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Queridos amigos del Club de Pesca Fluvial Tambre:
Como sigáis por esta
vía de “hojamenearme” en cuanto veis o inventais
ocasión para ello, voy a tener que recordaros, con Groucho, que yo
nunca me apuntaría a una sociedad que admite tipos como yo. Pero
bien entiendo que en amistades no hay caudales ecológicos, sino
chorro limpio, y así es como valoro y contesto el nuevo honor que me
une más a todos vosotros y al que procuraré corresponderos con
muchos años de pesca sin muerte, es decir, de seguir pescando ¡es un
decir! sin haberme muerto; bueno, aunque sean muchos años de “ir al
río” y algún
que otro día de “volver de pesca”, ya vale. No me imagino, creedme,
qué podrían hacer para alegrar sus vidas O Marcaso, Os Mallos, O
Refuxio... sin recibir mi visita; de verdad, de verdad de la buena,
le noto otro aire al Tambre en cuanto me dejo caer por allí, lo veo
como más alegre. Bueno, lo de me dejo caer es un decir, pues, por
ejemplo, del amigo Reboredo tengo que aprender mucho, muchísimo, en
pescar, pero no a dejarme caer.
En fin, que bien sabido es que las decisiones del ser humano son
conflicto y componenda entre el Pirinicio Superior, que de cintura
para arriba propone la frialdad de lo racional, y el Pirinicio
Inferior, que de cintura para abajo impone la arroutada en caliente.
En vuestras decisiones de hacerme Vitalicio, de Honor y Destacado
asistimos a una orgía del Pirinicio Inferior, recalentado en afectos
y simpatías a mi persona, y mi persona os respondió y responde mil
veces que muchas gracias, gracias a esgalla y a cachón. Pero en la
decisión de hacerme Támbrico Gratuito exhibisteis la prudente razón
de vuestro Pirinicio Superior, pues el cobrarme cuota solamente
podría ser en concepto de desgaste de las piedras de las orillas del
coto, ya que mi terca insistencia en la pesca sin suerte os pone muy
crudo el discurrir la base legal y algebraica para cobrarme por lo
que pudiera pillar.
Porque, amigos míos, en una temporada en que cubrí muchos días el
cupo legal de médicos y enfermeras -¡benditos sean todos y todas por
lo bien que me tratan!-, en el río hice capotes como para vestir una
división de Infantería y tuve en las manos cinco reos que andaban
entre los 26 y los 29. Tres en menos de media hora en Sinde, cuando
apuraba la hora de pasar lista en casa y no hubo margen para ver si
caía el de 30 o más. Dos en otras dos ocasiones, Marcaso y Refuxio.
De Couso sólo hablo en presencia de mi abogado o, mejor, del fiscal,
si me promete actuar rápido.
Pero tenía yo desde enero un coto en Ximonde para el 30 de setiembre
y vigilaba mis vísceras y mi agenda con aprensión de que algo o
alguien viniera a tocarme las narices del Pirinicio Inferior ¡y no
sé si me explico! En la madrugada de ese día repicaba disuasoria la
lluvia en mi ventana; a las once me dice Miguel que tienen mañana
templada, sin lluvia e incluso rachas de sol, pero que es mejor irse
a un tentempié porque el pecerío no está por la labor. De ese
tentempié, de sus ilustres oficiantes, del caudal alcohológico y de
sus consecuencias tenéis información excelente en
www.miguelpesca.com
(especiales),
lo cual me permite limitarme a señalaros la “parajoda” de que alguno
por culpa de la caña no podía con la caña. Toñito, corazón
macrocósmico, en un desbarre de generosa servicialidad se apuntó a
ser mi ganchero, es decir, que se apuntó a la baja laboral más
evidentemente fraudulenta de la Historia, con menos trabajo en
perspectiva que los bomberos del Polo Norte.
Y, como Dios premia a los buenos y castiga a los malos (además de
enviar a los regulares a Ceuta y Melilla), me envió a su Delegado
Fluvial, Xaquín Muíños, para vengar la clausura de la temporada
pasada, cuando Juan y Miguel me dejaron en la “playa”, donde hice el
ridi, y subieron a las corrientes, de donde volvieron con sendos
reos de kilo muy largo. En esa misma “playa” me dio Xaquín un par de
lecciones de cómo, hacia, desde dónde... lanzar el trallo –dos
moscones y un risco, virguerías piñeiriles- y cómo traerlo sin prisa
ninguna. Y pesqué un bicho xeitoso, aunque ya los he pillado más
grandes ¡y tengo testigos!, y tuve dos picotazos que pudieron
haberme alegrado el día y pensé que, si es Xaquín el oficiante, hace
el cupo en media hora. En fin, con Xaquín al lado yo puedo hasta
necesitar a Toñito de ganchero, pero también para esa labor estaba
Xaquín al loro.
Cuando salíamos de Ximonde hacia Pontevea nos topamos con un tejón
al que Xaquín le calculó a ojo experto que tenía pelo para 3.837
riscos y 4.701 plumas. Admiré tanto o más que la rapidez del cálculo
la precisión de sus cifras.
En fin, una excelente ceremonia de clausura a la que sólo le faltó
haberla celebrado en Os Mallos y ante gente tan amable, selecta y
experta como la que me ha honrado con la copa de Pescador Destacado.
Y para no perder las maneras, os adjunto el sonetillo que dé ritmo y
rima a vuestra amistad y a la mía.
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