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Ya vimos el
chunda-chunda y
ahora revisamos su gemelo burrún-burrún. Bueno,
lo de gemelo no es exacto porque los gemelos son personas distintas, pero
chunda-chunda y burrún-burrún son ectoplasmas, haz y envés,
de una misma persona, el Hortera Estruendoso, cuya carne mortal alcanza
dentro del Coche ¡siempre con mayúscula! su horteridad esférica, es decir,
el Estruendoso es hortera mires por donde lo mires, con cuatro tercios de
pi erre al cubo de militancia compacta, sin fisuras.
Dentro del Coche el chunda-chunda, aunque emblemático, se
queda en parafernalia lúdica, en software, y lo nuclear es el
burrún-burrún, verdadero hardware y ADN del estruendo
rodante que a la murga musical ratonera añade el rugido estentóreo de un
carburador que Vulcano en sus fraguas trabajó en exclusiva para el motor
del Hortera, que no funciona con gasolina o gasoil, como el de los míseros
mortales, sino con néctar y ambrosía, como el Rolls que tenía Zeus para
irse de ninfas.
En agosto aturé una docena taimada de burrún-burrunes en mi retiro
libresco contra la ola de calor: a todas horas los muy burrunes
bajaban mangados por mi calle hasta el stop con la frenada que eleva el
burrún-burrún al paroxismo. Por cierto que, pasado el stop, al otro
lado de la calle está el taller de chapa que todos los lunes de verano
renueva clientes que anduvieron burrun-burruneando por la zona. La
receta del burrún es muy sencilla: pones en punto muerto la palanca
del cambio y te ensañas con el acelerador hasta hacerte ampollas en la
planta del pie, pisas sin tasa y toda la parroquia se alegra porque has
llegado Tú con tu Coche, burrún-burrún-burrún ... y te realizas
cantidad, chaval, y eres importante, molas un huevo, eres el rey del
mambo, a tu lado Schumacher es un chaíñas y Alonso ni carné tiene, pero
por ti y un paseo en tu Coche las nenas hacen cola y no te cabe la paja
por donde ya sabes ... ¡En fin, lo tuyo es una pasada, tronco! Y cuando te
veo pasar y al chunda y al burrún le añades los faros de
discoteca, alucino y me gustas para yerno. El único inconveniente es que
mis hijas te tienen muy buen gusto.
Ya al final de agosto una nube negra quiso romper la ola de calor
zorregándonos un relámpago cuyo trueno esperé con emoción. Ya saben
ustedes que la luz corre más, muchísimo más, que el sonido y por eso se ve
el rayo antes que se oiga el trueno, pero ambos en origen son simultáneos.
En fin, esperaba yo disfrutar el trueno, pero entretanto bajó la calle el
Hortera Estruendoso y me lo apabulló con su chunda-chunda doblado
en burrún-burrún. La tormenta quedó en nada y no me extrañaría nada
que hubiese hecho mutis ante tamaña exhibición del estrepitoso pollo.
En tiempos de caballo y caballero, en paradas y descansos el noble bruto
piafaba inquieto y fogoso, alzaba sus manos y golpeaba con fuerza y
belleza impacientes el suelo. Ahora, jubilado el noble bruto, queda el
bruto a secas metido en su Coche y piafando sin ton ni son contra el
acelerador propio y el tímpano ajeno. |