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Oficiaba
yo mis sacrosantísimas liturgias en ese portento que atiende por río Eume,
en un Ombre que no necesita hache y al pie de unas ruinas, las del
monasterio de Caaveiro, que ejemplifican al ciento dieciséis por ciento
(100% + IVA) el buen gusto de los monjes que se retiraban del mundanal
ruido y seguían la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido ...
Los puntos suspensivos son marcha atrás para aclarar que mis liturgias
pesqueras tienen más que ver con la Física del Vacío que con la Teoría del
Cesto, pero me da igual, porque a Eume, Ombre y Caaveiro (casi) les
perdono su sadismo de repetirme los reos que están entre los 27 y los 29
centímetros, cuando la ley abusica marca los 30 para el enceste.
Oficiaba yo en Ombre, el rechouchío pajaril tenía como basso continuo
el romper del agua en las fervenzas y todo lo demás era
silencio de andarines y bicicleteros o pecado venial de un par de coches.
Un silencio en el que se perfiló lejano un chunda-chunda-chunda y
le pregunté yo a mis adentros qué necesidad o extraño voto tendrían los
boy-scouts o fauna similar para peregrinar a Caaveiro marcando el paso
con tamaña fanfarria y charanga. Y mis adentros me respondieron:
¡Insensato, no te hay boy-scouts ni tambores y atabales! Lo que
tienes la fortuna de oír es una Chunda-chundofanía que tal vez no
te llenará de paz y de júbilo, pero te permitirá conocer el decibelio y el
imbecilio en estado puro y beligerante.
Y así fue. El chunda-chunda-chunda ya no era lejano y a toda prisa
dejé la caña en tierra y me arrodillé para ver pasar al Sumo Sacerdote del
Altavoz Desmadrado, Rey del Bacalao Estruendoso y Perturbador de la Paz
Natural y Ciudadana. Y de un lado al otro de la fraga del Eume pasmó la
Naturaleza ante el prodigio de que semejante murga pudiese caber en tan
poco coche. Y los reos no dijeron ni mú para hacer honor al proverbio, ya
griego, de “más mudo que un pez” (kophóteros ikhthýos ¡toma
cultura!), pero me hicieron señas con aviso de que, si vuelve a pasar por
allí el hortera del chunda-chunda-chunda, se vuelven al mar, a A
Marola o todavía más allá.
¡Qué contraste, lectores y lectrices, con la paz gozosa de la jornada en
que por el Eume bajaban los piragüistas! Piragüista, noble palabra
céltica, como todas, con etimología cristalina como el río: piragüista,
“que se pira por el agua”. Y el que se pira por el agua del Eume en Ombre
y Caaveiro no necesita chunda-chunda y el agua, corriente y a la
vez extraordinaria, lo lleva maternal hasta la ría, y disfruta él y
disfruto yo viéndolo pasar y lo animo, pero dejo de animar cuando pasa el
sordo que, embebido en su remar, cree que soy pescador quejoso y a mis
voces de ánimo responde con un ¡Vai tomar polo ..., que hoxe temos
permiso!
Y con la presentación del Chunda-chunda eumés, prototipo de una
especie hispánica omnipresente, se nos queda para el
siguiente comentario su gemelo y
complemento Burrún- burrún. |