Este madrileño nacido en el
56 es Periodista, Veterinario “por error” y Cazador y Pescador por
convicción.
Fue Director de la Revista Caza y Pesca durante quince años.
Dirigió y presentó el programa Linde y Ribera en el Canal Campero de
Vía Digital.
En la actualidad colabora con diversos medios especializados.
Su primera incursión en el mundo editorial la realizó con un ensayo
sobre la caza.
La naturaleza y la pesca formaron parte de su
entorno familiar. La familia España, tradicionalmente unidos al
mundo de la caza y la pesca, vivía de ello y era propietaria de la
revista CAZA Y PESCA, pero además su padre era un ferviente y apasionado practicante de
ambas actividades.
Joaquín no recuerda ningún día de su vida que no fuera domingo y que
estuviera en Madrid. Para su padre, salir de la ciudad era una
necesidad, incluso cuando no se podía cazar o pescar, porque sus
hijos necesitaban tomar aire puro del campo en cualquier momento que
sus obligaciones se lo permitieran.
Los primeros recuerdos de su infancia están relacionados con el
campo y la naturaleza. Hay uno muy especial, que le liga al agua,
pues recuerda estar debajo de ella, con dos años de edad, viendo
borroso el mundo acuático. Su madre lo libró de morir ahogado en un
pozo del río manzanares, cerca de Colmenar Viejo, cuando su
inexperiencia le hizo acercarse demasiado al río. Las imágenes, al
estar debajo del agua e incluso del paisaje y de la poza, aún siguen
frescos en su memoria.
Sus primeros recuerdos de pesca se trasladan a sus primeros
recuerdos en general ya que acompañaba a su padre y siempre
vadeaba a sus espaldas.
-
“En algunas
ocasiones mi padre lanzaba la cucharilla y me dejaba a mi recogerla.
Pero también se agolpan recuerdos de mis primeras andanzas con la
caña, una no muy larga, ¿2,70,
2,50 metros? Recuerdo vagamente que utilizaba flotador y las
lombrices, las gusarapas y gusarapines del río. La época, primavera,
entre Alpedrete de la Sierra y Tortuero, en el Río Jarama, y en
verano, en Rascafría (Madrid), a orillas del río Lozoya”.
También recuerda con especial cariño los meses de
septiembre, porque los pasaban en Alicante, e iban todos los días al
Cabo Rosas, donde no solía haber nadie. Aparcaban al pié del faro y
bajaban a una minúscula cala. Allí tomó sus primeras lecciones de
pesca de mar, desde la orilla rocosa de la cala e hizo sus primeros
pinitos con la pesca submarina.
La pesca ya cobrara por aquel entonces un papel principal en la vida
de Joaquín.
- "Yo
creo que la pesca era otro juego para mi. Recuerdo con especial
cariño mis juegos a orillas del Jarama, alternando con la pesca.
Cuantas horas de soledad habré pasado por allí y cuanto tiempo
pensando, porque no recuerdo aburrirme y si contemplar los barbos
por el río y buscar alguna manera de capturarlos.
Creo que la pesca ha ocupado una parte importante de mis juegos de
la niñez, de mi tiempo de juventud y de mi tiempo de madurez”.
Y tanto es así que recuerda con mucha facilidad la primera caña
propia porque se la hizo su padre; una caña que cortó de un
cañaveral, a la que le hizo un ojal en el puntero con un alambre y
le puso un sedal atado con un flotador y un anzuelo. Aquella caña no
tenía carrete ni lo necesitaba. En cada visita a Alicante su padre
repetía el ritual.
El primer equipo le es más difícil de recordar. Quizá
fuese
una “dos piezas” de bambú; el carrete, que aún conserva, -uno muy
simple, pequeñito y de color verde metálico- servía para mantener
hilo, pero no para lanzar. Quizás equivaldría, repara Joaquín, al
tipo de los que hoy se usan en la pesca a cola de rata pero sin
freno ni carraca.
Lo que mejor recuerda es una cesta de pesca, de mimbre, que siempre
llevaba consigo.
El aprendizaje de un pescador es largo, muy largo, y Joaquín todavía
hoy sigue aprendiendo.
-
“Mis primeras
técnicas fueron las del cebo natural con flotador aunque aprendí
enseguida a pescar al tiento, sobre todo en las corrientes. Esta
técnica me gustó especialmente pues ibas sintiendo el plomo tocando
el fondo y era necesario decidir en milésimas de segundo que lo que
sentía tu dedo a través del sedal no era otro toque en el fondo sino
una picada y había que dar el cachete con rapidez. Era un juego de
habilidad y reflejos.
