REGRESO A ALASKA A LA PESCA DEL SALMÓN ROJO

Por Ignacio Martín Amaro

“KENAI: Bosques y ríos marcan la grandiosidad de su paisaje y es el Parque Nacional mas desconocido por remoto e inaccesible. Es un espacio natural virgen, donde uno puede encontrar, desde el oso “grizzlie”, alces al que los esquimales llaman Moose, caribou, águilas de cabeza blanca, lobos y salmones librando su batalla conmovedora con los osos por la supervivencia”.

 

Parte de los componentes del grupo ourensano Xeixo Aventura 4x4, después de visitar el año anterior la denominada “Tierra del Sol de Medianoche” (Expedición Nordkapp), mas allá del Circulo Polar Ártico, deseaban, aunque no les gusta repetir países, volver a experimentar la aventura buscando la infinita soledad que proporciona la lejanía y emular otra vez (enamorados del paisaje y de la Aurora Boreal), a los tramperos de la época de la fiebre del oro en Alaska. En ésta ocasión todo se dispuso para recorrer la inmensidad del Parque Nacional KENAI, con Tino “El Suizo”, ya conocedor de esas tierras en sus mas de seis viajes a Alaska, en busca y captura del Salmón Rojo (Red Salmón).
La La fecha elegida, fue la finales de mayo-principios de junio, donde las muchas horas de luz de la que íbamos a disponer, hacía mas tractivo el viaje (se pasa de un atardecer luminoso a un día claro y sin nubes, aunque algo fríos y en ocasiones con lluvia, sin apenas notar la oscuridad de la noche) y, coincidiendo con la primera gran subida de salmones rojos (se cuentan por millares, por no decir millones, por todos los ríos de Alaska que dan al Pacifico).
El vuelo Madrid-New York-Seattle-Anchorage, se hizo un poco pesado, pero con la ilusión puesta en lo que nos esperaba, se sobrellevó con paciencia franciscana. En Anchorage, pernoctamos en un hotelito llamado Black Angus y en la mañana con los guardas forestales, que llevan muchísimo tiempo al cuidado del Parque y, aparte de conseguir las pertinentes licencias de pesca y permisos, se interesan por nuestro itinerario a través de los ríos: Ninilchick y Kasilof para la pesca del King Salmón e Islas Kodiat y Kinai, ríos Russian, Chip Creek y Kenai y el lago Summit Lake, aconsejándonos lugares concretos de acampada, peligros de charcas y pantanos con arenas movedizas y, dándonos pautas a seguir con los osos, alces, lobos, etc. El control de los guardas impide que el comportamiento del hombre, altere la fauna, a la vez que representa para los aventureros la seguridad psicológica de saberse algo protegidos. En caso de no regresar en la fecha prefijada, iniciarían la búsqueda, razón por la que registraron toda la información posible, incluido el color de las tiendas y parcas de vestir.
Nuestro pensamiento era perdernos, porque si se recorre medio mundo y muchas horas de vuelo, para terminar metidos en una poco no recomendable excursión por Alaska, con muchos turistas de pantalón corto, japoneses mayormente y comiendo mucho cangrejo hervido (King Craff), tenía que ser especialmente frustrante, en un territorio tan inmenso y que tiene tanto que ofrecer y ya se sabe nuestro lema: ¡No somos turistas, somos viajeros-aventureros!
La capital de Alaska, Juneau, pasa por ser la ciudad más bonita de Estados Unidos según la mayoría de sus 30.000 habitantes, estando ubicada al sureste, entre el mar y una gran montaña, combinando modernidad con cierto sabor local. Es la entrada natural hacia una de las joyas del Estado, el Parque Natural Glacial Bay, lindando con la frontera canadiense de British Columbia.
Otro destino recomendado si se está ya en Alaska, es la pequeña población esquimal de Kotzebue, situada a 60 Km. Al Norte del Círculo Polar Ártico. Esta población, donde no se pone el sol durante seis semanas en verano, da acceso a algunos de los mejores ríos fluviales, para la pesca en canoa, de toda la zona ártica de Alaska. Pero lo mas atrayente es ser testigo de cómo es y como vive la población indígena esquimal. Conservan hábitos de vida de sus antepasados, gran nivel de vida y son los únicos que aparte de estar subvencionados por Estados Unidos, tienen licencia expresa para cazar y pescar todo tipo de animales y peces, para su propia subsistencia y secan los salmones al sol, como hacían sus abuelos y tatarabuelos, para poder conservarlos durante los meses de invierno, cuando azota el frío, bajando las temperaturas hasta los 45 ó 50 grados bajo cero y la oscuridad polar.
Nos dirigimos hacia Soldotna, a cinto cincuenta kilómetros al sur de Anchorage, alquilamos para días venideros, vehículo todo terreno, barco, canoa, hidroavión y, compramos cañas de pesca y utensilios necesarios, incluido víveres y contenedores para las comidas, a prueba de osos. Los artículos de deporte son en Alaska 50% más económicos que en España, por lo que no merece la pena el ir cargados desde aquí. Desde allí, nos aventuramos hacia el interior del Parque Natural Kenai, flanqueado por un paisaje inigualable de enormes montañas y vegetación explosiva, en donde de continuo te tropiezas con los famosos y peligrosos alces que pastan libres con sus crías, lobos, osos y todo tipo de animales endógenos de las tierras lejanas; donde el reto incluía varios kilómetros diarios en coche y andando con pertrechos, a veces con sol abrasador y un viento frío y pertinaz lluvia en otras. Durante las expediciones no divisas humano alguno, pero nos empapamos con la fauna entera.
Los ríos mencionados del Parque Nacional Kenai, son invadidos en verano, principalmente a partir de la segunda quincena de junio, por auténticos ejércitos de salmones (rojos, King Salmón, cabeza de hierro, truchas, etc., que alertados por su toque biológico, remontan frenéticos los ríos y cauces para ir a desovar al lugar exacto que les vio nacer, todo ello aderezado por miles de moquitos, que incordian a los animales, masacran a los Moose y sobre todo al pescador, por lo que hay que ir bien provisto de un buen repelente.

