PALABREJAS QUE DICEN QUE SON ODA A LA PESCA

por

Juan Jósé Moralejo

Vilagudín, abril y mayo 2006, los meses del Rey Salmón

Queridos cofrades de vicio:
no empezaré este año con protocolarias salutaciones a Presidente del Gobierno, Presidente de la Xunta, Nuncio de Su Santidad y otros poncios y barandas que estaban invitados, como siempre, pero, también como siempre, han comunicado que no vienen -¡dicen que no pueden!- porque lo suyo es andar puteados con remiendos a lo urgente y a las desgracias de por aquí abajo, mientras que la Pesca es andar felices a lo importante, es disfrutar a tope de lo mejor que nos regalaron desde Arriba.
En cambio, sí tendré que hacer un duelo porque ciertos alifafes de las interioridades me tengan secuestrado y privado de vuestra gratísima compañía. Alifafes nefandos, pues me retrasan urgencias y placeres como estrenar un par de moscas ‑Musca Infalibilis Michaelopinnaria- que el Señor Duque do Sar, Miguel Piñeiro, me envió con Certificado de Garantía en tentar peteiros de reos cuando ya todos los gatos son pardos y cuando todavía siguen siéndolo, es decir, en ese par de horas de 90 minutos, 90, que los reómanos necesitamos y reivindicamos para mejor redondeo de nuestra viciosa faena.
También tendré que dolerme de que esos desarreglos de mis adentros me retrasen el estreno de un par de riscos –Ratus Noctimortiferus Castelli- que Emilio Castelo, que bien merecía ser Marqués de la Lubina on the Rocks, me regaló y a los que aplicaré igual celo y horario que a las moscas del señor Duque.
En fin, la abstinencia de sexo fluvial -¡y quien le diera al sexo poder competir con una buena picada!- me tiene sin estrenar una virguería de pluriherramienta, un arma letal con que Manolo Guitián me asegura que a pie de río no habrá fallos ni problemas de caña y carrete. Bueno, habrá tiempo para estrenar e incluso sobar todo este material, pues mis alifafes de entrañas ¡pero nada entrañables! han ido a dar a muy buenas manos médicas.
Alguien me ha visto cara de poeta y me ha encargado una Oda a la Pesca que queda hecha y va sobrada con que

¡El que no pesque, que se ... oda!

Bueno, estoy tirando piedras contra mi tejado porque muchos de vosotros ya sabéis que el río que más veces he visitado, mi río favorito es siempre el Más ma…, quiero decir el más ma…riconazo, porque nació así o porque se pone así nada más verme. Pero nada malo podría decir de esa maravilla de río Masma que baja de tierras de Lourenzá a la ría de Foz. En fin, algo sí podría decir, pues el único día en que lo visité no picaban ni las ortigas. Pero los amigos estaban a la altura de los reos que no pescamos. Y un amigo del que puedes decir que está a la altura de un reo ¡es mucho amigo de Dios!
Tras el saludo cordial a todos cuantos participáis en este Noveno Encuentro de Pesca Vilagudín 2006, el agradecimiento y felicitación a todos cuantos lo organizan y lo han consagrado ya como una fecha relevante del calendario de pesca en Galicia y en toda la Península. Es excelente la iniciativa de este Coto y cómo cubre una demanda que los recursos naturales no podrían cubrir, ni aun gozando de la buena salud que tuvieron hace cincuenta años atrás, cuando atábamos los perros con longanizas, antes de que planeasen sobre esos recursos todas las desaprensiones y todas las inepcias y desidias de unos desde abajo y de otros desde arriba, y sin que faltasen ayudas desde los que quedaban en medio.
Ahí está como urgencia creciente en los cotos no intensivos la necesidad de limitar cuotas de captura e incluso extender la Pesca sin Muerte, tema en el que no hay la menor duda, pues aquí el orden de factores altera radicalmente el producto y no creo que nadie opte por la alternativa de Muerte sin Pesca... Ahora ya en serio, ante la Pesca sin Muerte no tengo otra discrepancia de relieve que la de no tragar talibanes ni mesías del ecologismo y conservacionismo que consiste en solamente prohibir, prohibir y prohibir. A alguno ya le hice ver que mi problema es que tercamente y contra mi voluntad la mayoría de los días hago Pesca sin Muerte, aunque se me permitiría una faena o cupo octogonal.
Parece que en Galicia con los cambios políticos hemos entrado en pautas nuevas, en algún caso pautas de conservacionismo prohibicionista con tendencia a pasarse de rosca y con el fallo grave de que perder crédito y adhesión entre los pescadores deportivos acaba siempre en beneficio de los que no lo son y consiguiente daño del río. No hay mejor conocedor y defensor del río y de la pesca que el pescador deportivo, realmente deportivo, y apartarlo de su disfrute acaba siempre con las orillas repobladas de cabritos que enseguida llegan a adultos y, por ejemplo, los pillas en el río Abadín con unos cables y cincuenta kilos de trucha menuda, un multicentenario asesinato que podría evitarse facilísimamente con un par de huevos fritos, y no estoy hablando de una rica comida casera, sino del uso que yo haría con los cables de marras en la persona del cabrito eléctrico.
Ninguno de los pecadores deportivos vamos a discutir las nuevas pautas de mayor control y rigor sobre el pescador y su cesto, ni siquiera aunque veamos que en paralelo o previamente y con mayor motivo no se le aprietan debidamente las tuercas a quienes de verdad nos han degradado nuestros ríos y su fauna. Por supuesto que aplaudimos frenéticamente medidas como poner límite a las mincientrales/maximierdas, etc. Pero lo que si vamos a discutir es el tomar medidas “de despacho”, llenas de buena intención de mejorar las cosas, pero no bien informadas sobre la realidad de las cosas a mejorar y que acaban produciendo un fárrago que desborda intereses, capacidades y aguantes del pescador. Criterios y actitudes de tiquismiquis boletinescos que me traen a la memoria un cuento de Mark Twain de cómo en la redacción de un periódico se vieron obligados a dar de comer y escribir a una nulidad recomendada y salieron del paso arrinconándola en las páginas de información agrícola y en ellas se estrenó aquella nulidad con artículo que aconsejaba arrancar los nabos uno a uno, en lugar de sacudir el árbol, procedimiento más rápido, pero perjudicial para la frescura e integridad de los nabos.
Algo de nabos ¡y no de Lugo, que son excelentes! hay en medidas como las trocear el río en tramos de 17, 19 y 21 cm para el tamaño de la trucha. Aquí puede haber desde enfrentamientos incluso violentos entre pescadores y guardería a injusticias o irregularidades manifiestas en inspección y eventuales sanciones. No hay mejor criterio que ser claros y sencillos: tamaño único para todo el río y el pescador sabrá donde, según calendarios y niveles, puede encontrar lo que se le exige. Mi larga experiencia veraniega de jornadas de pesca a flote engarzando Miño (tramo libre) y su afluente Deva (coto) ahora se me perturba con que por una trucha legal del Deva me puede tocar las narices el guarda cuando regreso navegando el Miño, donde esa trucha se queda corta.
Pero la cosa aún puede ser peor: sé de uno que estaba con un pie en tramo de 19 cm y con el otro en tramo de 21 cm y, como no estaba muy claro por dónde pillarlo con las truchas, fueron a pillarlo por la anguila, que en la vertical del límite de medidas era escandalosamente corta con sus escasos 10 cm. Y de nada le valió alegar que ya la traía de casa y vino a confirmarse por enésima vez que

