MI BAUTIZO EN EL MAR

Por Eduardo García,

Periodista y colaborador de la Revista Jara y Sedal Pesca.

Soy nacido en secano, pero no por ello he renunciado al agua. Agua de vida infinita y, también, de muerte.
Del agua dulce, he puesto a buen recaudo mis conocimientos de una tierra maravillosa como es la provincia de León, con más de 3.000 kilómetros de ríos trucheros que, aún, continúa siendo lo mejor de España para la pesca de salmónidos. Ahora, me he “bautizado” en el mar, pero no en un mar cualquiera: el Océano Atlántico.
 
Reconozco no tener grandes conocimientos de lo que es la pesca en el mar, pero mi labor periodística me incita a trasladar a los lectores de www.miguelpesca.com, mis vivencias en esta pesca especializada, complicada y sutil.

.Sin tener grandes contactos en la Isla de Gran Canaria, pero sí lo suficiente para poder realizar este reportaje, comuniqué con un amante de la pesca submarina, a pulmón, y a la vez practicante, desde que dio sus primeros pasos en la vida, de la pesca con caña desde orilla, Daniel González Armas, Dani.
Mi amigo me aseguró que para saber lo que es la pesca desde embarcación, en el mar, no hace falta acudir a ninguna agencia especializada en viajes en yate o barco de placer. Para él, la pesca que así se practica, es la pesca con letras “minúsculas”. La de “mayúsculas” se haya entre los pescadores del mar, los que salen a diario en una barco de no más de 11 metros de eslora, principal sustento para toda su familia. Ellos, me dijo Dani, son los que mejor te podrán indicar lo que se puede y deber hacer en el mar.

Dani, es natural de un pueblecito del norte de la isla, Agaete. Su familia, desde siempre, ha sido pescadora: abuelo, tíos, primos, etc. Conoce la mar como algo suyo y se mueve por ella, como pez en el agua.
Cuando le dije a Dani que pretendía realizar un reportaje de la pesca al curricán, sobre los peces más típicos en las islas, se ofreció para ponerme en contacto con un patrón de barco, Arcadio Benítez Galván, que se hace a la mar, cuando esta le deja, acompañado de Venancio Santana Rodríguez, segundo patrón quien, normalmente, está en el puente. Dani, también nos acompaña en la aventura.
Se elige un día de verano, cuando el atún se acerca a la costa de Agaete y otras especies, como: viejas, samas o bocinegros, también se encuentran cerca del litoral.

El bautizo en el mar

De madrugada, salimos del puerto de Las Nieves, en Agaete. El cielo está nublado y el muelle concurrido de pescadores que están “arrachando” el barco, como dicen los moradores de esta maravillosa isla. Preparado el barco, se sueltan amarras para hacernos a la mar. Los nervios me invaden por completo, pero la emoción me embarga. Son tantas las ganas de descubrir una nueva sensación, de conocer algo, hasta este instante, desconocido para mí, que me dedico a plasmar, con mí cámara fotográfica, cada instante, cada metro que recorremos.
Junto a las barcazas de los pescadores y yates, de los más pudientes, una enorme mole de barco se divisa. Se trata de un buque de mercancías y pasajeros que va con destino a Santa Cruz de Tenerife, cada día. Fred Olsen, es la empresa.
Poco después,  entramos en mar abierto. Comienza el “bautizo” del mar.

Me encuentro en proa, junto con Arcadio. En popa, dos enormes masas que el patrón soltará en una zona que los pescadores de Agaete dedican a la pesca de marisco. Son plataformas marinas, relativamente cercanas a tierra, y que se conocen con nombres que vienen de muy antiguo: La Mancha, Santo Domingo, Toledo, Los Juanes... Hoy en día, continúan siendo de lo mejor para los crustáceos y otras especies. Las nasas, bajarán entre 200 y 400 metros y, allí, quedarán depositadas por espacio de dos o tres días. En el puente de mando, al timón, Venancio. y, en un lateral, Dani, está preparando su caña para pescar al curricán, utilizando un carrete potente, hilo del 35 y una rapala, con colores azul, gris y blanco plateado, simulando una sardina.
Son las 7,30 de la mañana. En el horizonte todo es agua pero, un agua que marabunta algo. Me apuntan, que el mar presenta marejada. Con razón se mueve tanto la embarcación. A lo lejos diviso un barco. Veo que son muchas las aves que revolotean a su alrededor. Arcadio, me apunta que se trata de un barco cogiendo “viva” para pescar a cebo y, por eso, las gaviotas revolotean próximas al barco.

