El escritor y periodista Joaquín España Aguado pertenece a una de las familias más conocidas en el sector de la Caza y la Pesca. Fue Director durante muchos años de la Revista Decana "Caza y Pesca". Está muy vinculado a Galicia por el 25% de su código genético de origen ferrolano. Desde hace casi veinte años es fiel a esta tierra a la que visita varias veces a año.

Sus opiniones son:
La pesca: una buena excusa para poder hablar conmigo mismo
Una ruta: la ruta Lewis and Clark
Una técnica: cola de rata pescando en superficie con mosca seca
Un cebo o señuelo: mosca para la trucha y la lombriz de plástico montada en Texas Style para el Black Bass
Un lance: la doble tracción
Una caña: una Sage montada por Roberto Coll
Una cucharilla: Celta del 2
Una mosca: tricóptero
Una clavada: la del black bass en superficie con cola de rata
Una captura: todas y cada una de ellas en las que me he esforzado por conseguirla
Un pozo, postura o tabla: el tramo libre de Rascafría del río Lozoya porque es donde aprendí a pescar de verdad
Un coto: Santa Marina en León
Una especie: trucha
Un río: el Galatin
Un tramo: el Upper Missouri, entre Cascade y Hardy, por la calidad de su agua y la abundancia de truchas de buen tamaño. También el Madison, desde la carretera 84, viniendo de Bozeman, llega al río, hasta el primer puente, porque es el sitio donde he sacado las truchas más grandes de mi vida y porque las hay y son comunes
Un refrigerio río: agua y beef jeerky
Un compañero de pesca: cualquiera que sea mi amigo
Un maestro en la pesca: Emilio Fernández Román y Steve French
Un desengaño o decepción: la muerte de algún buen amigo pescador
Una ilusión: jubilarme en Montana, entre los ríos Yellowstone, Galatin, Madison y Missouri

Joaquín España y la Pesca

Este madrileño nacido en el 56 es Periodista, Veterinario “por error” y Cazador y Pescador por convicción.
Fue Director de la Revista Caza y Pesca durante quince años.
Dirigió y presentó el programa Linde y Ribera en el Canal Campero de Vía Digital.
En la actualidad colabora con diversos medios especializados.
Su primera incursión en el mundo editorial la realizó con un ensayo sobre la caza.

La naturaleza y la pesca formaron parte de su entorno familiar. La familia España, tradicionalmente unidos al mundo de la caza y la pesca, vivía de ello y era propietaria de la revista CAZA Y PESCA, pero además su padre era un ferviente y apasionado practicante de ambas actividades.
Joaquín no recuerda ningún día de su vida que no fuera domingo y que estuviera en Madrid. Para su padre, salir de la ciudad era una necesidad, incluso cuando no se podía cazar o pescar, porque sus hijos necesitaban tomar aire puro del campo en cualquier momento que sus obligaciones se lo permitieran.
Los primeros recuerdos de su infancia están relacionados con el campo y la naturaleza. Hay uno muy especial, que le liga al agua, pues recuerda estar debajo de ella, con dos años de edad, viendo borroso el mundo acuático. Su madre lo libró de morir ahogado en un pozo del río manzanares, cerca de Colmenar Viejo, cuando su inexperiencia le hizo acercarse demasiado al río. Las imágenes, al estar debajo del agua e incluso del paisaje y de la poza, aún siguen frescos en su memoria.
Sus primeros recuerdos de pesca se trasladan a sus primeros recuerdos en general ya que acompañaba a su padre y siempre vadeaba a sus espaldas.

- “En algunas ocasiones mi padre lanzaba la cucharilla y me dejaba a mi recogerla. Pero también se agolpan recuerdos de mis primeras andanzas con la caña, una no muy larga, ¿2,70, 2,50 metros? Recuerdo vagamente que utilizaba flotador y las lombrices, las gusarapas y gusarapines del río. La época, primavera, entre Alpedrete de la Sierra y Tortuero, en el Río Jarama, y en verano, en Rascafría (Madrid), a orillas del río Lozoya”.