Con la edad crece la trucha,
pero la anguila se achucha.

Voy a terminar dándoles noticia de un experimento de cuyos resultados ciertos y seguros puedo ofrecerles estadística indiscutible. En las tres últimas temporadas de pesca con mosca y boya he comprobado que un seguro eficacísimo en el engaño de la trucha y del reo y en evitarnos capotes es que el agua con que rellenamos la boya sea del río en que pescamos. Pescar en el Tambre con una boya que tiene agua del Eume o del Ulla es darles el primer motivo de desconfianza y ponerlas de nones. Háganme caso y no tengan pereza en vaciar y rellenar sus boyas cuantas veces haga falta.
Felices jornadas de pesca a todos y que pronto nos veamos, mejor en Os Mallos, o en Ximonde, o en As Cañotas, o en la Presa do Coxo, que en secano.

FE DE ERRATAS (añadida el 15 de mayo de 2006)

En estas Palabrejas que dicen que son Oda a la Pesca se me escaparon dos erratas imperdonables en tiempos en que la santa number one del calendario, Santa Tecla del Software, permite repasar y corregir mil veces antes de pasar a los hechos consumados y al ¡tarde piache!

Una de las erratas es mínima e incluso pudiera tener explicación en aquello de ¿en qué estaría yo pensando?: si en lugar de MINICENTRALES (/maximierdas), escribí MINCIENTRALES será porque se me cruzaron cien, mil cien, cien mil, es decir, las cifras tristes de las maximierdas que ya hay y de las que podría llegar a haber, si alguien no manda parar el guateque.

La segunda errata, ¡pecadores deportivos!, es abiertamente imperdonable y carente de todo fundamento consciente, inconsciente o subconsciente, en el mundo de truchas, reos y salmones que yo conozco, pero la muy cabrita se ha empeñado en llevarme la contraria, y se me ha revelado posible, como enseguida veremos. Pecador deportivo aplicado a pescadores deportivos me parecía tan imposible e incongruente como que me anunciasen que los biólogos habían conseguido el salmón-faneca, híbrido desastroso donde los haya.

Repare el lector de mis Palabrejas en que estábamos hablando de pescadores deportivos en contraposición con los cabritos y furtivos. Decir que un pescador es deportivo es una redundancia para marcar distancias con el cabrito furtivo, que no es redundancia y todavía admitiría más adjetivos descalificativos de tan funesta especie infrahumana.

Más todavía: un cabrito furtivo nunca podría ser pecador deportivo: por el lado de pecador le sobran méritos, pero por el de deportivo nunca hará ninguno, ni siquiera aunque robe salmones haciendo triple salto mortal sobre el pozo y escape de la guardería batiendo los 5000 metros lisos… o arrugados, es igual.

Hay, por supuesto, pecadores deportivos, pero no en pesca fluvial y, por tanto, no son nuestro tema de hoy ni tienen nada que ver con la fe de erratas que hacemos. El ejemplo clásico de pecador deportivo es el que hace el salto del tigre desde lo alto del armario para caer amorosamente ¡es un decir! sobre la amada.

Y vamos ya con lo que empezó por ser errata que parecía imposible y acabó en tener realidad el pasado domingo, 14 de mayo, en Ximonde; a media tarde me dejé caer por allí y las caras largas y doloridas eran todavía evidentes en la cofradía salmonera: el PECADOR DEPORTIVO, es decir, el pescador que pierde su –s‑ y desciende a pecador que no ha pescado, sino pecado gravemente contra 6/7 kilos de gloria. Pero ya está arrepentido, y más lloroso que la Magdalena y San Pedro a dúo, nos pide nuestras reprimendas, que no dudamos en enviarle:

Duque do Sar, D. Miguel Piñeiro: está perdonado, pero no se le ocurra reincidir. Se queda quince días sin tratamiento de Excelentísimo Señor y nos copia cien veces Para la próxima me pondré la sacadera donde haga falta y no se la fío a nadie.

         Fdo. Juan José Moralejo.

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