Los primeros días de junio, habían subido pocos, lo que nos animó a realizar primeramente una expedición hacia el Océano Pacifico, recalando en Homer (puerto Kikichi), donde en barco contratado y su capitán Marck, nos hizo pasar una jornada de pesca del Halibut (un pescado de carne dura y tersa , exquisito de sabor y que ya he visto comercializar en España, pescando mas de quince ejemplares de buen tamaño, entre quince y veinte kilos de peso ejemplar, a unos cuarenta metros de profundidad (son como rodaballos gigantes), con cañas apropiadas de mar y carretes y sedales fuertes; para la carnaza se utiliza pulpo y se lastra con pesos de unos dos kilogramos. Los ejemplares capturados, una vez fileteados, que se realiza dicha labor en el barco, en el trayecto de regreso al puerto, arrojando por la borda al mar, tanto la cabeza como espina dorsal y cola, que servirá de alimento a otro peces (lo mismo se hace con los salmones en los ríos, estando prohibido sacarlo del mismo sin filetear y preparar los lomos de un rojo intenso), pesaron mas de 80 Kg., que en su día los repartimos y trajimos para España, la mitad ahumado y la otra mitad fresco.

En pleno maratón desde el Océano, el salmón rojo -principalmente el rojo y el King Salmón- algunos ejemplares de mas de treinta y cuarenta kilos de peso, llegan a Kenai y Kodiak, al limite de sus fuerzas, siendo devorados muchos por depredadores (osos principalmente, gaviotas argenta, águilas de cabeza blanca y el hombre).

