PINTO EN EL TAMBRE

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

Como este folio tiene su punto de queja y alarma, pero también de celebración esperanzada de un futuro mejor, quiero dedicárselo al secretario general del PSdeG, Pachi Vázquez, que con palabra certera y mesurada ha acusado al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, de “alta traición” a Galicia. Tiempo ha que venía notándole yo a Feijóo un aire con Bellido Dolfos y con Quisling, pero ahora resulta meridianamente claro que Feijóo es “la mano que mece la Xunta”. Vayan, pues, mil ¿qué digo mil? ¡un millón! de gracias a Pachi Vázquez y su bendita moderación al servicio objetivo de la patria.
El caso es que días atrás nos fuimos Miguel y yo a ver si en el Tambre se nos perdía algo que no fuese el mechero o las gafas. Y hete aquí que triunfamos hasta extremos que provocaron el crujir de dientes de la envidiosa competencia. En la espléndida “tabla” que es O Marcaso –Marcazo sin seseo mal visto- un escalo de 10-12 cm saludó la mosca que Miguel destinaba a un reo de kilo para arriba; a estas horas rumia y medita Miguel su desencanto de las glorias mundanas en la Cartuja de Parma y Fabrizio del Dongo lo anima con que mejores días vendrán.
En cuanto a mi humilde persona, no en balde soy catedrático relleno de trienios, quinquenios (¡no de quinqui!) y sexenios (¡no de sexo!), pues esos 10-12 cm no fueron de democrático escalo, sino coronados con un aristocrático pinto. Y ¿qué es un pinto? dirá el profano analfabeto: pues un pinto, le digo yo, no es lo opuesto a un valdemoro, que ni siquiera existe en la fauna fluvial, sino que un pinto es una cría de salmón, una cría que puede progresar a esguín y terminar en salmón adulto, por ejemplo, el que se me desenganchó en Ximonde, río Ulla, un día tan nefasto que ni fecha tiene.
Claro está que los pintos no vienen de París y pescar un pinto en el Tambre es indicio cierto e irrefragable –es decir, que no lo pesca ni lo rebate el mismísimo Fraga- de que el salmón y la salmona se solazaron por aquellos arenales y remansos. Notición, al menos para mi corta experiencia y larga ignorancia: es el primer pinto que pillo y devuelvo con entusiasmo al agua del Tambre, mientras que en Ulla, Lérez, Masma, Eo, Miño..., aunque estén muy de capa muy caída, un pinto no es noticia, sino esperanza de que la cosa se mantenga y vaya a más.
En el Tambre un pinto de salmón puede ser noticia y esperanza a la vez de tiempos mejores, pues el Tambre es río que fue machacado por todas las máquinas de machacar la vida y la riqueza naturales, desde presas horribles a eutrofizaciones, furtivismos, etc. Pero el Tambre fue el río de aquel mito de que los jornaleros no querían salmón más que dos días a la semana... ¡O tempora, o mores! El Tambre en su tramo final fue ejemplo máximo de una política necia que hoy se continúa cuando, por ejemplo, la Xunta se cela de Madrid por unos metros de túnel o trinchera en el AVE y su impacto medioambiental, pero aprueba por docenas las minicentrales, es decir, las maxiputadas.

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