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-“No puedo
olvidar una tarde en que creí haber cogido uno y fui a enseñárselo a mi
abuela, gritando ¡un peixe, un peixe!, cuando abrí la mano apareció una
salamandra; recuerdo que mi abuela me lavó la mano con arena para
eliminar el veneno que, según ella, la salamandra tenía en la piel”.
Sin acordarse
de la forma y manera -qué vagos son los recuerdos- consiguió un
verdadero pez que mantuvo vivo en un cubo de agua, colocándolo en una
palangana al llegar a casa. Lo que sí aún recuerda es que, aquella
noche, se quedó dormido contemplando los giros del animal en cautividad.
La pesca era, en aquellos tiempos, un verdadero milagro; el simple hecho
de engañar a un pez y sacarlo del agua parecía algo casi mágico.
Su iniciación en la pesca fue totalmente autodidacta.
-“Me juntaba
con otros críos como yo y buscábamos las cañas más rectas en los
cañaverales cercanos al río; mis primeros anzuelos estaban hechos con
alfileres doblados, los cebos eran lombrices de tierra o gusanos y no
recuerdo si con aquel equipo conseguí algún pez, pero puedo asegurar que
lo intentaba”.
Emilio
recuerda que conseguían más peces utilizando una red, un simple trozo de
tela metálica doblada y cosida con un alambre por ambos lados, que
manejaban entre dos: uno situaba la red entre las piedras o en un
lugar cercano a la orilla y el otro con un palo sacudía el agua haciendo
que los peces penetraran en ella.
Otro procedimiento habitual, utilizado tanto en el Barbaña como en un
pequeño afluente, consistía en desviar el cauce y dejar sin agua
cualquier poza; las capturas conseguidas eran siempre abundantes.
En cuanto al aprendizaje, Emilio considera que aún no ha terminado de
aprender ya que cada día que pesca aprende algo nuevo.
Desde sus primeros lances, el camino recorrido por Emilio ha sido largo.
Después de aquellos primeros contactos con los peces en el río Barbaña,
y ya con más años en el Miño en Ourense, pescaba peixes, anguilas y
sábalos. Ya era un chavalote cuando un tío suyo le procuró una caña de bambú enchufable
de tres piezas; mediría algo más de cuatro metros y el
ingenio se ponía a prueba para acondicionarla: los flotadores los
confeccionaba a partir de corchos de botella, de los plomos ni se
acuerda, los anzuelos los compraba uno por uno y el cebo que utilizaba
con mas frecuencia era el gusano blanco, el “asticot”.
Emilio es un pescador ejerciente convencido, pescador tanto de mar como
de río. Comenzó a pescar en el mar más tardíamente cuando tenía unos 20
años, de vacaciones en San Esteban de Pravia en Asturias. Había comprado
previamente un equipo especifico para ello: caña de lanzado pesado de
bambú refundido de 3 metros, carrete “Sagarra” de tambor fijo, líneas y
anzuelos.
-“Los
anzuelos para pescar en el mar me parecían todos pequeños, así que
recuerdo haber comprado los más grandes que pude encontrar, que no me
sirvieron para nada”.
Las capturas
habituales eran fanecas, panchos, algún mújel y alguna pequeña lubina,
pescaba tanto a fondo como con flotador.
Por aquellas fechas, año 1.955, comenzó a pescar lucios en Santillana,
Entrepeñas y Buendía, y, de vez en cuando, truchas con cucharilla o
aparejo de moscas; disponía ya de la caña citada anteriormente, así como
de una de fibra de vidrio para lanzado de 2,20 metros y un carrete
“Mitchell 300”. Este carrete lo tuvo que cambiar tres veces la cesta
debido al desgaste y terminó cambiándolo por un 330.
A inicios de los sesenta, por cuestiones de trabajo, estuvo afincado
unos años en la costa mediterránea. Se equipó de nuevo para la pesca en
el mar.
En la actualidad aún conserva una caña “Spiroverre” de 3 m en fibra de
vidrio, así como un carrete “Mitchell 302 salt water” que había
adquirido en aquel tiempo.
-“Comencé
pescando pequeñas especies en el puerto de Cabo de Palos -herreras,
doncellas, sargos y castañuelas- utilizando cebos naturales -lombriz de
mar, ermitaños, etc- y allí descubrí la pesca de la lubina.
