"FURTIVOS"
Por Emilio Castelo,
Técnico de Pesca

No soy biólogo, ni veterinario, ni técnico de medio ambiente y no pertenezco a la administración, si no que solo soy un simple pescador de a pie, con más de cincuenta años de experiencia pescando en los ríos de Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla-León. Desde esta óptica y con la experiencia acumulada, haré unos apuntes sobre el furtivismo y sus consecuencias en Galicia.
Galicia con sus mil ríos,
 es un país privilegiado en cuanto a cuencas fluviales se refiere, con una gran calidad en sus aguas continentales en el siglo XXI, y de una gran pureza, quitando una serie de casos puntuales alrededor de sus principales ciudades e industrias, donde lógicamente pierde parte de esta pureza natural. Consecuentemente siempre fue un país rico en especies piscícolas.
Ya a principios del siglo pasado, nos hablaba el Marqués de Marzales de la importante riqueza salmonera de sus ríos. Reconociendo que se extraían de sus aguas tantos o más salmones que en el resto de la cornisa Cantábrica, que es lo mismo que decir de toda España.
El declive de esta riqueza, personalmente la atribuyo a tres factores fundamentales, por el orden y la importancia siguientes:
1.- Actuaciones del hombre en el cauce de los ríos, entiéndase por ello grandes presas eléctricas, minicentrales y cualquier tipo de intervenciones u obstáculos en dichos cauces.
2.- Contaminación producida por vertidos industriales.
3.- Furtivismo.
4.- Sobrepesca.
En estas notas hablaré algo sobre el furtivismo.
Todos nuestros ríos, sufrieron de este mal de forma exagerada e implacable.
Empezaré por el Río Lérez.
La lamprea fue extinguida de este río por la presión furtiva. Hace ya más de veinticinco años que no hace acto de presencia. En este cauce, las últimas que ví personalmente, cuatro, estaban desovando en un coveiro delante del balneario de Monteporreiro, y alguien que estaba a mi lado, habló de ir a su casa a buscar unas gafas submarinas para cogerlas. No sé si lo hicieron o no, pero desde entonces no se volvió a ver otra lamprea en el Lérez.
Me consta que algunos de los furtivos habituales del río Lérez, se pasaban la mayoría de las noches colocando cordeles durmientes y trampas para nutrias por la margen derecha de este río, la menos frecuentada, desde Monteporreiro hasta Cutián.
Otra de las prácticas habituales era redar todas las noches el colchón de la presa antigua de Bora, donde se capturaban grandes cantidades de reos y salmones. Práctica también habitual, era buscar con francadas y fusiles submarinos en las cuevas existentes debajo de la presa de Monteporreiro. Aquí las víctimas eran grandes cantidades de reos, y algún que otro salmón, los cuales se refugiaban buscando aguas frescas y escapando de la luz solar.
En los últimos años, comienza a aparecer de nuevo el salmón en este gran río, gracias a la política acertada de repoblaciones y reintroducción del mismo, por parte de la Consellería de Medio Ambiente y a los desvelos de su equipo técnico con Pablo Caballero a la cabeza. Me consta que últimamente no se bajó de la cifra de cuarenta salmones capturados ilegalmente por año. Esto es una sangría inaceptable y a la que esperamos se ponga remedio en un futuro más próximo. Se han hecho reiteradas denuncias y esperamos resultados.
En el río Ulla el furtivismo, alcanzó antiguamente niveles impensables. Fuentes de toda solvencia de Ponte Ledesma, me contaban a título anecdótico, que de este pueblo salían para el mercado de Santiago, carros de vacas cargados de pintos de salmón. Yo personalmente pienso, que serían, truchas, reos, alevines de salmón, y peixes como por allí llamarán a las bogas o escalos. Personalmente, hace muchos años, conocí en esta parte del Ulla a alguna persona a la que le faltaba una o las dos manos. Estos tremendos traumatismos, se habían producido al arrojar en algún pozo salmonero, los tristemente famosos Tacos de Dinamita, entiéndase trozos de cartuchos de dinamita.
Una tarde veraniega, unos veinticinco años atrás, me encontraba pescando truchas, a la altura de Novefontes, en un campo de hierba. Contiguos a la orilla del río tomaban el sol y se bañaban un grupo de niños y niñas que al verme no paraban de reír entre ellos. Yo, un tanto sorprendido, me acerqué a preguntarles el motivo de tanta hilaridad. La mayor de ellos me respond entre sonrisas: "Hai señor, aquí non se pesca así". Al interesarme en el tema, otro de los chicos me cuenta que la forma de pescar por esos lugares era con trasmallos, fusiles submarinos y dinamita. Y los burros que pastaban en aquellos prados eran empleados para subir la pesca por la fuerte pendiente hasta las aldeas.
Era costumbre, desde muy antiguo, que en las fiestas patronales veraniegas de estos pueblos ribereños del Ulla, siempre había un plato de reo o salmón en la comida principal.
El furtivismo en el río Umia también alcanzó unos niveles desaforados. Los medios empleados eran trasmallos y francadas. El sistema seguido para esta última arte era el siguiente: un ribereño paseaba por la orilla con un hacha en la mano, como si se tratara de un maderero cuidando sus pinares. En el momento que localizaba un salmón o un reo grande (normalmente a la salida de los molinos, Retortoiro, Romaris, Laceñas, etc), cortaba un eucalipto joven, sacaba la francada del bolsillo y con la ayuda del hacha hacía un mango con el eucalipto, lo montaba y el salmón o reo acababa en la artesa de la cocina.
La Guardería del río Umia, en la década de los ochenta, época en que comenzó la cruzada en serio contra el furtivismo, capitaneada por José Manuel Casais, Jefe de Zona de la Guardería de Medio Ambiente, levantaban del cauce una media de cuarenta a cincuenta trasmallos cada año.
En 1988 estos personajes, dolidos económicamente por las pérdidas ocasionadas por el decomiso de estas "artes de pesca", quemaron el refugio de pescadores de Ponte Cabanelas.
Casualmente, la noche anterior, el guarda de la Sociedad de Caza y Pesca de Pontevedra y el Jefe de Guardería del río, haciendo un servicio de vigilancia matutina retiraron seis redes, dentro del tramo acotado de Ponte Arnelas. Los furtivos los despidieron con tiros de escopeta. Unos días después, destrozaron un Suzuki Vitara en la puerta del domicilio del señor Casais, vehículo que era propiedad del Servicio de Guardería de Medio Ambiente Natural de Pontevedra.
En la actualidad, este tipo de furtivismo brutal va desapareciendo, a Dios gracias, quedando un poso residual. Ejemplo del cual es un episodio protagonizado por dos individuos, por otra parte, conocidos como “trasmalleros” en la cuenca del Umia, denunciados y sancionados en diversas ocasiones por el Servicio de Guardería. Este episodio tuvo lugar sobre las seis de la tarde, de un día hábil de pesca, en el verano de 2002 a la altura de Ponte Arnelas. Los dos personajes se desnudaron quedando en bañador, sacaron dos trasmallos que cargaban a la espalda en sendos capachos y los colocaron en un pozo del acotado de Ponte Arnelas. Comenzaron a golpear la superficie de agua con grandes varas. En unos minutos levantaron los trasmallos cargados de reos y truchas y desaparecieron. Todo esto en presencia de los pescadores presentes en el acotado, los cuales no daban crédito a lo que veían.
Que el lector saque sus propias conclusiones, ya que estos ejemplos pueden extrapolarse a la mayoría de los ríos gallegos.

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