VIAJE A IRLANDA 2011

Por José Antonio Vinuesa Teba

Pocas veces tiene uno la oportunidad de conseguir pescar cuatro días en uno de nuestros anhelados destinos, más aún si lo que queremos es pescar en tramos acotados de prestigio y no digamos si la especie a la que nos vamos a dedicar es el salmón.
Con la enorme demanda que existe en nuestros días para conseguir los ansiados permisos y la poca oferta existente, aparte de los innumerables atrancos con los que nos agasaja la administración para adquirirlos, se nos hace bastante complicado organizar fechas y viajes para conseguirlo.
En el mejor de los casos podríamos conseguir un par de permisos en días consecutivos si tenemos un buen número en el sorteo pertinente de cada comunidad, lo que significa que, si por ejemplo, quisiéramos pescar salmón tres o cuatro días en Asturias, lo más probable es que necesitáramos desplazarnos al menos en dos ocasiones, con lo que el desembolso económico se hace bastante importante.
Esta ha sido, al menos para mí, la circunstancia que me ha llevado en los últimos años a decidirme a realizar un viaje a tierras foráneas donde poder pasar unos días de pesca en un maravilloso entorno, en medio de una naturaleza de ambiente campestre y familiar, donde poder ejercitar mis conocimientos y practicar la pesca del salmón.
Pero si además tenemos la certeza de que las posibilidades de capturas son mayores, debido al número de entradas que presentan los ríos, y el nivel de capturas que ofrecen, la cosa se empieza a poner más emocionante; no digamos, si además estas capturas son a mosca.
Hace unos años los avatares del destino me hizo conocer a George Chang, quien dirige Pescatravel, una empresa que se dedica a ofertar paquetes de pesca en multitud de destinos en todo el mundo y para todos los gustos.

En Pescatravel puedes encontrar bloques de ofertas fijas o hacer un pax a tu medida, por lo que las posibilidades aumentan de manera progresiva según la capacidad económica, la disponibilidad de días, los trayectos, los alojamientos, los traslados, el tipo de manutención y el tipo de pesca que quieras realizar.
En mi caso me gustaba la idea de ir a pescar salmón a mosca y de mejorar mi técnica y mis capturas, que al fin y a la postre es lo que busca el pescador deportivo, cuantas más capturas mejor, y disfrutar de ese entorno donde poder ver salmones a mogollón, lo cual anima mucho más, que duda cabe.
El amigo George me ofreció la posibilidad de ir a pescar a la pesquería de Glenmore Rivers, en Donegal (Irlanda), donde podría pescar en los ríos Finn (Irlanda) y Mourne (Irlanda del Norte).

Ambos, al juntarse, forman la cuenca del Foyle, que desemboca en Derry (Irlanda del Norte). Sólo el Finn tiene contabilizadas unas entradas de más de 10.000 salmones anuales, y en lo que llevamos de temporada hasta el mes de junio, se han capturado más de 400 salmones, ¡exclusivamente a mosca!, en los límites de esta pesquería. La temporada de pesca en este río comienza en marzo y termina a mediados de septiembre y tanto este año como el anterior las capturas han sido sin muerte, pero se están planteando volver a dejar capturar salmones con muerte por las excelentes cifras de peces que presenta el río en estos momentos.
Estos ríos dependen muchísimo de una cierta pluviosidad que les haga mantener un caudal suficiente para la práctica de la pesca, así a principios de temporada y con mayor caudal suelen entrar salmones muy grandes y conforme va acercándose el verano van llegando salmones más pequeños, pero os aseguro que jamás he visto unos ríos con tan poca agua capaces de albergar tantos peces en las peores circunstancias, os puedo asegurar que he capturado salmones en una película de agua muy pequeña y esto me hizo romper la creencia de que necesitaría un caudal bastante mayor para pescar con éxito.

