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Fue una
escapadita muy breve, de un fin de semana
para ver y pescar unas zonas del río Moy, al norte de Irlanda.
Nuestro destino era Ballina, la villa en la que desemboca el río Moy, uno
de los ríos salmoneros sin duda mas productivos del mundo. Nos hospedamos
en uno de tantos hotelitos que hay en Irlanda, con un sabor y un aroma único,
mezcla de refugio de pescadores y de típico pub irlandés, con su música
celta, su luz amarilla y su buena colección de pintas de cerveza Guiness
y Lager en la barra.
Judd, el
patrón del hotel, es jugador de golf semiprofesional, experto pescador de
reos y toca la trompeta en un peculiar conjunto que ameniza las veladas
del pub. En el mismo grupo musical actúa el padre de Judd, con 85 años,
clarinetista profesional y con un amplio bagaje de éxitos tanto en Europa
como en América. Mientras nos dan la bienvenida en la barra del pub con
una buena dosis de pintas, Judd nos da la gran noticia: “Mañana hay
sitio para un pescador en el Ridge Pool. No es que sobre un permiso, sino
que pesca el director general de la Guiness y su hijo, que son amigos míos,
y estan dispuestos a compartir caña con uno de vosotros”. La cosa no
puede empezar mejor, y además mis compañeros tienen la amabilidad de
cederme a mi el privilegio de pescar en el Ridge. |
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El río Moy
es el que mas salmones produce de Irlanda y uno de los mas productivos de
Europa. Solamente con caña se sacan anualmente cerca de 5.000 salmones.
Pero esa cifra es ridícula si se compara con el número de salmones que
se sacan en las trampas y las redes instaladas para la pesca comercial de
salmón en la desembocadura del Moy. Si, si, han oído ustedes bien, a
pesar de que el salmón atlántico esta considerado como una joya para el
turismo deportivo en el mundo, aún existen países, donde los salmones
salvajes se pescan comercialmente con trampas o redes en los ríos. Es
paradójico que exista una asociación internacional de pescadores
deportivos como la Federación del Salmón Atlántico, que recauda fondos
para comprar los derechos de pesca comercial a países como Groenlandia o
las Islas Feroe para incrementar el turismo deportivo, mientras otros teóricamente
mucho más desarrollados continúan llevando a cabo pesca comercial en sus
ríos. En la desembocadura
del Moy se instalan unas redes de deriva que capturan al año bastantes
miles de salmones. Por otra parte, en pleno centro de Ballina, se hallan
las trampas instaladas en pleno río para su captura. Se trata de un
puente con ocho ojos, siete de los cuales constituyen una trampa mortal
para los salmones que pretendan cruzar por ellos, pues no saldrán vivos.
Solamente existe uno de los ocho ojos por el que pueden circular
libremente los salmones. Con esa trampa, que funciona parte de la
temporada, se capturan mas salmones que con la caña. Si se suman los
salmones capturados en el Moy con todos los sistemas, la cifra resulta
asombrosa.
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La trampa
esta instalada en una especie de pequeña cascada o pesquera, de manera
que los salmones paran casi siempre en los trescientos metros que hay
entre la cascadita de las trampas y el siguiente puente río abajo, sobre
todo cuando el río discurre bajo de nivel. Ese tramo es el celebérrimo
Ridge Pool, en el que se producen muchos cientos de capturas cada año. En
el Ridge Pool pescan cuatro pescadores diariamente hasta las seis de la
tarde, en que se inicia el turno de noche y es ocupado por otros cuatro.
Cada uno de ellos tiene un cupo de siete salmones, de los cuales puede
apropiarse de tres, debiendo soltar los otros cuatro. A partir de junio,
cuando el río viene bajo y los salmones paran siempre por debajo de las
trampas, es muy corriente que buena parte de los pescadores hagan el cupo.
No se puede
decir que el Ridge Pool sea un pozo bonito. El Moy, en general, es un rio
salmonero poco atractivo estéticamente. Aguas lentas y uniformes de color
whisky y con gran propensión a enturbiarse a poco que llueva. El Ridge
esta en el centro de la población y se halla canalizado, permitiéndose
solamente pescar desde una orilla. Incluso se anunciaba una urbanización
próxima de chalets adosados con el nombre de “Ridge Pool”, de próxima
construcción en una de sus orillas. Los pescadores pescan a unos 50
metros unos de otros y van rotando sus posturas cada pocos minutos. La
cabecera del Ridge, cerca de las trampas, es una corriente más rápida
que la cola, cerca del puente, aunque todo el pozo es bastante uniforme.
Faltaba un
día para finalizar mayo, y en la víspera de la pesca echamos un vistazo
al Ridge acompañados por un chirimiri cada vez mas persistente. El espectáculo
era digno de verse, pues los salmones se bañaban profusamente, casi cada
minuto, y los cuatro pescadores les
lanzaban sus cucharillas o sus lombrices frenéticamente. En los diez
minutos que estuvimos observando vimos clavar y sacar uno a cucharilla, lo
cual nos infundió ánimos
para el día siguiente. |
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Por la mañana
continuaba lloviendo con cierta intensidad. El río había crecido
ligeramente y se hallaba un tanto más tomado, aunque pescable. Mis compañeros
de pesca, el director general de Guiness y su hijo, eran encantadores y
poco después de la salida del sol nos desplazamos al Ridge. La pesca
comenzaba a las ocho de la mañana, y por ello tuvimos que esperar diez
minutos. Sorprendentemente, los salmones que se bañaban la tarde anterior
no mostraban ningún signo que denotase su presencia. A las ocho en punto
los cuatro pescadores comenzaron a lanzar sus cucharillas, mientras yo
observaba las evoluciones de mi compañero, con el que compartía caña.