Una tarde, pescando desde el espigón que delimita uno de los canales de
comunicación entre el Mar Mediterráneo y el Mar Menor, al recoger el
aparejo, un pez de buen tamaño atacó el cebo y rompió el sedal pero el
hecho fue una revelación. Al día siguiente, equipado con una cuchara
ondulante pesada, comencé a lanzar en la misma zona consiguiendo dos
serviolas en poco mas de una hora. Realmente era la primera vez que
contemplaba aquellos peces pero a partir de entonces solo utilizaba la
cuchara, posteriormente la pluma y mas tarde el Rapala, consiguiendo
cientos de lubinas, serviolas y anchovas en los años que permanecí
allí”.
Unos años
después, también por cuestiones profesionales, residió un tiempo cerca
de Tarragona, donde existía un embalse, Ruidecañas, con una asombrosa
población de black bass que pescaba cuando se cerraba la temporada de
trucha. Utilizaba rapala y popper. El peso medio de los ejemplares
rondaba los dos kg.
Emilio es muy ambiguo a la hora de hablar de lugares habituales de pesca
o de su reducto particular.
-“Cualquier
lugar con agua susceptible de mantener peces, puede ser un lugar de
pesca; después depende de las características.
Actualmente, los años no pasan en balde, prefiero los cauces anchos y
cómodos de andar. Durante algún tiempo, uno o dos años, pase las
vacaciones en Riaño, antes de hacer el embalse; allí conocí a un
excelente pescador francés, Jacques Percepied, que pescaba con mosca
seca y fue quien me inició en la misma. Ni que decir tiene que a la
vuelta de aquellas vacaciones compré mi primer equipo de pesca con la
llamada cola de rata y recuerdo entrenarme en el lanzado en la playa que
se encontraba a los pies de casa. He pescado durante casi treinta años,
durante el mes de julio, el Deva y el Cares, y también el Deva-Cares, un
río de una belleza incomparable, donde había truchas y reos abundantes.
Recuerdo que mi primera presa en el Deva fue un reo de más de un kilo
capturado con lombriz.
Alternaba la cucharilla con el aparejo de moscas y alguna vez incluso la
lombriz; con la mosca seca no me encontraba cómodo en el río, no
dominaba todavía el procedimiento y los enganches se sucedían, pero poco
a poco fui olvidando los demás procedimientos para utilizar solamente la
mosca seca, y al sentir una especie de confianza en la forma de pescar
se fueron produciendo las primeras capturas. Y con estas fui mejorando
el equipo. Recuerdo haber comprado en Andorra una caña “Parabolic” de
ocho pies de bambú refundido y moscas, ya que entonces no las había en
España y por pura necesidad comencé a montarlas”.
Cualquier
pescador lamenta perder aparejos, romper cañas e ir recomponiendo
equipos y materiales ya que algunos son irremplazables. Emilio también
lamenta no disponer de ninguno de aquellos modelos, simples y mal
hechos, pero que tenían la virtud de engañar a las truchas. El problema
se centraba en los materiales que conseguían a través de catálogos
ingleses y americanos.
Si primer torno de montaje fue copiado de un catálogo y construido
totalmente de artesanía.
Hablando del extranjero, también ha pescado fuera de España en
ocasiones. Algunas veces en viajes realizados exclusivamente para pescar
y en otros por cuestiones de trabajo; gracias a los primeros practicó la
pesca del pez vela en Senegal, corvinas y grandes rayas en Mauritania,
truchas en la Patagonia chilena y en el norte de Finlandia, así como
salmones en Canadá, concretamente en Labrador.
Sus obligaciones profesionales le han obligado a realizar frecuentes
desplazamientos fuera de España que casi siempre aprovechó para pescar.
Residió varios años en Oriente Medio, en Irak, pescando barbos y siluros
en los ríos Tigris, Eufrates, Gran Zab y Pequeño Zab, así como dorados
en Argentina, barramundis y tiburones en Irian Jaya, la zona norte de
Papua-Nueva Guinea, y algunas otras especies de las que ya ni se
acuerda.
Su opinión sobre la pesca fuera de España es concluyente.
-“Aunque
todavía pueden quedar algunos lugares con mayor densidad de peces, los
problemas a la hora de pescarlos son los mismos que los que existen
dentro de nuestra península”.
