"RIDGE POOL"
Por Juan Delibes,
Director de "Caza y Pesca" de Digital +

Uno de los sitios “prácticamente infalibles” para pescar salmón en Irlanda es el celebérrimo Ridge Pool, del río Moy. Pero la pesca es tan caprichosa que a veces las cosas no salen como uno imagina...

Fue una escapadita muy breve, de un fin de semana  para ver y pescar unas zonas del río Moy, al norte de Irlanda. Nuestro destino era Ballina, la villa en la que desemboca el río Moy, uno de los ríos salmoneros sin duda mas productivos del mundo. Nos hospedamos en uno de tantos hotelitos que hay en Irlanda, con un sabor y un aroma único, mezcla de refugio de pescadores y de típico pub irlandés, con su música celta, su luz amarilla y su buena colección de pintas de cerveza Guiness y Lager en la barra.
Judd, el patrón del hotel, es jugador de golf semiprofesional, experto pescador de reos y toca la trompeta en un peculiar conjunto que ameniza las veladas del pub. En el mismo grupo musical actúa el padre de Judd, con 85 años, clarinetista profesional y con un amplio bagaje de éxitos tanto en Europa como en América. Mientras nos dan la bienvenida en la barra del pub con una buena dosis de pintas, Judd nos da la gran noticia: “Mañana hay sitio para un pescador en el Ridge Pool. No es que sobre un permiso, sino que pesca el director general de la Guiness y su hijo, que son amigos míos, y estan dispuestos a compartir caña con uno de vosotros”. La cosa no puede empezar mejor, y además mis compañeros tienen la amabilidad de cederme a mi el privilegio de pescar en el Ridge.

PESCA COMERCIAL

El río Moy es el que mas salmones produce de Irlanda y uno de los mas productivos de Europa. Solamente con caña se sacan anualmente cerca de 5.000 salmones. Pero esa cifra es ridícula si se compara con el número de salmones que se sacan en las trampas y las redes instaladas para la pesca comercial de salmón en la desembocadura del Moy. Si, si, han oído ustedes bien, a pesar de que el salmón atlántico esta considerado como una joya para el turismo deportivo en el mundo, aún existen países, donde los salmones salvajes se pescan comercialmente con trampas o redes en los ríos. Es paradójico que exista una asociación internacional de pescadores deportivos como la Federación del Salmón Atlántico, que recauda fondos para comprar los derechos de pesca comercial a países como Groenlandia o las Islas Feroe para incrementar el turismo deportivo, mientras otros teóricamente mucho más desarrollados continúan llevando a cabo pesca comercial en sus ríos.  En la desembocadura del Moy se instalan unas redes de deriva que capturan al año bastantes miles de salmones. Por otra parte, en pleno centro de Ballina, se hallan las trampas instaladas en pleno río para su captura. Se trata de un puente con ocho ojos, siete de los cuales constituyen una trampa mortal para los salmones que pretendan cruzar por ellos, pues no saldrán vivos. Solamente existe uno de los ocho ojos por el que pueden circular libremente los salmones. Con esa trampa, que funciona parte de la temporada, se capturan mas salmones que con la caña. Si se suman los salmones capturados en el Moy con todos los sistemas, la cifra resulta asombrosa.

EL RIDGE POOL

La trampa esta instalada en una especie de pequeña cascada o pesquera, de manera que los salmones paran casi siempre en los trescientos metros que hay entre la cascadita de las trampas y el siguiente puente río abajo, sobre todo cuando el río discurre bajo de nivel. Ese tramo es el celebérrimo Ridge Pool, en el que se producen muchos cientos de capturas cada año. En el Ridge Pool pescan cuatro pescadores diariamente hasta las seis de la tarde, en que se inicia el turno de noche y es ocupado por otros cuatro. Cada uno de ellos tiene un cupo de siete salmones, de los cuales puede apropiarse de tres, debiendo soltar los otros cuatro. A partir de junio, cuando el río viene bajo y los salmones paran siempre por debajo de las trampas, es muy corriente que buena parte de los pescadores hagan el cupo.
No se puede decir que el Ridge Pool sea un pozo bonito. El Moy, en general, es un rio salmonero poco atractivo estéticamente. Aguas lentas y uniformes de color whisky y con gran propensión a enturbiarse a poco que llueva. El Ridge esta en el centro de la población y se halla canalizado, permitiéndose solamente pescar desde una orilla. Incluso se anunciaba una urbanización próxima de chalets adosados con el nombre de “Ridge Pool”, de próxima construcción en una de sus orillas. Los pescadores pescan a unos 50 metros unos de otros y van rotando sus posturas cada pocos minutos. La cabecera del Ridge, cerca de las trampas, es una corriente más rápida que la cola, cerca del puente, aunque todo el pozo es bastante uniforme.
Faltaba un día para finalizar mayo, y en la víspera de la pesca echamos un vistazo al Ridge acompañados por un chirimiri cada vez mas persistente. El espectáculo era digno de verse, pues los salmones se bañaban profusamente, casi cada minuto, y los cuatro pescadores  les lanzaban sus cucharillas o sus lombrices frenéticamente. En los diez minutos que estuvimos observando vimos clavar y sacar uno a cucharilla, lo cual nos infundió  ánimos para el día siguiente.

