"EL REO EN PLURAL Y EL TAMBRE EN SINGULAR"
Por el Doctor Juan José Moralejo

En milimétrica consonancia con la solemne inauguración del curso escolar por las autoridades académicas, procedí yo a la solemnísima clausura del curso en el Tambre, pues por un tiempo lo necesario debe ocuparle el sitio a lo importante y la Ley de Incompatibilidades no me permite dos dedicaciones a tiempo completo. Hasta mayo toca dedicarse a que l@s alumn@s le entren al árido acusativo y al ascético aoristo con el mismo celo voraz, pero mejor provecho digestivo a medio y largo plazo, con que los reos –troitas mariscas o maresas- se engullían el apetitoso rapala o calentaban los peteiros papando moscas.
Aprovechando que no soy jesuíta, me permití llevarle la contraria a San Ignacio e hice mudanza en tiempo de aflicción. ¿Qué tiempo de aflicción? El de empapuzarme de belleza las retinas en uno de los ríos más guais de Galicia, el Eume, pero por cinco veces quedarme a las puertas de los 30 cm que el reo debe medir para acabar entre dos salsas. Y con un ojo lloré por el abandono de tanta belleza, mientras el otro se me alegraba con el Tambre bravío y granítico, ya casi ría. Y en el Tambre me visitó el favor divino y una voz de lo alto me dijo que la mudanza no viene mal de vez en cuando.
Por allá andaban los viejos amigos Miguel Piñeiro y Pepe Casal, expertos en el reo y, sobre todo, amables en el consejo de técnicas y horas, además de facilitarme las moscas a las que ningún reo sensato podría resistirse. Y también Saborido y otros guardas, atentos a hacerme conocer posturas y lances que resultaron de éxito: ¡lance ahí!, pillo uno de casi un kilo y se me pone cara de Caudillo. En tres visitas me pillé cinco reos, tasa que supera en cinco el número de reos a que debe aspirar un servidor. Por eso dije que me visitó el favor divino. Hay Providencia. Todavía somoS alguien, decía mi abuela.
¿Sabían ustedes que una trucha se hace reo si pasa por un proceso que se llama nada menos que “esmoltificación”? La esmoltificación es en los ríos un proceso como la beatificación en Roma para premiar a los que fueron buenos y van al cielo, mientras los regulares no pasan de Melilla. A una trucha con méritos para la esmoltificación/beatificación la hacen reo y le dan un vale para viajar por el Atlántico para asalmonarse y hacerse un hombre y volver al río a comerme el rapala. Pero, por muy bien que se haya portado, el reo nunca alcanzará la canonización porque en el río los santos nacen, no se hacen, y se llaman salmones.
Antes se creía que la esmoltificación era algo así como la recalificación de terrenos que se ve por ahí adelante, pero no por aquí, entre nosotros ¡faltaría más, vade retro!: una trucha del montón, sujeta a ley y reglamento generales en el baremo para ascenso a reo, pero es amiga del alcalde del pozo o tiene unos cuantos colegas de concejales en la corriente y ¡hale hop! ya tenemos reo. Esta tesis está superada porque supondría que Tambre, Eume, Sor, Lambre, etc. son un atiborre de pícaros y trepas.

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