Siempre hay
una captura o capturas –por calidad o cantidad- que marcan los recuerdos
de cualquier pescador.
-“Resulta
difícil de precisar, porque cada pez es diferente. He capturado un pez
vela de 51 kilogramos con línea de 12 libras luchando con él cerca de
una hora y algún reo de poco más de kilo con mosca seca y bajo de 12/100
pero algo que nunca olvidaré fue la captura de una carpa de algo más de
5 kg. En el Embalse de Alarcón, trataba de pescar black bass muy cerca de
la superficie y la cucharilla se enganchó en la aleta dorsal del
ejemplar; no sabía de qué se trataba porque no había forma de
sujetarla”.
Emilio tiene,
también, una opinión clara y diáfana sobre el pasado y el futuro de la
actividad.
-“La pesca,
como cualquier actividad de tiempo libre, aumenta; creo que cada año hay
más pescadores, existiendo los mismos ríos y un número menor de peces.
Los nuevos pescadores que se incorporan al ejercicio de esta actividad
no disponen de la capacidad de establecer comparaciones con tiempos
pasados y las historias que pueden oír de las capturas realizadas de sus
padres o abuelos, les suenan a exageraciones de simples pescadores.
La pesca ya no es lo que fue. El diálogo simple del hombre frente al
agua en el marco de una naturaleza salvaje o una actividad de
supervivencia son actos de libertad.
El planteamiento obligado actualmente de la devolución de los peces al
agua es una simple mixtificación de la pesca. Creo, desgraciadamente,
que la pesca, tal como la conocimos los que tenemos años suficientes,
está a punto de terminarse.
El futuro va a consistir en ríos o estanques repoblados donde se pagará
en función de lo que se pesque. Algo que ya está sucediendo en algunos
países de nuestro entorno”.
Una actividad
como esta genera un poder basado en la dualidad económica y social.
-“La pesca,
si se cuidara, seria realmente un impulsor de zonas donde no existe otro
tipo de industria. Aún recuerdo los tiempos en que en cualquier zona
importante de pesca, como pudieron ser Riaño, Cornellana, Panes o León,
los pescadores extranjeros, sobre todo franceses, eran una verdadera
multitud. Ahora estamos integrados en Europa, y nuestros ríos aun
conservan una pequeña parte del capital que tuvieron en tiempos, pero no
el suficiente, al menos en lo que a salmónidos se refiere para alentar a
viajeros europeos. Estos se decantan en este momento por el siluro y la
carpa”.
Emilio
Fernández es una de las firmas más reconocidas en el sector. Ha escrito
más de mil artículos de prensa, libros sobre pesca y ha traducido otros
tantos -alrededor de las dos docenas- y cuando se para a pensarlo no
termina de creerlo, ya que cuando le propusieron por primera vez
escribir sobre pesca, pensó, de forma bastante ingenua, que el tema no
daba para tanto, pero la realidad ha sido diferente.
Todas sus experiencias le han llevado a un análisis de la idiosincrasia
de la pesca con sus poderosos fundamentos.
-“La pesca,
con independencia de una actividad de ocio, es un mundo aparte que
siempre me ha interesado, leyendo bastante de lo que se ha escrito sobre
ella y comparando impresiones con otros pescadores, tanto profesionales
como deportivos. He conocido a algunos pescadores fuera de serie entre
los que puedo citar a Charles Ritz, que prácticamente dedicó toda su
vida a mejorar la pesca con mosca; al “Segal” un extraordinario pescador
de la ribera del Segre; a Rafael “el sordo” de Torneros de la Valderia y
a muchos otros cuyos nombres no puedo recordar.
Entre los profesionales, los dos o tres que aun quedaban en el río Miño
hace bastantes años y los pescadores de mar de Cabo de Palos.
Se ha dicho que para que exista una buena amistad, debe establecerse una
especie de comunidad de vicios y dos pescadores, cuando se encuentran,
tácitamente reconocen sus intereses comunes estableciendo una relación
difícil de realizar de cualquier otra forma.
Aparte de todo esto, el simple ejercicio de la pesca, me ha hecho
descubrir amaneceres y atardeceres inolvidables al lado del río o en la
orilla del mar y lugares insólitos de nuestra geografía que no hubiera
tenido la oportunidad de conocer”.
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