LA LAMPREA 

POEMA

I

A mí me gusta la lamprea.

Decid todos conmigo: ¡A ÉL le gusta la lamprea!

Prefiero comer lamprea con los amigos

que comer amigos con la lamprea.

Cuando como lamprea, ni siquiera elijo los amigos

y me da igual una panda de barrufas

que esta selecta trilogía que me honra con su asistencia,

dos hombres de bien y un cismático

Podría quedarme sin amigos,

pero no resistiría quedarme sin lamprea;

incluso podría cederle a mi mejor amigo la ración de arroz,

¡pero como se atreviera a poner los ojos

en mi ¡¡¡MI!!! ración de lamprea,

lo rajaría de arriba a abajo, sin contemplaciones!

Bueno, en realidad los amigos son un mero pretexto

para comer lamprea, pero, si bien se mira,

mejor que un mero pretexto estaría un mero a la plancha.

Puesto a comer lamprea acompañado,

creo que llegaría hasta tener a Acebes de un lado

y Pepiño Blanco del otro.

¡Eso sí, sin perder de vista la lamprea!

Obviamente, puesto entre Otegui y Setién,

dejaría libre a la lamprea.

II

El estado de la Nación no se mide por debates bordes en secano,

sino por la cantidad de lampreas que meten Ulla y Miño.

Si Bush comiera lamprea, mejor nos iría,

y si los inspectores de la ONU

hubiesen encontrado lampreas en Bagdad,

seguro que se lo tenían muy callado,

porque ¡ese sí que sería motivo más que suficiente

para invadir aquel país!, pero en buen plan,

no a golpe de tambor de guerra, sino de timbal de lamprea.

En cambio, el Plan Ibarretxe fracasará por no haber dedicado un capítulo a la autodeterminación de la lamprea,

la Globalización es un fraude, si no hay lamprea para todos,

la Ciudad de la Cultura será siempre una mierda

sin nasas ni pescos de lamprea

y no hay prisa por el AVE, que no traerá lamprea.

Pero con una lamprea por barba no habría

Roldanes, Filesas, Jesusgiles, Rocas, Julianes, Alcaldías de Cazo

y toda esa tropa de las narices... ¡de las narices, pero no nasal,

porque no tienen nasas ni serían de fiar con una en la mano!

¡Por cierto que tendría narices que alguien se atreviera

a meter la mano en mi ración! ¡¡que es mía y la quiero!!

¡¡¡A ver quien tiene bemoles a siquiera sugerirme

que le ceda algo de mi ración!!!

Podría yo dar aprobado general,

podría yo regalar la discoteca,

podría yo malbaratar la biblioteca,

podría saldar mis cucharillas,

pero que nadie me pida que le ceda mi ración de lamprea

porque ad impossibilia nemo tenetur,

y, además, yo soy nada más y nada menos que


San Juan Ciclóstomo,
Fundador y Santo Patrono de las lampreas

y cuando sea abuelo, no me importaría

ser abuelo de una lamprea.

Y mejor todavía, si es hija natural de un reo.

Y, después de picar billete, me gustaría reencarnarme en lamprea,

lunes miércoles y viernes en Herbón, martes, jueves y sábados en Arbo,

y embudarme tal que así, in saecula saeculorum,

en una trucha y susurrarle

lo buena que está,

así a pelo, sin unto,

y cachearle una por una todas las pintas

y ponerla a andar,

que esta temporada las muy hijoputas

andaban entre apiroladas y cabronas

y hasta en Vilagudín les entró el muermo,

no sé bien si por culpa de Aznar, de Zapatero, o de ambos.

III

 En materia de lamprea anulo o declaro en suspenso

todas las barreras teológicas, políticas, propedéuticas, filatélicas, éticas,

perléticas,  pelambréticas y pelimelambréticas

que se opongan a mi apetito.

Estoy dispuesto a comer lamprea

de fondos reservados, de casinos catalanes, de financiación de partidos políticos, de Mario Conde, de Filesa, de oposiciones en Lalín, de alcalde de Andratx, de concejal corrupto de tres días,

e incluso xurelos, con tal de que pongan cara de lamprea.

IV

Cuando yo era niño quise ser lamprea,

pero mis padres no tenían dinero para pagarme tan caros estudios,

y, limitado a elegir entre ser profesor o ser starlette,

elegí ser profesor porque no había becas de “Mira quién baila”

y para no tener que depilarme cada quince días.

Me equivoqué porque,

si ahora fuera o fuese starlette,

podría comer lamprea más a menudo,

aunque, si bien se mira,

¿quién coño va a invitar a lamprea

a una starlette de sesenta y cinco años?

En cambio, un profesor de esa venerable edad

siempre tiene una panda de amigos

cojopendos, uséase, cojonudos y estupendos,

con los que comer lamprea.

Mejor sería tener un amigo y una panda de lampreas,

pero ya decían los romanos que

si vis pacem, para Elisa.

Rois, 1 de febrero de 2007

¡¡¡A ÉL, le gusta la lamprea!!!
Y, aunque yo, por infortunio, nunca he degustado lamprea, ni
osaría siquiera mirar la ración de su escudilla. No por curiosidad ni avaricia, si no por si acaso…
Sé que el gran honor de compartir mesa
y mantel lo tienen, como amigos, muy pocos; pero somos muchos los que le admiramos, nos asombramos y embelesamos desde el otro lado del paraninfo, esperando que abra para todos su cognición, sapiencia, ciencia, o alguna de sus creativas, insólitas e inimaginables -para mis pocas neuronas funcionales- historias.
No sé quien será el santo de la dialéctica, pero puestos a adjudicar santoral,
debería ser SAN JUAN JOSÉ MORALEJO, Santo y Patrón de la dialéctica, raciocinio y reflexión, por éste orden, y más cosas.
Yo de mayor, ni  catedrático, ni profesor, ni domine maestro, ni siquiera lamprea…
Sólo pido
, a poder ser, un pelín de Juan José Moralejo. ¡¡¡SEÑOR!!!
Paco Redondo
Peñaranda de Bracamonte
Febrero de 2007

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