"BURRÚN-BURRÚN"
Por el Doctor Juan José Moralejo

Ya vimos el chunda-chunda y ahora revisamos su gemelo burrún-burrún. Bueno, lo de gemelo no es exacto porque los gemelos son personas distintas, pero chunda-chunda y burrún-burrún son ectoplasmas, haz y envés, de una misma persona, el Hortera Estruendoso, cuya carne mortal alcanza dentro del Coche ¡siempre con mayúscula! su horteridad esférica, es decir, el Estruendoso es hortera mires por donde lo mires, con cuatro tercios de pi erre al cubo de militancia compacta, sin fisuras.
Dentro del Coche el chunda-chunda, aunque emblemático, se queda en parafernalia lúdica, en software, y lo nuclear es el burrún-burrún, verdadero hardware y ADN del estruendo rodante que a la murga musical ratonera añade el rugido estentóreo de un carburador que Vulcano en sus fraguas trabajó en exclusiva para el motor del Hortera, que no funciona con gasolina o gasoil, como el de los míseros mortales, sino con néctar y ambrosía, como el Rolls que tenía Zeus para irse de ninfas.
En agosto aturé una docena taimada de burrún-burrunes en mi retiro libresco contra la ola de calor: a todas horas los muy burrunes bajaban mangados por mi calle hasta el stop con la frenada que eleva el burrún-burrún al paroxismo. Por cierto que, pasado el stop, al otro lado de la calle está el taller de chapa que todos los lunes de verano renueva clientes que anduvieron burrun-burruneando por la zona. La receta del burrún es muy sencilla: pones en punto muerto la palanca del cambio y te ensañas con el acelerador hasta hacerte ampollas en la planta del pie, pisas sin tasa y toda la parroquia se alegra porque has llegado Tú con tu Coche, burrún-burrún-burrún ... y te realizas cantidad, chaval, y eres importante, molas un huevo, eres el rey del mambo, a tu lado Schumacher es un chaíñas y Alonso ni carné tiene, pero por ti y un paseo en tu Coche las nenas hacen cola y no te cabe la paja por donde ya sabes ... ¡En fin, lo tuyo es una pasada, tronco! Y cuando te veo pasar y al chunda y al burrún le añades los faros de discoteca, alucino y me gustas para yerno. El único inconveniente es que mis hijas te tienen muy buen gusto.
Ya al final de agosto una nube negra quiso romper la ola de calor zorregándonos un relámpago cuyo trueno esperé con emoción. Ya saben ustedes que la luz corre más, muchísimo más, que el sonido y por eso se ve el rayo antes que se oiga el trueno, pero ambos en origen son simultáneos. En fin, esperaba yo disfrutar el trueno, pero entretanto bajó la calle el Hortera Estruendoso y me lo apabulló con su chunda-chunda doblado en burrún-burrún. La tormenta quedó en nada y no me extrañaría nada que hubiese hecho mutis ante tamaña exhibición del estrepitoso pollo.
En tiempos de caballo y caballero, en paradas y descansos el noble bruto piafaba inquieto y fogoso, alzaba sus manos y golpeaba con fuerza y belleza impacientes el suelo. Ahora, jubilado el noble bruto, queda el bruto a secas metido en su Coche y piafando sin ton ni son contra el acelerador propio y el tímpano ajeno.

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