¿población o FAUNA PISCÍCOLA?

Juan J. MORALEJO
Pescador conversacionista, o sea,
amigo de la conversación

Ferdinando Cobo Gradín
animali bipedo implvmi
de vita ceterorvm animalivm dissertissimo,
nvgas vagas amicvs ex toto corde dedicat

 

0. En “Estropicio y beneficio”, a mi comentario a la sentencia de noviembre de 2011 sobre la agresión desaprensiva sufrida por el río Xallas en noviembre de 2007, añadí una nota de diccionario en que me hacía eco de unas muy sensatas observaciones de Fernando Cobo sobre el uso del adjetivo piscícola en los textos legales y en el uso general.
En páginas web que me han honrado dando entrada a “Estropicio y beneficio” se mantendrá sin problema alguno, si ellas quieren, esa nota de diccionario que he preferido retirar de miguelpesca.com para hacer una versión más amplia y detallada de ella. Allá vamos.
¿Qué significa piscícola? ¿Qué usos normales y correctos tiene piscícola y qué usos deberían evitarse por incorrectos o, cuando menos, impropios? Y también ¿tiene sentido y eficacia oponerse a esos usos incorrectos o impropios?
La cuestión puede resolverse a la brava, en plan Humpty-Dumpty frente a Alicia (L. Carroll, Through the looking-glass, cap. 6): una palabra significa lo que que a mí peta y punto final. Esta arroutada de Humpty-Dumpty ha ocupado y preocupado a los lingüistas y expertos en comunicación, a los abogados en sus alegatos, a los jueces en sus sentencias, a los lógicos y psicólogos en sus libros y gabinetes, y, por supuesto, a los políticos, de siempre más expertos y veteranos que Humpty-Dumpty en el trile verbal. 

“When I use a word,” Humpty Dumpty said, in rather a scornful tone, “it means just what I choose it to mean—neither more nor less.”
“The question is,” said Alice, “whether you can make words mean so many different things.”
“The question is,” said Humpty Dumpty, “which is to be master -that’s all.”
Es decir:
“Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty en tono más bien despectivo- significa precisamente lo que yo elijo que signifique –ni      más ni menos.”
“La cuestión es –dijo Alicia- si tú puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.”
“La cuestión es -dijo Humpty Dumpty- quién es el que manda –eso es todo.”

Ya no andamos tan a la brava con el latino Horacio, poeta exquisito en su vocabulario, pero con el buen tino de admitir que el uso diario y colectivo es el que manda y, preciso yo, más de una vez desentendido de etimologías, academias, propiedades y elegancias de dicción y alardes de estilo, etc. Horacio,
De Arte Poetica 71-72 “...si volet usus, / quem penes arbitrium est et ius et norma loquendi”, “...si el uso lo quiere; pues en sus manos están el arbitrio, la ley y la norma del habla”.

Nota.- Los tiempos que corren y el poco latín que anda por el aire me obligan a advertir que la traducción “...en sus manos están el arbitrio...” correspondiente a “...quem penes arbitrium est...” no disimula ni oculta nada: el latino “...quem penes arbitrium est...” está muy lejos de significar que el uso tenga el arbitrio en el pene y de ahí le salga, como podría antojársele al lector salaz y procaz.

A fin de cuentas, una buena indigestión de Humpty-Dumpty + Horacio pudiera resultar en que nada es incorrecto, impropio, inelegante... sobre todo para los obligados o interesados en entenderte. Por ejemplo, si oyes que el delantero X está en la vertical del área y no estás al loro del fútbol, te imaginas a X rematando desde un helicóptero; pero, si sabes de qué van el fútbol y la geometría, también sabes dónde está el delantero y sabes lo analfaburro pomposo que es el locutor, que se escurrirá alegando que tú bien entendiste lo que él quiso decir y además el gol fue válido. Otro ejemplo muy de ahora: perderás el tiempo en decirle a la gente “fisna” que enervar no significa ‘poner nervioso, excitar...’, sino todo lo contrario, ‘dejar sin nervio, relajar...’.

