LA LLAMADA DE LA VIDA

Por Paco Redondo, Maestro Artesano

Reflexiones y pensamientos de una trucha común macho en esta época, cuando se dispone a frezar aguas arriba.
Esta historia está dedicada a todos los pescadores y en especial a todos aquellos que comparten conmigo la llamada de este apasionante deporte como es la pesca con mosca y cola de rata.
Además de todos vosotros. Amigos periodistas de todos los medios que me habéis hecho sentir la amistad como no lo había hecho en toda mi vida. Muchas gracias a todos vosotros de todo corazón.
Y también a nuestras mujeres, tanto las que nos acompañan como las ausentes por saber compartir con nosotros de alguna forma nuestra afición que en más de alguna ocasión hace que ellas se olviden de las suyas propias.
Espero volver a compartir con todos vosotros alguna nueva jornada de pesca. Mi casa está abierta y ya sabéis donde vivo.


Recuerdo como en otras ocasiones había visto ya caer en la superficie del agua, esta especie de no sé cómo llamarlo, pero que cuando toca el agua se desvanece, desaparece de mi vista. Es como si al estar en el aire llena de vida evolucionando de acá para allá, perdiera toda su energía transfiriéndosela al agua en el mismo momento de entrar en contacto con ella, desapareciendo para siempre tan fría y tan blanca…
Hoy siento con más fuerza este hormigueo que dentro de mí se deja sentir cada día más impulsivo. Me corroe por dentro. Me siento inquieta y siento la necesidad de moverme. Creo que voy a marcharme de éste lugar.
Vuelvo a mirar de reojo aquel objeto metálico que yace en el fondo de la poza. Ahora no le tengo ningún miedo, pero aquel día…
Voy a acercarme otra vez a orilla seca. Allí, debajo de las largas ramas de los árboles me siento mucho más tranquila. Aquí he pasado muchas horas descansando y alimentándome. Cerca de la superficie puedo ver muy bien todo lo que pasa, incluso fuera del agua y en la otra orilla seca. Además en este lugar, nunca me molestaron los objetos metálicos ni los seres que muchas veces he visto, sobre todo, en la otra orilla seca, y que parecen asociados los unos con los otros, pues siempre que aparece uno, está el otro.
En este momento, hay infinidad de seres transfiriendo su energía al agua. Nunca en otras ocasiones había visto tantos. Siento como si la superficie del agua se estuviese congelando.
Cada vez estoy más nerviosa. Quiero irme de aquí. Tengo que ir hacia delante, necesito encontrar a alguien como yo. Siento la necesidad de tener compañía. Estoy muy solitaria. Ayer vi cómo uno de mis congéneres pasaba cerca de mí. Estuve a punto de seguirle, pero no lo hice.
Vuelvo a la poza. En el centro del río me siento más segura y a lo mejor este sentimiento se me pasa.
No tengo ganas de comer, aunque llevo así varios días, ¿estaré poniéndome enferma?, sin embargo siento mucha fuerza dentro de mí.
De nuevo me acerco a aquel objeto metálico que hay en el fondo. Es como un trofeo que conservo.
Desde aquel día que cayó allí parece no pasar el tiempo por él, sigue conservándose como en el primer instante. Recuerdo la primera vez que lo vi: yo estaba junto con mi hermana en una zona de mucha visibilidad y poca profundidad. Habíamos estado alimentándonos de muchos insectos en la superficie, pero ahora estábamos descansando antes de que cayera la noche y volver a la orilla seca, junto a las ramas para dormir.
Oímos un golpe en el agua cerca de nosotros, las vibraciones se acercaban cada vez más. Vimos el objeto que venía en nuestra dirección pasando a nuestra altura. Nos produjo cierta excitación y salimos detrás de él. Yo nadaba más rápida que mi hermana y lo tenía muy cerca de mi boca, pero no decidí atacarle. Sentía una sensación extraña dentro de mí.
Mi hermana me pasó como una exhalación y vi cómo delante de mí mordía aquel objeto que en este mismo momento dejó de emitir vibraciones, después vi cómo mi hermana se retorcía de dolor, que este objeto le producía en la boca. No dejaba de agitarse y nadar alocadamente en todas direcciones, pero siempre que cedía se acercaba inexorablemente hacia la orilla seca. La acompañé durante un rato hasta que descubrí aquel ser. Vi cómo se acercaba a mi remana. Algo parecido a una maraña de hierbas la rodeó y la elevó, sacándola fuera del agua. Me quedé atónita un momento.
Después emprendí una carrera loca hasta esta poza y aquí permanecí sin moverme durante muchas horas. Esta fue la última vez que vi a mi hermana.
Sigo teniendo ganas de irme, cada vez estoy más incómodo.
