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A Galicia le cayó el gordo de
ser el país de los mil ríos, pero también el flaco de ser el
país de los mil guarros, de los mil desaprensivos, de los
mil ineficaces... Nuestras aguas fluviales (y marinas, que
así acaban todas las fluviales) están más que pachuchas por
el suma y sigue de los daños de centrales y minicentrales
eléctricas, la imparable degradación día a día, sin pausa ni
escampiño, por abuso o por mal uso de toda la química habida
y por haber en la industria, la agricultura, la ganadería y
también el ámbito doméstico, y con la ineficacia técnica y
política como fondo. Todo ese abuso y mal uso es y genera
daño grave siempre evitable, y no es, aunque algunos raposos
lo pretendan, el precio inevitable a pagar por crear
riqueza. El cuadro se sublima con la evidencia de que media
Galicia caga de campo, una evidencia que suena un tanto
grosera, pero no voy a darle ni tabú, ni rodeo, ni eufemismo
a una evidencia que hay que denunciar cruda porque es lo más
grave de la desordenación que el territorio gallego padece.
Hasta aquí una peste crónica, una degradación cotidiana “por
lo bajini”, pero de vez en cuando, por no decir que a
menudo, esa degradación “por lo bajini” salta a desfeita
estentórea, a burrada agresiva que a grito pelado nos dice
que tanto en la gestión como en el control de que no nos
cuelen como inevitable lo que debe ser prevenido y evitado
hay fallos y vacíos graves, reiterados más allá de lo que el
Santo Job podría aturar sin torcer el morro. Pero todo
cuanto se diga de inepcias o insuficiencias de gestión y
control va muy por detrás de que el fallo gordo, gordísimo,
gordérrimo... es nuestra falta colectiva de conciencia
medioambiental. Llevo años y kilómetros de río y caña con
experiencia para aventurarles que en Galicia hay no menos de
dos o tres guarros y desaprensivos por kilómetro de río.
En estos últimos meses Ulla, Miño, Xuvia, Catasol, Tambre,
Cabrón, Eume, Umia, Xallas, Dubra, etc. son noticia o con
accidentes de menor cuantía o con desastres de mayor cuantía
y que todas tienen o deben tener nombre y apellidos. Umia,
Xallas y Eume son ejemplos supremos para una política que
como mejor prevención de daños haga saber que el que
contamina paga el daño, además de lo que la ley penal quiera
añadir. Por ejemplo, si al guarro del vertido o al
desaprensivo del vaciado le tasan la trucha panza arriba
como me tasan a mí la que pesqué y no da la medida, o que
pesqué sin permiso de coto, o en tiempo de veda, o
excediéndome en el cupo autorizado... puedo asegurarles que
el guarro preferirá beberse el vertido y al desaprensivo del
vaciado no habrá Seguril que le haga soltar gota.
Y para que no se me vaya nadie de vacío, pongamos en cabeza
de la guarrería el hecho cierto de que en cotos de pesca, en
orillas que son postura y paso de pescadores “deportivos”
(¡manda c.!) suele abundar el desecho, la basura indisimulable cuando son cajas, botes, bolsas... de material
de pesca “deportiva” (¡manda c.! bis). |