un regalazo

Juan J. MORALEJO
Licenciado en Truchología, Universidad del Deva
Doctorado en Reología, Universidad del Tambre
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Truchografía y Reoscopia de Leningrado
Medalla de Paciencia y Cero de Honor en Teoría Básica del Salmón

Allá por 1915 mi madre, en la escuela de doña Preciosa, San Bieito do Rabiño (Cortegada, Ourense), fue campeona española de Caligrafía en concurso de una editorial catalana de planillas para los palotes infantiles. Pero de la escuela lo que mi madre recordaba con todo humor eran las tardes ya noches de invierno y el par de kilómetros a pie de San Bieito a Cortegada en que ella y demás rapaces espantaban su miedo por A Revoltiña cantando a grito pelado “Danos, Señor, buena muerte”.
Como “os cachos parécense ás olas”, heredé de mi madre una buena letra, ¿qué digo buena? ¡buenísima letra! que me sirvió para presentar manuscrita la tesis, la memoria de oposiciones, etc. y para ganarle una apuesta a un bancario curioso de con qué máquina había cubierto aquel talón... ¡Pues a mano!... ¡¡No me joda!!... ¡¡¡En absoluto, sólo escribo!!! Y pasamos a los hechos y le perdoné las 5.000 ptas exhortándole a moderar sus fachendas. Pero llegó el momento de dar culto a San Bilgueits y la buena letra se me quedó para la pizarra y las clases.
Por otra parte, es sabido que mi ser natural es el de “troiteiro” que, en tiempos de veda, aprovecha para dar clases de Griego. Bueno, la verdad es que espero que mis trapisondas filológicas sean de mejor y más futura memoria que mis divagaciones Tambre arriba, Tambre abajo, en las que, mientras otros se permiten fardar de pesca sin muerte, servidor es recalcitrante en la pesca sin suerte. Hace dos años en Ximonde, río Ulla, tuve enganchado un salmón un rato largo y, cuando se me fue, me dije ¡ya me parecía a mí! y el salmón asomó la cabeza y dijo ¡¡y también a mí!!
El caso es que este año he tenido un curso guay del Paraguay con el que ha sido igualmente guay del mismo Paraguay traducir las peripecias en la Atenas clásica de Lisístrata y amigas en huelga sexual para meter en vereda de paz a los maridos más levantiscos por las armas que por lo otro. Una excelente docena de alumnos que acaban de hacer examen de ceremonia para reafirmarme en su buen trabajo. Y uno, que tiene su corazoncito, se mece y se crece en que el examen me lo inicien con el regalazo de una pluma para que haga escritura hermosa, es decir, caligrafía, y un par de aparejos por si las truchas quieren hacerme caso. Escribiré, pero los aparejos son “adquisición para siempre”, como diría Tucídides, y memoria histórica y hermosa que nunca llegará a mojarse.

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