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Se ha secado literalmente. Hemos podido comprobar este hecho
recorriendo el lecho del río por el que no pasa ni una gota de agua.
Los periodistas y fotógrafos dan testimonio de este acontecimiento.
Mientras, durante la pasada primavera y verano en La Mancha se
consumían centenares de hectómetros cúbicos del acuífero de La
Mancha Oriental para regar maíz, alfalfa y otras plantas altamente
consumidoras de agua, subvencionadas por la política agraria de la
Unión Europea y de escasa rentabilidad social. También en la
Comunidad Valenciana los múltiples acuíferos ilegales esquilman el
río y los acuíferos. El agua que después le falta al Júcar.
La Confederación Hidrográfica del Júcar elaboró un plan de sequía
que repartió agua, dejando a los intocables de La Mancha con el 95%
de los recursos utilizados la temporada anterior y a los regantes
tradicionales valencianos y manchegos con un 40-55% de estos
recursos.
De lo que nadie se acordó fue del río. Ninguno habló de asegurarle
un caudal ambiental mínimo que evitara las mortandades de peces, la
desecación y resguardara este ecosistema fluvial. La Albufera lleva
el mismo camino que el Júcar.
Dicen que la Confederación quería evitar a toda costa que el río se
secara en Albacete, entre los embalses de Alarcón y el Molinar, como
pasó en el 94. Paradojas de la vida, resulta que ahora se seca en
Valencia, en su curso bajo en la Ribera Alta. Pero ya sabían que
pasaría, no hace mucho fueron advertidos por la asociación “Xuquer
Viu” de la dramática situación por la que atraviesa el río. |