BARBOS AL CURRICÁN
Por Francisco Javier Martínez,
Redactor Jefe de Diario de Avila

La pesca del barbo suma una nueva modalidad a bordo de las piraguas.

En numerosas ocasiones, los pescadores españoles sueñan una y otra vez con acudir a paraísos inexplorados, donde capturar el pez de su vida. Sin embargo, muy a menudo pasan desapercibidos escenarios de pesca dentro de nuestro país donde se pueden encontrar grandes sorpresas y nuevas modalidades para especies autóctonas. Éste es el caso que nos ocupa hoy.
Hace algo más de un año, me inicié en la pesca deportiva desde piragua. Desde entonces no he hecho otra cosa que explorar nuevos escenarios que anteriormente pasaban desapercibidos para mí. Un día de mayo, preparé una excursión al embalse del Águeda, ubicado a pocos kilómetros de Ciudad Rodrigo. Mi intención era tentar a las truchas comunes que habitan este pantano. Tenía noticias de las pintonas que se sacaban en el Águeda, genéticamente distintas a las del resto de la cuenca del Duero. No son excesivamente abundantes, pero su tamaño hace interesante su pesca. Pero este lugar deparó una grata sorpresa: la captura de barbos al curricán.
El embalse del Águeda se sitúa en el tramo alto del río que le da el nombre. La comida no es muy abundante para los peces que habitan en él, por lo que no es difícil observar ataques de barbos y truchas autóctonas a los bancos de bogas y cachos que pueblan esta agua. No en vano, tradicionalmente, en este embalse las truchas más grandes atacan a cucharillas y peces artificiales.
Aprovechando esta circunstancia, el embalse del Águeda es un lugar ideal para tentar al barbo al curricán. La técnica no difiere excesivamente de la pesca al curricán de otras especies de río o de mar. La clave reside en la velocidad a la que paseemos los peces artificiales desde la piragua. Mientras que para la trucha, la velocidad debe ser más intensa, para el barbo debe ser más pausada, debido al comportamiento de este pez. Por esta circunstancia, la piragua no debe ser excesivamente rápida –utilizo una Pelican Castaway, de 76 centímetros de manga-.

El equipo de pesca no difiere al utilizado para la pesca al curricán de salmónidos. La caña ideal no debe ser excesivamente larga –entre 1.90 y 2 metros- y bastante rígida, lo que nos permitirá manejar con facilidad peces artificiales de hasta 11 centímetros. El carrete no tiene especial relevancia en esta modalidad, ya que únicamente trabajaremos con él una vez que el pez esté clavado. Lo único importante debe ser que posea un freno potente. Los carretes con freno en su parte inferior son preferibles, ya que en la lucha con el pez se regula con mayor facilidad. Hay dos opciones en cuanto a la línea: un monofilamento o un trenzado. El monofilamento debe ser de un diámetro de alrededor de 0,25, ya que hay que tener en cuenta el rozamiento de la línea con piedras y árboles sumergidos. El trenzado es más seguro para no perder piezas ni artificiales al enganchar con los obstáculos sumergidos.

Los señuelos que debemos presentar a los barbos al curricán son crankbaits de profundidad y de medias aguas. Personalmente, suelo utilizar shad rap, de Rapala, de profundidad, de hasta 11 centímetros de longitud, incluso los modelos partidos –jointed- no excesivamente grandes. En ambos casos, los colores naturales son los que mejor resultados dan.

Aquellos pescadores que se animen a adentrarse en la pesca desde piragua deben tener en cuenta que antes de salir al embalse a tentar a los peces, lo importante es saber controlar la embarcación en todas las circunstancias que nos plantee una jornada, así como saber leer el embalse a cada momento. Las medidas de seguridad deben ser imprescindibles en cada salida, por lo que el chaleco no faltará al pescador desde piragua. Una vez en el agua, nos encaminaremos hacia las zonas calientes del embalse, como son reculas de profundidad media y grandes cortados en aguas abiertas. Pescando al curricán, deberemos lanzar los peces artificiales al agua varios centenares de metros antes de llegar a los lugares donde preveamos que se encuentran los barbos apostados a la espera de sus presas. En la piragua siempre tenemos que contar con la deriva de la embarcación en el agua. La piragua no se detiene nada más dejar de palear, posee unos metros de deslizamiento que son una de las complicaciones que los principiantes tienen que saber controlar para, por ejemplo, no ahuyentar a carpas y barbos cuando los pescamos a mosca.

