DOÑA ISOLINA, A DECLARAR

Por el Doctor Juan J. Moralejo

Mi abuela materna, Doña Isolina o Mamá Ina, vivió cien años largos. Murió en 1981. La citaron para comparecer ante la puerta del Ayuntamiento de Crecente (PO) a las 9 h. del pasado 15 de febrero y no compareció ¡faltaría más! ni compareció ninguno de la casi centena de descendientes directos, que tampoco delegamos en la mucha y muy selecta “manga de fóra”, es decir, yernos y nueras en ya tres generaciones.

A Doña Isolina la citaba con mucha faramalla legal y a través de dos Boletines Oficiales (OU y PO) la Confederación Hidrográfica del Norte, Comisaría de Aguas de Oviedo, para revisarle y extinguirle una concesión (R.O. 23.07.1924 ¡xa choveu!) de seis mil litros por segundo para un molino en el Padre Miño. Estos días ando yo en prescripción médica de beber dos litros y medio diarios y ya me hago una idea de la pasada que son seis mil por segundo. El caso es que le extinguen la concesión “por interrupción permanente de la explotación durante tres años consecutivos imputable al titular…y patatín y patatán” y previamente harán “una visita de reconocimiento sobre el terreno con levantamiento de acta y más patatín y patatán”.

En 1833 lloró Larra, “Vuelva Vd. mañana”, las perezas y las inercias de oficinas y ventanillas. Yo no lloro, yo me pongo cachondo y estentóreo con estos comisarios de aguas y su “Vuelva Vd. dentro de 36 años” para ver en 2006 que llevas tres sin explotar tu concesión que ¡ojo al dato! se papó FENOSA en 1970 con un arrebato de hormigón, nada imputable a mi abuela, en Frieira y que me hizo charca lo que era río, me robó la patria y la infancia –ya lo dije con Rilke- y puso unos quince metros de agua sobre aquel molino cuya ruedaza vertical recordaba las de los barcos del Mississippi que navegó Mark Twain o Misipipí que celebró Rossini. Como es Comisaría de Aguas, en plural, hay que suponer que de 1970 a hoy tuvo que ocuparse del agua oxigenada, del agua de rosas… y ahora ya puede permitirse molestar al que lleva 36 años sin concesión posible ni atendible ni recuperable. Bueno, también hay que celebrar que se enteren de que el Miño en Cortegada lleva 36 años embalsa(ma)do.

Mi tío abuelo Guillermo, cofundador y presidente del Centro Gallego en Buenos Aires, arquitecto, enterró cuartos a esgalla en su Cortegada jugando a hacerse la mejor pesquera que tuvo el Miño, de orilla a orilla y en la derecha el molino. Aquella pesquera fue la gloria del salmón, la lamprea y el sábalo. Esos y otros enguedellos le molaban a mi abuela, conocida por su afición a la tierra y sus labores, compradora compulsiva de cuanta leira le ofrecían hasta tal punto que mi abuelo, médico alérgico a tal afición, le avisaba con zumba “¡Isolina, vas lindar con Portugal!”, apenas 10 o 12 km de leiras.

En fin, Horacio ya nos celebró el parto de los montes, un ridículo ratón. La Confederación Hidrográfica ha roto aguas y ahí tenemos su parto: dar la lata con lo liquidado hace 36 años y que ella es la más obligada en saberlo. Esto en francés se dice “sans-façon”.

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