También recuerda con especial cariño los meses de septiembre, porque los pasaban en Alicante, e iban todos los días al Cabo Rosas, donde no solía haber nadie. Aparcaban al pié del faro y bajaban a una minúscula cala. Allí tomó sus primeras lecciones de pesca de mar, desde la orilla rocosa de la cala e hizo sus primeros pinitos con la pesca submarina.
La pesca ya cobrara por aquel entonces un papel principal en la vida de Joaquín.

- "Yo creo que la pesca era otro juego para mi. Recuerdo con especial cariño mis juegos a orillas del Jarama, alternando con la pesca. Cuantas horas de soledad habré pasado por allí y cuanto tiempo pensando, porque no recuerdo aburrirme y si contemplar los barbos por el río y buscar alguna manera de capturarlos.
Creo que la pesca ha ocupado una parte importante de mis juegos de la niñez, de mi tiempo de juventud y de mi tiempo de madurez”.

Y tanto es así que recuerda con mucha facilidad la primera caña propia porque se la hizo su padre; una caña que cortó de un cañaveral, a la que le hizo un ojal en el puntero con un alambre y le puso un sedal atado con un flotador y un anzuelo. Aquella caña no tenía carrete ni lo necesitaba. En cada visita a Alicante su padre repetía el ritual.
El primer equipo le es más difícil de recordar. Quizá
fuese una “dos piezas” de bambú; el carrete, que aún conserva, -uno muy simple, pequeñito y de color verde metálico- servía para mantener hilo, pero no para lanzar. Quizás equivaldría, repara Joaquín, al tipo de los que hoy se usan en la pesca a cola de rata pero sin freno ni carraca.
Lo que mejor recuerda es una cesta de pesca, de mimbre, que siempre llevaba consigo.
El aprendizaje de un pescador es largo, muy largo, y Joaquín todavía hoy sigue aprendiendo.

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“Mis primeras técnicas fueron las del cebo natural con flotador aunque aprendí enseguida a pescar al tiento, sobre todo en las corrientes. Esta técnica me gustó especialmente pues ibas sintiendo el plomo tocando el fondo y era necesario decidir en milésimas de segundo que lo que sentía tu dedo a través del sedal no era otro toque en el fondo sino una picada y había que dar el cachete con rapidez. Era un juego de habilidad y reflejos.
Recuerdo muchas tardes rebuscando en los mejores sitios del jardín de casa para encontrar lombrices y los ratos que pasaba dentro del río, en las corrientes pequeñas, rebuscando entre las piedras, gusarapas y demás fauna acuática, hasta que me fabriqué una red para ello. Así empecé con muy pocos años, no recuerdo especialmente cuando, pero la mayoría de mis recuerdos de infancia están relacionados con el río y las sensaciones a sus orillas, con sus olores, con sus buenos y malos ratos”.

No tardó mucho en aprender las técnicas de lance. Su padre manejaba la cucharilla con absoluta solvencia y se animó enseguida. Le regalaron una caña de lance de fibra de vidrio y un carrete Segarra. Con eso y unas pocas -muy pocas- cucharillas comenzó su experiencia con el lance ligero. Costaba un poco hacer buenos lances y corría los riesgos mas justos posibles pues en una mañana de mala suerte podía perder sus dos o tres cucharillas y tener que dejar de pescar hasta encontrar a su padre para que le diera alguna que otra más.
Pero también la recuerda como su época de independencia. Ya no seguía a su padre. Iba por libre y tomaba las decisiones de donde pescar y cómo.
Pronto incorporó a sus técnicas la de la mosca ortodoxa. Ni que decir tiene que también aprendió de su padre. Para Joaquín ha sido una de las técnicas que mejores resultados de pesca le dio. No era raro, en los serenos del Lozoya, sacar dos o tres truchas clavadas del mismo aparejo en un solo lance o ver mezcladas una trucha, un cacho y una boga o cosas por el estilo.
Los recuerdos se agolpan en la memoria de Joaquín, aunque ya no tiene presente en concreto su primer o primeros días de pesca pero cree que está bastante claro que puede ser uno de los muchos que tiene en su memoria. Su vida está tan ligada a la pesca que nunca tuvo ni disfrutó de mayor libertad que cuando pedía permiso para ir al río porque jamás encontró una negativa.
Lo que si recuerda con exactitud es su primera pintona.

