Para pescar, caña. Para poder pescar… ¡Cañita!
Por Xaquín L. Muiños, Maestro artesano

Una gran trucha tentada por una minúscula mosca ahogada, me regala con sus nobles y potentes envestidas, un gran comienzo de temporada en el Ulla. Según se mire, claro, pues al día siguiente de los 1.525 gramos de trucha, delante de mis narices, por decir algo, pues ocurría en la otra orilla, la salmonada camino de Ximonde se cebaba con estruendo y burlescas  semicabriolas. No fueron plato de gusto de tan nobles plateados, las pequeñas moscas trucheras que en bandeja plateada también, como no, puse delante mismo de cada uno de los "lombos" que me habían subido los colores hasta el punto de preguntarme un pescantín que por allí deambulaba, si venía de muy lejos caminando en mis humildes intentos en cuanto a captura de pintonas se refiere. Hube de contestar, viendo un rabo al otro lado por el rabillo del ojo, valga la redundancia, que efectivamente, era mi sonrojado rostro consecuencia de tan larga caminata.
Al día siguiente, mi enfado con la asquerosa política del Padre Ulla, como pez “aposturado”, hizo un pequeño descanso en las aguas del corazón, y me condujo al coto o "semicoto" de Ximonde. In situ, pude comprobar que mis amigos los “salar” ya habían llegado, y de nuevo con los colores en las nubes, pude contemplar como un salmón de los que pasan de siete kilos, trataba de librarse de una cucharilla de esas grandes atada a un hilo de esos gordos, mientras otro, vivo todavía, se debatía a la sombra de los vetustos “carballos” de corriente Reboredo.
Cojo el sendero hacia la presa y compruebo que han hecho caso a uno de los puntos del amplio listado de demandas de pescadores del Ulla que se confeccionó el pasado año. Han movido la señal de la “semipostura salmonera” conocida como “cuartel general”, lo malo del asunto, es que lo han hecho al revés, la han movido hacia abajo. Antes había media varada de cebo, ahora ya no hay varada.
Me siento bajo un árbol conocido a fumar un cigarro, aquí fumar sí se puede, es curioso y a la vez necesario, ya que por los pagos que nos ocupan y entretienen, suele haber cabreos y trifulcas, y prohibir también el tabaco es poco aconsejable para terceras personas, pues es sabido que la nicotina, aunque es ruin para los pulmones… relaja. Mirando hacia la presa busco el sexo de los ángeles, intento comprender, racionalizar… ¿Por qué pagamos, o lo que es lo mismo, por qué nos cobran un recargo de salmón en las licencias de pesca, si no existen aguas libres para ejercer el derecho que dicho recargo confiere al “gilipollas”?, queda claro que quiero decir al pescador, el que no esté de acuerdo con el apelativo, que me pegue, como pescador del Ulla que soy, pondré la otra mejilla.
Mañana me iré al Eo, a tirar en aguas libres, pues las libres de mi río, llevan tiempo encarceladas, y a la postre, fomentando el furtivismo, pues bien sabe Dios que mis pequeñísimas moscas de trucha, llevaban consigo bien malas intenciones. Menos mal que mis cañas y mis moscas son mudas y menos mal que la ética es como los culos,  que cada uno tiene la suya, vamos…
En breve, me entregaré a mis amados reos, con mi viejo sombrero y mis polarizadas mágicas, de nuevo perseguidor perseguido, pues El Señor nos aparte de un reloj mal de pilas que atrase un cochino minuto, de caer en la tentación de madrugar de más o de acudir a la visita matinal oliendo a cualquier “ballantines”. Caros salen los minutos en el Ulla si la suerte no acompaña y te cae el inquisidor aliento en la nuca. Decía un buen amigo, que la ignorancia en si no es mala, lo malo es tenerla como bandera. “Cosas veredes que faran fablar las piedras”, decía otro buen amigo al que no conocí. En resumen, que te pueden inflar los mismísimos “borroloes” si no andas listo, y por otro lado, el lado que atañe a la silenciosa conciencia, si te tomas demasiado en serio el trabajo de los “ilustrados” que manejan el cotarro en el río Ulla. Menos mal que mi linterna no alumbra, y mi sombrero, contagiado por las cañas, se ha quedado mudo también hace algunas temporadas. Menos mal.

Compostela, 12 de maio de 2006

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