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Lamentablemente cada día que amanece el número de gilipollas crece. Es
una pena, porque los de mi generación vienen presumiendo de la más
preparada de todos los tiempos y no sé de que otras tonterías pero, va a
ser que no. No hacemos caso a los filósofos que en el mundo han sido y
así nos va.
El pescador es un lobo para el pescador.
No sé si por el afán de pescar más que el de al lado, por llevar más
carne a la tribu, pero el fin último, el que justifica todos los
maquiavélicos medios, es el de conseguir más capturas, con o sin muerte,
con o sin suerte… Pescar más. Y si pescamos más nos callamos como...
El del Club Memuera es colega del del Club Nomemuera hasta que, amigo,
le tocan su río. Porque en este país el espíritu ribereño llega a veces
a ser más poderoso que el Espíritu Santo, y la propiedad del terruño es
algo tan genético como el Miudiño. Lo entiendo, pero cuando hay que
pedir auxilio ¿a quién vas a llamar?
En la pesca, como en todo, nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.
Si los parches que van poniendo nos tapan el agujero, el nuestro, ojo,
no el del vecino, tragamos como…
Esta es la cruda realidad de lo que son los pescadores. Cada uno a lo
suyo y el Miño a lo de todos.
Te lo voy a poner fácil. Hace poco mataron un río. En ese río soltaron
truchas como pepinos. El río ha sufrido y sufrirá, pero no hay permisos
para pescar los pepinos que soltaron. El peligro sigue existiendo, pero
mientras los pepinos siguen saliendo y volviendo (o no) al río, nadie se
acuerda del Xallas. Por mucho que Salmo lo diga en cada reunión… Sólo es
Salmo. Está olvidado como un político dijo en una ocasión “dos días en
los medios y adiós”. Así fue.
Con el Eume, lo mismo, porque se acuerdan los del Eume. Con el Ulla,
idem de lienzo. La desunión es tal que no hay forma de hacer una causa
común por mucho que se intente (y pueden creerme que se ha intentado).
Es sólo un ejemplo, el de desastres ecológicos, pero ocurre igual en los
comités que deciden sobre la pesca, en las entidades que dirigen la
competición, en la administración propiamente dicha. Tal desunión
beneficia al que está en la cima, y no se han parado a pensar muchos de
los que cogen la caña todos los domingos que, a lo peor, le interesa a
alguien… Lo del Salmo, es un ejemplo como otro cualquiera. Su batalla
sigue, pero siguen solos.
Y así ocurre en este aislamiento. De pescador a pescador, de pandilla a
pandilla de pescadores. De club a club. Hay muchísimo en común pero ni
puñeteras ganas de ponerlo a funcionar. ¿Dónde está la fuerza de 80.000
cañas? Fácil, en A Grela, factorías de Hijos de Rivera. Estrella
Galicia. Agua de La Coruña.
Yo también soy socio de un club. El Club de Pesca Vilagudín y, por
dedicarme a intentar no ser tan egoísta y poner mi grano de arena en un
todo global, la verdad es que lo tengo un poco descuidado. Lo formamos,
en su mayoría, periodistas, pero hay más “calañas” que la nuestra y
todos somos muy bien avenidos. Nuestro lema es “para vivir así no vale
la pena morir”, y hay que emplearlo tras una pescata espectacular, una
buena comida y con el vaso de bebida que te guste, en la mano, con el
pecho “enchido” de satisfacción. El lema es un legado de nuestro gurú
particular. Imagínense si la gozamos las pocas veces que podemos
reunirnos y, a fe, serán más.
La duda que me asalta es: ¿Hago como vosotros y me dedico a pescar con
mis amigos del club y a los demás que les den? Ya sabéis quienes sois y
ya me entendéis.
Me lo estoy pensando.
A ver qué me dice mi conciencia. Pero mi conciencia quiere mucho a mis
amigos.
A ellos Feliz Año, aos outros que teñades unha boa entrada no ano.
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