Recuerdo muchas tardes rebuscando en los
mejores sitios del jardín de casa para encontrar lombrices y los
ratos que pasaba dentro del río, en las corrientes pequeñas,
rebuscando entre las piedras, gusarapas y demás fauna acuática,
hasta que me fabriqué una red para ello. Así empecé con muy pocos
años, no recuerdo especialmente cuando, pero la mayoría de mis
recuerdos de infancia están relacionados con el río y las sensaciones a sus orillas, con sus olores, con sus buenos y malos
ratos”.
No tardó mucho en aprender las técnicas de lance. Su
padre manejaba la cucharilla con absoluta solvencia y se animó
enseguida. Le regalaron una caña de lance de fibra de vidrio y un
carrete Segarra. Con eso y unas pocas -muy pocas- cucharillas
comenzó su experiencia con el lance ligero. Costaba un poco hacer
buenos lances y corría los riesgos mas justos posibles pues en una
mañana de mala suerte podía perder sus dos o tres cucharillas y
tener que dejar de pescar hasta encontrar a su padre para que le
diera alguna que otra más.
Pero también la recuerda como su época de independencia. Ya no
seguía a su padre. Iba por libre y tomaba las decisiones de donde
pescar y cómo.
Pronto incorporó
a sus técnicas la de la mosca ortodoxa. Ni que decir tiene que
también aprendió de su padre. Para Joaquín ha sido una de las
técnicas que mejores resultados de pesca le dio.
No era raro, en los serenos del Lozoya, sacar dos o tres truchas
clavadas del mismo aparejo en un solo lance o ver mezcladas una
trucha, un cacho y una boga
o
cosas por el estilo.
Los recuerdos se agolpan en la memoria de Joaquín, aunque ya no
tiene presente
en concreto su primer o primeros días de pesca pero cree que está
bastante claro que puede ser uno de los muchos que tiene en su
memoria. Su vida está tan ligada a la pesca que nunca tuvo ni
disfrutó de mayor libertad que cuando pedía permiso para ir al río
porque jamás encontró una negativa.
Lo que si recuerda con exactitud es su primera pintona.
-
“Tenía nueve años y estaba en el río Jarama, cerca de
su unión con el Lozoya. Era una pocita pequeña, rodeada de
vegetación y estábamos en la corriente del final. Mi padre lanzó al
fondo y yo recogí clavando mi primera trucha. Celebramos el
acontecimiento en casa de mis abuelos maternos y fue una buena
fiesta”.
Para Joaquín, la afición y las técnicas de pesca con
el paso de los años avanzan como una cuestión lógica del tiempo y de
la madurez pero además él ha sido muy curioso y le ha gustado
investigar todo lo que ha podido. Si veía a alguien utilizando una
técnica que desconocía, primero le observaba y luego se acercaba a
curiosear y preguntar.
-
“He pasado muchas horas de mi vida en las orillas del
agua, simplemente observando a los peces y de esa observación he
aprendido mucho. En ocasiones me verás llegar a un río que no
conozco y no pescar, sino observar, quedarme mucho tiempo
observando. Esto incluso no gusta mucho a algunos compañeros de pesca.
De la observación de todo lo que me rodeaba he ido
identificando las diferentes técnicas de pesca que se practican hoy
día y creo haber probado, con mayor o menor éxito, todas ellas”.
El paso de los años aporta novedosos equipos, nuevas técnicas
e incluso otras formas de pesca. Para Joaquín esa era la cuestión:
saber o conocer su evolución en la pesca.
Sus inicios fueron con cebo natural, pescando a veleta o con
flotador, tanto en aguan paradas como en corrientes. Su siguiente
paso fue la utilización del cebo natural “al tiento” y normalmente
en corrientes y pozas con mucha agua. Pasó directamente a la
cucharilla, al lance con caña corta. Puede que esta técnica haya
sido una de las que más grandes satisfacciones le haya reportado,
junto a la utilización de la mosca ahogada.
