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Puede ser verdad que la cara de valiente y de felicidad que tiene el reo
es porque a nadie le amarga un dulce. Ya que si es la primera vez
que el reo viene al río a reproducirse, podemos pensar que todos, en
nuestra primera vez, estamos un poco nerviosos e incluso necesitamos
un empujoncillo.
La pesca del reo es un ejercicio casi pasional, incluso llena de
incógnitas y de misterios, dado que su comportamiento es poco
predecible y cuando se ve pinchado en un anzuelo nunca sabes por
donde te va a salir.
Recuerdo, en mis inicios como practicante de la pesca de este pez
tan loco, que ya había perdido un montón de tiempo en capturarlo y
no sabía si la culpa era mía o que el pez era demasiado listo para
mi. Lo que si tenia claro era que muchos pescadores habían dejado de
perseguirlo dándolo por imposible y eso me hacía seguir en el
intento.
Un día tras otro volviéndome con las manos vacías para casa, hasta
que un día por fin pesqué uno y no era precisamente pequeño. Me
asombraban sus saltos de los que tanto había oído hablar, sus
arrancadas y sus cambios de dirección, lo comprobaba todo, ¡era
cierto! Pero lo que de verdad acabo llevándome al éxtasis de la
emoción fue que el loco pez acabo pasándome por en medio de las dos
piernas, dejándome una cara de tonto tan grande, que aun la conservo
hoy.
Puedo decir sin temor a equivocarme que después de todo aquello, y a
pesar de todas las esencias y de todas las medicinas, no he
encontrado cura para la locura o alucinación que todavía padezco.
Así que amigos, todo lo que agradablemente me pasa con el reo,
espero que os produzca la misma sensación de felicidad y locura
cuando lleguéis a atrapar ese primer reo loco, así seremos mas... |