Normalmente el nivel de pluviosidad se mantiene bastante constante a lo largo de todo el año, ya que el clima que posee Irlanda favorece las precipitaciones, por lo que aunque se viaje en verano se hace indispensable llevar consigo alguna prenda socorrida para evitar una buena mojadura.
Una de las cosas que más sorprende a los neófitos en Irlanda es el color de las aguas de los ríos. Cuando se mira por primera vez un río Irlandés y vemos el color de té o Whisky que tienen las aguas podemos pensar que está contaminado, nada más lejos de la realidad, pues sus aguas, aunque coloreadas, están perfectamente limpias y albergan una cantidad enorme de vida. Lo que sí que cuesta es ver los peces, porque os aseguro que hay truchas a montes pero no se ve ni una hasta que ves la cebada al mosquito o perseguir una cucharilla en el último momento. No digamos lo difícil que resulta ver en postura a un salmón o un reo, es prácticamente misión imposible, porque a 30 cm de profundidad la mayoría de las veces no hay visibilidad.

Otra de las cosas que llaman la atención son los accesos entre fincas, los pasos para los pescadores, pues debido a la gran cantidad de pastos para el ganado y granjas, tanto de ganado vacuno como de ovino, nos encontramos con muchas alambradas a todo lo largo de los cauces, pero no suponen ningún obstáculo para el pescador, porque existen unos pasos escalonados para salvar las alambradas, lo cual permite la libre circulación de los pescadores y la salvación de nuestros mejores vadeadores y equipos de pesca.
NUESTRO VIAJE.
Partimos de Santiago de Compostela, Vicente, Guzmán, que venía desde Oviedo, Porto y yo, el día 2 de julio en vuelo directo a Dublín, donde estrenamos la nueva terminal del aeropuerto, muy moderna y funcional. Allí recogimos nuestros equipajes, y tras encontrarnos con el amigo George, que venía en el vuelo de Madrid, fuimos recogidos por una empresa de transporte de Ballibofey, la localidad más cercana a nuestro lodge. El traslado es una opción que se puede coger o no en el pax, si lo preferís podéis optar por alquilar un coche, y si os atrevéis a conducir por la izquierda, pero a mí particularmente me da un poco de yu-yu.
El traslado dura unas tres horas y da tiempo para contarnos nuestras batallitas y expectativas pues, las capturas de los días precedentes y las últimas lluvias caídas, según las informaciones de que disponíamos auguraban nuestro éxito.

Al llegar al lodge, reparto de habitaciones, dejamos el material de pesca en la caseta al efecto y nos dispusimos a tomar nuestra primera cena, preparada por nuestra conocida chef Karmelle, una profesional de la cocina que estuvo trabajando en hoteles de lujo internacionales, que no nos hace envidiar a los mejores cocineros de nuestro país, con permiso de estos. Habrá mucha gente que piense que en Irlanda se come mal, pero si la que cocina es nuestra amiga Karmelle os aseguro que vendréis con un par de kilos de más. Nosotros siempre viajamos con la opción de pensión completa pero podéis optar a cocinar vosotros mismos o a comer por vuestra cuenta, el único inconveniente es que Ballibofey se encuentra a unos 8 ó 10 km. del lodge, por lo que se hace imprescindible el uso del automóvil para desplazarse. Una vez en Ballibofey, la variedad de restaurantes y bocaterías, así como de pubs y bares es bastante grande por lo que no hay problemas para comer y tomar algún refrigerio.
PRIMERA JORNADA.
Madrugamos mucho el primer día, 3 de julio, a las cinco de la mañana ya hay luz, y después de un corto desayuno fuimos a pescar al río Finn, donde nos advierten que las posibles capturas de salmónidos serán todas sin muerte, usando moscas con un solo anzuelo, sin arponcillo, ya que tanto en 2010 como en 2011 se decidió que en la cuenca del Finn se tenía que recuperar el nivel de salmones de años anteriores y esta era la mejor opción.

