CAÑÓN DEL TAMBRE

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor
en Teoría Básica del Salmón

El Excmo. Sr. Duque do Sar, Don Miguel A. Piñeiro Moure, de los Piñeiro de Pontecesures y de los Moure de Catoira de toda la vida, ha subido a Especiales de nuestra-vuestra web EL CAÑÓN DEL TAMBRE, una veintena hermosa de fotos del Tambre en el coto de Noia, aguas abajo del bodrio que da calambre, y ya disponiéndose a dar entrada a salmones, reos, truchas, lampreas, anguilas... a los que el citado bodrio no permite subir a saborear el mucho y buen río que hay por Ponte Maceira, Ponte Albar, Nemenzo, O Marquiño, Ponte Carreira... hasta Sobrado dos Monxes.
En varias de las fotos puede constatarse el mal color del agua, que algunos, nada carentes de información y de experiencia, achacan a turbinas que trabajan en el fondo del bodrio y le remueven y barren los sedimentos que el río arrastra. Mucho me temo que ahí esté la razón cabal de ese mal color, de esas aguas turbias, pues tengo comprobado en más de una ocasión que, mientras el río baja turbio, del canal nos cae una tremebunda cascada de agua limpia, transparente, cuando los directores del bodrio necesitan abrirle al canal su aliviadero por la razón que sea.
Bueno, antes de seguir adelante y para que la parroquia no se me despiste, aclaro que llamo “bodrio que da calambre” al embalse Barrié de la Maza. Dicen que tenemos el record europeo en grandes presas para fornicar los ríos y su vida, pero para estar en condiciones de pedir el derribo de presas y muros, para irritarse contra las térmicas y sus humos sucios y tóxicos, etc. habrá que abrirse a buscar la energía por otras vías que hoy son tabú.
Y me vuelvo al Cañón del Tambre, verdadero cañón en plenitud geológica y también cañón en estallido de belleza brava. Belleza, pero brava, con una primera conclusión a la vista: ¡qué cerca puede estar la Truchología de la Traumatología! Me dice
bien el Duque que “el tramo no es para mortales de Catoira o Cortegada por muy osados y tiradospalante que seamos” y le respondo que así es, pero que en peores plazas he toreado, incluyendo agarrar el wader con los dientes para que me entrase menos agua de la cascada que tenía encima y en cuya caída había unas grandísimas hijas de la gran puta que a veces, muy a veces, les apetecía tu cucharilla.
Pero con los años vienen los alifafes y las monsergas, y menos mal que los sobrevives y te quedan orillas de tercera edad, pero ¡que te quiten lo bailado! en kilómetros y kilómetros, días y días, en otras orillas que certificaban la paranoia delirante del encoñado en pescar en ellas. Pero valía la pena y se revalidaba aquello de ¡non se pillan troitas cas bragas enxoitas! Ya tengo contado que de un par de barrancos me retiró un pastor de cabras que, a caballo, con escopeta y tres perrazos, me dijo que el sitio era de lobos, en plural.
Visto lo visto del Tambre en su cañón final, hay que hacerse la siguiente composición de lugar y propuesta de obra en el coto de Noia:
El coto tiene unos 8 kilómetros, pero solamente está aprovechado ‑yo diría que incluso con usura- algo más de un kilómetro, desde la Central Hidroeléctrica hasta el Refugio, pero todos sabemos y alguna vez hemos disfrutado que “hay vida más allá del Refugio”, y, si no la vivimos más, es por lo que antes dije de lo cerca que pueden estar Truchología y Traumatología.
El caso es que en ese kilómetro y pico aprovechado a tope también da gusto en los anocheceres veraniegos hacer peña con Miguel, Pepe, Socastro, Chote, Bruno, Porto, Ricardo...
todos juntitos “coma os pelos dun can”, como decimos en Cortegada, todos en buenísima armonía, desenganchándonos riscos y rapalas los unos a los otros en la más evangélica y deportiva de las caridades fluviales. Y al final de la jornada, aquella Santa Compaña de frentes luminosas ya de vuelta a guiar el reo... o a guiar el coche para volver al coto de la parienta, que tampoco es mal coto y también exige sus medidas y sus cupos.
Hasta aquí la composición de lugar y pasamos a la propuesta de obra: que el ahora Clube de Pesca de Reo–Tambre, del que soy socio vitalicio honorario, y la Xunta, de la que soy contribuyente vitalicio, pero nada honorario, nos pongan para tiempo de pesca las pasarelas seguras, bien hechas, y nos abran, bien señalizado, un camino que no tiene que evitar dificultades y cansancios, pero sí escapará de riesgos indebidos; un camino en cuyo trazado y desbroce la alteración de lo natural sea tan cuidada y tan mínima que nadie pueda hablar de daños. A un pescador con ganas de hacer río le basta con que no haya peligro cierto de partirse la crisma o las piernas.
Corto y cambio: esta es una propuesta tan sensata que espero disfrutarla en breve, a la par que disfruto que mi Clube haya dejado de llamarse Clube de Pesca Fluvial Tambre-Barrié de la Maza, pues el tal apellido es el de la presa que nos está amolando bien amolados cuando y como a ellos le peta.
He dicho.
(Una voz del público: ¡Tío, no te merecemos!).

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