca en la primavera y el verano austral hasta abril o mayo, época en la que los ejemplares se encuentran muy deteriorados por su permanencia en el río, la acción de los parásitos y el roce con el lecho acuático. Los primeros salmones del año, los cuales tuve oportunidad de pescar, son los más deportivos, bellos y entretenidos sin duda. Mantienen una coloración grisácea absolutamente marina y la fuerza de sus carreras no puede compararse a ningún otro pez de agua dulce de estos ríos. La zona neurálgica de Coyhaique “capital de la pesca en Chile”, alberga a su alrededor muchos ríos excelentes para su pesca. Entre ellos están en Mañihuales, el Simpson, el Ñireguao, el Blanco, el Picaflor.... Todos a poco más de media hora de la ciudad y con mil rincones que nos permitirán pescar solos (con la compañía del guía obviamente) sin ver pescadores en todo el día. La oferta de pozos y corrientes es tal, y la presión demográfica y pesquera tan baja, que el resultado da muchos kilómetros de río por pescador.

A diferencia de otros salmones, los chinook se pescan casi exclusivamente a lance ligero y con cucharilla. Es un pez que entra mal a la mosca por lo general, y casi nadie lo intenta por considerarse algo poco fructífero. A spinning en cambio todo funciona. Se trata, como en cualquier otra parte del mundo, de trabajar a fondo cada pozo con la cucharilla más pesada que podamos encontrar, mejor si tienen 40 gramos o más. Estamos hablando de ríos de corto recorrido, pero tremendamente caudalosos y profundos si los comparamos con un Miño, un Cares o un Narcea por ejemplo. Por eso llegar hasta abajo es la llave del éxito, algo que muchos nativos hacen con la llamada “española”, que no es otra cosa que una gran ondulante con los colores rojo y amarillo, simulando nuestra bandera nacional.

Aparte de ésta, los colores tradicionales tampoco defraudan, y los plateados o bicolores en tonos naturales son presa segura de los chinook. Aquí, a diferencia de nuestro país, coger un salmón sí es algo normal, y lo que es seguro es que los veremos por decenas en todos los pozos en los que nos movamos, unos bañándose para tomar contacto con el oxígeno superficial y otros saltando bruscamente en un intento por desprenderse de los parásitos que ya empiezan a adherirse a sus escamas y agallas. Es la ley de vida de estos salmones que ya han recorrido unos cuantos kilómetros de río y que aún tienen otros tantos de ascenso hasta encontrar unos tributarios que se reparten en realidad por todo el recorrido de los cauces principales, por lo que hay posibilidad de ver su desove en cientos de arroyos, cerca y lejos del mar. Tampoco es raro tener jornadas de lujo en Chile, con tres, cuatro y hasta cinco salmones en un día y lo que es más importante, con tamaños que no suelen bajar de los 8 o 10 kilos, lo que nos garantiza un buen rato de pelea si queremos hacerle llegar cansado y por tanto más fácil de asir hasta la orilla. Eso por no mencionar todas las truchas comunes y arcoiris que en estos ríos se abalanzan sobre las cucharillas salmoneras aportándonos ese granito de diversión entre picada y picada. En realidad uno va a por salmones, pero en ríos como el Mañihuales acaba la jornada, efectivamente, con uno o varios salmones, pero también con 10 o 12 truchas de buen porte. Todos y cada uno de ellos habrán sido devueltos al agua, siguiendo la máxima que rige en Chile desde el comienzo de la fiebre pesquera: el captura y suelta.

Para terminar, es imprescindible saber que si uno se plantea la idea de un viaje de pesca a Chile, es más que recomendable contar con un servicio de guías que nos prepare un programa ajustado y nos reserve un alojamiento acorde. La calidad de estos servicios en este país, así como la de la mayoría de los lodges, cabañas y hoteles, es sencillamente del más alto nivel. Por garantía, experiencia e incluso por precio, si tuviera que recomendar uno en Coyhaique sería Julio Meier. Se puede contactar con él a través de la web www.misteriosolodge.cl