Para la temporada 2012 se está pensando en volver a permitir la pesca con muerte, porque la entrada de salmones este año ha sido brutal comparada con la del año 2010. Como dije anteriormente, se habían capturado hasta el mes de junio más de 400 salmones a mosca exclusivamente, en los límites de esta pesquería, y aún quedan por contabilizar los meses de julio, agosto y septiembre.
La mañana se presentó soleada aunque con intervalos nubosos que aportaron algo de lluvia sin que fuese muy molesta; esta suele ser la tónica general en Irlanda, llueve un poco en verano y para enseguida, en esta época del año no suele ser muy molesta pero hay que ser precavidos y llevar algo que nos pueda proteger.
Nuestros guías, Simeon Hay (Sim para los amigos), guarda del coto al mismo tiempo, y Jeremy, afamado pescador de la zona, nos reparten por el río, de manera que ninguno interfiera en la labor de los otros. Después de unas horas sin demasiada suerte volvemos al lodge para tomar un refrigerio y volver a pescar en otros tramos. A Guzmán, se le suelta un ejemplar que rondaría los 5 kg después de una buena pelea de más de 5 minutos, lo cual, al correr la voz, nos pone las pilas a todos y como si de una inyección de adrenalina se tratara nos pega un subidón y cantamos aquello de ¡Señores, hay salmón en el río!Comenzamos a ver bañarse los salmones y Jeremy se ofrece a llevarme a un pozo donde me advierte de la dificultad de pescarlo, aunque también, de que la posibilidad de prender alguno es mayor. Ante tal ofrecimiento me dispuse a intentarlo y nada más llegar ya veo bañarse dos salmones. Muy despacio voy pasando la mosca por el pozo, en esta ocasión una muy pequeña, una Cascade, con un solo anzuelo y sin muerte, comenzando en el rabión del cabecero, y al cabo de un rato, casi terminando el pozo, ya siento la picada y como me arrastra la mosca, y casi sin esperar clavo el salmón y comienza la lucha. Era un grilse muy peleón y saltarín, por lo que tenía miedo de que se soltara en cualquier momento; por la forma de comportarse parecía más un reo que un salmón, pues sus saltos durante más de un minuto no cesaban, y aunque pequeño se hizo difícil de controlar y doblegar. No hizo falta sacadera por encontrarme en una zona bastante fácil, muy llana, con lo que arrastrando la pieza la saqué fuera del agua con suma facilidad. Así que las fotos de rigor y al agua rápidamente para no dañar lo más mínimo al pez. No se podía empezar mejor, una picada y un salmón, aunque fuese pequeño, un salmón es un salmón y si está pescado a mosca mucho mejor.

Después de comer, Porto estuvo haciendo una demostración de montaje de moscas de salmón y nos fuimos a descansar un rato en las horas centrales del día. Volvimos a pescar por la tarde hasta la noche pero no hubo más capturas aunque sí vimos bañarse bastantes salmones.
SEGUNDA JORNADA.
El día 4 de julio nos llevaron a pescar al río Moy.

Conocimos a uno de lo guías y guardas más afamados del río, Robert, quién nos dio un curso intensivo de spey cast, ¡impresionante!, para, a continuación, pescar un tramo del río, ancho y espacioso con una clara vena central donde hacer trabajar nuestra mosca con suma facilidad y donde vimos bañarse pocos salmones, por lo que, tras la comida del mediodía nos trasladamos a otro tramo donde sí vimos bañarse bastante salmones, de hecho, a mí se me bañaron ¡a mis pies! tres salmones, uno de ellos me saltó por encima de mi caña, cuando la tenía pegada al río, en acción de pesca, como si de un salto de altura de atletismo se tratara, me quedé de piedra y con una sensación de estar siendo vacilado por los salmones, increíble pero cierto. Como me dí cuenta al momento de que tenía posibilidades ciertas de recibir una picada en cualquier momento, porque parecía que había muchos salmones recién entrados, seguí pescando sin prisas pero sin pausa, y así al cabo de un par de minutos sentí la picada y sin perder los nervios dejé que arrastrara la mosca y poco a poco fui templando la caña y al fin clavé. La lucha fue muy bonita. Saltos, carreras y cambios de dirección continuos, donde no tuve tregua hasta que entró en la sacadera. Fue un grilse de poco más de 2 kg pero muy fresco y muy vigoroso, que entró muy bien a la mosca y se portó como un campeón.

