Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

LA CONSPI

21 de marzo, amanecía en Ponte Caldelas y allí estábamos mi Tocayo, Miguel y yo, a disfrutar del Verdugo, aparente oxímoro porque este Verdugo no va por lo penal, sino por el verdor. Desayunamos en una panadería en la que se pecaba muy gravemente por el olfato, pues del horno salían unas boronas morenas talla XXL y unos bizcochos que hacían enana la Torre de Babel. En un recanto cuatro marulos, dos y dos, tenían más pinta de acabar de mangarla que de empezar a rañarla, dos actividades que un mismo sujeto puede simultanear con acendrado virtuosismo. En fin, el día prometía felicidad y la belleza del Verdugo era un cheque en blanco a nuestro primer día de pesca.
Pero nos estrellamos contra la conspiración salmónida, contra la turbia conjura judeo-masónico-recreativo-cultural-circense de las truchas que nos hicieron mucho más que la peineta y con un balance que someto a la consideración del lector en ejercicio supremo de autocrítica masoquista: una trucha entre tres o, peor, uno con una trucha y los otros dos con una mano delante y otra detrás, de vuelta a casa a justificar el afortunado pescador que el kilo de trucha le salió en no menos de doscientos euros, y a justificar los del cero patatero que el kilo de trucha tiende a infinito. En uno y otro caso no por culpa nuestra, sino de la torpe conspi de los salmónidos aconchabados para debilitarnos y luego borrarnos del mapa.
El miércoles 24 mi Tocayo, Miguel y yo tuvimos solemnísimo pontifical en el Tambre, en esa maravilla que es Ponte Maceira, gloriosa excepción a la peste ladrillera, galponista y filocutre que está corrompiendo Galicia. Ponte Maceira le planta a mi bravo Tambre un puente medieval que habrá aturado impertérrito no menos de mil enchentas furibundas y no es como tantas boberías nuevas, de “tente mientras cobro” y que, con sólo pasarles al lado y susurrarles ¡alerta naranja!, ya se te ponen coloradas. Bueno, el caso es que aquel día la conspi de los salmónidos era la conspi de los pocos buenos que aún quedan en este valle de lágrimas, pues aquellos benditos y nobles animalitos conspiraron nada judeo-masónicamente para prender en mi cucharilla cinco que en total sobrepasaron los dos kilos, casi medio kilo por barba, que sería medio kilo por barbo, si no fuesen truchas, sino barbos ¡Hay que ver qué cosas te tiene el género, Bibiana!
Y al lado de la conspi que me negó el pan y de la conspi que me alegró el día está la conspi que denuncia Mayor Oreja y con el mismo fundamento con que denunció la zorra que las uvas no estaban maduras, es decir, que no las tenía a su alcance: cuando tenga votos ya no tendrá conspiraciones. Supongo que encontrar una mosca con talla bastante para estar detrás de tan mayor oreja puede poner en apuros a los más empeñados entomólogos. Felicitemos a ZP, largo en problemas y corto en soluciones, porque puede aliviarse con tamañas memeces ajenas. País de maníacos con antiparras que saben que a su botaratada van a sobrarle ecos y adhesiones.

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