 De aquella, que diviso al fondo, no se su nombre. Nuestra barca tiene como nombre “El inglés”, grabado en una madera, en el frontal del puente de mando. Por su propietario y patrón, Arcadio, les puedo contar que se trata de una barca, con más de 70 años, que hizo con sus manos, Juanito “El inglés”. Se trata de un personaje muy querido en Agaete que cortando con sus manos eucaliptos, quien lo iba a decir, hizo la barca. Primero, el cascarón, a base de serrucho y azuela. Después, el resto y, todavía, flota y se encuentra sana. Se trata de una embarcación de pescadores, con lo suficiente para hacerse a la mar, pero segura y fuerte.

Dialogo con Arcadio entretenidamente, en proa, mientras observo el mar, cada vez más bravo. De repente, Dani, llama nuestra atención. Acaba de picar el primer pez. Al final, después de unos minutos de lucha con mucha intensidad, el pez nos dice, adiós. Se ha soltado, pese a que el patrón dio la voz de parar motores, nada más llamar nuestra atención, Dani. Por las explicaciones mostradas, se trataba de una buena pieza que se quedó para criar.
Minutos más tarde, nos encontramos con un atunero de Santa Cruz de Tenerife. A una distancia, prudencial, los patrones dialogan de embarcación a embarcación. Le está preguntando por la zona donde el día anterior se había pescado bien el atún. Tras las indicaciones oportunas, Arcadio, da orden de continuar, hacia las plataformas continentales para dejar las nasas. Dani, continúa con su curricán.

Nos acompañan, raseando a pie de agua, unas aves que yo bien creía que eran gaviotas. Arcadio, me saca de dudas asegurando que son Pardelas Cenicientas. Son aves marinas que en Agosto se acercan a tierra para anidar. De repente, otra vez Dani da la voz de alarma. Se paran motores y la caña del curricán comienza a recoger hilo. Arcadio pronuncia una frase: “he visto un buen pez, Dani, sigue...”. Dani, continúa recogiendo, aunque se muestra escéptico y dice: “parece un plástico”. ¡Qué va!. Se trata de una buena pieza, aunque no está presentando pelea y se deja acercar hasta el barco, sin mayor oposición. Es una “Sierra”. A mí me parece un bonito o un atún. Al final, los expertos lo aseguran, una vez que el pez está en el barco. Es una Sierra, pez de la familia de los túnidos, pero de carne blanca y más sabrosa. Arcadio, asegura que es muy difícil encontrar una y más pescarla al curricán. La pieza ha dado un poco más de los 3 kilos. Satisfacción general.

Atunes, Samas y Bocinegros

Oteando el horizonte, compruebo que las nubes pueden traernos alguna descarga. ¡No, asegura el patrón, las nubes están más lejos de lo que parece! Arcadio, desiste de ir a otra zona, más lejos y mar adentro, donde pretendía enseñarme otras artes de pesca, las que ellos utilizan a diario. Pese a ello, como las dos nasas hay que sumergirlas, se prepara el cebo. Se trata de un cubo de sardinas y no precisamente frescas. En una caja de cartón compruebo que hay chorizo de cerdo ibérico, al menos eso figura en las etiquetas. Me aseguran que no es para nosotros. Se trata de la merienda para el marisco. ¡Sí, señores...chorizo de cerdo ibérico para atraer a las quisquillas, gambas, bueyes de mar y langostas, entre otros crustáceos! En mi vida me lo podía imaginar.
Mientras se prepara la carnaza para las nasas, otra vez se oye la voz de Dani. El barco se detiene y el pescador de caña comienza a aproximar al barco otra pieza. En esta ocasión es un hermoso ejemplar de “bocinegro”, un pez que nunca antes había oído hablar de que existiese, salvo en un restaurante de Puerto Mogán, en el sur de la isla de Gran Canaria, que nos lo ofrecieron para comer y, que al horno, estaba delicioso. Pues, miren ustedes por donde, ahora tenía la ocasión de saludarle.

La cara de Dani, es un poema, no se cree todavía, pero ya está en el barco, donde el movimiento de las olas y la fijación con la cámara, para hacer las fotos de la pieza, hacen que mi cabeza comience a dar vueltas.Termino sin hacer las fotos y postrado de rodillas, con la cabeza fuera de la embarcación, expulsando ácidos a la mar. ¡Vaya un cuerpecito que se me estaba quedando! No se si era el reflejo del chubasquero amarillo, pero mis manos y, según me apuntaron, mi rostro se pusieron del mismo color.
¡Toma biodramina...! Ni con esas.
Tras la tempestad siempre llega la calma, dicen. A mí, eso me parecía, también. Cuando ya me creía recuperado, he aquí que Dani vuelve a dar la voz de alarma. Otra captura. El barco se vuelve a parar. Ya no se si es que al pararse me revuelvo, o si es el olor a gasoil, pero tampoco me entero de lo que estaba sucediendo. Bastante tenía yo con mi volcán interno, que se volvía a poner en erupción.
Después supe que se trataba de una “sama”.
El patrón mandó dirigir la embarcación a la zona del marisco. Había que recoger dos nasas, colocadas el día anterior, y sumergir otras dos más que se portaban.
Pese a mi mareo, compruebo un azul marino-marino en el agua del mar, que tampoco había observado nunca. Quizás sea la poca luz, o la falta de sol que hace que el agua del mar se oscurezca. El caso es que el mar parecía que estaba teñido de azulete oscuro.

