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Excelentísimo Señor Presidente del Gobierno …
Excelentísimo Señor Presidente de la Xunta de Galicia …
Ilustrísimas Autoridades …
Amigos todos:
Miguel Piñeiro, cuya generosa vivencia de la amistad lo pone en
grave riesgo de irresponsabilidad, me hace el honor de que os salude
en este VIII Encuentro de Prensa y X Aniversario del Coto Turístico
de Vilagudín, de cuyo protagonismo pionero estáis todos bien
informados y experimentados.
Pero no sobra insistir en la hermosa y muy necesaria realidad que es
el Coto Turístico de Vilagudín por la calidad y la cantidad de
afición, tensión y diversión que ofrece al pescador y, sobre todo,
al pescador defraudado por los malos aires que, con tendencia a
crónicos e irreversibles, barren los miles de ríos que Dios nos dio
y estamos estragando en la apoteosis de la autoinconsciencia para
hoy y de la insolvencia para mañana, para cuando nos exijan que
entreguemos en iguales o mejores condiciones lo que recibimos en
préstamo y usufructo, no en propiedad y derroche.
Conocí Vilagudín hace nueve años, invitado por Cancelo, del que
quiero hacer recuerdo muy afectuoso. No era mi primera experiencia
en la necesidad programada de utilizar un sedal resistente, pues mi
salmomanía en el Ulla había hecho tropecientas veces el
ridículo al que puso finiquito una trucha que medía un centímetro
menos que la cucharilla de salmón. Me sospecho que la trucha no
quería picar, sino, ciega de celo, aparearse.
Y en Vilagudín sí tuve mi primera experiencia de un tirón-tirón y
luego la sensación tensa de estar remolcando a … … …Y en estos
puntos suspensivos ponga el oyente / lector el gordo o la gorda que
más gordo / gorda le caiga. Eran 5,900 kg de trucha, es decir, unas
tres docenas de las truchas que suelen picarme a mí en pongamos que
la suma de seis jornadas de buena fortuna. Porque de esas otras
jornadas en que no me pican ni las ortigas tengo experiencia que
anda ya por las Bodas de Oro.
Volví varias veces a Vilagudín, y también para darlo a conocer a
amigos y familiares de lugares dejados de la mano de Dios, es decir,
sin ríos ni truchas. Hice algún capote e hice alguna pescata incluso
excesiva y con salmones por medio. En definitiva, es el Coto
Turístico de Vilagudín una excelente diversión a la que quiero
desear años largos de éxito, e incluso de que tenga necesidad de
ampliar la experiencia a otras aguas fluviales, mejor corrientes que
embalsadas, si se me permite un deseo.
Y como en esto de los ríos, las truchas y los salmones estamos en
uno de los pocos terrenos en los que es cierto y no es reaccionario
decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, dejadme hacer memoria
de un par de cosas interesantes.
Por ejemplo, que por el escritor grecorromano Claudio Eliano sabemos
que ya hace 1800 años en los ríos de los Balcanes se pescaban con
mosca artificial unos "peces con pintas" que no pueden ser otra cosa
que truchas, pues la Zoología sólo conoce hasta ahora dos géneros
animales con pintas, a saber, uno noble, los salmónidos, y otro
innoble, el de los cabrones con pintas, con dos especies: la que
atiende por Furtivus Filiusputae, con los latines científicos
de rigor, y la nueva plaga de los que se dedican a contaminar los
ríos con cangrejo americano, carpas y otras especies a las que no se
les pierde nada por aquí y no sólo no compensan lo que ya hemos
perdido en salmónidos, sino que aceleran la ruína de lo que queda.
Propongo que, si un centímetro de menos en una trucha puede
costarnos un buen puñado de euros, al que pillen con carpas,
cangrejos y otras basuras me lo pongan en números rojos para cinco
años.
Nótese que ya hace 1800 años que se hacían virguerías de moscas
artificiales y al catálogo de maravillas que todos conocéis quiero
añadir una rigurosa primicia que pronto estará a la venta, un
eficacísimo tricóptero, cruce de tricornio y helicóptero que la
Genética acaba de conseguir y certificar en su eficacia mortífera,
pues, mientras la parte de helicóptero puede mantenerse inmóvil
sobre la corriente, la parte de tricornio infunde tal respeto que la
trucha se apapana y se rinde. Debo decir que la Genética tuvo un
trabajo difícil, pues el tricornio se resistía al cruce porque, como
todos bien sabéis,
Luchan pechos
varoniles;
contra las olas del mar;
contra los guardias civiles
no hay manera de luchar.
Otra
primicia histórico-teológica que quiero que disfrutéis cuanto antes
es que en Roma los expertos han concluído que en el milagro de la
multiplicación de los panes y de los peces es axiomático, no
necesita demostración, que los peces eran truchas, lo único que de
verdad merece multiplicación ¿Podrían ser sardinas? ¡Hombre! pues sí
que podrían, pues en milagros andamos, pero ¿vale la pena hacer un
milagro con sólo sardinas? También han concluído los teólogos en
Roma que una multiplicación de escalos o de fanecas no sería
milagro, sino traca final de la Historia Universal de la Infamia.
Y dejadme que insinúe que para el tiempo presente y los cabreos
crónicos y agudos de todos contra todos un buen remedio de
relajación y disfrute sería un nuevo milagro de multiplicación, pero
de las paces y de los penes.
Viniendo más a lo nuestro en tiempo y espacio quiero haceros un
repaso de pasadas grandezas que la documentación medieval guarda.
Por ejemplo, de truchas en Galicia ni se habla porque son lo que
sobra y a mano de cualquiera, mientras que en Zamora el Motín de
la trucha en 1158 fue incidente de gravedad máxima, con el
pueblo enfurecido y quemando vivos a los nobles reunidos en asamblea
dentro de una iglesia.
La documentación gallega de reyes, nobles y monasterios solamente
repara en pesqueras, rentas y precios de sábalos, lampreas y
salmones y no tengo noticia de discordias por trucha de más o de
menos, pero sí sé que el abad de San Estevo de sus pesqueras ¡de
Ribas de Sil! –hoy a cuatro o cinco embalses del Atlántico‑ envió a
un hermano suyo de Allariz un salmón, en lugar de enviárselo al rey
Alfonso VII y el Conde de Trastámara, teniente del rey, se pilló tal
macabeo que cargó contra el monasterio y le arrebató nada menos que
ciento treinta casales y diez iglesias que luego, en 1214, Alfonso
IX, nieto del VII, tuvo que devolver porque ya decían bien Don
Quijote y Sancho que topar con la Iglesia era callejón sin salida.
En fin, cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque tampoco me conste
como verídico aquello de los jornaleros que en tierras de Ulla y
Tambre exigían que no se les diese salmón más que dos veces por
semana, cosa que suena a atar los perros con longanizas y a duros a
cuatro pesetas, pero que también recuerda buenos tiempos idos y que
podrían volver, si el Duque de los Purines, el Marqués de la
Depuradora Quenohay y el Pontífice del Kilowatio Sinreparos tuviesen
mejor sensibilidad y mayor inteligencia.
Pero no desesperemos porque ya no es primicia, sino plan en marcha
que, descubierta agua en Marte, la Xunta se lleva para allá todas
las minicentrales, cosa buena, y todos los minicentraleros, cosa
guay del Paraguay.
Reitero mi satisfacción y agradecimiento por estar en Vilagudín, en
este VIII Encuentro de Prensa, y quiero que me tengáis por amigo
incondicional en la afición, el vicio, el frenesí. Muchas gracias.
Juan
J. Moralejo
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