1. En fin, aprovechando el aparcamiento de un gripazo, vamos a marear la perdiz de lo piscícola y por verborrea no ha de quedar. Luego el Excmo. Sr. Duque do Sar le dará aire y gusto a su tijera, que para algo es suya la página. En todo caso, a quien llegue al final del asunto se le habrá hecho más corta la espera a que se abra la veda.
De la Ley de Pesca Fluvial de 1992 destaco que:
en su preámbulo se fija el
mantenimiento y estímulo de la riqueza piscícola.
en el art. 1 se fija como objeto
las poblaciones piscícolas y de otros seres vivos
...
en el art. 5 habla de aprovechamientos piscícolas y de la promoción y la gestión de los recursos piscícolas;
en el art. 15 se refiere a
repoblaciones o sueltas de especímenes piscícolas;
en el art. 16 se vuelve a hablar de
las poblaciones piscícolas, etc. etc.
En los textos legales relativos a la desfeita del Xallas destaco:
“...15.000 ejemplares de fauna piscícola, fundamentalmente truchas y bogas...”,
“...
daños a la riqueza piscícola...”,
“...el normal desarrollo de las poblaciones piscícolas...”
Estos son algunos de los usos más frecuentes del adjetivo piscícola que, con base en muy sensatas observaciones etimológicas de Fernando Cobo, quiero comentar haciendo notar a mis lectores que:

2. Habitualmente para terminologías científicas, no para la lengua de todos los días, hemos heredado de la lengua latina la posibilidad de componer palabras con un segundo término –cola que combina los significados de ‘habitar en, vivir en’ y de ‘cultivar, cuidar’: agricola era en latín y sigue siendo hoy a la vez el que vive en el agro y lo cultiva, es decir, es agricultor, hace agricultura.Obviamente, ese término –cola es de la misma raíz y significación que nos ha dado culto, cultura, cultivo, cultivar...Pero no todos los nombres compuestos con –cola pueden simultanear los significados de ‘habitar en, vivir en...’ y ‘cultivar’.
Por ejemplo, terrícola es solamente el que vive en la tierra, opuesto al celícola, que significa el dios que vive en los cielos y también significa el que da culto al cielo y a sus dioses. El cavernícola y el rupícola viven en cavernas y en rocas, pero no las cultivan; la vegetación de ribera (ripa) es ripícola, pero no he visto que ripícola aluda a quien cuida o cultiva riberas.
En cuanto a la creación moderna, no latina, piscícola, empecemos por recordar que el Diccionario de la Real Academia no le reconoce otro uso y significado que el de adjetivo relativo a la piscicultura.
En consecuencia y en propiedad no hay, de momento, otra población o fauna piscícola, otros especímenes piscícolas que los peces que cuida o cultiva el piscicultor en su piscifactoría, en estanques cuyo nombre originario latino era piscina ‘vivero de peces’, nombre bien transparente aunque hoy las piscinas ya no sean para peces
. Esa piscicultura, tanto la comercial como la destinada a la repoblación de ríos y lagos, es gestión piscícola, recurso piscícola, aprovechamiento piscícola y crea riqueza piscícola.
A piscícola, piscicultor, piscicultura no le faltan paralelos cuspidiños, por ejemplo, en avícola, avicultor, avicultura, en agrícola, agricultor, agricultura, en frutícola, fruticultor, fruticultura, etc.
Del repertorio amplio de usos correctos de piscícola es claro el denominador común de que –cola solamente significa ‘cultivar, cuidar’ y no significa ‘habitar en, vivir en’.
En todo caso llamar población, espécimen o fauna piscícola a los peces que de forma natural habitan nuestros mares, lagos y ríos es, además de incorrecto, una tontería de bulto porque no son peces que ‘habitan en’ los peces (¡esto sería más rebuznancia que redundancia!) ni son peces que ‘cuidan de’ los peces o ‘cultivan’ peces. Y con sustituir piscícola por ictícola, que mola algo más porque lo de icti(o)- ‘pez’ es griego, vestimos la mona de seda, pero mona se nos queda.
Los peces de mar, lago y río son población, espécimen o fauna marícola, marítima o marina, limnícola o lacustre y rivícola o fluvial, al igual que hay una vegetación ripícola, ribereña, o de ribera, hay una flora y una fauna rupícola o rupestre, etc. etc.