COMIENZA EL GRAN DIA

Por la mañana continuaba lloviendo con cierta intensidad. El río había crecido ligeramente y se hallaba un tanto más tomado, aunque pescable. Mis compañeros de pesca, el director general de Guiness y su hijo, eran encantadores y poco después de la salida del sol nos desplazamos al Ridge. La pesca comenzaba a las ocho de la mañana, y por ello tuvimos que esperar diez minutos. Sorprendentemente, los salmones que se bañaban la tarde anterior no mostraban ningún signo que denotase su presencia. A las ocho en punto los cuatro pescadores comenzaron a lanzar sus cucharillas, mientras yo observaba las evoluciones de mi compañero, con el que compartía caña. Primer cuarto de hora, vital en la pesca del salmón, después de toda una noche de tranquilidad y en la que se ha podido producir la entrada de nuevos peces, sin ningún resultado. Llega mi turno y dudo si comenzar a mosca. Me quitan la idea de la cabeza pues aseguran que baja demasiada agua. Recurro a la sufrida cucharilla con cuerpo forrado de plástico (llamadas “condom flying”, o condón volador) cuyo rendimiento es siempre constante, y es la que utilizan todos los ribereños. Algunos de los pescadores cambian a lombriz, ya que la quisquilla se ha prohibido desde este año. A cebo pescan con cañas cortas lanzando a considerables distancias. Como el fondo debe ser poco rocoso y sin accidentes, el cebo corre bien, sin engancharse. Pasa la, teóricamente, mejor hora del día sin el mas mínimo resultado, y sin ver ni un solo salmón bañarse, lo cual empieza a mosquearme.
Poco a poco los pescadores del Ridge nos vamos haciendo amigos. Hay de todo. Desde el típico irlandés gordito y de tez rosada, con dos rosetones rojos en los carrillos, hasta mi compañero, alto, delgado y pelirrojo, pasando por un negrito encantador, que vive en Alemania pero viene con frecuencia al Moy, y al que cada dos por tres le llaman por su teléfono móvil, que suena desde lo mas profundo de los bolsillos de su chaleco. En los intervalos me enseña sus cajas de señuelos y me regala cucharillas y alguna mosca.

LA PESCA MILAGROSA

Por fin uno de los pescadores comienza a pescar a mosca, y decido que en el siguiente turno mío le imitaré. Barremos literalmente el pozo con cucharillas, merucos y moscas, pero nadie tiene el mas mínimo toque. Pescamos a unos cien metros de la trampa de salmones, y sobre las nueve y media, por la otra orilla, llega una furgoneta de la que bajan varios hombres con largos salabres en dirección a  la trampa. Mientras lanzo veo sus evoluciones y observo como en el recinto del primer ojo del puente sacan una buena porción de salmones. Inmediatamente después de ser extraídos con salabres o lazos de cola, los matan de unos golpes en la nuca y los depositan en grandes cajas blancas para el transporte de pescado. Es impresionante la cantidad de salmones de todos los tamaños que están sacando. En cada ojo del puente permanecen como mínimo veinte minutos y prácticamente llenan una caja de salmones. Les hago alguna foto con un pequeño teleobjetivo y me observan desconfiados. Durante mas de dos horas sacan salmones sin cesar, mientras nosotros lanzamos infructuosamente. Cuando veo que han terminado decido desplazarme hasta la otra orilla para hacerles unas fotos cargando las cajas de salmones en el vehículo. En la otra orilla, inmediatamente encima del Ridge, pescan los pescadores de la asociación local. Están apiñados veinte de ellos en tres metros cuadrados, y es increíble que no enganchen sus aparejos, que los tienen echados al pie de la trampa. Han sacado el salmón más pequeño que yo he visto en mi vida, de no más de 600 gramos, y tengo la oportunidad de ver cómo se les escapa otro similar. Me doy cuenta de que el hecho de que sean tan pequeñísimos se debe a que son los únicos que por su tamaño pueden escaparse entre los barrotes de la trampa y pasar río arriba. También advierto que no tienen precisamente simpatía por las trampas y ni siquiera por la gente que trabaja en ellas, a los que miran con aversión mientras mascullan a saber qué improperios. De pronto se abre la puerta por la que tienen que sacar los salmones, pero los trabajadores del Ridge me ven con la cámara preparada y cierran de un portazo. Esta claro que son conscientes de la mala prensa que tienen y no quieren fotos. Se producen momentos de tensión y algún pescador local me sugiere que me retire. No lo hago, y a los diez minutos abren de nuevo y sacan con muchas prisas a un vehículo las cajas llenas de salmones, mientras un operario se preocupa de taparme en la medida de lo posible la escena con su espalda. A pesar de todo hago alguna foto arriesgando el pellejo y cuento al menos siete u ocho cajas llenas.
Más tarde me enteraría de que fue un día excepcional y se capturaron ¡mas de ciento cincuenta salmones! sólo por la mañana. Por otra parte deduje, y luego me lo confirmaron, que al subir el nivel del agua por la lluvia, los numerosos salmones que estaban apiñados en el Ridge trataron de remontar río arriba y cayeron en la trampa. Ello explicaba el éxito de las trampas y el fracaso de los pescadores del Ridge que no tuvimos una picada en todo el día, ni tampoco vimos un salmón bañarse, ya que los peces habían abandonado en masa el lugar.
La experiencia, aún así, mereció la pena, aunque solamente fuese a titulo anecdótico y por observar (y sufrir) una de las tradiciones que, por fortuna, esta a punto de acabarse. Los propios irlandeses casi se avergüenzan de la pesca comercial en los ríos y nos comentaron que es muy probable que en uno o dos años se prohíba definitivamente este tipo de pesca. ¿Hasta dónde llegará el Moy el dia que no pongan trampas ni redes?. Esta jornada de pesca tuvo lugar en mayo de 1996. Pocos tiempo después se suprimieron las trampas y el salmón experimentó un claro auge en la cuenca del Moy.
Aún así, el salmón continúa siendo una especie amenazada a nivel global y es preciso mentalizarse y actuar en consecuencia.

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