¡QUIÉN ME DIERA EN CORNELLANA!

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

¡Perdónese a cada cual que acuda a sus teimas y manías, que en mi caso son los nombres de lugar y sus etimologías! Para el caso de CORNELLANA la cosa está facilona y muy a favor del buen gusto de un romano Cornelius, un nombre que se las trae e incluso sugiere que su portador usaba boina con mangas... El caso es que el tal Cornelius, tal vez para compensarse del nombre, se eligió un lugar molón y guay para instalar su villa que, por ser de Cornelius, fue Corneliana en latín y hoy es Cornellana y da gloria verla y disfrutarla por sí sola o, sobre todo, cuando tu brazo remata en caña y por la neurona del entusiasmo se te ha pasado la ventolera de que el Narcea te corone por los siglos de los siglos, pero con una corona mucho más llevadera que la que sugiere el nombre Cornelius de nuestra historia de hoy.
El caso es que el año pasado con José Luis y Alberto, y con “ganchero” honorario nada menos que José María, padre de Alberto, me presenté en Cornellana, río Narcea, coto La Llonga, en fechas tan señaladas como el 25 de abril, Día de la Revolución de los Claveles en Portugal, y 17 de mayo, Día das Letras Galegas. Pero ¡vaya por Dios! en el Principado de Asturias, al menos para su población salmónida, tal vez apolítica y analfabeta, tan destacadas efemérides no eran tan festivas como a mí, a José Luis y a Alberto nos parecían, y el resultado fue que los salmones, ocupados en su trajín diario, no salieron a recibirnos con los rendivús y las cortesías que esperábamos y ¡modestia aparte! nos merecemos.
Algo hay que alegar porque un capote sin alegación sería capote miserable e indicio de poco entusiasmo en el afectado: digamos, por ejemplo, que bajaba fuerte y frío el Narcea por nieves recientes, por lluvias y deshielos y porque más arriba era día de abrir turbinas o compuertas a gusto y antojo del abridor. Y alegada la alegación, añado que no pesqué porque es mi hábito: yo “voy al río” y alguna que otra vez “vuelvo de pesca”. Y si pillara un salmón en el Narcea, podría entrar en éxtasis catatónico irreversible y ascender “motu proprio” a los cielos a sentarme en gloria perpetua sólo un pelín más abajo que el Eterno y Omnipotente Padre.
En cualquier caso me quedaron mucho más claras cosas que ya tenía en magnífica evidencia, a saber, la belleza de Cornellana y entorno, la golosa majestad del Narcea, la buena mesa y la buenísima gente... y una organización de la pesca deportiva que en Galicia deberíamos empezar a imitar porque a esa organización debe mucho Asturias en que sus ríos no estén en la agonía o en los apuros graves que viven los nuestros. En particular sería bueno tomar nota de que, según tengo entendido, en toda la temporada asturiana reo y salmón tienen tramos libres y no están sujetos a cupos que en Galicia –dejando aparte historietas curiosas de amiguismos y cofradías- no alcanzan ni para que pruebe suerte buena parte de los ciudadanos que tienen afición, pagan licencia, etc.
A Cornellana tenemos que volver. Y si pillamos el salmón, prometo un monolito en la rotonda en que la N-634 me da entrada por la AS-15 a correr por el Narcea arriba con las retinas en orgasmo, dicho sea, por supuesto, en el mejor sentido de la palabra y sin faltarle a nadie.

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