EN LAS ORILLAS DEL SAR

Por el Doctor Juan José Moralejo

Perdonarás, miña santiña, que eche mano de tu libro para decirte que, si hoy te asomas a las orillas de tu Sar, tu problema no será ver “a través del follaje perenne... y entre un mar de ondulante verdura” el templo que quisiste tanto, sino ver, ¡y no te faltarán días de también oler! las toneladas de huella guarra que echa a tu río la piara ribereña. Piara bípeda, racional ¡dicen que “sapiens”!, basurero por libre para cualquier guarro que cisca sus desechos donde y como le peta, y, peor todavía, basurero oficioso de unos cuantos ayuntamientos reacios crónicos a depurar sus aguas fecales y a tener y ejercer las medidas y las energías para vigilar y sancionar la degradación medioambiental.

Amiga Rosalía, donde dice orillas del Sar puede decir orillas de cualquiera de los mil ríos de que nos gusta presumir de boquilla, mientras los emporcamos y matamos. Y nos quedamos cortos, si sólo nos fijamos en los ríos y olvidamos campos, montes, rías... de una Galicia que tiene ya una de sus señas actuales de identidad en que una gran parte de sus habitantes y núcleos de población cagan de campo, dicho sea sin perdón. Ayuntamientos sin depuradora alguna o con depuradora insuficiente porque a los poncios les molan más otros gastos, algunos de pura fachenda y más que dudosa necesidad, ya que depurar es caro y da pocos o ningún voto; urbanismos y urbanizaciones en que el descuido y el deterioro de necesidades colectivas, sociales... es la nota dominante.

Estoy leyendo que en las orillas del Sar las brigadas de Emprego Natura han recogido varias toneladas de basura, una media de ochocientos kilos semanales, basura que resulta de la desidia pública y, también y sobre todo, de lo que el cronista piadosamente disfraza de “la escasa formación ambiental de quienes arrojan basura al río”, pues donde dice “escasa formación ambiental” debe decir enorme y atávica suciedad de la piara ribereña, miseria histórica en la guarra filosofía que “o río é de todos”, “o río atura canto lle boten”... y otras lindezas variantes del “Ben do común, ben de ningún” emblemático del “Homo Gallaicus”, especie humana sobrada de agudos de sí mismos y necesitada de inteligentes de lo común.

De mi experiencia de campo gallego, castellano, riojano, vasco... en paseos, a por setas, en pescatas y cazatas... tengo por seguro que los gallegos encabezamos la desaprensión y la suciedad en el trato con la tierra de la que, por otra parte, somos los más tercos defensores cuando se trata de la leira a nuestro nombre. Me repito en recordar un reflejo cabal y frecuente del tema que nos ocupa: la hacendosa ratita que barre su casita y echa las barreduras a la calle, que es de todos; esta guarrería es compatible con que la ratita cultive unas primorosas rosas delante de su casita. Da vergüenza propia y ajena ver cotos de pescadores “deportivos” con las márgenes del río llenas de toda cuanta basura en latas, envoltorios y otras cacas puede generar un par de horas de pesca.

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