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El
termómetro no superaba los cero grados centígrados y el paisaje
era más propio de una postal navideña que de una jornada de
pesca, pero un puñado de periodistas pescadores –como en la película
de El Río de la Vida- nos dimos cita en las orillas del Río
Cofio para conocer de primera mano el Refugio de Pescadores
“Aula del Río” y el coto intensivo gestionado por el Club de
Pesca de Santa María de la Alameda.
Uno
de los presidentes de asociaciones de pesca más activos que
conozco, Luis Trujillo, que dirige la Asociación de Pescadores
Valle Iruelas, me recogió a las ocho de la mañana en Ávila. La
verdad es que el ambiente no era el más apropiado para ir al río,
pero como dice el propio Truji: “Tienes hasta más vicio que
yo”.
Cargamos los trastos en el coche y nos pusimos en camino. Una hora
más tarde estábamos en Santa María de la Alameda (Estación).
Allí algunos pescadores comenzaban la jornada con un café bien
calentito. Entre ellos se encontraba Antonio Vilches, el
Presidente del Club de Pesca de Santa María de la Alameda, y su
mujer, Gloria –una de las almas del club-. Recogimos los cotos y
nos fuimos al coto consorciado del río Cofio.
La temperatura era gélida, pero montamos las cañas y nos pusimos
a pescar.
El
río Cofio es un cauce estrecho, de aguas cristalinas y un entorno
incomparable. Como curiosidad, cabe destacar que el tramo acotado tiene
una orilla de la Comunidad de Madrid y otra de Ávila y esta última está
vedada, ya que la Junta de Castilla y León no consorcia con sociedades de
pescadores ningún tramo de río. Por esta razón, el coto sólo se puede
pescar desde una orilla, pero es más que suficiente.
Al
asomarnos a las primeras pozas, observamos grandes truchones arco iris
colocados en la corriente. Pronto Truji clavó un hermoso ejemplar con un
pequeño pez artificial. Yo había optado por mi sempiterna cola de rata a
la que había colocado al final del bajo de línea un streamer naranja,
muy efectivo con las arco iris. Después de hacer a mi compañero unas
fotos con varias truchas, clavé mis primeras truchas del río Cofio.
Enseguida me percaté del perfecto estado de las truchas arco iris. Aletas
enteras y una librea espectacular. Así tendrían que ser todas las arco
iris que se repueblan en los intensivos españoles. En eso coincidió
Nacho, un pescador y, además, biólogo, que tiene entre manos la ardua
tarea de confeccionar el atlas de pesca de la provincia de Ávila. Seguro
que no le va mal, es un profesional y un amante de los ríos y sus
pobladores más importantes para el pescador: los peces.
La
jornada avanzaba y, de vez en cuando, los pescadores debíamos parar para
quitar el hielo de las anillas de nuestras cañas. En éstas estábamos
cuando apareció el todo-terreno de Joaquín España, cazador, pescador y
filósofo cinegético donde los haya, que disfruta una segunda juventud al
frente de la revista Caza y Pesca, junto a él viajaba un tipo alto,
entradito un poco en carnes y de apariencia un poco destartalada... Piñeiro,
creo que se llamaba, Miguel Piñeiro, ahora que recuerdo. Me habían
hablado mucho de él. Era un escritor de pesca, mosquero desde hacía pocos
años y aprendiz de mus –arte del que incluso se atrevió a escribir un
tratado... y encima en gallego-, vamos un loco de la pesca que se recorre
media España –no la de Joaquín- nevada y helada para pescar a varios
grados bajo cero.
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