¿TRUEIRO POLÍTICAMENTE INCORRECTO?

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

Queridos amigos Alberto y Miguel:
Trueiro, que procede del latín galaico truarium, derivado a su vez de la latina trua ‘espumadera, colador’, en el diccionario gallego es ‘arte de pesca constituída por unha rede en forma de funil, que vai suxeita a un mango’. Es de cajón, señores, que, si se define como arte de pesca, tiene que ser arte noble, limpia, deportiva... y no ser arte artera, valga la redundancia, arte de las malas artes de abusones y desaprensivos. Y es que los pescadores, en especial los fluviales, somos la aristocracia de la quintaesencia de la repera de la elegancia espiritual en las angelicales artes de darles caña... y carrete.
Pero ¡vaya por Dios! en “Artes y aparellos de pesca empregados en Galicia”, un excelente trabajo <http://www.google.es/search?hl=es&as_qdr=all&q=+trueiro&btnG=Buscar&meta=> del que es autor Miguel Fariña Castro, me encuentro con el trueiro metido de hoz y coz y de cabo a rabo en las que me parecen malas artes y con la agravante de que incurren en lo que las / los cursis llaman violencia de género y es lisa y llanamente dicho violencia machista, violencia sexista y, como enseguida veremos, incluso sexual. Y no creo que Trueiro deba seguir adelante sin hacer pública expresión de que de ningún modo practica, ni secunda, ni justifica conductas arteras en las cuales se lo quiere encargar de rematar la faena en las que la hembra indefensa e impotente es cebo para el macho que se pasa de listo y de potente.

Del trabajo antes citado tomo el dibujo que nos ilustra sobre el femieiro, una modalidad de pesca que, como puede verse, ata vivas varias femias o hembras de jibia a un  sedal para que sean reclamo de los machos con el rijo a punto. El trueiro hace el resto: podemos ver cómo, manejado por un alevoso barquero que tiene la vergüenza de no salir en la foto, le da caña al macho ♂ que se puso goloso con la hembra♀ y fue a por ella cuando la tenía atada, a pesar de verla atada o precisamente porque la vio atada, sin escapatoria ni argumento de pocas ganas.

El cuadro hasta me sugiere una siniestra e invertida Cabalgata de las Walkirias, aquel estrepitoso chunda-chunda de ópera de Wagner que hace unos años repopularizó Francis Ford Coppola en aquella cabalgata de helicópteros al ataque en “Apocalypse now”. Do you remember, old chaps? Pero aquí las jibias metidas a walkirias no salen, como en el mito y en la ópera, a recoger guerreros muertos para premiarlos en su paraíso con lo que ya sabéis y aínda máis, sino que se las obliga a salir pidiendo guerra, nunca mejor dicho obscenas y prostituidas, para hacer muertos con lo que ya sabéis, con el cebo que no tiene enmienda. Y arriba, en la barca, un cruel y artero ser (in)humano a golpe de trueiro aprovecha y castiga con toda justicia la incontinencia sexual de los machos que no tenían reparo en cepillarse a la jibia-objeto que resultó serles jibia-trampa. Como se puede ver, una horrísona cadena de violencias de género, una cadena capicúa, con el macho en las dos puntas de la desaprensión.
En fin, que no quisiera yo ver a las gentes de Trueiro dedicadas a femieiros de ningún tipo: al bicho hay que atacarlo por los apetitos y las teimas de que es único protagonista y responsable, es decir, la boca y las fachendas mentales de peleón, o de mal cabido en su terreno, o de curioso impertinente, pero nunca debemos atacarlo por teimas y apetitos en que la prójima femia se reduce a objeto, a servidumbre, a instrumento. En fin, es evidente que vivimos en una sociedad patriarcal, machista, a la que se le ha ocurrido el femieiro, pero nunca se le ocurriría el macheiro, atar con el sedal unos cuantos machos por donde ya sabéis y darles un paseo, por ejemplo, de Mera a Lorbé, para que se les pasen o se les congestionen ¡es igual! las ganas de entrarle a las pobriñas del femieiro privadas de su libre albedrío.
Menos mal que me consta que este Trueiro no está ni por ese ni por ningún otro estropicio. Salud y líneas tensas.

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