¿TRASNOCHAR O MADRUGAR?
Por el Doctor Juan J. Moralejo

¿Trasnochar? ¿Madrugar? That is the question. Como siempre el portento efímero que atiende por criatura humana baila al son que le tocan Natura y sus impeninables calendarios. Me explico.

Cinco de la madrugada y servidor se desayuna para estar a las seis y diez, cuando apenas quiebran albores, a orillas del Santuario de lo Inefable, uséase el Tambre, ya donde la ría se lo papa, pero a cambio ¡y el Tambre sale ganando! de meterle lampreas, salmones, reos. Iguales prisas me han pillado por las riberas del Miño, del Deva, del Eume … porque a Galicia en cuestión de inefabilidades no le tose nadie, dicho sea con perdón de los purines y de las minicentrales.

Decía Horacio que al cazador lo define el madrugón que olvida sábana caliente y esposa tierna –o tal vez sábana tierna y esposa caliente, pues el orden de factores puede alterar mogollón el producto, tanto como para que el cazador no madrugue. Horacio y otros tenían el pequeño achaque de no atender más que a la caza, pero porque vivían ambientes en que trucha, reo, salmón … eran casi exóticos. Roma fue mucha Roma, pero nadie es perfecto.

El pescador que madruga, por mucho que madrugue, se topa con que entre 1 de mayo y 1 de agosto el carro del Sol deja atrás a Alonso y Gibernau juntos. Resultado, que llegas al río cuando el momento supremo del gustirrinín entre fusco y lusco ya ha caducado. Si no has madrugado para vivir el momento, lector amigo, suspende tu juicio y dí ¡Sí, bwana! en aclamación reverente de lo que yo estoy contándote.

Otra alternativa, repetición feliz del gustirrinín, pero ahora de fusco para lusco: no dejar el Tambre hasta bastante después de que todos los gatos se han empardecido, que es cuando los reos se ponen propicios, proclives, propensos. Pero entre 1 de mayo y 1 de agosto ese mismo Sol que te roba el primer amanecer se recochinea en remolonear hasta que lo veas irse de una puñetera vez y resulta que ni Horacio, ni siquiera Ovidio o Virgilio, tienen el más mísero pareado para alabar la afición del que regresa "a las tantas", que decía mi madre, "a horas impropias", que también decía ella.

Porque entre que apuras el reloj, vuelves al coche, te degradas a la ropa de todos los días y tiras para la Capital Cultural del Mundo Mundial, resulta que ya no vuelves hoy, sino mañana. Has trasnochado ¿Me explico? Y aquí es donde los rigores de Natura en el solsticio se combinan con los rigores de Cultura, sea solsticio, sea equinocio o caiga en viernes el Jueves Santo.

Un tío que llega tarde a casa es un badanas que Dios sabe qué y cómo y con quién … Todo lo que necesita de la noche ¡malo! y mirá tú, a las once largas en el río, como si los reos no tuvieran familia. En cambio, un hombre -¡ya no un tío!- que madruga y a las cinco está en pie no pasa de ser un lunático, decente pero lunático, y lo único que hay que hacer es reconducir ese entusiasmo a causas de mayor cuantía, verbigracia, el bricolaje doméstico.

¿Trasnochar? ¿Madrugar? That is the question.

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