LOS BICHOS INNECESARIOS

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

Los bichos innecesarios son tres, como las Gracias, pero con mucha menos gracia que estas cachondonas de mito y nalga. Los bichos innecesarios son tres, como los enemigos del hombre en el catecismo que todavía me sé de carrerilla: el demonio, el mundo y la carne (en especial, la de pescuezo, y ya no tanto la de jarrete y el entrecôte); más todavía, los bichos innecesarios de que hoy toca hablar pueden sustituir y superar al demonio, el mundo y la carne en hacerle la puñeta al ser humano, homo sapiens sapiens, en especial a su especie principalísima, que, como ya dejé escrito hace años y no me arrepiento, es el hombre que se remata en una caña para salmónidos, pues, como dejé escrito hace días, si quieres que tus extremidades de arriba sean realmente superiores, las rematarás con caña y carrete; sin ese remate, serán extremidades “de arriba”, pero no serán superiores por muchas y muy aparentes ocupaciones en que las metas y las entretengas.
Bueno, volvamos a lo de hoy, a los bichos innecesarios que son 1) el homo insipiens insipiens ¡latines facilitos! que suelta el bicho inconveniente en el lugar inoportuno, 2) el bicho en cuestión, 3) la madre que lo parió… ¡al bicho en cuestión, digo, pero no se me corte el lector, si le peta ampliar la cosa al parto del homo insipiens insipiens! Andamos ya muy tocados en lo de las escalas y jerarquías del animalario para que se nos mantenga en vida y equilibrio, para que ninguna especie sea amenaza grave para ninguna otra, para que los recursos naturales de todo tipo sean bastantes para quienes dependen de ellos… En fin, añádame el lector lo que él sabe muy bien en esta cuestión de medio ambiente, fauna, flora… y su sostenibilidad, que se dice mucho ahora, incluso más de lo que se practica.
En la vida natural es bueno respetar el principio de que cada uno en su casa y Dios en la de todos: si Dios hubiese querido carpas en el Tambre, las habría y a mazo, como hubo lamprea, salmón, reo y trucha hasta que les dimos caña de más, caña inicua. En mi Miño ¡el Miño es mío! pusieron un par de charcas para el voltio y a alguien, más insipiens que sapiens, se le ocurrió que el colapso irremediable de lo bueno se aliviaba con un esparadrapo de lo mediano: ya no subían de Frieira el salmón, el reo… y alguien creyó compensarnos con una marea de black-basses que estaban muy por debajo de lo que habíamos perdido, pero hay que reconocerles que resultaron ser intrusos con ganas de agradar en lances de rapala y cucharilla. Un ¡menos mal! con más mal que menos…
Pero hete aquí que un día se me arrima al Padre Miño una caterva de insensatos y me lo llena de carpas, manadas, bandadas, hordas de carpas a cuya pesca he asistido con tanta atención como ningún disfrute o emoción de deporte; según me dicen, estas carpas siguen la línea de los black-basses en ser de poca sustancia, peor cuanto más pesen. El balance, con o sin muerte, me parece que es de pesca de escaso interés y yo juraría que la especie en cuestión está eliminando o arrinconando lo que queda de las de toda la vida y mucho más apreciables. En estos momentos estoy pensando en un bicho que no quiero ni insinuar, pero que pondría a las carpas en su sitio. Pero, claro está, arreglar una mierda de petardo con una bomba de mierda no es arreglo…
Sírvanme black-bass y carpa como ejemplos de especies a mantener en su casa y no metérselas al vecino ¡o nada vecino! en la suya. Paso ahora a especies a las que es urgente declarar intrusas, invasoras… en tales y cuales muchos lugares y es urgente combatir en su proliferación excesiva y dañina para otras especies; y digo esto último sin el menor reparo a reconocer que, si estoy en aviso contra, por ejemplo, cormoranes y nutrias por enemigos de la especie de los salmónidos, también incluyo como especie amenazada la humana, el homo sapiens sapiens, en especial los que estamos de líderes porque tenemos extremidades superiores, es decir, rematadas en caña y carrete…
Y ya me hice largo, por lo cual mi lector considerará todo lo que antecede como un mero apunte o guión al que él podrá añadir nombres, datos, argumentos, recetas… para que nuestros ríos estén en perfecto estado de revista en su calidad de aguas, flora, fauna… Nótese que el poco espacio no deja presentarles al más innecesario de los bichos, sobradamente conocido y nunca sobradamente puesto en evidencia, el homo insipiens porcus, enemigo de toda sostenibilidad que no sea la de su cuenta corriente.

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