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Los Arco Iris del Upper
Upper Kenai.
Otro día memorable fue la jornada que pasamos pescando truchas arco iris
en lo que llamaban el Upper Upper Kenai (Alto alto Kenai), el tramo de
río entre dos grandes lagos en su trayectoria, el Lago Skilak y el Lago
Kenai. Esta parte del río es conocida por su gran concentración de
truchas arco iris. Aquí las aguas son más claras y con muchas zonas de
orilla vadeables. Aunque sin duda, la mejor forma de pescarlas es
bajando el río en un “drift boat” (barcas de río sin motor) y parando en
los lugares más apetecibles. En todo este tramo solo autorizan permisos
para 20 guías y de éstos, nuestro Lodge Great Alaska disponía de 4.
Partimos en dos drift boats parando juntos en muchos lugares para
vadear. El montaje era prácticamente igual que el de los dolly varden
aunque, eso sí, con más plomo y ajustando un indicador más grande para
el doble de profundidad. Nuestro guía era muy experto en el manejo de la
barca, trabajando para mantenerse a la par con nuestras líneas para que
tuviéramos los recorridos más largos posibles. De esta forma sacamos
unas cuantas truchas antes de la primera parada.
En la primera parada trabajé cuidadosamente un buen tramo de agua a
pocos metros de la orilla. Más allá de 4 ó 5 metros de la orilla las
corrientes volvían muy rápidas y resultaba dificilísimo conseguir buenos
recorridos con el aparejo. Enseguida saqué un par de truchas “pequeñas”
de entorno a los 30 cm. Pero pronto me encontré con una trucha
sustancial. La mantuve a duras penas en las cercanías de la orilla,
intentando evitar a toda costa que se metiera en las fuertes corrientes,
hacia el centro del río. Cuando al final decidió irse río abajo no había
forma de aguantarla. Fui corriendo como un loco por la orilla detrás de
ella. Algunos minutos más tarde y unos 60 metros río abajo del punto de
la clavada, conseguí sacarla. Medía 66 cm. Sería la más grande de la
jornada, aunque no de nuestro viaje.
Los Slinkies.
Algo más tarde nos juntamos parando las dos barcas en el mismo tramo del
río. En pocos minutos vimos que con sus cañas de lance, nuestros
compañeros lanzaban al centro del río y clavaban una trucha tras otra.
Nunca había visto un espectáculo similar con truchas salvajes. Mi hijo
se dió cuenta de la ventaja de la caña de lance para la situación y
abandonó su cola de rata en la barca a favor de una de éstas. Al igual
que nosotros, nuestros compañeros pescaban con beads pintadas, pero como
lastre utilizaban unas curiosas bolsitas de plomos que se llaman “slinkies”.
Son simplemente trocitos de cuerda de paracaídas rellenados con plomitos
pequeños. En las corrientes fuertes, el slinky hace discurrir el aparejo
por el fondo pedregoso del río sin engancharse, al parecer reproduciendo
con gran similitud la acción de una hueva natural suelta en el fondo del
río.
El tamaño medio de las truchas entre 30 y 50 cm, según los guías era
notablemente inferior a lo que se solía dar algo más tarde en la
temporada. Y desde luego, la más grande no se acercaba ni de lejos a los
bichos de hasta diez y doce kilos que a veces daba el río. Sin embargo,
disfrutamos como enanos con esas truchitas del Kenai.
Salmones en “la Playa”.
Pasamos la última jornada pescando desde la orilla, por debajo del lodge
– lo que nuestros anfitriones llamaban “la playa”. Este lugar
privilegiado ha sido escenario de 12 récords IGFA. Durante cientos de
años había sido una zona de pesca de los nativos “Kenaitzes” que
acampaban justo al otro lado del río. Esta tribu había descubierto que
el lugar era una zona de descanso importante para miles de salmones de
las cuatro especies, que remontaban el Kenai todos los años. Ahora, como
invitados de Great Alaska, teníamos el placer de disfrutarlo nosotros.
