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Se trata mas bien de aproximaciones realizadas en son
de paz, que como he mencionado son animales que adolece de una
visión buena, por lo que se mueve en un mundo de olores y, se
recomienda hablarles con firmeza y ser reconocidos como humanos, a
lo que algunos osos simplemente se sentaban y otros se alejaban.
También se recomienda utilizar silbatos, para evitar encuentros
sorpresas, cuando te internas en el bosque en busca de leña para el
fuego diario, debiendo estar la comida alejada y convenientemente
encerrada en contenedores. También es recomendable en los encuentros
con los alces, el evitarlos y mas si van con crías, no acercándose
demasiado para hacerles fotos, pues el flash los puede asustar y al
creerse atacados, cargar sobre uno abalanzándose y tirándote de
golpe, para continuar pateando hasta la muerte (este año, contaron
que varios turistas habían muerto, atacados por alces).
Los rigores climáticos obligan a viajara esta zona en época estival.
Se puede y recomiendo visitar Kenai, desde mediados de junio, aunque
es mejor principios de julio (cuando se produce la gran subida de
salmones), hasta finales de septiembre; en esa época el sol luce mas
de 20 horas, con su áurea en ocasiones o círculo en forma de corona,
que produce una sensación esplendida y mareo, sin decir tiene lo que
representa interiormente contemplar la aurora boreal y
luminiscencias fantasmagóricas en atardeceres extraños. El tiempo en
verano en Kenai, es cambiante, inestable a veces y traicionero y,
aunque allí nadie hace caso de las predicciones meteorológicas, pues
una semana buena en Kenai, incluiría dos días de lluvia, dos de
cielo cubierto y tres de sol; por ello la ropa ha de ser ligera, de
poner, secado rápido y desechar, para a la vuelta dejarlo todo allí
y, no pagar exceso de equipaje, pues se ha de contar con los kilos
adicionales, de salmón ahumado y tal vez fresco que quieres traerte
para España, contando además el halibut; tampoco sobra un buen
impermeable, que se recomienda comprar allá, calzado resistente al
agua, siendo imprescindible parka, gorra, gafas de sol polarizadas y
crema solar y por supuesto repetimos, repelente de mosquitos.
En el tiempo que estuvimos en Alaska, en todas las montañas quedaban
restos de nieve y los días como dije son eternos, con una
temperatura media de diez grados, pudiéndose pescar si te apetece,
tranquilamente, truchas a las tres de la madrugada, si el sueño no
te entra y estas desvelado, escuchando el aullido de los lobos en la
lejanía.
Hicimos buenos amigos, todos aficionados a la pesca, como un
matrimonio peruano (Ernesto y Rosa), profesores de Universidad, que
se desvivieron por nosotros en Anchoage y nos acompañaron para
enseñarnos uno de los glaciares mas bonitos de Alaska. También nos
llevaron a enseñarnos su casa (tienen una preciosa en el alto de un
acantilado desde donde se divisa la entrada del Pacifico en la bahía
de Anchorage y unas puestas de sol divinas) y a hacer compras y
llevar a los amigos y familiares algún recuerdo. Coincidimos con
ellos en el Russian River y estaban pescando el salmón rojo, que se
nutren del mismo para todo el invierno, iban en una caravana que era
todo un autobús y tuvieron un incidente en el momento en que
llegábamos, pues cuando Ernesto tenía enganchado un buen salmón, el
mismo en un salto del agua se desprendió del anzuelo que lo
sujetaba, con tan mala fortuna que vino disparado hacia él y como
una flecha se le clavó en la cabeza, en el cuero cabelludo y menos
mal que no fe hacia los ojos, que se hubiera quedado sin él, pues no
llevaba gafas; intentamos ayudarle, procurando con mis tenacillas de
pesca arrancárselo, dándole la vuelta al anzuelo después de quemar
las plumas, pero era tal el dolor que sentía el pobre hombre y los
gritos que daba, que desistimos y decidimos llevarlo al hospital mas
cercano, que estaba a 150 kilómetros en Soldotna, donde se lo
sacaron y explicaron que esos accidentes eran de lo mas común,
existiendo un muñeco en la sala de espera del hospital, todo llenito
de anzuelos, cucharillas, rápalas, etc. En fin que quedaron tan
agradecidos, pues detalles así no acostumbra a ver (en esa tierra
salvaje, cada uno se trata de apañar como puede) que los pobres no
sabían como compensarnos, quedando incondicionales y prometiendo que
vendrían a España a pasar unos días con nosotros. También conocimos
a dos pescadores suizos, dueños de dos hoteles y restaurantes en St.
Moritz, que coincidimos una noche de correría en un pub donde se
cantaba música country por el cantante y leyenda viva en Alaska
llamado Mac Bosso; así mismo, tratamos con el famosísimo Budda,
suizo igualmente, dueño de un complejo de cabañas esparcidas por
Alaska.
Los tres últimos días de estancia en Alaska y mientras terminaban de
ahumarnos en casa “Andi”, en su factoría “Trappers Creek”, los
salmones que pescamos la semana anterior, decidimos pasarlos
viajando a las remotas tierras auríferas donde discurre el Creek
River, en donde removiendo arena y sedimentos, tamizando y filtrados
en malla apropiada, se consiguió extraer algo de polvos de oro, que
hemos traído de recuerdo. Por cierto que Tino “El Suizo”, me refirió
que tiene dos amigos, que son de Ginebra, que vienen todos los años
a Alaska y nadie sabe a donde, pero que se pierden casi un mes por
las montañas y luego aparecen con bolsitas de oro, que cambian por
dólares, no son ambiciosos y con eso se conforman y viven todo un
año a cuerpo de rey, hasta el año siguiente en que vuelven hacer su
periplo ignorado.
El regreso a España, se hizo sin contratiempos dignos de mención, a
excepción de que se nos abrió una maleta cuando íbamos a facturar el
equipaje y se esparció parte de la carga que llevábamos de salmones,
viéndonos obligados a pagar “pequeño soborno” a la azafata (un lomo
de salmón rojo ahumado), aparte de tasa por sobrepeso. El viaje de
regreso (son muchas horas de vuelo y cambio de aviones), pero
recompensa después, cuando te reúnes con los amigos de Xeixo, en una
bodega y acompañado con buen condado, albariño o un ribeiro
fresquito, consumes una de estas preciadas viandas (lomo de salmón
rojo ahumado o fresco marinado al limón, convenientemente aderezado
con eneldo, cortado en lonchitas muy finas y delgadas)… Hummmm…,
sabe que alimenta. |