DE PESCA BAJO CERO Y ENTRE NIEVE
Por Francisco Javier Martínez,
Redactor Jefe de Diario de Avila

El termómetro no superaba los cero grados centígrados y el paisaje era más propio de una postal navideña que de una jornada de pesca, pero un puñado de periodistas pescadores –como en la película de El Río de la Vida- nos dimos cita en las orillas del Río Cofio para conocer de primera mano el Refugio de Pescadores “Aula del Río” y el coto intensivo gestionado por el Club de Pesca de Santa María de la Alameda.
Uno de los presidentes de asociaciones de pesca más activos que conozco, Luis Trujillo, que dirige la Asociación de Pescadores Valle Iruelas, me recogió a las ocho de la mañana en Ávila. La verdad es que el ambiente no era el más apropiado para ir al río, pero como dice el propio Truji: “Tienes hasta más vicio que yo”.
Cargamos los trastos en el coche y nos pusimos en camino. Una hora más tarde estábamos en Santa María de la Alameda (Estación). Allí algunos pescadores comenzaban la jornada con un café bien calentito. Entre ellos se encontraba Antonio Vilches, el Presidente del Club de Pesca de Santa María de la Alameda, y su mujer, Gloria –una de las almas del club-. Recogimos los cotos y nos fuimos al coto consorciado del río Cofio.
La temperatura era gélida, pero montamos las cañas y nos pusimos a pescar.
El río Cofio es un cauce estrecho, de aguas cristalinas y un entorno incomparable. Como curiosidad, cabe destacar que el tramo acotado tiene una orilla de la Comunidad de Madrid y otra de Ávila y esta última está vedada, ya que la Junta de Castilla y León no consorcia con sociedades de pescadores ningún tramo de río. Por esta razón, el coto sólo se puede pescar desde una orilla, pero es más que suficiente.
Al asomarnos a las primeras pozas, observamos grandes truchones arco iris colocados en la corriente. Pronto Truji clavó un hermoso ejemplar con un pequeño pez artificial. Yo había optado por mi sempiterna cola de rata a la que había colocado al final del bajo de línea un streamer naranja, muy efectivo con las arco iris. Después de hacer a mi compañero unas fotos con varias truchas, clavé mis primeras truchas del río Cofio. Enseguida me percaté del perfecto estado de las truchas arco iris. Aletas enteras y una librea espectacular. Así tendrían que ser todas las arco iris que se repueblan en los intensivos españoles. En eso coincidió Nacho, un pescador y, además, biólogo, que tiene entre manos la ardua tarea de confeccionar el atlas de pesca de la provincia de Ávila. Seguro que no le va mal, es un profesional y un amante de los ríos y sus pobladores más importantes para el pescador: los peces.
La jornada avanzaba y, de vez en cuando, los pescadores debíamos parar para quitar el hielo de las anillas de nuestras cañas. En éstas estábamos cuando apareció el todo-terreno de Joaquín España, cazador, pescador y filósofo cinegético donde los haya, que disfruta una segunda juventud al frente de la revista Caza y Pesca, junto a él viajaba un tipo alto, entradito un poco en carnes y de apariencia un poco destartalada... Piñeiro, creo que se llamaba, Miguel Piñeiro, ahora que recuerdo. Me habían hablado mucho de él. Era un escritor de pesca, mosquero desde hacía pocos años y aprendiz de mus –arte del que incluso se atrevió a escribir un tratado... y encima en gallego-, vamos un loco de la pesca que se recorre media España –no la de Joaquín- nevada y helada para pescar a varios grados bajo cero.

Fuera bromas, mi gran amigo Miguel Piñeiro, en cuanto me vio –no estábamos frente a frente desde hacía varios meses- no sólo no me dio un abrazo, ni me estrechó la mano, sino que simplemente me quitó la caña y se puso a pescar –cuando se lo encuentren por ahí tengan cuidado porque es muy dado a robar las cañas y, incluso, puede hasta que clave alguna buena trucha con ella-, mientras vociferaba medio en gallego, medio en castellano...
Pasamos todo el día pescando. Antonio Vilches había repoblado cada charco con preciosas truchas arco iris que hicieron las delicias de los pescadores que nos dimos cita en este paradisíaco coto del río Cofio. En la mayoría de las pozas, se veían los bandos de truchas y cómo éstas se precipitaban en pos de las cucharillas y los streamers.
A la una de la tarde regresamos a nuestro punto de partida, junto al aula del río que han construido los socios del Club de Pesca de Santa María de la Alameda, una instalación modesta, pero un ejemplo de cómo entender la pesca deportiva. El aula consta de un edificio de planta baja en el que se encuentran paneles explicativos del ecosistema que se encuentra en las inmediaciones del río Cofio. En el exterior, y adosado al edificio, una gran pecera alberga ejemplares de trucha arco iris, trucha común y barbo para explicarles a los escolares cómo son estas especies.
En la parte anterior de la parcela, varios paneles también explican los peces que se hallan habitualmente en los ríos de la zona, así como las artes de pesca que se emplean en la pesca deportiva.  

Todos estos esfuerzos están destinados a enseñar a las nuevas generaciones de pescadores que ahora comienzan su educación en los colegios madrileños y abulenses próximos. Un esfuerzo loable, que tendrían que copiar algunas asociaciones.
Tampoco quiero dejar pasar la oportunidad para felicitar a la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, por el responsable de pesca que poseen. José Luis Gallego no entiende de festivos ni de horario y siempre trabaja a favor de los pescadores. En el territorio nacional, pocos responsables de la pesca son como José Luis. ¡Qué envidia sana de los pescadores madrileños!
Volviendo al relato de la jornada. Compartimos mesa y mantel con Juan Delibes, Pablo Capote, Pedro Weigand, Cesáreo Martín y varios socios del club, con los que pasamos un rato agradable. Después volvimos al tajo y cogimos varias truchas más, aunque Miguel Piñeiro estuvo adaptándose a este medio nevado y helado impropio de las latitudes gallegas, donde maravilla con la ballesta, sus cucharillas y sus arreos de moscas.
La tarde comenzó a caer y nos despedimos del río Cofio y su gente, pescadores amables donde los haya y expertos gestores conservacionistas. Enhorabuena por el aula del río y por los cotos que gestionáis.

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