Primer cuarto de hora, vital en la pesca del salmón, después de toda una
noche de tranquilidad y en la que se ha podido producir la entrada de
nuevos peces, sin ningún resultado. Llega mi turno y dudo si comenzar a
mosca. Me quitan la idea de la cabeza pues aseguran que baja demasiada
agua. Recurro a la sufrida cucharilla con cuerpo forrado de plástico
(llamadas “condom flying”, o condón volador) cuyo rendimiento es
siempre constante, y es la que utilizan todos los ribereños. Algunos de
los pescadores cambian a lombriz, ya que la quisquilla se ha prohibido
desde este año. A cebo pescan con cañas cortas lanzando a considerables
distancias. Como el fondo debe ser poco rocoso y sin accidentes, el cebo
corre bien, sin engancharse. Pasa la, teóricamente, mejor hora del día
sin el mas mínimo resultado, y sin ver ni un solo salmón bañarse, lo
cual empieza a mosquearme.
Poco a poco
los pescadores del Ridge nos vamos haciendo amigos. Hay de todo. Desde el
típico irlandés gordito y de tez rosada, con dos rosetones rojos en los
carrillos, hasta mi compañero, alto, delgado y pelirrojo, pasando por un
negrito encantador, que vive en Alemania pero viene con frecuencia al Moy,
y al que cada dos por tres le llaman por su teléfono móvil, que suena
desde lo mas profundo de los bolsillos de su chaleco. En los intervalos me
enseña sus cajas de señuelos y me regala cucharillas y alguna mosca.
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Por fin uno
de los pescadores comienza a pescar a mosca, y decido que en el siguiente
turno mío le imitaré. Barremos literalmente el pozo con cucharillas,
merucos y moscas, pero nadie tiene el mas mínimo toque. Pescamos a unos
cien metros de la trampa de salmones, y sobre las nueve y media, por la
otra orilla, llega una furgoneta de la que bajan varios hombres con largos
salabres en dirección a la
trampa. Mientras lanzo veo sus evoluciones y observo como en el recinto
del primer ojo del puente sacan una buena porción de salmones.
Inmediatamente después de ser extraídos con salabres o lazos de cola,
los matan de unos golpes en la nuca y los depositan en grandes cajas
blancas para el transporte de pescado. Es impresionante la cantidad de
salmones de todos los tamaños que están sacando. En cada ojo del puente
permanecen como mínimo veinte minutos y prácticamente llenan una caja de
salmones. Les hago alguna foto con un pequeño teleobjetivo y me observan
desconfiados. Durante mas de dos horas sacan salmones sin cesar, mientras
nosotros lanzamos infructuosamente. Cuando veo que han terminado decido
desplazarme hasta la otra orilla para hacerles unas fotos cargando las
cajas de salmones en el vehículo. En la otra orilla, inmediatamente
encima del Ridge, pescan los pescadores de la asociación local. Están
apiñados veinte de ellos en tres metros cuadrados, y es increíble que no
enganchen sus aparejos, que los tienen echados al pie de la trampa. Han
sacado el salmón más pequeño que yo he visto en mi vida, de no más de
600 gramos, y tengo la oportunidad de ver cómo se les escapa otro
similar. Me doy cuenta de que el hecho de que sean tan pequeñísimos se
debe a que son los únicos que por su tamaño pueden escaparse entre los
barrotes de la trampa y pasar río arriba. También advierto que no tienen
precisamente simpatía por las trampas y ni siquiera por la gente que
trabaja en ellas, a los que miran con aversión mientras mascullan a saber
qué improperios. De pronto se abre la puerta por la que tienen que sacar
los salmones, pero los trabajadores del Ridge me ven con la cámara
preparada y cierran de un portazo. Esta claro que son conscientes de la
mala prensa que tienen y no quieren fotos. Se producen momentos de tensión
y algún pescador local me sugiere que me retire. No lo hago, y a los diez
minutos abren de nuevo y sacan con muchas prisas a un vehículo las cajas
llenas de salmones, mientras un operario se preocupa de taparme en la
medida de lo posible la escena con su espalda. A pesar de todo hago alguna
foto arriesgando el pellejo y cuento al menos siete u ocho cajas llenas.
Más tarde me enteraría de que fue un día
excepcional y se capturaron ¡mas de ciento cincuenta salmones! sólo por
la mañana. Por otra parte deduje, y luego me lo confirmaron, que al subir
el nivel del agua por la lluvia, los numerosos salmones que estaban apiñados
en el Ridge trataron de remontar río arriba y cayeron en la trampa. Ello
explicaba el éxito de las trampas y el fracaso de los pescadores del
Ridge que no tuvimos una picada en todo el día, ni tampoco vimos un salmón
bañarse, ya que los peces habían abandonado en masa el lugar.
La
experiencia, aún así, mereció la pena, aunque solamente fuese a titulo
anecdótico y por observar (y sufrir) una de las tradiciones que, por
fortuna, esta a punto de acabarse. Los propios irlandeses casi se avergüenzan
de la pesca comercial en los ríos y nos comentaron que es muy probable
que en uno o dos años se prohíba definitivamente este tipo de pesca. ¿Hasta
dónde llegará el Moy el dia que no pongan trampas ni redes?. Esta
jornada de pesca tuvo lugar en mayo de 1996. Pocos tiempo después se
suprimieron las trampas y el salmón experimentó un claro auge en la
cuenca del Moy.
Aún así, el salmón continúa siendo una especie
amenazada a nivel global y es preciso mentalizarse y actuar en
consecuencia. |