La mosca usada en esta ocasión fue una shrimp, no recuerdo el nombre, pero se trata de una imitación típica de camarón, en colores rojos amarillos y marrones, en anzuelo doble, en un tamaño intermedio.
También Vicente tuvo fortuna y consiguió capturar un ejemplar similar al mío, a cucharilla, y que a la postre fueron los que se consiguieron en este mítico río. Y siguiendo con mi buena racha en lo personal, dos picadas, dos salmones.
TERCERA JORNADA.
Llegamos al ecuador de nuestro viaje y el día 5 de julio volvimos a pescar el Finn, para lo cual tocó de nuevo el madrugón padre con la esperanza de clavar algún salmón que se moviera con las primeras luces del día.
Guzmán y yo comenzamos a pescar la zona que se encuentra justo debajo del Santuario.

Es un tramo que presenta las cascadas más bonitas de este río con pozos muy profundos que os aseguro que conservan tal cantidad de salmones, que te puedes sentar en las piedras y ponerte a contar los salmones que se bañan y estar todo el día contando salmones sin aburrirte.
La mañana comenzó muy lluviosa pero enseguida se abrió un poco y aunque no cesó la nubosidad si lo hizo la lluvia que nos dio un pequeño respiro que aprovechamos para ir moviéndonos por el río.
Llegué a un pequeño pozo con dos venas de agua.

La primera de ellas muy enérgica y con un espumero al comienzo del pozo que invitaba a realizar un lance por si hubiera un salmón debajo del mismo. Le pasé la mosca a conciencia pero infructuosamente; el segundo rabión no presentaba espumero y tenía una corriente más lenta y un pelín más profunda, que me hizo pensar que aunque no fuese tan llamativa como la anterior quizás guardase alguna sorpresa. Así que, como me encontraba situado un poco por debajo del comienzo del pozo, realicé un lance hacia arriba para ir arrastrando el tubo que acababa de colocar y que al ser un poco más pesado que la mosca que había utilizado anteriormente me bajaría hacia el fondo más rápidamente, lo que me permitiría sondear la corriente lenta con más rapidez, al fin y al cabo no me decía gran cosa y no esperaba mucho de esa corriente, pero el lance fue muy bueno y coloqué el tubo justo en la caída del agua y para cuando fui a tensar la línea para comenzar a hacer trabajar el tubo como un streamer, cual no sería mi sorpresa cuando se arqueó la caña y comenzó a dar sacudidas; el salmón ya había tomado el tubo nada más caer y al tensar la línea ya estaba clavado, por lo que de nuevo una lucha corta pero intensa para salvar algún obstáculo y como me encontraba sólo en ese momento no me quedó otro remedio que ir saltando de piedra en piedra hasta llegar a un lugar apropiado para poder sacar fuera del agua mi pieza, sacarle las fotos de rigor y volver a soltar a mi tercer salmón, que fue el más pequeño de todos pero que también, al igual que el primero, fue un saltarín que dio bastante guerra.

No me lo podía creer, tres picadas, tres salmones a mosca, uno cada día; para mí que no suelo tener este tipo de alegrías con tanta regularidad me pareció fantástico y ya comenzaba a ver el viaje de otra forma, pues me dí cuenta que aunque el pescador de salmón suele tener ciertas pautas de comportamiento en el acecho y la forma de pescar a mosca, en esta ocasión pude comprobar que el salmón te puede tomar la mosca de muchas otras maneras que no son las habituales y que depende de múltiples factores, ya sea por la profundidad del agua, por el tamaño de la mosca o por lo cómodo que se encuentre en la postura.
Después de otra parada para almorzar y algún que otro chaparrón a Guzmán se le va un salmón a mosca, de unos 5 kg, con la caña de una mano, en el pozo de debajo del Santuario, después de haber estado peleando con el cerca de un cuarto de hora. Cansado de meterle moscas pequeñas a un salmonaco, que no hacía más que rechazarle todas las que le pasaban por delante, decidió meterle una mosca grande y en el primer intento se la tomó como un poseso y le pegó una arrancada tal que le sacó toda la cola y parte del backing, por lo que las pasó canutas para llevarlo de nuevo a donde estaba, hasta que la desdicha hizo que se le soltara. Mala suerte, pero una gran satisfacción porque fue el único en el grupo que tuvo dos salmones enganchados de bastante tamaño para lo que suele ser habitual en estas fechas.
Mientras, yo volvía a pescar el pozo The Keys.

