DE LOCOS

Por Nino Corral

Escribir algo sobre las características de un pez como el reo es como quitarle punta a un lápiz. Cada uno da su versión y cada uno quita una conclusión que suele ser muy particular. Pero de todo lo que se ha escrito, creo que el análisis final es que es un pez que esta loco.
Pero a esta conclusión solo se llega cuando un pescador loco toma la decisión de andar tras los pasos de un reo y así podemos llegar a decir que la pesca del reo es un tema de locos y seguro que no nos equivocaremos.
De esta manera es como llega esta afirmación a los oídos de muchos pescadores de truchas, es decir pescadores de ríos interiores, y entonces ¿por qué no? se les ocurre la idea de intentar pescar un reo como si de un viaje a lo desconocido se tratase y efectivamente que es así. Pero pobre de aquel que consiga pescar un reo porque entonces nunca podrá resistirse a volver con la intención de repetir el lance.
No nos cabe ninguna duda, a todos los que tenemos esa especie de chifladura que nos va invadiendo a través de los años, que realmente es una locura muy agradable pescar un pez salvaje que viene a los ríos “a lo que viene” con una cara de felicidad tan expresiva
.

Puede ser verdad que la cara de valiente y de felicidad que tiene el reo es porque a nadie le amarga un dulce. Ya que si es la primera vez que el reo viene al río a reproducirse, podemos pensar que todos, en nuestra primera vez, estamos un poco nerviosos e incluso necesitamos un empujoncillo.
 La pesca del reo es un ejercicio casi pasional, incluso llena de incógnitas y de misterios, dado que su comportamiento es poco predecible y cuando se ve pinchado en un anzuelo nunca sabes por donde te va a salir.
Recuerdo, en mis inicios como practicante de la pesca de este pez tan loco, que ya había perdido un montón de tiempo en capturarlo y no sabía si la culpa era mía o que el pez era demasiado listo para mi. Lo que si tenia claro era que muchos pescadores habían dejado de perseguirlo dándolo por imposible y eso me hacía seguir en el intento.
Un día tras otro volviéndome con las manos vacías para casa, hasta que un día por fin pesqué uno y no era precisamente pequeño. Me asombraban sus saltos de los que tanto había oído hablar, sus arrancadas y sus cambios de dirección, lo comprobaba todo, ¡era cierto! Pero lo que de verdad acabo llevándome al éxtasis de la emoción fue que el loco pez acabo pasándome por en medio de las dos piernas, dejándome una cara de tonto tan grande, que aun la conservo hoy.
Puedo decir sin temor a equivocarme que después de todo aquello, y a pesar de todas las esencias y de todas las medicinas, no he encontrado cura para la locura o alucinación que todavía padezco.
 Así que amigos, todo lo que agradablemente me pasa con el reo, espero que os produzca la misma sensación de felicidad y locura cuando lleguéis a atrapar ese primer reo loco, así seremos mas...

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