3. Pero, si nos quejamos de que la Real Academia está rígida de más al restringir el adjetivo piscícola a lo referente a la piscicultura, podemos extendernos a, por ejemplo, decir que nuestras aguas marítimas y continentales son piscícolas a tope porque crían y mantienen peces a esgalla y, por tanto, son de gran riqueza o capacidad piscícola, aunque en este apartado de producir y mantener riqueza natural, no cultivada, mejor sería decir aguas piscíferas o ictióforas, al igual que hablamos de arenas auríferas, tierras cupríferas, etc. ¡y a este paso acabaremos llevando diccionario al río!
Por extensión, diremos ¡y por muchos años! que Galicia tiene una gran riqueza piscícola, es país piscícola, etc. y también es país sujeto a sufrir un desastre piscícola; bueno, más de uno y más de cien porque la capacidad cabritícola de Galicia es inagotable.
También en este apartado llamarle población o fauna piscícola a los peces del río, del lago y del mar, es tontería e impropiedad: el piscícola es en todo caso el río, el lago, el mar, pero no el pez, que bastante tiene para sí con ser ese cabrón que no pica, es decir, con mantenerse en pez y no pasar a pescado.
Dado que el stock natural de bastantes ríos tiene que remendarse, especialmente en cotos intensivos, con repoblaciones piscícolas, es decir, de peces procedentes de piscifactoría y piscicultura, el resultado final puede ser que distingamos entre la trucha fetén ¡que nunca se rebajó a ser población piscícola! y la trucha procedente de una población piscícola, es decir, de piscicultura, piscifactoría. Pero tampoco es cosa de ponerse muy puristas, que no están los tiempos para virguerías.

4. En fin, que andamos siempre un poco cojos de diccionario, buscando parches y, sobre todo, pensando en polisílabos pomposos que den lustre a lo que hacemos. En el léxico de los peces ocurre que desde siempre ha sido mucho más productivo lo relativo a los que dejaron de ser peces y pasaron a ser pescados: aquí tenemos pesca, pescado, pescador, pesquera, pesquería, piscatorio... que no nos sirven para nombrar a los que todavía son peces y que han tenido poco interés como tales y en el diccionario (pecera y poco más).
Como la acuñación de tecnicismos sobre bases griegas y latinas es siempre libre, pero hecha ¡con sentidiño!, podríamos hablar de población, fauna, especímenes píscicos o, más finolis, ícticos, con apoyo en el ya consagrado ictiología. Para cuando son necesarios hay a mano tecnicismos, específicos, por ejemplo, población / riqueza / recursos... de salmónidos, esócidos, ciprínidos, etc., pero en la comunicación científica, técnica, legal, etc. puede bastar y sobrar con un genérico fauna o población fluvial o con ese repinicado fluviofauna, aunque sepamos que en el río hay más fauna que los peces, pues hay ranas, tricópteros, ninfas, culebras, nutrias, guardas, furtivos... porque el río te es pantobiótico.
Y, por supuesto, puede ser más que bastante limitarse a decir salmones, truchas,
reos, lampreas... expresión clara y precisa, que no necesita remiendos “piscícolas”. No hay por qué decirlo todo a golpe de pompas polisílabas o acabaremos llamando atanasias a las especies amparadas por la pesca sin muerte; bueno, atanasias o, más fino todavía, ambrosias.
Hay que ser claros y sobrios, no andarse por las ramas de la pompa necia en que andan, por ejemplo, esos que al simple y veterano mal tiempo lo revisten de climatología adversa, gasto inútil de sílabas que acaba significando que no es el clima el adverso, sino los climatólogos, encargados de predecir e incluso ¡vete tú a saber! prefijar ese clima.

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