Todas las tardes después de cenar bajábamos a probar suerte. Cada día se
pescaban dos o tres desde aquí. Nuestros tres compañeros ya llevaban
cada uno, de uno a tres sacados y pescando con cañas de lance.
Durante las primeras dos tardes pescábamos únicamente con moscas debido
a unas restricciones especiales, vigentes en este lugar hasta el 15 de
agosto. Mi hijo y yo pescábamos con cola de rata y los demás utilizaban
unos streamers montados por él con cañas de lance, plomando mucho sus
líneas para conseguir buenas lanzadas. A partir del día 15, cambiaron a
cucharillas con similar suerte.
Empecé pescando con un pequeño streamer rosado con ojos de níquel. El
guía me contó dónde había dos grandes piedras sumergidas, más o menos a
7 metros de la orilla. No se notan en la superficie pero detrás de ellas
se enfilaban los salmones. Empecé a lanzar unos metros río arriba de la
zona indicada. Pescaba con una línea flotante del 8, con el bajo
suficientemente lastrado como para asegurar que la mosca bajara al
fondo. No recogía hasta que no sentía el fondo. A la segunda lanzada
noté la mosca parar y clavé. El agua explotaba y un enfurecido silver
tomó aire. Después de un par de brincos el pez giró en un gran círculo
y, a toda velocidad, se lanzó directamente hacia mí. Vino con tal ímpetu
que casi subía la playa, su lomo apareciendo fuera del agua. Ya estaba
el guía a mi lado con la red para atraparlo antes de que pudiera dar la
vuelta nuevamente río adentro.
Pesqué otros cuatro salmones silver más durante la mañana, cada uno
parecía más enloquecido que el anterior. Todos mostraban un brillante
plateado por su recién vuelta del mar. Al final de la mañana, entre los
4 habíamos pescado 15 salmones silver de entre 4 y 6 kilos y un salmón
king de alrededor de siete kilos. Otros tantos se nos habían escapado.
En total durante los seis días, entre los cinco pescadores sacamos unos
35 salmones (sin incluir los numerosos sockeyes pescados) y varios
centenares de truchas y dolly varden. Mi hijo y yo también pescamos
algunos halibut en una jornada aparte de pesca en el mar. Soltamos todo
lo pescado, salvo 3 salmones y los halibut que les llevé a unos amigos
en Anchorage. Durante la semana vimos otros pescadores pero nunca en
grandes cantidades, y la mayor parte del tiempo habíamos disfrutado de
la pesca prácticamente solos, en unos parajes naturales bellísimos. En
resumen, había sido un viaje maravilloso con mucha y variada pesca – sin
duda un viaje para repetir.
Cómo
ir:
Si lo desean pueden
organizar un viaje al Río Kenai por su cuenta. Para llegar a la
Península del Kenai se vuela al Aeropuerto Internacional de Anchorage.
Normalmente los vuelos de conexión llegan por la tarde o noche. Por lo
tanto es aconsejable pasar al menos una noche en Anchorage antes de
emprender el viaje a Kenai. Para llegar a Kenai, pueden elegir entre
coger un avión o bajar en coche de alquiler. Si van por cuenta propia lo
más aconsejable es alquilar un coche, ya que le hará falta para moverse
una vez que esté en Kenai. Luego se puede alquilar un hotel o una cabaña
en las proximidades del río. El viaje dura aproximadamente 2 horas por
una carretera bastante buena (en su mayoría) transcurriendo por paisajes
de gran belleza. Si tienen pocos días disponibles para explorar y
pescar, la mejor inversión que pueden hacer es contratar un guía o una
salida con un lodge local. El Lodge de Great Alaska por ejemplo, también
ofrece salidas de una sola jornada. Si no cuentan con un guía deben
informarse muy bien sobre las normas de pesca en la zona elegida para
pescar, ya que éstas son complejas y varían mucho entre distintas zonas
y épocas de la temporada.
Se puede organizar un viaje al Kenai directamente con un lodge como
Great Alaska o a través de una agencia especializada como Viajes Marsans. |