Se sube la primera nasa y por fin la puedo fotografiar. Tiene en su vientre unos cuatro kilos de quisquilla, me dicen. El color es de un rojo anaranjado, precioso. Entre las patas compruebo que, una gran mayoría de ellas, llevan algo de color azul. Se trata de las huevas. En una segunda nasa viene otros dos kilos, más o menos, y varios bueyes de mar, o cangrejos grandes.
El movimiento de la barca, debido a la marejada, hace que mi estómago se vuelva a resentir. Ya no queda que expulsar, pero el momento se hace más doloroso. Creí que me moría. ¡Con razón lo llaman bautizo de mar! Creo que la primera leche materna, también, ha servido de alimento en el mar.
Arcadio, Venancio y Dani, intentan animarme. Parece ser que es algo normal y más teniendo en cuenta que la mar se encontraba un poco mal. Me estorbaba hasta que me hablasen, así que me dejaron reposar sólo en proa, mientras se dirigían de vuelta al puerto de Agaete.
Compruebo que nos encontramos en una zona próxima a Gáldar, algo que después ratificó el propio patrón..

Me siento aliviado y menos mareado, aunque todavía convaleciente. Lo peor es la herida interna, “la mala uva” que siento, la impotencia de querer y no poder y... de repente, otra vez Dani

De vuelta a casa, al puerto, Dani volvió a trabajar con su curricán. Ahora es una “atún”, aunque a mí se me parece a una “sierra”, como la primera capturada. Minutos más tarde, otro atún más. La situación se me antoja excelente, pero no tengo el cuerpo para florituras, por lo que asiento a todo lo que me dicen, pero la cámara plasmará las piezas más tarde. Así fue, una vez que llegamos a puerto, pero antes todavía me quedaba algo más de sufrimiento.
Cerca de la costa había que recoger otras cuatro nasas. Se trata de las más pequeñas. Las hay grandes, medianas y pequeñas. De éstas se extrae su contenido. Unos 10 kilos de samas, unos 8 de bocinegros, cuatro pulpos de buen tamaño y otros peces más pequeños que son devueltos a la mar.
Dani ha recogido su caña de pescar y el barco se dirige a puerto. Yo, ni me he podido estrenar pescando con caña, aunque al menos lo he contado.
La jornada ha sido exitosa, o al menos eso creía. Resulta que más bien ha sido pobre en capturas, pero es que ya es mediodía y nos estamos acercando al Puerto de Las Nieves de Agaete. Creo que para cuatro horas de pesca efectiva, ha sido todo un éxito, digan lo que digan.
A medida que nos aproximamos a puerto, desaparecen mis males. Vuelvo a dialogar con mis compañeros de aventura, que no de parto, y me aseguran que la próxima vez no ocurrirá lo mismo. El patrón asegura que ha sido el cuerpo que lo tendría mal.
Haya sido una cosa u otra, he quedado emplazado para pescar, desde embarcación, otro día. También, el ir a pescar “viejas”, un pez de roca típico en Canarias, muy apreciado, gastronómicamente, por su gran sabor, pero desde tierra firme. En otra ocasión les contaremos algo de la pesca submarina a pulmón.

 

POST DE ALBERTO TORRES
Querido Eduardo:
Tu valentía me impresiona, como me deja boquiabierto tu conocimiento de las artes de la bajura canaria, las especies del litoral, la navegación costera, la motorización naval y la médica a bordo.
Se ve, carallo, que eres hombre de sal y piel curtida por el sol del horizonte, las horas de espuma desordenada por la amura de mar de fondo que alimenta el olor a algas.
Se nota, cojones, que Mobby Dick no va por las Canarias porque está acojonadita, no siendo que le metas un arponazo por donde amargan los pepinos.
EDUARDO, CAGOEN TO, PASA PA TIERRA, NO VAYAMOS A TENER UN DISGUSTO.
Con la de bares que debe haber ahí...
Un abrazo marinero
Alberto Torres

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