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Los
tiempos de descanso y recuperación, muy justitos, agravan todavía
más el problema.
Los que sabéis lo que es estar durante varias horas seguidas
pescando a cola de rata o a cucharilla, aguas arriba, vadeando
contra corriente con el agua a la altura de las rodillas o de la
cintura, más de una vez habréis notado que el frío comienza a ganar
terreno y nuestros gemelos y rodillas comienzan a acusarlo. Al
terminar la jornada tenemos la sensación de que las piernas están
duras, que no es otra cosa que la sensación que produce una
musculatura ligeramente contracturada.
Si nos dedicamos a la pesca del salmón el esfuerzo es mucho mayor,
tanto con una caña de dos manos para la cola de rata, como con una
caña que aunque ligera y potente, debe de servir de lanzadera para
esas pesadas cucharillas, devones o peces artificiales, que con más
esfuerzo del habitual queremos situar en el lugar clave o en la
orilla de enfrente, que siempre presuponemos como la buena, siendo
el summun del esfuerzo la pesca a cebo con la caña de 10 metros.
Una vara de 10 metros por muy pocos gramos que pese, sobre 500 las
más ligeras, produce unos momentos de inercia que ponen a prueba la
musculatura lumbar del más fuerte. Si tenemos el privilegio de
pescar en Asturias, donde todavía quedan tramos libres y podemos
hacerlo con una cierta periodicidad, el mal es menor ya que la caña,
cuál hábito que hace al monje, con la asiduidad de lo cotidiano,
hace que nuestra musculatura se fortalezca y que nos “pese” menos,
aguantando mucho más tiempo en la posición de pesca. Pero si somos
unos mortales que cuatro o cinco veces durante la temporada podemos
echar una quisquilla y un par de merucos en jornadas muy dispares,
pobre de nuestras vértebras lumbares salvo que estemos en una óptima
condición física.
Por todo esto, me voy a permitir dar algunos consejos que pueden ser
útiles para los que los necesiten.
Comenzamos con la ropa de pesca y por la cabeza.
En días de frío, lo primero que debemos abrigar es nuestra cabeza y
si podemos encontrar, cosa nada fácil, una buena gorra
verdaderamente impermeable y transpirable, mejor que mejor. Gorras y
gorros, como las meigas, habelas hailas, pero cómodas, completamente
impermeables y con auténticos tejidos transpirables, pocas.
Las prendas que cubren nuestros hombros y espalda, a gusto del
consumidor, aunque aconsejo que la camiseta que está pegada a
nuestra piel sea de tejido transpirable y que para que haga bien su
labor, sea de una talla lo más ajustada posible al torso.
Lo que resulta muy importante es lo que nos ponemos debajo de los
vadeadores. Sean éstos de neopreno o transpirables, lo que nunca
debemos hacer es ponerlos directamente sobre los vaqueros o los
pantalones multibolsillo con los que hemos salido de casa, ya que
éstos no transpiran y lo que harán es mantener la humedad que en
forma de sudor produce nuestro cuerpo. Un pantalón de chándal o una
prenda de algodón tampoco es la solución, pues se va a empapar y
vamos a tener la sensación de que el vadeador filtra agua o humedad.
Necesariamente, si queremos pescar cómodos, debemos poner una prenda
técnica que sea transpirable, que expulse nuestro sudor al exterior
y que si se encuentra con un vader de neopreno el vapor de agua se
quede ahí, entre el exterior de la prenda y el interior del
neopreno, y que si éste es transpirable, salga la humedad al
exterior.
Incluso en días de frío o vadeando aguas muy frías podemos poner una
segunda prenda, forro polar o cualquier otro material sintético que
transpire, pero siempre con la primera ceñida al cuerpo. En
cualquier catálogo de ropa de pesca se ofrece este tipo de
complementos.
Yo, que soy bastante friolero, acabo de probar esta temporada unas
mallas deportivas, de poliamida y elastano, similares a los pantys
que utilizan las señoras. Son realmente muy buenas ya que aparte de
que transpiran, están fabricados especialmente para comprimir con
una gran presión los pies y después, gradualmente, ir disminuyendo
la compresión hasta la cintura, lo que favorece el retorno venoso de
la circulación sanguínea, permite una mejor oxigenación de la
musculatura y hace que la fatiga tarde mucho más en aparecer.
Los he probado en ríos difíciles de andar, durante doce horas
continuas de pesca con el único descanso de comer algo de chocolate
y beber un poco de coca cola, llegando muy cansado al final de la
jornada pero con una sensación en las piernas completamente
diferente. Como complemento a la acción de las mallas, de regreso me
pongo unos calcetines especiales para recuperación que llegan hasta
la rodilla y que también tienen un alto nivel de compresión, tanto,
que no se deben utilizar más de un par de horas. Me los pongo, voy
conduciendo, y suelo llegar a casa con las piernas perfectamente
recuperadas.
Mallas y calcetines sólo tienen una pega y es que hay que
acostumbrarse a ponerlos y quitarlos, lo que requiere un aprendizaje
sencillo pero paciente. Tienen la gran ventaja de que se fabrican
casi a medida y creo que realmente merece la pena probarlos. Al que
no le gusten las mallas tiene los calcetines que se recomiendan para
montaña o senderismo que son los de mayor nivel de transpiración. En
www.medilast-sport.com podéis encontrar más información.
De los vadeadores transpirables habría mucho que hablar y decir ya
que mientras unos transpiran de verdad otros lo hacen de aquella
manera. De todas formas, día a día, estos productos son de mayor
calidad y de menor precio, con lo que si aguantamos una temporada
con ellos, pues todos contentos. Por supuesto que dándole poca caña,
aguantan mucho más.
Lo que sí considero muy importante y conveniente es acostumbrarse a
realizar unos sencillos y fáciles estiramientos. Con tres minutos
antes y tres después de la acción de pesca os garantizo que os vais
a encontrar mucho mejor. Es más, si la jornada es larga, se deben
ejercitar varias veces, entre cambio de mosca y mosca, para eliminar
las tensiones musculares, retrasar la aparición de la fatiga y
eliminar el dolor muscular. |