-
“Bueno, entonces en mi ambiente no conocíamos otra
forma de utilizar la mosca; iba engarzada en un aparejo de tres o
cuatro ramales con un buldo que llenabas de agua dependiendo del
peso que necesitases para lanzar. Hay momentos indescriptiblemente
emocionantes en mi vida de pescador, como el momento en que lograbas
hacer ese lance difícil y complicado a la sombra entre las ramas
donde no era la primera vez que tocabas una trucha. Esa intensa
emoción de ¿qué pasará?. O ese momento, en la tabla con corriente,
viendo a las truchas saltar enloquecidas y tu llevar tus moscas a la
altura y esperas esa respuesta bronca y violenta de la picada.
Son emociones y por tanto difíciles de describir”.
Luego de haberse asentado en estas formas de pescar
llegó el momento del cambio y de la sorpresa. Evidentemente, había
visto pescar a cola de rata y conocía la técnica pero fue en los
EEUU de la mano de un primo de su mujer cuando quedó enganchado para
siempre a esta difícil técnica de pesca.
Pero hubo otro mundo que se abrió a sus ojos de una forma aún más
espectacular, el mundo de la pesca del Black Bass.
-
“Recuerdo
mis primeras visitas a las tiendas en los EEUU. Aunque ya había oído
y leído sobre técnicas de pesca de este pez, no me podía imaginar lo
que me encontraría. Una diversidad de señuelos increíble, tanto que
no me fiaba que los peces fueran a entrar a aquellas cosas.
El destino siempre imprevisible
me
llevó a tentar a los bases y a conocer a gente con los que compartía
la pesca. Conocí todas las técnicas de casting, fliping que se
emplean en la pesca de este centráquido, con cebos artificiales”.
Fruto de su amplia preparación técnica, Joaquín se
adapta al medio donde pesca con la técnica más adecuada pero sin
duda su técnica preferida es la pesca a mosca seca con cola de rata.
Lo suyo es la pesca en superficie.
-
“No rechazo
ninguna técnica de pesca, de hecho, aún pesco alguna vez con
cucharilla y también utilizo técnicas de spinning y casting para el
black bass, aunque no lo haga con demasiada frecuencia. Incluso me
divierte el surfcasting desde la playa. Y sigo teniendo un gusanillo
que se mueve en el estómago cada vez que veo a otros utilizándolas.
Pero en la pesca a mosca creo haber encontrado mi forma de pesca.
Primero porque me permite tomarme mi tiempo y segundo porque la transmisión
de sensaciones desde el hilo a mi muñeca es completa. Cada
movimiento, cada tirón, cada esfuerzo que el pez hace, se comunica
con una fidelidad extraordinaria hacia mi mano; y esa sensación es
indescriptible. Yo digo que la pesca, además de emociones, es una
perfeccionadora del tacto, porque a través de ese sentido,
complementa el de la vista, que es lo que más trabaja en la pesca,
pero mucho más nos hace sentir el pez; de otra manera esto de
pescar sería muy soso.
Hay pescadores que utilizan técnicas que le permiten usar hilos
extraordinariamente gruesos y cuando clavan un pez, lo arrastran
literalmente fuera del agua... eso para mi quita a la pesca lo
esencial, el sentir la lucha y lograr acercar al pez con paciencia y
habilidad.
En la pesca a mosca se unen varias cualidades; la habilidad, la
práctica y el conocimiento. Estas sumadas a la curiosidad y a la
paciencia nos permiten disfrutar de estupendas jornadas de pesca.
Digo habilidad y práctica porque la mosca que esta al
final del hilo no tiene peso. Lo que pesa es la línea y hay que
sacarla y mantenerla en el aire para poder lanzar. Esto requiere un
proceso de aprendizaje que se acorta con la práctica. Pero hay una
segunda parte también complicada que es saber donde lanzar y cuando
tensar la línea tras la picada, y esto también se consigue con la
habilidad y la práctica. Y a mayor habilidad y practica, mayor
conocimiento y a mayor conocimiento mejores resultados.
Recuerdo que pasé mi primer año de pesca con esta modalidad,
soportando una escasez increíble de capturas, pero con paciencia
todo se consigue.
Por último he mencionado la curiosidad, porque es precisamente el
arma principal que nos ayuda a aprender, si es que tenemos
suficiente humildad para dejarnos enseñar. Gracias a la curiosidad
observaremos y sacaremos consecuencias que nos lleven a mejorar
nuestro estilo de pesca y resultados”.
La cola de rata obliga a Joaquín a concentrarse en
cada uno de los movimientos para la ejecución del lance, la posada
de la mosca , su recorrido por el agua y el momento de tensar la
línea tras la picada, o simplemente levantarla del agua para
componer otro lance al lugar que ha elegido.
