ANÁMNESIS DEL MIÑO
Por el Doctor Juan José Moralejo

Por una vez nos arrimamos a Platón y a su tinglado idealista que en prosa bellísima y con el trile del mito pretende que aprender es recordar, es hacer reminiscencia o, dicho a la griega, es anámnesis de lo que el alma, ahora caída a tierra y presa en un cuerpo, había aprendido en las regiones celestes, en el cortejo que presidía Zeus y pasándoselo pipa con el Bien y otras pijadicas ideales. Su alumno Aristóteles volaba más bajo, escribía peor, pero acertaba a tope con la alternativa de que nuestro intelecto nace “tamquam tabula rasa”, cero conocimientos, pero con excelente disco duro y teclado de primera para conocer, incluyendo crear, lo de por aquí abajo y dejar para el gato las Ideas de por allá arriba.

Este agosto lo dedico a una frenética y feliz anámnesis del Miño, pues estoy re‑conociéndolo en su poderosa majestad y reafirmándome en algo que acabo de reiterar en mis señoras “As troitas ...”: que lo peor que le puede pasar a un lugar de Galicia es estar lejos del Miño. El Miño de aguas abajo de Ribadavia y camino de ser la frontera más necia y superflua de Europa ha sido mi veraneo crónico e intenso, con sus pesqueras megalíticas, sus cachones en agua de rabia hermosa, sus remansos para nadador insensato, sus cantos rodados o “coios” en largas “coiñeiras” de difícil andar y fácil esguince ... Ese Miño, que era mío, me lo hicieron charca y se pudrió para siempre con el cuento del kilovatio, que ahogó con alevosía toda mi niñez y juventud. También he de decir que a la charca alguna renta hermosa le he sacado con excursiones en barca, pero, si hay que vaciarla algún día, me pido ya apretar el botón.

Hartos de que la charca esté en las últimas, plagada de carpas y otras basuras, nos decidimos tío y sobrinos a irnos aguas abajo de Frieira, a donde el río sigue río, con toda su majestad de Pater Gallaeciae y siendo argumento cierto de que quien se aburre viendo correr un río tiene alma de cartón cutre no reciclable. He vuelto al Miño río glorioso como Dios manda, agua transfigurada en belleza poderosa, he vuelto al Miño que ya conocía al dedillo en mil idas y venidas de tren, he vuelto al Miño-Miño100% y he vuelto a saber / recordar cómo era ese 100% en el de mis años mozos en Cortegada. Ya no sé si estoy en anámnesis o en éxtasis de lo que había conocido en el mundo que me birlaron, un mundo real que le daba lecciones de Perfección y Belleza al bolo ideal con que Platón mareaba sofistas.

Además de hacerle caso circunstancial a Platón, he tenido que darle la razón y las gracias al poeta Rilke, que dijo requetebién que la única y verdadera patria del hombre es su infancia. En esta anámnesis mía del Miño perdido, gran señor de las pesqueras y de las coiñeiras, hay tanta y tan buena patria que ejerzo ya mi autodeterminación y paso aviso al Rectorado de que quien quiera clases de Griego que se venga a una pesquera que hay aguas arriba de Arbo, a donde me traslado en cuerpo y alma hasta que uno y otra se separen. Amén.

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