HIDRÓNIMO

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

Hidrónimo es una palabrota de origen griego, como otras muchas, por ejemplo, esternocleidomastoideo o metempsícosis, que la primera la tienes dentro de tu cuerpo mortal y la segunda no es de temer que te afecte cuando tu cuerpo se declare efectivamente mortal; para más detalles, consúltese el diccionario, que ahora llevamos prisa con el hidrónimo.
Hidrónimo es todo nombre de la Naturaleza en que intervenga el agua, y en cabeza los nombres de los ríos, que son el más alto destino a que puede aspirar el agua. Y te hay tantos millones y millones y millones de moléculas de agua en constante zascandileo de un lado para otro, que no podrás descartar que en un vaso de agua del Tambre haya unas cuantas moléculas de agua del Jordán, del día del bautismo de Cristo, otras cuantas de las aguas de Pearl Harbour el día en que los japoneses entraron a matar, o, mejor todavía, unas cuantas más de la piscina en que Jennifer López pone a remojo esas carnes que sólo le faltan las pintas ¡y yo bien me entiendo!
Bueno, pues iba yo pensando hace dos párrafos que, ya que somos devotos de truchas, reos y salmones, sería bueno también tener alguna idea de sus domicilios y de lo que significan, pues, como intentaré hacer ver, los hidrónimos son una parcela muy especial de nuestro diccionario geográfico. Su especialidad principal está en que es habitual que los ríos principales de un territorio mantengan sus nombres por encima de cambios de población y de lengua en sus riberas: en el caso de Galicia y de E. a O. tenemos Navia, Eo, Masma, Mera, Eume, Mandeo, Lambre, Xallas, Tambre, Dubra, Chonia, Samo, Sóñora, Ulla, Pambre, Deza, Iso, Lañas, Sar, Seira, Umia, Barbanza, Lérez, Miño, Ladra, Parga, Neira, Narla, Narón, Sarria, Lóuzara, Sil, Navea, Camba, Bibei, Cabe, Búbal, Arnoia, Barbaña, Avia, Deva, Tea, Coura, Tamuxe, Limia, Támega... que son hidrónimos que llevan ahí siglos y siglos, son muy anteriores a que nos llegase la lengua latina, de la que deriva la gallega, que puede verse que está en muy pocos nombres de ríos con una cierta entidad: Anllóns, Grande, Verdugo, Liñares y poco más.
Es evidente que para el hablante común esos nombres de ríos anteriores al latín y al gallego ya no significan nada y el lingüista puede en bastantes casos hacer conjeturas etimológicas más o menos seguras: por ejemplo Lambre podría ser “rápido”, Tambre podría ser “oscuro”, Camba alude a un curso sinuoso o de valle muy marcado, Limia alude a pantano, terreno húmedo, Deva es el agua vista como “diosa”, Dubra es “agua, río” a secas o, mejor dicho, a mojadas. En fin, al Padre Miño le sobran etimologías, pero peor es que le sobran embalses, le sobran tropelías de redes... y le faltan salmones, sábalos, lampreas...
En cuanto bajamos a ríos de mediana o menor cuantía ahí ya tenemos nombres más bien recientes y de fácil recambio a voluntad de los ribereños. Algo más habría que decir, pero le estoy comiendo el folio a Miguel y a Alberto, y voy a conformarme con señalar que, al lado de los muchos ríos que toman su nombre del lugar por donde pasan, es de tipología universal que el nombre de los ríos aluda a naturaleza del terreno, flora, fauna, calidad de las aguas, aprovechamientos, etc. Por ejemplo, río das Pedras, río dos Amieiros, río Cabalar, río Caldo, río Negro, río do Folón, río dos Muíños... Y para el final se deja siempre lo más relevante: tenemos un par de ríos Cabrón, ¿pero cuántos pares de cabrones tenemos por río?.

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