Aprendió a pescar en el Jarama y en el Lozoya, y precisamente este
sigue siendo su río talismán. Hoy en día sólo tiene un pequeño tramo
libre, precisamente donde más ratos pasó pescando en su juventud.
Allí, a pesar de lo machacado que está, sigue levantando alguna que
otra trucha.
Por la misma causa es socio de la Sociedad de Pescadores del Valle
Alto del Lozoya, porque no esta muy lejos de su casa y le permite
divertirse en ocasiones, aunque no vaya con mucha frecuencia.
También es socio del coto de Manzanares del Real, donde el río
Manzanares discurre en su tramo mas alto por La Pedriza y es como un
río de Alta Montaña o un arroyo.
El resto del tiempo lo dedica a pescar con amigos en los lugares a
los que le llevan y todos los años reserva unos días de vacaciones,
que discurren por razones familiares en los EEUU, para escaparse
allí a pescar.
-
“Hay dos
zonas especialmente interesantes para mi. Una está en Minnesota,
porque de allí es la familia de mi mujer y se encuentra en la zona
norte del estado, en los ríos que vierten sus aguas en el lago
Superior. Es una zona preciosa que no he pescado demasiado. En la
frontera oeste en el estado de
Wisconsin,
hago más visitas, a no mas de 45 minutos de mi casa, hay un río, el
Rush, que tiene bastantes truchas, y que es una delicia pescarlo en
verano, especialmente un tramo al lado de un pequeño pueblo llamado
El Paso.
Pero mi mayor placer es pescar en Montana, donde tengo un primo que
es guía de pesca. La zona que llevo pescando diecisiete años está
muy cerca del Parque de Yellowstone. Allí en el área comprendida
entre el río Yellowstone, el río Madison y el río Missouri, es
impresionante por la cantidad y variedad de ríos, y de especies de
pesca, sobre todo de salmónidos.
El río al que le tengo más cariño es al Gallatin, sobre todo a la
altura de Big Sky, donde es raro el ratito que pesque y no levante
una docena de truchas, y también el Tailors Folks, un arrollo que
desemboca en el Gallatin, donde las truchas no son grandes pero si
abundantes y astutas, y que se deja pescar muy a mi estilo; mucha
piedra, corriente y muy vadeable, de una anchura entre 6 y 8
metros”.
La verdad es que Joaquín ha pescado en muchos
lugares del mundo entero, aunque no en todos los que hubiera
querido.
El mejor recuerdo lo tiene de haber pescado en Alaska, en la
confluencia del río Mulchatna y Stuyahok y además considera esta
como una experiencia
única en su vida.
Ha pescado
salmones en Rusia, sobre todo en los ríos de la península de Kola
donde la pesca no ha sido mala. Recuerda la desilusión de su
experiencia de pesca en Finlandia, sobre todo en los ríos del sur,
donde había poca trucha y repoblada. Mejor le fue pescando en la
zona de Ruka, en el círculo polar ártico, en los ríos que vienen
desde Rusia, aunque tampoco había tantas truchas como pensaba.
Su experiencia de pesca en Noruega, a los salmones, también fue un
poco desilusionante, pocos salmones y la mayoría zancados.
Suecia le impresionó. Pescó en el Morrum y había unos reos enormes
de 7 kg; fue muy emocionante.
En las zonas de Alemania que ha pescado le han parecido los ríos
demasiado lentos, pero no ha tenido oportunidad de ir a las zonas de
montaña: También allí ha pescado en lagos y estanques con peces
repoblados.
Le gustaron los ríos de
Eslovaquia,
limpios y con truchas, aunque no muy grandes.
En Inglaterra y Escocia tiene experiencias variadas, de todos los
gustos, hasta pescó en Clubs que son charcas repobladas.
De pesca en mar, aunque no la practica mucho, le encanta el Delta
del Ebro, donde tiene muy buenas experiencias, así como en Canarias.
Su mejor experiencia con el surfcasting la ha tenido en Mauritania,
así como sobre la pesca de la baila a mosca.
Por último en Cuba disfrutó muchísimo de la pesca, tanto con los
enormes bases de sus lagunas, como la pesca en los cayos, andando en
las aguas bajeras, pescando bonefish, barracudas y jaks, así como en
las desembocadura del río negro, pescando roncadores, snooks y
tarpoons. Allí precisamente vivió la experiencia de ver un enorme
manatí. El marlín o los túnidos también le han proporcionado
inolvidables experiencias.