Aquí había pescado el primer salmón y volvía a tener otra picada, aunque, en esta ocasión el salmón dio un par de saltos fuera del agua que fueron suficientes para soltarse de la mosca. No me podía quejar, a otros no les iba tan bien como a mí, de hecho, Sim, nuestro amigo el guía, ya me ponía mote y me llamaba José Antonio “tres peces” Vinuesa.
Por la tarde, George y Porto se entretenían en el pozo de debajo de la casa, donde al primero se le iba un salmón y al segundo le sonrió la fortuna al prender su primer salmón del Finn. Después nos contaba George que antes de que Porto tuviera la picada lo movió con un tubo grande, llamado Sunrise, de colores negro y amarillo, haciéndolo riscar en la superficie en el cabecero del pozo, y acto seguido Porto le pasó una mosca más pequeña que la tomó bastante bien, dándole la oportunidad de estrenar su casillero particular. Es por este y otros motivos que el pescador de salmón debe abandonar la creencia de que la mosca hay que pasarla de una manera ortodoxa y practicar otros métodos para incitar la picada del salmón más reacio, una veces cambiando el tamaño o el color de la mosca, otras rayando el agua con la mosca, otras lanzando aguas arribas, otras haciendo trabajar la mosca como si se tratara de un streamer, en fin, buscando siempre una alternativa a la pasividad del pez.
Esa tarde pedí que me dejaran en el pozo donde cogí mi primer salmón y fui pescando río abajo, yo sólo sin guía, todos los pozos que encontraba hasta que me cansé. Recorrí unos 4 km andando y pescando, hasta llegar al lodge, pero aún así disfruté como un cosaco porque es una gozada ir pescando pozo tras pozo sin encontrar un alma, eso sí, me cayó una manta de agua impresionante porque estuvo lloviendo casi toda la tarde y parte de la noche.
CUARTA JORNADA.
Llegamos al día más esperado, para mí al menos, porque este 6 de julio nos tocaba pescar en el río Mourne, en Irlanda del Norte, a unos 35 minutos del lodge, en un tramo cuya concesión pertenece a un Lord inglés, primo de la reina de Inglaterra, Isabel II.
Es uno de mis lugares favoritos porque años atrás cogí mi primer salmón a mosca aquí, aunque en aquella ocasión fue en un tramo un poco más arriba de donde pescaríamos este día. En aquella ocasión nos tocó pescar en un tramo de cerca de 500 metros, por la orilla izquierda, y digo esto, porque por la orilla derecha era otra concesión. Valga la siguiente anécdota: en nuestra orilla se habían capturado el año anterior más de 350 salmones, exclusivamente a mosca, en un tramo de 500 metros, donde no se contaban los salmones que se pescaron por la orilla derecha al tratarse de otra concesión, ni se contaban los salmones capturados a cucharilla o con pez artificial. En aquella mañana conté 52 salmones bañarse. ¿Alguien me puede decir si conoce algún tramo de río de 500 metros donde se capturen en una sola orilla más de 350 salmones atlánticos por temporada, exclusivamente a mosca? Para mí sin palabras.

