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Queridos cofrades de
vicio:
no empezaré este año con protocolarias salutaciones a Presidente del
Gobierno, Presidente de la Xunta, Nuncio de Su Santidad y otros
poncios y barandas que estaban invitados, como siempre, pero,
también como siempre, han comunicado que no vienen -¡dicen que no
pueden!- porque lo suyo es andar puteados con remiendos a lo urgente
y a las desgracias de por aquí abajo, mientras que la Pesca es andar
felices a lo importante, es disfrutar a tope de lo mejor que nos
regalaron desde Arriba.
En cambio, sí tendré que hacer un duelo porque ciertos alifafes de
las interioridades me tengan secuestrado y privado de vuestra
gratísima compañía. Alifafes nefandos, pues me retrasan urgencias y
placeres como estrenar un par de moscas ‑Musca Infalibilis
Michaelopinnaria- que el Señor Duque do Sar, Miguel Piñeiro, me
envió con Certificado de Garantía en tentar peteiros de reos cuando
ya todos los gatos son pardos y cuando todavía siguen siéndolo, es
decir, en ese par de horas de 90 minutos, 90, que los reómanos
necesitamos y reivindicamos para mejor redondeo de nuestra viciosa
faena.
También tendré que dolerme de que esos desarreglos de mis adentros
me retrasen el estreno de un par de riscos –Ratus Noctimortiferus
Castelli- que Emilio Castelo, que bien merecía ser Marqués de la
Lubina on the Rocks, me regaló y a los que aplicaré igual
celo y horario que a las moscas del señor Duque.
En fin, la abstinencia de sexo
fluvial -¡y quien le diera al sexo poder competir
con una buena picada!- me tiene sin estrenar una virguería de
pluriherramienta, un arma letal con que Manolo Guitián me asegura
que a pie de río no habrá fallos ni problemas de caña y carrete.
Bueno, habrá tiempo para estrenar e incluso sobar todo este
material, pues mis alifafes de entrañas ¡pero nada entrañables!
han ido a dar a muy buenas manos médicas.
Alguien me ha visto cara de poeta y me ha encargado una
Oda a la Pesca que queda hecha y va sobrada con que
¡El que no pesque,
que se ... oda!
Bueno, estoy tirando
piedras contra mi tejado porque muchos de vosotros ya sabéis que el
río que más veces he visitado, mi río favorito es siempre el Más
ma…, quiero decir el más ma…riconazo, porque nació así o
porque se pone así nada más verme. Pero nada malo podría decir de
esa maravilla de río Masma que baja de tierras de Lourenzá a
la ría de Foz. En fin, algo sí podría decir, pues el único día en
que lo visité no picaban ni las ortigas. Pero los amigos estaban a
la altura de los reos que no pescamos. Y un amigo del que puedes
decir que está a la altura de un reo ¡es mucho amigo de Dios!
Tras el saludo cordial a todos cuantos participáis en este Noveno
Encuentro de Pesca Vilagudín 2006, el agradecimiento y
felicitación a todos cuantos lo organizan y lo han consagrado ya
como una fecha relevante del calendario de pesca en Galicia y en
toda la Península. Es excelente la iniciativa de este Coto y cómo
cubre una demanda que los recursos naturales no podrían cubrir, ni
aun gozando de la buena salud que tuvieron hace cincuenta años
atrás, cuando atábamos los perros con longanizas, antes de que
planeasen sobre esos recursos todas las desaprensiones y todas las
inepcias y desidias de unos desde abajo y de otros desde arriba, y
sin que faltasen ayudas desde los que quedaban en medio.
