"BURRÚN-BURRÚN Y CHUNDA-CHUNDA"
Por el Doctor Juan José Moralejo

Oficiaba yo mis sacrosantísimas liturgias en ese portento que atiende por río Eume, en un Ombre que no necesita hache y al pie de unas ruinas, las del monasterio de Caaveiro, que ejemplifican al ciento dieciséis por ciento (100% + IVA) el buen gusto de los monjes que se retiraban del mundanal ruido y seguían la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido ... Los puntos suspensivos son marcha atrás para aclarar que mis liturgias pesqueras tienen más que ver con la Física del Vacío que con la Teoría del Cesto, pero me da igual, porque a Eume, Ombre y Caaveiro (casi) les perdono su sadismo de repetirme los reos que están entre los 27 y los 29 centímetros, cuando la ley abusica marca los 30 para el enceste.
Oficiaba yo en Ombre, el rechouchío pajaril tenía como basso continuo el romper del agua en las fervenzas y todo lo demás era silencio de andarines y bicicleteros o pecado venial de un par de coches. Un silencio en el que se perfiló lejano un chunda-chunda-chunda y le pregunté yo a mis adentros qué necesidad o extraño voto tendrían los boy-scouts o fauna similar para peregrinar a Caaveiro marcando el paso con tamaña fanfarria y charanga. Y mis adentros me respondieron: ¡Insensato, no te hay boy-scouts ni tambores y atabales! Lo que tienes la fortuna de oír es una Chunda-chundofanía que tal vez no te llenará de paz y de júbilo, pero te permitirá conocer el decibelio y el imbecilio en estado puro y beligerante.
Y así fue. El chunda-chunda-chunda ya no era lejano y a toda prisa dejé la caña en tierra y me arrodillé para ver pasar al Sumo Sacerdote del Altavoz Desmadrado, Rey del Bacalao Estruendoso y Perturbador de la Paz Natural y Ciudadana. Y de un lado al otro de la fraga del Eume pasmó la Naturaleza ante el prodigio de que semejante murga pudiese caber en tan poco coche. Y los reos no dijeron ni mú para hacer honor al proverbio, ya griego, de “más mudo que un pez” (kophóteros ikhthýos ¡toma cultura!), pero me hicieron señas con aviso de que, si vuelve a pasar por allí el hortera del chunda-chunda-chunda, se vuelven al mar, a A Marola o todavía más allá.
¡Qué contraste, lectores y lectrices, con la paz gozosa de la jornada en que por el Eume bajaban los piragüistas! Piragüista, noble palabra céltica, como todas, con etimología cristalina como el río: piragüista, “que se pira por el agua”. Y el que se pira por el agua del Eume en Ombre y Caaveiro no necesita chunda-chunda y el agua, corriente y a la vez extraordinaria, lo lleva maternal hasta la ría, y disfruta él y disfruto yo viéndolo pasar y lo animo, pero dejo de animar cuando pasa el sordo que, embebido en su remar, cree que soy pescador quejoso y a mis voces de ánimo responde con un ¡Vai tomar polo ..., que hoxe temos permiso!
Y con la presentación del Chunda-chunda eumés, prototipo de una especie hispánica omnipresente, se nos queda para el siguiente comentario su gemelo y complemento Burrún- burrún.

volver al índice del doctor