AGUAS AL POR MAYOR

Por el Doctor Juan José Moralejo

Ya decía Horacio, poeta pero muy al loro, que, por mucho empeño que pongas en echarla fuera, la Naturaleza siempre vuelve y, sin que te enteres, hace pedazos tus torpes resistencias. Buen ejemplo de lo natural que siempre vuelve es el agua (H2O) y da igual su origen y los trámites que siga para volver, pues lo que importa es que vuelve. A la Naturaleza y al agua claro que se las puede meter en vereda, pero con buena cuenta “a priori” de costos, dificultades, riesgos y estabilidad de resultados, y lo único que no cuela es descubrir “a posteriori” que en Galicia llueve, los ríos crecen y el subsuelo tiene más agua que el suelo.

A la observación de Horacio hay que añadir, ya en prosa del s. XVII, la carta del ingeniero militar Vauban a su ministro Louvois, admirable y leidísima carta que ha dejado claro para siempre cómo y por qué las gangas acaban costando un huevo de la cara, naturalmente para quien las paga y compra, no para el gangoso de la oferta y la contrata. También aquí lo mejor es hacerle mucho caso al Padre Prior para no tener que arrepentirse con el Padre Posterior.

Voy a decirles algo que tal vez ya les suene a los viejos del lugar: en Galicia ya llovía, y con vendaval, cuando yo era niño, y llovía y soplaba incluso más que ahora, pero las inundaciones eran noticia puntual y más o menos corregible –Padrón, Caldas, el Lagares en Vigo...‑ y no había esta epidemia de ahora porque “de aquella” la gente leía a Horacio y a Vauban. Invito a mis lectores a que recorran el Miño que todavía es río vivo, no embalse, y vean cómo sus ribereños lo respetaron, cómo sabían de sus enchentas furibundas, que nunca le mojaron la cama a nadie. Ahora tenemos hasta garajes con río.

Si usted le pierde el respeto al clima y al terreno en que vive; si construye por marismas, brañas y junqueras; si gana terreno –metros cuadrados para hacerlos cúbicos- a golpe de comérselo a lo que parece regato manso y sin segundas intenciones; si hace paseos, rellenos y otras monadas de urbanismo entubando ríos sin acordarse de que ya los Evangelios avisaban de la dificultad de que un camello pase por el ojo de una aguja... En fin ¿para qué seguir con el rollo que usted conoce mucho mejor que yo porque es el que lo proyecta y lo vende, o es el que lo autoriza, o es ¡vaya por Dios! el que pica y compra?

La tropa atareada con el mundanal ruido y de espaldas a los goces de la Cultura Clásica se te pasma ante el Partenón de Atenas o el Acueducto de Segovia y no se percatan de que su lozanía de hoy –aparte burradas de turcos y venecianos- es la consecuencia feliz de que para la construcción con dineros públicos el cálculo principal en Grecia era el Teorema de Tales: “Con tales cálculos, tales materiales y tales intenciones no se construye”. Y Roma lo completó con el Teorema de Cuáles, que nos redondea la lista de con cuáles cálculos, cuáles materiales y cuáles intenciones tampoco se construye. Pero ahora griegos y romanos molan muy poco y en Galicia llueve.

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