"DE GALLEGOS ES LA PESCA"
Por Joaquín España,
Director de la Revista Caza y Pesca

Un gran amigo, gallego para mas señas, decidió un buen día, reunir casi todos sus conocimientos sobre la pesca y escribió un libro, titulándolo "La Pesca en los Mil y un Ríos de Galicia". Hasta aquí nada que comentar, excepto lo que es para mi una auténtica proeza, ya que inventariar todo el patrimonio piscícola de Galicia, y con gran acierto, se me hace harto dificultoso.
Pero mi comentario no reside en la habilidad y capacidad de mi amigo, sino más bien en el título. Y es que Galicia, entre otros muchos privilegios, tiene el del agua.
Cada rincón guarda un regato con enormes posibilidades de pesca, y la trucha sigue siendo la reina de las zonas altas, el salmón de los ríos caudalosos y el reo de las aguas próximas a las desembocaduras, amén de otras muchas especies de peixes, o las afamadas lampreas, las anguilas y las “humildes” zamborcas.
Pero se nota a la legua mi debilidad hacia estas tierras y mucha de la culpa seguro que la tiene una de mis abuelas, a la sazón de Ferrol, lugar de privilegio que bañan las aguas del poderoso Padre Atlántico.
Es cierto que acudo a Galicia todos los años a disfrutar de la pesca y, aclaro, con cola de rata, es decir, que soy uno de esos que se pasan mas tiempo secando la mosca en el aire que dejándola que se deslice en el agua y luego pierden su pensamiento en la concentración, siguiendo hipnotizado su incierto recorrido, esperanzado en ver subir esa trucha engañada. Pero es que lo que de verdad me gusta es pescar. Y si capturo alguna trucha.... pues eso ¡ya es la leche!. Porque la verdad es que, exceptuando algunos ríos grandes y zonas semi-despejadas, aquí los cursos no permiten practicar esta modalidad con facilidad, salvo excepciones. Pero lo bonito es vencer a la dificultad y levantar esa trucha que vemos que se está cebando en aquel sitio imposible.
Además aprovecho la oportunidad para hablar con otros pescadores del río, ya que siempre me sobra tiempo cuando se trata de aprender, y más de los pescadores gallegos que parece que, en vez de sangre, es agua de sus ríos lo que corre por sus venas. Quiero pensar que la facilidad del contacto con la naturaleza, el no perder sus raíces, el no olvidar el terruño y su río es lo mejor que a uno le regala el nacimiento.
Pero aún más me maravillo contemplando al paisano haciendo unos precisos lances de ballesta, poniendo la cucharilla donde yo ni podía imaginar que se pudiera. Ese lance preciso y exacto que da una trucha peleona, que apenas nos ha dejado contemplar el brillo del giro de su pala cuando, un parón brusco y seco, nos indica que la tenemos enganchada.
O ese paisano armado con su larga caña y un puñado de miñocas, tanteando con suavidad el fondo, piedra a piedra, dejando que llegue su cebo hasta las oscuras profundidades del pozo, llevado por su instinto y experiencia, en espera de esos tirones secos y delicados que nos trasmite el hilo, como diciéndonos “la tenemos, la tenemos....”, sacando truchas de lugares insospechados.
Pues de todos ellos aprendo algo, aunque no practique su modalidad, porque me enseñan el río y las particularidades de las truchas. Porque, queramos o no, parece que el gallego ha nacido para pescar cuando en realidad es que no quiere desprenderse de esa última y sutil atadura que le une ancestralmente con la tierra, a pesar de haberse convertido en urbanita. Y esa ligazón férrea a la tierra y al agua la aprovechamos otros que, sin conocer como ellos su terruño, nos valemos para disfrutar doblemente de nuestra estancia y nuestro deambular por el agua.
Y lo pienso seguir haciendo muchos, pero que muchos años.

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