Llegamos a una granja donde nos esperaban los guías Jerry y Sydney, el primero es un afamado pescador de la zona que al comienzo de la temporada consiguió pescar el primer salmón del año y como es costumbre en la zona acudió a todos los puntos de reunión de pescadores para comunicarlo, ya que al primer salmón de la temporada se le pone el nombre del pescador, y así al “campanu” del Mourne se le llama este año Jerry y las gentes del lugar comentan que se ha pescado el Jerry de la temporada.
Sydney es el guarda y guía de este tramo del Mourne y ya lo conocíamos de nuestro primer viaje a Irlanda años atrás. Se trata de un tipo extremadamente serio y riguroso, pero no duden en que al más mínimo problema tratará de echaros un cable, normalmente la gente en Irlanda es muy amable, muy simpática y muy paciente con los foráneos.
Nada más pisar el río me doy cuenta de que está bajando el nivel del agua cosa que nos podía favorecer, de hecho las piedras denotaban un bajada de entre 5 y 6 cm. lo que me hacía suponer que podría seguir mejorando y aunque estaba en un estado formidable con el paso de las horas aún se pondría mejor.
Sin embargo las lluvias de la noche anterior, muy fuertes, y el chaparrón que nos cayó al mediodía hicieron subir por momentos el nivel y cuando marchamos a la tarde había subido medio metro. Esto hizo que las posibilidades de picada se redujeran notablemente y aunque vimos bañarse bastantes salmones, estos no estaban por la labor de tomar ninguna mosca ni nada que se cruzase por sus narices. Mejor nos hubiera ido si nos hubiésemos dedicado a pescar truchas, pues al sentirse seguras comían insectos a nuestros pies como si le diésemos de comer a las gallinas, era todo un espectáculo ver sus cebadas a nuestro lado.
Así pues, yo me dediqué a perfeccionar mis lances de spey y a la espera de que me tomara la mosca algún salmón me dediqué estoicamente a disfrutar del placer de cada lance en uno de los mejores tramos salmoneros que conozco y con la esperanza de otro exitoso día fueron pasando las horas hasta que al final nos tuvimos que rendir a la evidencia y resignarnos con disfrutar del bucólico paisaje.

Mientras regresábamos al lodge, tras despedirnos de Sydney y de Jerry, íbamos comentando cómo a todos les encantó este río, los salmones que vimos moverse y la espectacularidad de los pozos de este tramo, compuesto en su mayor parte de tablas largas y uniformes, alternando con algunas zonas muy irregulares y a veces profundas, donde se hace muy necesario el uso de bastones, río ancho y con unas posibilidades que te invitan a pescar, muy concentrado en que en cualquier momento vas a recibir la visita de nuestro colegas los salmones.
Al regreso, parada obligada en el hotel Jackson, en Ballibofey, para admirar y disfrutar de su típico bar y tomarnos una cerveza con la que brindar por el éxito de este viaje.
Tras la reparadora cena y la despedida de Karmelle, nuestra excelente chef, nos disponemos a preparar las maletas para regresar a casa, después de coincidir en que volveremos el año próximo con energías renovadas.

PUNTO FINAL
El día de regreso y tras las sentidas despedidas de nuestro amigo Sim y la foto de grupo en la puerta de la casa, comenzamos nuestro retorno camino del aeropuerto, en el que se reflejan en nuestras caras los síntomas del cansancio acumulado por cuatro jornadas de pesca, madrugones, comilonas y mucha cerveza, que por otro lado han servido para reafirmar nuestra amistad, y compartir agradables sensaciones, bucólicos paisajes, mirar salmones en cantidad y disfrutar de las innumerables anécdotas que cuatro días de pesca tan intensos te pueden deparar.
Desde estas últimas líneas os quisiera invitar a “degustar” un viaje como éste, porque seguro que lo pasaréis genial, y como la oferta varía en función de los días de pesca elegidos, de los ríos a pescar, de los guías, de los traslados, de la comida, etc., seguro que encontráis un pax que se ajuste a vuestra economía.
Para que os sirva de referencia, mi viaje me salió por 1.400 €, en los que se incluye el pasaje de avión ida y vuelta (Santiago-Dublín-Santiago), los traslados del aeropuerto a Glenmore y regreso, pensión completa con cocinera profesional, habitación individual, licencias, permisos, guías, asesoramiento, clases de lance y seguro de viaje, y siempre en un entorno familiar en el lodge. No están incluidas las propinas, que aquí son obligadas.
Os puedo asegurar, amigos pescadores, que si tengo que ir a pescar cuatro días a Asturias me gasto lo mismo si no más, me lo dice mi experiencia, y si no me creéis echad cuentas y ya me contaréis.
Para hacer este viaje podéis poneros en contacto con George Luis Chang, de Pescatravel, y consultar la página www.pescatravel.com, donde además de este destino podréis encontrar otros muchos, que a lo mejor también son de vuestro agrado.
Un saludo y buena pesca.