SAR

Juan J. MORALEJO

En el capítulo IX del libro del V del Codex que nos chorizaron se lee algo así como que “entre Sar y Sarela está Compostela”. Cuando mi padre tradujo y anotó a Aimerico Picaud, precisó para foráneos que, tras nacer allá por entre San Marcos y Meixonfrío, el Sar “cruza luego... el poético valle de A Mahía”... Mi padre, además de buen degustador de Rosalía, sabía qué eran, qué seguían siendo, Sar y A Mahía allá por 1950. Por aquellos años, ya forofo neófito un servidor en las artes de la caña y escapado furtivo a bañarme en pelotiñas por las pozas de Sar y Sarela, en el Sar de A Barcia tuve primera noticia de la pesca de truchas con caña corta y cucharilla, pues en mi Cortegada de Miño la etiqueta era caña larga y miñoca. A lo que voy es a que entonces y mucho después el Sar hacia arriba y hacia abajo tenía truchas, reos e incluso algún salmón errático que, despistado del Ulla, podía ir a dar al regato de Bertamiráns. Cuando en marzo y abril de 1983 mi padre combatía su último combate en la UCI del Clínico en Galeras, desde los ventanales veía yo a media docena de troiteiros que no se iban con las manos vacías del Sarela de Santa Isabel en Vista Alegre.
De la poesía de A Mahía y de la alegría de aquella Vista nos queda poco o nada y ¡vaites, vaites! dicen que hace unos días una depuradora –si prefieren, digan depuratriz y que por género no se nos quede la cosa- resulta ser la más presunta culpable, candidata con todas las rifas en la mano de la desfeita que ha espumado, ensuciado, atormentado, escarallado... el río de Rosalía. La máquina destinada a limpiar parece ser, insuficiente o mal gobernada, la que emporcalla todo. Y, si no es una depuradora, ha de ser cualquier otra instancia pública la que, por mal funcionamiento o por ninguno, causa o consiente que se ponga patas arriba la vida natural de un río, capítulo MCMLXXXIV ¡atrévanse a leerlo! de los desastres que padecemos.
No está bien que un escribidor se cite a sí mismo, pero hoy he de hacerlo, pues está esperándolo la peña grata y espesa de amigos en la pasión por los ríos y los campos limpios, sin cerdos ni privados ni públicos: me cito para recordar que todavía hoy y ¿hasta cuando? “más de media Galicia caga de campo”.
Lo del Sar y sus espumas y sus daños es un capítulo sobresaliente de esa media Galicia que desborda trapalladas culturales, montes pomposos, auditorios a mazo... y también desborda la basura que ella produce y tienen que aturarle los demás.

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