"PANEGÍRICO TRUCHERO"

por

Juan José Moralejo

Santiago y Vilagudín, 16.04.05

Excelentísimo Señor Presidente del Gobierno …
Excelentísimo Señor Presidente de la Xunta de Galicia …
Ilustrísimas Autoridades …
Amigos todos:

Miguel Piñeiro, cuya generosa vivencia de la amistad lo pone en grave riesgo de irresponsabilidad, me hace el honor de que os salude en este VIII Encuentro de Prensa y X Aniversario del Coto Turístico de Vilagudín, de cuyo protagonismo pionero estáis todos bien informados y experimentados.
Pero no sobra insistir en la hermosa y muy necesaria realidad que es el Coto Turístico de Vilagudín por la calidad y la cantidad de afición, tensión y diversión que ofrece al pescador y, sobre todo, al pescador defraudado por los malos aires que, con tendencia a crónicos e irreversibles, barren los miles de ríos que Dios nos dio y estamos estragando en la apoteosis de la autoinconsciencia para hoy y de la insolvencia para mañana, para cuando nos exijan que entreguemos en iguales o mejores condiciones lo que recibimos en préstamo y usufructo, no en propiedad y derroche.
Conocí Vilagudín hace nueve años, invitado por Cancelo, del que quiero hacer recuerdo muy afectuoso. No era mi primera experiencia en la necesidad programada de utilizar un sedal resistente, pues mi salmomanía en el Ulla había hecho tropecientas veces el ridículo al que puso finiquito una trucha que medía un centímetro menos que la cucharilla de salmón. Me sospecho que la trucha no quería picar, sino, ciega de celo, aparearse.
Y en Vilagudín sí tuve mi primera experiencia de un tirón-tirón y luego la sensación tensa de estar remolcando a … … …Y en estos puntos suspensivos ponga el oyente / lector el gordo o la gorda que más gordo / gorda le caiga. Eran 5,900 kg de trucha, es decir, unas tres docenas de las truchas que suelen picarme a mí en pongamos que la suma de seis jornadas de buena fortuna. Porque de esas otras jornadas en que no me pican ni las ortigas tengo experiencia que anda ya por las Bodas de Oro.
Volví varias veces a Vilagudín, y también para darlo a conocer a amigos y familiares de lugares dejados de la mano de Dios, es decir, sin ríos ni truchas. Hice algún capote e hice alguna pescata incluso excesiva y con salmones por medio. En definitiva, es el Coto Turístico de Vilagudín una excelente diversión a la que quiero desear años largos de éxito, e incluso de que tenga necesidad de ampliar la experiencia a otras aguas fluviales, mejor corrientes que embalsadas, si se me permite un deseo.
Y como en esto de los ríos, las truchas y los salmones estamos en uno de los pocos terrenos en los que es cierto y no es reaccionario decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, dejadme hacer memoria de un par de cosas interesantes.
Por ejemplo, que por el escritor grecorromano Claudio Eliano sabemos que ya hace 1800 años en los ríos de los Balcanes se pescaban con mosca artificial unos "peces con pintas" que no pueden ser otra cosa que truchas, pues la Zoología sólo conoce hasta ahora dos géneros animales con pintas, a saber, uno noble, los salmónidos, y otro innoble, el de los cabrones con pintas, con dos especies: la que atiende por Furtivus Filiusputae, con los latines científicos de rigor, y la nueva plaga de los que se dedican a contaminar los ríos con cangrejo americano, carpas y otras especies a las que no se les pierde nada por aquí y no sólo no compensan lo que ya hemos perdido en salmónidos, sino que aceleran la ruína de lo que queda. Propongo que, si un centímetro de menos en una trucha puede costarnos un buen puñado de euros, al que pillen con carpas, cangrejos y otras basuras me lo pongan en números rojos para cinco años.
Nótese que ya hace 1800 años que se hacían virguerías de moscas artificiales y al catálogo de maravillas que todos conocéis quiero añadir una rigurosa primicia que pronto estará a la venta, un eficacísimo tricóptero, cruce de tricornio y helicóptero que la Genética acaba de conseguir y certificar en su eficacia mortífera, pues, mientras la parte de helicóptero puede mantenerse inmóvil sobre la corriente, la parte de tricornio infunde tal respeto que la trucha se apapana y se rinde. Debo decir que la Genética tuvo un trabajo difícil, pues el tricornio se resistía al cruce porque, como todos bien sabéis,

Luchan pechos varoniles;
contra las olas del mar;
contra los guardias civiles
no hay manera de luchar.

Otra primicia histórico-teológica que quiero que disfrutéis cuanto antes es que en Roma los expertos han concluído que en el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces es axiomático, no necesita demostración, que los peces eran truchas, lo único que de verdad merece multiplicación ¿Podrían ser sardinas? ¡Hombre! pues sí que podrían, pues en milagros andamos, pero ¿vale la pena hacer un milagro con sólo sardinas? También han concluído los teólogos en Roma que una multiplicación de escalos o de fanecas no sería milagro, sino traca final de la Historia Universal de la Infamia.
Y dejadme que insinúe que para el tiempo presente y los cabreos crónicos y agudos de todos contra todos un buen remedio de relajación y disfrute sería un nuevo milagro de multiplicación, pero de las paces y de los penes.
Viniendo más a lo nuestro en tiempo y espacio quiero haceros un repaso de pasadas grandezas que la documentación medieval guarda. Por ejemplo, de truchas en Galicia ni se habla porque son lo que sobra y a mano de cualquiera, mientras que en Zamora el Motín de la trucha en 1158 fue incidente de gravedad máxima, con el pueblo enfurecido y quemando vivos a los nobles reunidos en asamblea dentro de una iglesia.
La documentación gallega de reyes, nobles y monasterios solamente repara en pesqueras, rentas y precios de sábalos, lampreas y salmones y no tengo noticia de discordias por trucha de más o de menos, pero sí sé que el abad de San Estevo de sus pesqueras ¡de Ribas de Sil! –hoy a cuatro o cinco embalses del Atlántico‑ envió a un hermano suyo de Allariz un salmón, en lugar de enviárselo al rey Alfonso VII y el Conde de Trastámara, teniente del rey, se pilló tal macabeo que cargó contra el monasterio y le arrebató nada menos que ciento treinta casales y diez iglesias que luego, en 1214, Alfonso IX, nieto del VII, tuvo que devolver porque ya decían bien Don Quijote y Sancho que topar con la Iglesia era callejón sin salida.
En fin, cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque tampoco me conste como verídico aquello de los jornaleros que en tierras de Ulla y Tambre exigían que no se les diese salmón más que dos veces por semana, cosa que suena a atar los perros con longanizas y a duros a cuatro pesetas, pero que también recuerda buenos tiempos idos y que podrían volver, si el Duque de los Purines, el Marqués de la Depuradora Quenohay y el Pontífice del Kilowatio Sinreparos tuviesen mejor sensibilidad y mayor inteligencia.
Pero no desesperemos porque ya no es primicia, sino plan en marcha que, descubierta agua en Marte, la Xunta se lleva para allá todas las minicentrales, cosa buena, y todos los minicentraleros, cosa guay del Paraguay.
Reitero mi satisfacción y agradecimiento por estar en Vilagudín, en este VIII Encuentro de Prensa, y quiero que me tengáis por amigo incondicional en la afición, el vicio, el frenesí. Muchas gracias.
Juan J. Moralejo

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