Nuestra captura diaria de salmones de varios kilos, sin mucho merito por la cantidad que suben (autorizados tres por día), fue un paseo militar que produce en el pescador aficionado, sensaciones indescriptibles, cuando jala del sedal tira y tira de la bobina y el carrete suena y repiquetea con su peculiar sonido “Risch…ch….ch…”, que no sabes, si dejar ir o pararlo en seco; si lo dejas ir mucho y agarra la corriente, te despides del mismo y, si lo paras de golpe, te puede llevar todo el aparejo y darte encima un remojón.En esa época de su vida, los salmones han dejado ya de comer, pero se muestran extremadamente agresivos ante cualquier cebo que aparezca en su camino(plumas rojas y blancas, verdes y oscuras violetas y hasta el anzuelo libre engarzado con cuentas de collar fosforitos de colores rojos y amarillas simulando huevas de salmón, que nos ensañaron a fabricar los esquimales; está prohibida la cucharilla o “condón fly”, permitida sin embargo en la pesca del salmón en Irlanda, con la única excepción de la pesca del King Salmon, que si se autoriza una temporada corta, con rapalas y grandes cucharillas de colores vivos y cebos naturales, como la quisquilla

Si los salmones fueron gran parte de la dieta durante la expedición, para los osos representan su supervivencia. Aletargados durante el invierno, cualquiera de los miles de osos que viven en Kenai, es capaz de devorar y engullir varias decenas de salmones cada día, un festín que les otorga las calorías necesarias para afrontar el siguiente invierno.
Durante nuestro ritual pesquero de todos los días, los plantígrados se acercaban sigilosamente a nosotros atraídos por su oportunismo gastronómico, ante el fuerte olor que desprendían los salmones recién atrapados (no ven muy bien, pero tienen un olfato excelente); recordando una anécdota que me sucedió un día, que teniendo ya en la cuerda pescados dentro del río los tres salmones, en la isla de Kodiak, en Koal river, se acercó uno de tamaño medio pero que a mí me parecía enorme y, en lugar de pescar para su alimento en el río, cogió mi cuerda y se los engulló y, al terminar se marchó apaciblemente, no sin antes desearle buen provecho y decirle “si el señor deseaba algo mas”; por supuesto que continué pescando y en poco tiempo tenía repuestos los tres ejemplares, casi más grandes y magníficos que los que me habían birlado.

