La otra tarde, sinónimos de misterio para una dama
Por Xaquín L. Muiños, Maestro artesano

La otra tarde estuve en el bosque, pues suelo en esta época del año, cuando el final del verano nos regala envuelto en hojas secas al otoño, cambiar el río por el bosque, trueque que me conceden desde hace bastantes años, las irrefrenables ansias de libertad. Bien es cierto, que en el momento del cambio, sufro una especie de tránsito, de metamorfosis, una esmoltificación similar a la que sufre el reo que abandona el agua dulce para aventurarse a la salada, pues la otra tarde, caminaba por la orilla de algún río con olor a tiempo pasado, y curiosamente, no lo miraba a él…

Miraba a los acebos de sus orillas, entregados en cuerpo y alma a la belleza, que sobre su alfombra de musgo, habían de guardar algún secreto.

Miraba a los viejos troncos derribados, que sumisos a las enredaderas, habían de ocultar algún misterio.

Miraba a las zarzas desordenadas, encrucijadas, tan lindas, tan rebeldes en un mundo tan ordenado que satura al más jerarquizado y pulcro de los mortales, pues podrían ellas, guardar también enigmáticos secretos.

Miraba a los helechos, a los verdes y gigantescos helechos, a los que debes mirar y atender cuando es otoño y no miras hacia el río porque ya no buscas peces.

Miraba… a mi alrededor, a mi suerte, miraba simplemente a la belleza a los ojos.

Preso de tanta libertad, atentamente, observaba colmado de otoño al que pudiera ser mi mejor amigo, pues corría alocado y elegantísimo en un ir y venir frenético sobre una alfombra, puesta para él, por una sabia, de nombre naturaleza. De repente, se quedó mi amigo paralizado, inamovible, inquebrantable, masticando la brisa helada, la sutil emanación del culpable hechizo, del secreto, del cautivador misterio que allí me empujó la otra tarde.

Algunos pocos, tal vez muchos, os habréis percatado de que es lo que busca este pescador que ya no busca peces porque el hechizo del bosque ha ganado la batalla, ha conseguido que este impenitente de las aguas sea por unos meses marinero en tierra, esclavo de su dama, mendigo de bosques de domingo y amaneceres de silencio, amante secreto e infiel a su río con su bosque, huraño y taciturno de sábado noche, porque no más que piensa en mañana y en ella, porque sencillamente amigos míos… es otoño, es tiempo de becadas.

La otra tarde soñé sinónimos de misterio para una dama, para la de los ojos de terciopelo, para la dama del bosque, la becada, la sorda, la chocha, la arcea, la cega, la galinhola, la pitorra, la xana… la de los mil nombres, porque no todo va a ser pesca amigos de la pesca, amigos de MiguelPesca.com, porque es tiempo de becadas, la otra tarde, me rendí por fin a la otra pasión, a la pasión que mueve por las laderas del otoño, al incondicional enamorado de las damas, a este pescador que ya no pesca.

A Estrada, 17 de noviembre de 2006.

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