Ahí está como urgencia creciente en los cotos no intensivos la
necesidad de limitar cuotas de captura e incluso extender la
Pesca sin Muerte, tema en el que no hay la menor duda, pues aquí
el orden de factores altera radicalmente el producto y no creo que
nadie opte por la alternativa de Muerte sin Pesca... Ahora ya
en serio, ante la Pesca sin Muerte no tengo otra discrepancia
de relieve que la de no tragar talibanes ni mesías del ecologismo y
conservacionismo que consiste en solamente prohibir, prohibir y
prohibir. A alguno ya le hice ver que mi problema es que tercamente
y contra mi voluntad la mayoría de los días hago Pesca sin
Muerte, aunque se me permitiría una faena
o cupo octogonal.
Parece que en Galicia con los cambios políticos hemos entrado en
pautas nuevas, en algún caso pautas de conservacionismo
prohibicionista con tendencia a pasarse de rosca y con el fallo
grave de que perder crédito y adhesión entre los pescadores
deportivos acaba siempre en beneficio de los que no lo son y
consiguiente daño del río. No hay mejor conocedor y defensor del río
y de la pesca que el pescador deportivo, realmente deportivo,
y apartarlo de su disfrute acaba siempre con las orillas repobladas
de cabritos que enseguida llegan a adultos y, por ejemplo, los
pillas en el río Abadín con unos cables y cincuenta kilos de trucha
menuda, un multicentenario asesinato que podría evitarse
facilísimamente con un par de huevos fritos, y no estoy hablando de
una rica comida casera, sino del uso que yo haría con los cables de
marras en la persona del cabrito eléctrico.
Ninguno de los pecadores deportivos vamos a discutir las nuevas
pautas de mayor control y rigor sobre el pescador y su cesto, ni
siquiera aunque veamos que en paralelo o previamente y con mayor
motivo no se le aprietan debidamente las tuercas a quienes de verdad
nos han degradado nuestros ríos y su fauna. Por supuesto que
aplaudimos frenéticamente medidas como poner límite a las
mincientrales/maximierdas, etc. Pero lo que si vamos a discutir es
el tomar medidas “de despacho”, llenas de buena intención de mejorar
las cosas, pero no bien informadas sobre la realidad de las cosas a
mejorar y que acaban produciendo un fárrago que desborda intereses,
capacidades y aguantes del pescador. Criterios y actitudes de
tiquismiquis boletinescos que me traen a la memoria un cuento de
Mark Twain de cómo en la redacción de un periódico se vieron
obligados a dar de comer y escribir a una nulidad recomendada y
salieron del paso arrinconándola en las páginas de información
agrícola y en ellas se estrenó aquella nulidad con artículo que
aconsejaba arrancar los nabos uno a uno, en lugar de sacudir el
árbol, procedimiento más rápido, pero perjudicial para la frescura e
integridad de los nabos.
Algo de nabos ¡y no de Lugo, que son excelentes! hay en medidas como
las trocear el río en tramos de 17, 19 y 21 cm para el tamaño de la
trucha. Aquí puede haber desde enfrentamientos incluso violentos
entre pescadores y guardería a injusticias o irregularidades
manifiestas en inspección y eventuales sanciones. No hay mejor
criterio que ser claros y sencillos: tamaño único para todo el río y
el pescador sabrá donde, según calendarios y niveles, puede
encontrar lo que se le exige. Mi larga experiencia veraniega de
jornadas de pesca a flote engarzando Miño (tramo libre) y su
afluente Deva (coto) ahora se me perturba con que por una trucha
legal del Deva me puede tocar las narices el guarda cuando regreso
navegando el Miño, donde esa trucha se queda corta.
Pero la cosa aún puede ser peor: sé de uno que estaba con un pie en
tramo de 19 cm y con el otro en tramo de 21 cm y, como no estaba muy
claro por dónde pillarlo con las truchas, fueron a pillarlo por la
anguila, que en la vertical del límite de medidas era
escandalosamente corta con sus escasos 10 cm. Y de nada le valió
alegar que ya la traía de casa y vino a confirmarse por enésima vez
que
Con la edad crece la
trucha,
pero la anguila se achucha.
