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I A mí me gusta la lamprea. Decid todos conmigo: ¡A ÉL le gusta la lamprea! Prefiero comer lamprea con los amigos que comer amigos con la lamprea. Cuando como lamprea, ni siquiera elijo los amigos y me da igual una panda de barrufas que esta selecta trilogía que me honra con su asistencia, dos hombres de bien y un cismático Podría quedarme sin amigos, pero no resistiría quedarme sin lamprea; incluso podría cederle a mi mejor amigo la ración de arroz, ¡pero como se atreviera a poner los ojos en mi ¡¡¡MI!!! ración de lamprea, lo rajaría de arriba a abajo, sin contemplaciones! Bueno, en realidad los amigos son un mero pretexto para comer lamprea, pero, si bien se mira, mejor que un mero pretexto estaría un mero a la plancha. Puesto a comer lamprea acompañado, creo que llegaría hasta tener a Acebes de un lado y Pepiño Blanco del otro. ¡Eso sí, sin perder de vista la lamprea! Obviamente, puesto entre Otegui y Setién, dejaría libre a la lamprea. II El estado de la Nación no se mide por debates bordes en secano, sino por la cantidad de lampreas que meten Ulla y Miño. Si Bush comiera lamprea, mejor nos iría, y si los inspectores de la ONU hubiesen encontrado lampreas en Bagdad, seguro que se lo tenían muy callado, porque ¡ese sí que sería motivo más que suficiente para invadir aquel país!, pero en buen plan, no a golpe de tambor de guerra, sino de timbal de lamprea. En cambio, el Plan Ibarretxe fracasará por no haber dedicado un capítulo a la autodeterminación de la lamprea, la Globalización es un fraude, si no hay lamprea para todos, la Ciudad de la Cultura será siempre una mierda sin nasas ni pescos de lamprea y no hay prisa por el AVE, que no traerá lamprea. Pero con una lamprea por barba no habría Roldanes, Filesas, Jesusgiles, Rocas, Julianes, Alcaldías de Cazo y toda esa tropa de las narices... ¡de las narices, pero no nasal, porque no tienen nasas ni serían de fiar con una en la mano! ¡Por cierto que tendría narices que alguien se atreviera a meter la mano en mi ración! ¡¡que es mía y la quiero!! ¡¡¡A ver quien tiene bemoles a siquiera sugerirme que le ceda algo de mi ración!!! Podría yo dar aprobado general, podría yo regalar la discoteca, podría yo malbaratar la biblioteca, podría saldar mis cucharillas, pero que nadie me pida que le ceda mi ración de lamprea porque ad impossibilia nemo tenetur, y, además, yo soy nada más y nada menos que
y cuando sea abuelo, no me importaría ser abuelo de una lamprea. Y mejor todavía, si es hija natural de un reo. Y, después de picar billete, me gustaría reencarnarme en lamprea, lunes miércoles y viernes en Herbón, martes, jueves y sábados en Arbo,
y
embudarme tal que así,
in saecula saeculorum, en una trucha y susurrarle lo buena que está, así a pelo, sin unto, y cachearle una por una todas las pintas y ponerla a andar, que esta temporada las muy hijoputas andaban entre apiroladas y cabronas y hasta en Vilagudín les entró el muermo, no sé bien si por culpa de Aznar, de Zapatero, o de ambos. III En materia de lamprea anulo o declaro en suspenso todas las barreras teológicas, políticas, propedéuticas, filatélicas, éticas, perléticas, pelambréticas y pelimelambréticas que se opongan a mi apetito. Estoy dispuesto a comer lamprea de fondos reservados, de casinos catalanes, de financiación de partidos políticos, de Mario Conde, de Filesa, de oposiciones en Lalín, de alcalde de Andratx, de concejal corrupto de tres días, e incluso xurelos, con tal de que pongan cara de lamprea. IV Cuando yo era niño quise ser lamprea, pero mis padres no tenían dinero para pagarme tan caros estudios, y, limitado a elegir entre ser profesor o ser starlette, elegí ser profesor porque no había becas de “Mira quién baila” y para no tener que depilarme cada quince días. Me equivoqué porque, si ahora fuera o fuese starlette, podría comer lamprea más a menudo, aunque, si bien se mira, ¿quién coño va a invitar a lamprea a una starlette de sesenta y cinco años? En cambio, un profesor de esa venerable edad siempre tiene una panda de amigos cojopendos, uséase, cojonudos y estupendos, con los que comer lamprea. Mejor sería tener un amigo y una panda de lampreas, pero ya decían los romanos que si vis pacem, para Elisa. Rois, 1 de febrero de 2007 |
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¡¡¡A ÉL, le gusta la lamprea!!! |
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