- “Tenía nueve años y estaba en el río Jarama, cerca de su unión con el Lozoya. Era una pocita pequeña, rodeada de vegetación y estábamos en la corriente del final. Mi padre lanzó al fondo y yo recogí clavando mi primera trucha. Celebramos el acontecimiento en casa de mis abuelos maternos y fue una buena fiesta”.

Para Joaquín, la afición y las técnicas de pesca con el paso de los años avanzan como una cuestión lógica del tiempo y de la madurez pero además él ha sido muy curioso y le ha gustado investigar todo lo que ha podido. Si veía a alguien utilizando una técnica que desconocía, primero le observaba y luego se acercaba a curiosear y preguntar.

- “He pasado muchas horas de mi vida en las orillas del agua, simplemente observando a los peces y de esa observación he aprendido mucho. En ocasiones me verás llegar a un río que no conozco y no pescar, sino observar, quedarme mucho tiempo observando. Esto incluso no gusta mucho a algunos compañeros de pesca.
De la observación de todo lo que me rodeaba he ido identificando las diferentes técnicas de pesca que se practican hoy día y creo haber probado, con mayor o menor éxito, todas ellas”.

El paso de los años aporta novedosos equipos, nuevas té
cnicas e incluso otras formas de pesca. Para Joaquín esa era la cuestión: saber o conocer su evolución en la pesca.
Sus inicios fueron con cebo natural, pescando a veleta o con flotador, tanto en aguan paradas como en corrientes. Su siguiente paso fue la utilización del cebo natural “al tiento” y normalmente en corrientes y pozas con mucha agua. Pasó directamente a la cucharilla, al lance con caña corta. Puede que esta técnica haya sido una de las que más grandes satisfacciones le haya reportado, junto a la utilización de la mosca ahogada.

- “Bueno, entonces en mi ambiente no conocíamos otra forma de utilizar la mosca; iba engarzada en un aparejo de tres o cuatro ramales con un buldo que llenabas de agua dependiendo del peso que necesitases para lanzar. Hay momentos indescriptiblemente emocionantes en mi vida de pescador, como el momento en que lograbas hacer ese lance difícil y complicado a la sombra entre las ramas donde no era la primera vez que tocabas una trucha. Esa intensa emoción de ¿qué pasará?. O ese momento, en la tabla con corriente, viendo a las truchas saltar enloquecidas y tu llevar tus moscas a la altura y esperas esa respuesta bronca y violenta de la picada.
Son emociones y por tanto difíciles de describir”.

Luego de haberse asentado en estas formas de pescar llegó el momento del cambio y de la sorpresa. Evidentemente, había visto pescar a cola de rata y conocía la técnica pero fue en los EEUU de la mano de un primo de su mujer cuando quedó enganchado para siempre a esta difícil técnica de pesca.
Pero hubo otro mundo que se abrió a sus ojos de una forma aún más espectacular, el mundo de la pesca del Black Bass.

- “Recuerdo mis primeras visitas a las tiendas en los EEUU. Aunque ya había oído y leído sobre técnicas de pesca de este pez, no me podía imaginar lo que me encontraría. Una diversidad de señuelos increíble, tanto que no me fiaba que los peces fueran a entrar a aquellas cosas.
El destino siempre imprevisible
me llevó a tentar a los bases y a conocer a gente con los que compartía la pesca. Conocí todas las técnicas de casting, fliping que se emplean en la pesca de este centráquido, con cebos artificiales”.

Fruto de su amplia preparación técnica, Joaquín se adapta al medio donde pesca con la técnica más adecuada pero sin duda su técnica preferida es la pesca a mosca seca con cola de rata. Lo suyo es la pesca en superficie.

