LA CAPTURA DEL 2007

por Juan José Moralejo

PESCADOR DESTACADO

(por los que me destacaron)

   Ni siquiera para el tejemaneje fluvial apetece madrugar ciertos días, y más si han venido precedidos de esas rachas crónicas de desencantos que te llevan al infarto. Pero el día de ayer, ocho de junio de 2007, se anunciaba especial y despejaba las perezas de sábana y catre. El meteoro, más bien cálido, anunciaba nublarse sin viento y no había otro recelo que el de un riesgo de aparato eléctrico. El río era nada menos que el Ulla en su coto de Couso y la guinda de un día hermoso a tope la ponían las amistades, que resultaron entrar al pulpo y a la croca bastante mejor que la fauna ullera a la mosca y la rapala.
   En fin, a las nueve y media de la mañana ya estábamos en faena por O Trabadoiro y A Croeira, ya cacheábamos golosos las aguas mainas y los férvidos cachones, ya comentábamos que si el coto

tuviese en pesca la quinta parte de lo que tiene en vegetación acuática que jode posturas y lances era el mejor coto de la Península Ibérica, ejercíamos la esperanza sin perder la fe. Y el reloj corría veloz y se cernía sobre nosotros la tétrica sombra del capote, pero allí seguíamos, tercos y juntos porque no te hay como la amistad para perseverar en la fe de creer lo que no vimos, ni vemos, ni veremos, y para perseverar –¡a pelo, sin necesidad de “perseverativo”!- en la esperanza de que los malos momentos tengan su redención y su escampiño.

    Y lo tuvieron ¡vaya si lo tuvieron! y así fue la cosa, pues a las 18 horas y 33 minutos la mosca amarilla fue presa de una voraz virguería en el acreditado Salto do Can: vimos cómo emergían las ávidas fauces del salmónido y papaban golosas el engaño y quedaban irremisiblemente presas, y nada menos que conmigo al otro lado del hilo, Miguel Piñeiro de ‘ganchero’ guay y Juan Zulueta de voz de la experiencia curtida para que la captura llegase a ese buen término que pueden las dos salsas, o la vinagreta, o la papillote…

    Sintióse herido el bicho en algo más que su amor propio y emprendió, como suelen, una veloz carrera río abajo y casi se nos pone en A Pedra de Fernández porque hubo que darle carrete largo, aun llevando un sedal del 30 y que se jactaba de resistir los 12 kg. Pero poco a poco, un eterno poco a poco de nada menos que cuarenta minutos de esforzada pelea, pudimos ir cerrando el freno y acabando con la resistencia del combativo y hermoso ejemplar, que nada pudo hacer “pro vita sua” contra mi caña de fibra de “cabrono”, es decir, fibra preparada contra el encabrone de toda cuanta mole esté al otro lado del hilo.

    Y, last but not least, esta captura que a la vista tenéis nos redime el coto de Couso de la mala fama que le han colgado desde que le hicieron un pomposo y faraónico “pasemisí” por el que sube toda la fauna en manada y saltándose todos los límites de velocidad. No estaría mal cobrarle a cada pieza que sube un peaje, por ejemplo, los mismos 9 € que nos cobran a los que esperamos que alguna pare quieta y podamos tentarla con las moscas y por si las moscas…

"das que non as caga un corvo"

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