Se trata mas bien de aproximaciones realizadas en son de paz, que como he mencionado son animales que adolece de una visión buena, por lo que se mueve en un mundo de olores y, se recomienda hablarles con firmeza y ser reconocidos como humanos, a lo que algunos osos simplemente se sentaban y otros se alejaban. También se recomienda utilizar silbatos, para evitar encuentros sorpresas, cuando te internas en el bosque en busca de leña para el fuego diario, debiendo estar la comida alejada y convenientemente encerrada en contenedores. También es recomendable en los encuentros con los alces, el evitarlos y mas si van con crías, no acercándose demasiado para hacerles fotos, pues el flash los puede asustar y al creerse atacados, cargar sobre uno abalanzándose y tirándote de golpe, para continuar pateando hasta la muerte (este año, contaron que varios turistas habían muerto, atacados por alces).
Los rigores climáticos obligan a viajara esta zona en época estival. Se puede y recomiendo visitar Kenai, desde mediados de junio, aunque es mejor principios de julio (cuando se produce la gran subida de salmones), hasta finales de septiembre; en esa época el sol luce mas de 20 horas, con su áurea en ocasiones o círculo en forma de corona, que produce una sensación esplendida y mareo, sin decir tiene lo que representa interiormente contemplar la aurora boreal y luminiscencias fantasmagóricas en atardeceres extraños. El tiempo en verano en Kenai, es cambiante, inestable a veces y traicionero y, aunque allí nadie hace caso de las predicciones meteorológicas, pues una semana buena en Kenai, incluiría dos días de lluvia, dos de cielo cubierto y tres de sol; por ello la ropa ha de ser ligera, de poner, secado rápido y desechar, para a la vuelta dejarlo todo allí y, no pagar exceso de equipaje, pues se ha de contar con los kilos adicionales, de salmón ahumado y tal vez fresco que quieres traerte para España, contando además el halibut; tampoco sobra un buen impermeable, que se recomienda comprar allá, calzado resistente al agua, siendo imprescindible parka, gorra, gafas de sol polarizadas y crema solar y por supuesto repetimos, repelente de mosquitos.
En el tiempo que estuvimos en Alaska, en todas las montañas quedaban restos de nieve y los días como dije son eternos, con una temperatura media de diez grados, pudiéndose pescar si te apetece, tranquilamente, truchas a las tres de la madrugada, si el sueño no te entra y estas desvelado, escuchando el aullido de los lobos en la lejanía.
Hicimos buenos amigos, todos aficionados a la pesca, como un matrimonio peruano (Ernesto y Rosa), profesores de Universidad, que se desvivieron por nosotros en Anchoage y nos acompañaron para enseñarnos uno de los glaciares mas bonitos de Alaska. También nos llevaron a enseñarnos su casa (tienen una preciosa en el alto de un acantilado desde donde se divisa la entrada del Pacifico en la bahía de Anchorage y unas puestas de sol divinas) y a hacer compras y llevar a los amigos y familiares algún recuerdo. Coincidimos con ellos en el Russian River y estaban pescando el salmón rojo, que se nutren del mismo para todo el invierno, iban en una caravana que era todo un autobús y tuvieron un incidente en el momento en que llegábamos, pues cuando Ernesto tenía enganchado un buen salmón, el mismo en un salto del agua se desprendió del anzuelo que lo sujetaba, con tan mala fortuna que vino disparado hacia él y como una flecha se le clavó en la cabeza, en el cuero cabelludo y menos mal que no fe hacia los ojos, que se hubiera quedado sin él, pues no llevaba gafas; intentamos ayudarle, procurando con mis tenacillas de pesca arrancárselo, dándole la vuelta al anzuelo después de quemar las plumas, pero era tal el dolor que sentía el pobre hombre y los gritos que daba, que desistimos y decidimos llevarlo al hospital mas cercano, que estaba a 150 kilómetros en Soldotna, donde se lo sacaron y explicaron que esos accidentes eran de lo mas común, existiendo un muñeco en la sala de espera del hospital, todo llenito de anzuelos, cucharillas, rápalas, etc. En fin que quedaron tan agradecidos, pues detalles así no acostumbra a ver (en esa tierra salvaje, cada uno se trata de apañar como puede) que los pobres no sabían como compensarnos, quedando incondicionales y prometiendo que vendrían a España a pasar unos días con nosotros. También conocimos a dos pescadores suizos, dueños de dos hoteles y restaurantes en St. Moritz, que coincidimos una noche de correría en un pub donde se cantaba música country por el cantante y leyenda viva en Alaska llamado Mac Bosso; así mismo, tratamos con el famosísimo Budda, suizo igualmente, dueño de un complejo de cabañas esparcidas por Alaska.
Los tres últimos días de estancia en Alaska y mientras terminaban de ahumarnos en casa “Andi”, en su factoría “Trappers Creek”, los salmones que pescamos la semana anterior, decidimos pasarlos viajando a las remotas tierras auríferas donde discurre el Creek River, en donde removiendo arena y sedimentos, tamizando y filtrados en malla apropiada, se consiguió extraer algo de polvos de oro, que hemos traído de recuerdo. Por cierto que Tino “El Suizo”, me refirió que tiene dos amigos, que son de Ginebra, que vienen todos los años a Alaska y nadie sabe a donde, pero que se pierden casi un mes por las montañas y luego aparecen con bolsitas de oro, que cambian por dólares, no son ambiciosos y con eso se conforman y viven todo un año a cuerpo de rey, hasta el año siguiente en que vuelven hacer su periplo ignorado.
El regreso a España, se hizo sin contratiempos dignos de mención, a excepción de que se nos abrió una maleta cuando íbamos a facturar el equipaje y se esparció parte de la carga que llevábamos de salmones, viéndonos obligados a pagar “pequeño soborno” a la azafata (un lomo de salmón rojo ahumado), aparte de tasa por sobrepeso. El viaje de regreso (son muchas horas de vuelo y cambio de aviones), pero recompensa después, cuando te reúnes con los amigos de Xeixo, en una bodega y acompañado con buen condado, albariño o un ribeiro fresquito, consumes una de estas preciadas viandas (lomo de salmón rojo ahumado o fresco marinado al limón, convenientemente aderezado con eneldo, cortado en lonchitas muy finas y delgadas)… Hummmm…, sabe que alimenta.

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