- “No rechazo ninguna técnica de pesca, de hecho, aún pesco alguna vez con cucharilla y también utilizo técnicas de spinning y casting para el black bass, aunque no lo haga con demasiada frecuencia. Incluso me divierte el surfcasting desde la playa. Y sigo teniendo un gusanillo que se mueve en el estómago cada vez que veo a otros utilizándolas.
Pero en la pesca a mosca creo haber encontrado mi forma de pesca. Primero porque me permite tomarme mi tiempo y segundo porque la tra
nsmisión de sensaciones desde el hilo a mi muñeca es completa. Cada movimiento, cada tirón, cada esfuerzo que el pez hace, se comunica con una fidelidad extraordinaria hacia mi mano; y esa sensación es indescriptible. Yo digo que la pesca, además de emociones, es una perfeccionadora del tacto, porque a través de ese sentido, complementa el de la vista, que es lo que más trabaja en la pesca, pero mucho más nos hace sentir el pez; de otra manera esto de pescar sería muy soso.
Hay pescadores que utilizan técnicas que le permiten usar hilos extraordinariamente gruesos y cuando clavan un pez, lo arrastran literalmente fuera del agua... eso para mi quita a la pesca lo esencial, el sentir la lucha y lograr acercar al pez con paciencia y habilidad.
En la pesca a mosca se unen varias cualidades; la habilidad, la práctica y el conocimiento. Estas sumadas a la curiosidad y a la paciencia nos permiten disfrutar de estupendas jornadas de pesca.
Digo habilidad y práctica porque la mosca que esta al final del hilo no tiene peso. Lo que pesa es la línea y hay que sacarla y mantenerla en el aire para poder lanzar. Esto requiere un proceso de aprendizaje que se acorta con la práctica. Pero hay una segunda parte también complicada que es saber donde lanzar y cuando tensar la línea tras la picada, y esto también se consigue con la habilidad y la práctica. Y a mayor habilidad y practica, mayor conocimiento y a mayor conocimiento mejores resultados.
Recuerdo que pasé mi primer año de pesca con esta modalidad, soportando una escasez increíble de capturas, pero con paciencia todo se consigue.
Por último he mencionado la curiosidad, porque es precisamente el arma principal que nos ayuda a aprender, si es que tenemos suficiente humildad para dejarnos enseñar. Gracias a la curiosidad observaremos y sacaremos consecuencias que nos lleven a mejorar nuestro estilo de pesca y resultados”.

La cola de rata obliga a Joaquín a concentrarse en cada uno de los movimientos para la ejecución del lance, la posada de la mosca , su recorrido por el agua y el momento de tensar la línea tras la picada, o simplemente levantarla del agua para componer otro lance al lugar que ha elegido.
Aprendió a pescar en el Jarama y en el Lozoya, y precisamente este sigue siendo su río talismán. Hoy en día sólo tiene un pequeño tramo libre, precisamente donde más ratos pasó pescando en su juventud. Allí, a pesar de lo machacado que está, sigue levantando alguna que otra trucha.
Por la misma causa es socio de la Sociedad de Pescadores del Valle Alto del Lozoya, porque no esta muy lejos de su casa y le permite divertirse en ocasiones, aunque no vaya con mucha frecuencia.
También es socio del coto de Manzanares del Real, donde el río Manzanares discurre en su tramo mas alto por La Pedriza y es como un río de Alta Montaña o un arroyo.
El resto del tiempo lo dedica a pescar con amigos en los lugares a los que le llevan y todos los años reserva unos días de vacaciones, que discurren por razones familiares en los EEUU, para escaparse allí a pescar.

