ADIOS A LA REINA DEL RIO... LA OTRA ACTIVIDAD

Por José Gutiérrez, Universidad de León

Hasta hace unos días me veía con mis compañeros de pesca en los cafés y a orillas de los ríos, Esla, Órbigo, Porma… en definitiva nos estamos refiriendo a esos emblemáticos ríos leoneses que, por estar regulados, finalizan su temporada truchera el 15 de octubre, si bien después de agosto sólo se puede pescar sin muerte.
El 15 de octubre marca un antes y un después en nuestras conversaciones, hasta el 15 hablamos de nuestras efémeras, ninfas, tricópteros… de lo bien que se está a finales de temporada por el río. Parecía que no había truchas y a última hora, con los pantanos ya cerrados para el regadío y con las aguas justas, las truchas se manifiestan y pican con generosidad, además de buen tamaño. También hablamos de aquel pescador sospechoso de no devolverlas o del que presume de haberse pegado una buena merendola de truchas “sin muerte” ¡qué le vamos a hacer!, allá ellos y su conciencia.
A partir del 15 de octubre la conversación cambia y también la actividad, ahora ya vivimos de recuerdos, de aquella trucha que me llevó la mosca, de mi tirada favorita, de lo que queda para la próxima temporada, de las crecidas, de las “bolas” que nos mete Manuel, un poco exagerado el muchacho, que pesca más en las tertulias que en el río y además más grandes.

¿Qué hacemos ahora?, todo es muy variado. El personal sigue activo pero en tareas distintas, algunos cambiamos la caña por la escopeta y el perro, o el rifle, es totalmente diferente, pero igual de intenso. Cuando estás en el monte y observas en la distancia el Esla por la zona de Valdoré, te preguntas ¿qué harán ahora esas pecosas?, estarán bien tranquilas las “jodías”, ya nos veremos más adelante. Cada cormorán que ves pasar desde lo alto por el río y zambullirse en el agua es como una puñalada.
Los otros ¿qué hacen los no cazadores? Pescar, todos se van a pescar, de una forma o de otra la temporada no se cierra nunca, eso sí, queda la sensación de estar haciendo cosas como de segunda división. Voy a pescar barbos, carpas, blases o incluso lubinas porque truchas no se puede, que si no…
El relojero se va a los pantanos de la comarca zamorana de Sayago a pescar carpas, es muy bonito –dice-, pesco a pez visto, con mucho cuidado me acerco por las orillas, muy, muy agachado y consigo poner la ninfa cerca de su boca, la comen con mucha tranquilidad, un gesto como sin darle importancia, no como nuestras eléctricas truchas comunes. Lo bueno viene después, a veces son carpas de 4 ó 5 kg o más y los tirones son impresionantes, en muchas ocasiones se llevan el bajo del 24 y el bocadillo, si me apuras.

¿Sabes que Goyo va a pescar barbos el superficie?, también en pantano, los ríos ahora están muy embarrados y no se puede. Cuando va al río utiliza ninfa en las raseras, zonas de poca profundidad donde el agua va alegre, pero no excesivamente rápida, lo bueno está en la picada y la impresionante fuerza y velocidad de los barbos. El otro día –dice el relojes- le hice para el pantano una especie de escarabajo, un anzuelo recubierto de hilo negro, un grano de café torrefacto barnizado pegado a modo de chepa y algo parecido a unas patas, los barbos picaban impresionante.

Luís se va con su hijo a los lucios por debajo de Palanquinos, es una pasada pescarlos con estrimer, también pican bien con vinilos, con peces articulados y cucharilla, hasta que llega enero pasa las mañanas de los domingos, también algunos sábados dando caña a estos bichos tan despreciados por los pescadores de salmónidos, pero que también dan su juego como pesca deportiva. La semana pasada estaba el río muy embarrado, dejó lo de los lucios porque era imposible y se fue a coger una buena merienda de cangrejo rojo. Por lo menos nos invitó, cuando ya estaban limpios y guisados, todo un detalle.

Lo que más demuestra eso de la afición al agua y a la caña es el grupo que ni más ni menos se va a la Mariña Lucense a pesca de mar, es lo que faltaba, como nos parecen pequeños los ríos y los pantanos, no vamos al mar ¡será por agua!. Un fin de semana tras otro recorren desde la punta de la Estaca de Bares hasta la bahía de Foz “molestando” a los sargos y a las lubinas -“robalizas” que dicen por allí- pescan siempre al lance con cebo artificial, vinilo imitando peces y algo parecido a lombrices o angulas. Algunas noches, hasta se atreven a pescar en la playa de Llás (Foz) cuando repunta la marea, eso sí, en este caso utilizan cebo natural, lo que por allí llaman “sorra” y “sorrón”. No traen mucha pesca, pero dicen que por allí se come muy bien. También dicen, que ya no llueve en Galicia como llovía.
Esto es lo que hacen estos locos de la caña hasta que llega la primavera y vuelven a repuntar las hojas en los árboles, a hervir la sangre en las venas y a ver cebarse en superficie a nuestras amigas las truchas.

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