Para
Joaquín la cantidad o la calidad de las capturas no tienen
importancia. La pesca la vive sin importarle cuanto y en que
cantidad. Disfruta por igual pescando grandes y pequeños; por eso
hablaríamos horas de sus experiencias de pesca sin que se refiriera
a cantidades ni a pesos.
La pesca le ha aportado muchas cosas.
- “Además del divertimento
que me supone salir a diferentes lugares, el tiempo que paso
pescando hace que desconecte de la vida real y de los problemas. Es
como una medicina, una buena medicina, que además me enseña a
meditar y a tener paciencia, a la vez que me hace ser consciente de
la importancia de la belleza que me rodea y que hace ser partícipe
de la naturaleza. Es como si me sintiera parte íntima de ella y eso
para mi es esencial. Me ayuda a entenderme y a comprenderme”.
Para España, hablar de la complejidad de la evolución de la pesca es
como elaborar un ensayo de la misma evolución de nuestra especie.
Ya en el siglo pasado, la pesca deja de ser un método para obtener
comida y evoluciona hacia una actividad de ocio. Está convencido de
que esto es lo esencial y es lo que aún sigue pasando en esencia.
Considera que hay gente que sigue buscando en la pesca sacar del río
todo lo que pueda para llevárselo, pero comienza a ser una actitud
sin sentido. Sin embargo Joaquín entiende que, en ocasiones, te
apetezca comer alguna trucha de las que uno mismo saca del río, pero
hacerlo sistemáticamente es algo fuera de estos tiempos. Además, con
la cantidad de pescadores que somos y el aumento de jornadas en el
río con la facilidad de transporte, no hay agua que resista esa
presión de extracción de pesca.
- “Yo me conciencié de ello
antes incluso que aprender a pescar a mosca y lo vengo cumpliendo.
La pesca hoy día es una más de las actividades de ocio que
practicamos en la naturaleza y se hace por conseguir engañar a un
pez, simplemente por pescar, no por llevar la necesaria comida a la
prole.
Esa conciencia va creciendo día a día en los pescadores españoles y
será la única garantía de futuro para nuestra pesca. Si tenemos que
esperar a que alguna de las administraciones resuelva el problema o
limpie las aguas... apañados vamos”.
En la actualidad están más de moda que nunca las
iniciativas conservacionistas y ello ha fortalecido el poderío
social de la pesca.
Joaquín entiende que la pesca será lo que quiera ser y está admitida
como un fenómeno social de grandes proporciones al que no se da
importancia porque el pescador no lo exige.
- “Desconozco las cifras de
pescadores de nuestro país, pero no me extrañaría nada que se
acercasen al 5% de la población y eso es mucha gente para la
pobre calidad de agua que disfrutamos.
Pero el pescador no deja de practicar una actividad de ocio que le
proporcione felicidad, por lo que no pretende convertirla en otra
lucha más, como puede ser la de su trabajo. Por ello no se deja oír
con fuerza entre la sociedad. Pero que no quepa duda a los
gobernantes que, un 5% cabreado es capaz de hacer mucho daño.
Económicamente en España la pesca es una actividad por explotar en
la mayoría de sus campos. El único organizado es la pesca desde
embarcación en mar.
Pero ¿os habéis dado cuenta que hasta para comprar cualquier tipo de
equipo hay que recurrir a marcas extranjeras? Hay poquísima
producción nacional, por no decir nada. Por eso digo que la pesca
será lo que quiera ser.
Resulta curioso que ahora, las casas rurales y otros tipos de
economías de turismo situadas en las zonas poco habitadas, vivan
fundamentalmente del trasiego de pescadores que, entre la primavera
y el verano disfrutan de la pesca. Esto se nota claro, en aquellas
zonas que disfrutan de agua suficiente para la pesca.
Sinceramente creo que aquí, por la pesca, queda todo por hacer.
Hasta casi mi generación, hemos vivido de una relativa
abundancia de todo en el campo. Mi generación ha sido la primera que
ha visto como disminuía la pesca acompañada de la falta de calidad
de agua y de las obras públicas mal diseñadas y concebidas. A pesar
de ello vivimos en un país privilegiado que, con poca agua, guarda
enormes tesoros que muy pocos se han atrevido a explotar. Puede que
sea por esto y por otras razonas, por las que aún, económicamente,
la pesca sea un mundo aún por eclosionar". |