Ya no veo cositas blancas revoloteando por encima del agua. Vuelvo a mirar este objeto que yace en el fondo y recuerdo mi propia historia, vivida en compañía.
Después de este objeto metálico, he visto muchos de ellos pasar cerca de mí, pero ya no les hago ningún caso aunque procuro apartarme de su camino si vienen en mi dirección. Hace mucho tiempo que no veo ninguno, ni a los seres que caminan por la orilla seca. Cuando vi éste por primera vez, recordé lo que había pasado con mi hermana y me aparté huyendo de su lado. Aquel objeto insistía en pasar siempre cerca de mi cuerpo. Decidí expulsarlo de mis dominios, ya que estaba poniéndome nerviosa. Pase a su lado paralelo, por delante y por detrás, e incluso llegué a darle algunos golpes con la cabeza.
Fue el último golpe cuando este objeto se agarro a mi lomo con tanta fuerza y que, clavándome sus garras, sentí un intenso dolor. Yo me agitaba bruscamente en todas direcciones tratando de que se soltase de mi costado.
Todo parecía inútil y este objeto tiraba con más fuerza hacia la orilla seca. Una de las veces que pasé cerca, descubrí a uno de los seres que caminan por ella y fue tal el temor que me invadió, que tuve fuerzas para nadar todo lo mas rápido que pude hasta el tronco con ramas que había visto cerca de la orilla. Allí me metí y raspé mi lomo contra sus ramas tratando de desprenderme de aquel objeto. Por un momento, sentí que ya me había abandonado y nadé rápidamente hasta la poza del centro del río. Allí pegado al fondo, pasé muchas horas sin moverme.
Me dolía mucho el lomo, porque el objeto metálico me había hecho mucho daño. ¡No volvería a acercarme a uno de ellos nunca más!
Por la mañana descubrí que aquel objeto seguía en mi lomo. Ya no se movía ni tiraba de mí ni me producía tanto dolor, pero tenía muchas molestias y me sacudía para que se desprendiera. Lo tuve durante varios días hasta que en unas sacudidas cayó de mi costado y desde entonces yace inerte en el sitio donde aún está. Me he acercado muchas veces, pero son los que se mueven los que me dan miedo.
Ahora siento con más fuerza la necesidad de salir de aquí. Tengo que encontrar a los míos y siento que todos están aguas arriba.
Tengo la sensación que dentro de mi cuerpo hay algo que se está formando, ¿será por eso por lo que no tengo ganas de comer?
Tengo que irme. No voy a parar hasta que encuentre el camino que me lleve al lado de donde están los míos.
Echo una última mirada aquel objeto metálico y nado con todas mis fuerzas hacia delante en busca de mi destino.
Ahora las aguas son bajas y alegres. Descubro muy cerca de la orilla alguna de mis congéneres y siento la necesidad de acercarme a ellos. Siento que algunas están molestas por mi presencia. A mí me ocurre lo mismo, por lo que trato de expulsar de mi lado a dos de ellos, ya que siento que para mí son competidores. Me ha sido bastante fácil, porque yo soy mucho mayor que ellos, casi el doble. Así continuaré por el momento siendo el dueño del territorio y no dejaré que nadie se acerque y me lo robe. ¿Por qué lo hago? Una hembra se acerca a mi lado y no me ha molestado, se parece mucho a mi hermana. No sé lo que habrá pasado con ella y la recuerdo con tristeza.
Ahora tengo otra amiga y estoy muy cerca de su costado. Estaríamos prácticamente pegadas si no fuese porque ella da tremendos coletazos como si quisiera quitarle la vida a esas piedras del fondo.
Observo como se acerca hacia nosotros una trucha macho, pero mi mayor tamaño y fuerza le disuaden inmediatamente de su propósito y, tras una pequeña carrera en pos de él, vuelvo al lado de mi compañera que continúa imperturbable su labor.
Ha construido una pequeña cavidad entre las piedras y cascajos del fondo de las aguas bajas y cristalinas, donde se respira tan bien que dan ganas de quedarse toda la vida. Mi compañera sufre unas extrañas contracciones. Observo el caer de un montón de huevos al fondo de la cavidad que antes había construido. Yo, pegado a su costado, siento cómo se me escapa la vida, cubriendo con un manto blanco los huevos y ella después los termina tapando con piedrecillas. Luego me dejo arrastrar río abajo y tengo la sensación de que todo este camino no es otro que el que nos lleva a la perpetuación de la especie.
Volveré al lugar de donde vine, y, allí con mi experiencia y la confianza que me da el lugar que conozco, podré disfrutar de paz y tranquilidad. Me esconderé de esos seres que caminan por la orilla. Ahora... tengo hambre.

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