Voy a terminar
dándoles noticia de un experimento de cuyos resultados ciertos y
seguros puedo ofrecerles estadística indiscutible. En las tres
últimas temporadas de pesca con mosca y boya he comprobado que un
seguro eficacísimo en el engaño de la trucha y del reo y en
evitarnos capotes es que el agua con que rellenamos la boya sea del
río en que pescamos. Pescar en el Tambre con una boya que tiene agua
del Eume o del Ulla es darles el primer motivo de desconfianza y
ponerlas de nones. Háganme caso y no tengan pereza en vaciar y
rellenar sus boyas cuantas veces haga falta.
Felices jornadas de pesca a todos y que pronto nos veamos, mejor en
Os Mallos, o en Ximonde, o en As Cañotas, o en la Presa do Coxo, que
en secano. |
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FE DE ERRATAS (añadida
el 15 de mayo de 2006)
En estas Palabrejas que dicen que son Oda a la Pesca se me
escaparon dos erratas imperdonables en tiempos en que la santa
number one del calendario, Santa Tecla del Software, permite
repasar y corregir mil veces antes de pasar a los hechos consumados
y al ¡tarde piache!
Una de las erratas es mínima e incluso pudiera tener explicación en
aquello de ¿en qué estaría yo pensando?: si en lugar de
MINICENTRALES (/maximierdas), escribí MINCIENTRALES será
porque se me cruzaron cien, mil cien, cien mil, es decir, las cifras
tristes de las maximierdas que ya hay y de las que podría
llegar a haber, si alguien no manda parar el guateque.
La segunda errata, ¡pecadores
deportivos!,
es
abiertamente imperdonable y carente de todo fundamento consciente,
inconsciente o subconsciente, en el mundo de truchas, reos y
salmones que yo conozco, pero la muy cabrita se ha empeñado en
llevarme la contraria, y se me ha revelado posible, como enseguida
veremos. Pecador deportivo
aplicado
a pescadores deportivos me parecía tan imposible e incongruente como
que me anunciasen que los biólogos habían conseguido el
salmón-faneca, híbrido desastroso donde los haya.
Repare el lector de mis Palabrejas en que estábamos hablando
de pescadores deportivos en contraposición con los
cabritos y furtivos. Decir que un pescador
es
deportivo es una redundancia para marcar distancias con el
cabrito furtivo, que no es redundancia y todavía admitiría más
adjetivos descalificativos de tan funesta especie infrahumana.
Más
todavía: un cabrito furtivo nunca podría ser pecador
deportivo: por el lado de pecador le sobran méritos, pero
por el de deportivo nunca hará ninguno, ni siquiera aunque
robe salmones haciendo triple salto mortal sobre el pozo y escape de
la guardería batiendo los 5000 metros lisos… o arrugados, es igual.
Hay, por
supuesto, pecadores deportivos, pero no en pesca fluvial y,
por tanto, no
son nuestro tema de hoy ni tienen nada que ver con la fe de erratas
que hacemos. El ejemplo clásico de pecador deportivo es el
que hace el salto del tigre desde lo alto del armario para caer
amorosamente ¡es un decir! sobre la amada.
Y vamos
ya con lo que empezó por ser errata que parecía imposible y acabó en
tener realidad el pasado domingo, 14 de mayo, en Ximonde; a media
tarde me dejé caer por allí y las caras largas y doloridas eran
todavía evidentes en la cofradía salmonera: el PECADOR DEPORTIVO,
es decir, el pescador que pierde su –s‑ y
desciende a pecador que no ha pescado, sino pecado
gravemente contra 6/7 kilos de gloria. Pero ya está
arrepentido, y más lloroso que la Magdalena y San Pedro a dúo, nos
pide nuestras reprimendas, que no dudamos en enviarle:
Duque do
Sar, D. Miguel Piñeiro: está perdonado, pero no se le ocurra
reincidir. Se queda quince días sin tratamiento de Excelentísimo
Señor y nos copia cien veces Para la próxima me pondré la
sacadera donde haga falta y no se la fío a nadie.
Fdo. Juan José
Moralejo. |