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El río...
los ríos son significado de vida, prosperidad de los pueblos y cultura.
Los ríos son un bien natural que hay que saber administrar para que no
se extingan, en su significado más amplio.
¡Qué importa recordar el ayer, si el hoy y el mañana no se pueden
mencionar porque nos da vergüenza!.
León lo fue todo para el pescador. León fue la maravilla entre las
maravillas en la pesca de la trucha, la singular “pintona” de nuestros
ríos. León ofreció al visitante y al lugareño las mejores “tiradas”, los
mejores “trofeos”, las mejores “horas” de disfrute en plena naturaleza ¿
Y ahora qué?
Ahora, basta con el recuerdo para unos. Otros, insisten en la lucha para
conseguir que vuelva a ser lo que fue. Ni lo uno, ni lo otro. La
realidad es la realidad por mucho que se quiera disfrazar. León es hoy
al río, lo que los “aerosoles” y su CO2 son a los agujeros negros en la
capa de ozono.
No se puede tener tanta dejadez con la naturaleza. No se puede abusar
tanto. No se debe concienciar sólo cuando las “peras” están demasiado
maduras o a punto de pudrirse. La concienciación ecológica tiene que
estar presente desde que se nace, en casa, en el colegio, en la
Universidad, en el trabajo, en toda la realidad de la vida. Nosotros
somos naturaleza y no es lógico que destruyamos los que nos da la vida.
Si queremos conservar lo que aún nos queda, si queremos salvar nuestros
ríos, todos, no sólo la Administración, todos debemos estar a “una” como
Fuenteovejuna. Esa “una” es el respeto, la admiración y la
concienciación para que, aunque personas inteligentes, aprendamos a ser
con la naturaleza como los animales irracionales. Ellos, sí que saben
defender lo suyo. Ellos, sí que cuidan su entorno, porque para ellos es
su vida y su muerte.
De Norte a Sur, de Este a Oeste, León tiene un sin fin de rincones donde
el agua, el líquido elemento de la vida, nace y discurre. La orografía y
el clima hacen posible que los ríos tengan su propia “personalidad”. No
es igual un río del Bierzo que uno de la montaña de Riaño. |
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Bierzo, Cabrera, Maragatería, Laciana, Babia, Montaña Central, Riaño,
Tierra de la Reina, Tierra de Campos... Los ríos leoneses todavía están
llenos de vida en los cursos altos. Es allí donde el agua, aún
cristalina y pura, es la ideal para que se desarrollen y vivan muchas de
las especies autóctonas.
El Burbia hasta Villafranca del Bierzo muestra encanto tras encanto. El
agua transparente, juguetona y chispeante baja desde Aira da Pedra
vertiginosamente clavada entre profundos desniveles. Las poblaciones son
pocas y distanciadas entre si.
Otro tanto ocurre con la otra vertiente desde el puerto de Piedrafita
del Cebrero. El río Valcárce ofrece atractivo. Según discurren sus aguas
y próximo ya a su desembocadura, se comienza a empobrecer y
contaminarse. Serrerías, restaurantes, casas particulares. Toda va a
parar al río.
En el puerto de Somiedo, mas arriba de La Cueta, el padre Sil
transparente, puro y diminuto, comienza a coger fuerza y caudal. Próximo
a Laciana pierde encanto y limpieza.
Otro tanto ocurre con el Luna que es río hasta el pantano, pese a lo mal
tratado que está por los ganaderos de la zona que todo lo depositan en
sus aguas.
¿Y el Omaña ? El Omaña es frescura y naturaleza. Es caudal cuando el
Omañón y el río del Valle Gordo se funden. También pierde su esplendor
pasando La Garandilla.
Bernesga y Torío comprenden otras dos cuencas fluviales. La que baja de
Pajares y cruza la comarca de Gordón y la que desde el puerto de
Piedrafita cruza hasta Cármenes, Gete, Getino, Felmín, Hoces de
Vegacercera, hasta Matallana de Torío. |
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Si el Bernesga aún es río hasta La Pola de Gordón, el Torío lo es hasta
Matallana. Después la contaminación cada kilómetro que pasa va en
aumento.
El Curueño es un río lleno de contrastes, que “engancha”. Sus aguas
transparentes y cristalinas son “sinfonía” de colores donde se reflejan
luces de alba, atardecer y la noche, con cielo, rocas y arboleda. El
Curueño es pasión para los pescadores y vida, aún, para la “reina de
nuestros ríos”.
El Porma desde que nace en San Isidro y recoge aguas de los afluentes
que bajan de Las Señales, es un río singular. Después con la regulación,
el Porma se convierte en otro río.
Lo mismo ocurre con el Esla que con el Yuso son un encanto entre parajes
maravillosos, rocas fornidas y altas, hasta que depositan sus aguas en
el embalse de Riaño. El Esla es otro Esla aguas abajo del puente de
Remolina. Ya no se pueden llevar a efecto sus “canaliegas” de verano. En
esta época su caudal se multiplica para el riego de otras tierras. Todo
ha cambiado.
Todavía están el Duerna, Eria y Cea, así como muchos otros arroyos y
riachuelos que también son importantes.
Lo que sí está claro es que todos los ríos leoneses conservan parte de
sus encantos y atributos mientras son jóvenes. Cuando los cursos
comienzan a llegar a las grandes urbes o poblaciones humanas, los males
van “in crescendo”.
No existen depuradoras, o las que hay no funcionan como debieran. El río
arrastra desde su nacimiento toda clase de contaminantes. Antes, los
ganaderos de la montaña conservaban para abono de sus tierras y
praderías, los excrementos de los animales. Ahora, lo vierten al río.
Antes se hacían las “coladas” en el río. Ahora los detergentes pudren
sus aguas. |
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Con la agricultura ocurre más de lo mismo. Abonos químicos, pesticidas,
fungicidas, etcétera, pasan de las tierras a los cauces fluviales en
pocos minutos.
Los ríos leoneses sienten la presión continuada de estos males y otros
muchos que causan empresas importantes, que están autorizadas a matar
naturaleza merced a un canon por vertidos. Ahí está la cloaca del
Bernesga desde La Robla hasta su desembocadura en el Esla.
Como reflexión, repetir que León ya no es lo que era. León ya no es “el
paraíso Europeo para la trucha”. Todavía se está a tiempo de conservar
lo que poco que queda. Regenerar lo perdido es prácticamente imposible.
La Administración continúa prohibiendo principalmente para el pescador
de caña. Ahora, para la temporada venidera, sólo se podrán pescar cuatro
truchas por pescador y día, bien sea en coto o en tramo libre. Recuerdo
cuando eran 20, después 18, 12 truchas... la temporada pasada sólo cinco
en lo libre y seis en los acotados. El llevarse alguna trucha a casa no
es ningún mal para el río, además, afortunadamente, cada vez se practica
más la pesca deportiva con captura y suelta. Entonces, ¿por qué
prohibir, prohibir y recortar y recortar cupos...? El pescador de caña
por naturaleza no es furtivo, aunque se pueda llevar alguna vez alguna
trucha de más. Este se siente perseguido en el río como si de un vulgar
ladrón se tratase. El pescador es el que menos culpa tiene y el que más
las paga.
Para salvar nuestros ríos no hace falta prohibir tanto. Es
imprescindible concienciar. Incluso, es imprescindible vigilar más,
especialmente en veda cerrada. Los ríos se vigilan prácticamente solos
en veda abierta gracias a los pescadores.
Concienciación, concienciación y concienciación... y después los ríos
serán lo que nosotros queramos. |