En la pesca de los barbos al curricán, comenzaremos a palear con una cadencia regular, pero sin apresurarnos por llegar al lugar deseados. De esta forma, cuando lleguemos donde se encuentren los barbos, los peces artificiales nadarán a la profundidad y a la velocidad deseada, provocando el ataque de los peces. Si nos apresuráramos, probablemente pasaríamos a una velocidad excesiva o desacelerando, con lo que los crankbaits perderían efectividad.

Una vez que hayamos alcanzado la velocidad idónea –un GPS portátil es muy útil para mantener un avance estable-, nos dirigimos a los puntos que preveamos calientes. La caña permanecerá en los cañeros que posee la embarcación. Personalmente, prefiero los cañeros que se ubican por detrás del asiento de la piragua, porque nos permiten más libertad de movimientos, pero también se pueden emplear los cañeros que se sitúan entre las piernas, por delante del asiento. El carrete tendrá el freno al mínimo, pero siempre teniendo en cuenta el rozamiento de los peces artificiales cuando son arrastrados por la piragua al curricán. Es aconsejable probar el freno a una velocidad más alta a la que utilizaremos. De esta forma, nos aseguraremos que el pez artificial no sacará línea cuando estemos pescando a una velocidad más lenta y que en cuanto haya una picada, el carrete comience a “cantar”, poniendo en alerta al pescador

Una vez que el barbo se ha clavado, el sonido del carrete alertará al pescador que, inmediatamente deberá detener la marcha y regular de nuevo el freno para iniciar una lucha vibrante con uno de los peces más luchadores que pueblan las aguas de ríos y embalses españoles. Las acometidas de este ciprínido harán las delicias de los aficionados más experimentados, que no deben impacientarse por sacar el pez del agua. Las primeras acometidas del barbo son potentes y el pescador deberá aguantarlas. Cada vez se harán más cortas de espacio y duración, pero no hay que fiarse, porque se puede dar la circunstancia de que, una vez que el barbo está a la vista de la embarcación y después de unos momentos de descanso, emprende una nueva carrera espectacular. Hasta que el pez no nos muestre el vientre, rendido, no nos aventuraremos a intentar levantarlo del agua.

Hay que tener precaución cuando izemos el barbo a la piragua, ya que normalmente se encuentra clavado de una sola de las poteras del crankbait. Un instante de duda o un coletazo que libere al barbo de las manos del pescador dentro de la piragua puede hacernos pasar un mal trago y acabar con el pez artificial clavado en nuestra ropa o incluso en nuestra carne. Con unos alicates, desclavaremos al barbo y, después de reanimarlo con un suave masaje ventral, lo dejaremos marchar camino de las profundidades del embalse.

Como ya hemos dicho, en la acción de pesca hay que prospectar las reculas que nos encontremos en nuestra navegación con la piragua, así como paredes verticales de piedra, donde se suelen apostar los barbos a la espera del paso de los bancos de peces. En aguas abiertas y en días de calor, los barbos activos se sitúan en zonas profundas, mientras que en las reculas, podemos encontrarlos en aguas medias. Para explorar estas zonas con nuestros señuelos, avanzaremos paralelos a las orillas, dejando entre cinco y diez metros de distancia con la tierra.

Una vez que el pescador desclave un barbo de un crankbait y lo devuelva al agua desde la piragua, sentirá una sensación de haber peleado durante unos minutos con uno de los peces más potentes de nuestros ríos y embalses que, en muchas ocasiones, es olvidado a favor de otras especies consideradas más deportivas, pero no más atractivas que un barbo de un par de kilos luchando bajo el agua.

volver a índice de colaboraciones