- “Hay dos zonas especialmente interesantes para mi. Una está en Minnesota, porque de allí es la familia de mi mujer y se encuentra en la zona norte del estado, en los ríos que vierten sus aguas en el lago Superior. Es una zona preciosa que no he pescado demasiado. En la frontera oeste en el estado de Wisconsin, hago más visitas, a no mas de 45 minutos de mi casa, hay un río, el Rush, que tiene bastantes truchas, y que es una delicia pescarlo en verano, especialmente un tramo al lado de un pequeño pueblo llamado El Paso.
Pero mi mayor placer es pescar en Montana, donde tengo un primo que es guía de pesca. La zona que llevo pescando diecisiete años está muy cerca del Parque de Yellowstone. Allí en el área comprendida entre el río Yellowstone, el río Madison y el río Missouri, es impresionante por la cantidad y variedad de ríos, y de especies de pesca, sobre todo de salmónidos.
El río al que le tengo más cariño es al Gallatin, sobre todo a la altura de Big Sky, donde es raro el ratito que pesque y no levante una docena de truchas, y también el Tailors Folks, un arrollo que desemboca en el Gallatin, donde las truchas no son grandes pero si abundantes y astutas, y que se deja pescar muy a mi estilo; mucha piedra, corriente y muy vadeable, de una anchura entre 6 y 8 metros”.

La verdad es que Joaquín ha pescado en muchos lugares del mundo entero, aunque no en todos los que hubiera querido.
El mejor recuerdo lo tiene de haber pescado en Alaska, en la confluencia del río Mulchatna y Stuyahok y además considera esta como una expe
riencia única en su vida.
Ha pescado salmones en Rusia, sobre todo en los ríos de la península de Kola donde la pesca no ha sido mala. Recuerda la desilusión de su experiencia de pesca en Finlandia, sobre todo en los ríos del sur, donde había poca trucha y repoblada. Mejor le fue pescando en la zona de Ruka, en el círculo polar ártico, en los ríos que vienen desde Rusia, aunque tampoco había tantas truchas como pensaba.
Su experiencia de pesca en Noruega, a los salmones, también fue un poco desilusionante, pocos salmones y la mayoría zancados.
Suecia le impresionó. Pescó en el Morrum y había unos reos enormes de 7 kg; fue muy emocionante.
En las zonas de Alemania que ha pescado le han parecido los ríos demasiado lentos, pero no ha tenido oportunidad de ir a las zonas de montaña: También allí ha pescado en lagos y estanques con peces repoblados.
Le gustaron los ríos de
Eslovaquia, limpios y con truchas, aunque no muy grandes.
En Inglaterra y Escocia tiene experiencias variadas, de todos los gustos, hasta pescó en Clubs que son charcas repobladas.
De pesca en mar, aunque no la practica mucho, le encanta el Delta del Ebro, donde tiene muy buenas experiencias, así como en Canarias.
Su mejor experiencia con el surfcasting la ha tenido en Mauritania, así como sobre la pesca de la baila a mosca.
Por último en Cuba disfrutó muchísimo de la pesca, tanto con los enormes bases de sus lagunas, como la pesca en los cayos, andando en las aguas bajeras, pescando bonefish, barracudas y jaks, así como en las desembocadura del río negro, pescando roncadores, snooks y tarpoons. Allí precisamente vivió la experiencia de ver un enorme manatí. El marlín o los túnidos también le han proporcionado inolvidables experiencias.
P
ara Joaquín la cantidad o la calidad de las capturas no tienen importancia. La pesca la vive sin importarle cuanto y en que cantidad. Disfruta por igual pescando grandes y pequeños; por eso hablaríamos horas de sus experiencias de pesca sin que se refiriera a cantidades ni a pesos.
La pesca le ha aportado muchas cosas.

- “Además del divertimento que me supone salir a diferentes lugares, el tiempo que paso pescando hace que desconecte de la vida real y de los problemas. Es como una medicina, una buena medicina, que además me enseña a meditar y a tener paciencia, a la vez que me hace ser consciente de la importancia de la belleza que me rodea y que hace ser partícipe de la naturaleza. Es como si me sintiera parte íntima de ella y eso para mi es esencial. Me ayuda a entenderme y a comprenderme”.

Para España, hablar de la complejidad de la evolución de la pesca es como elaborar un ensayo de la misma evolución de nuestra especie.
Ya en el siglo pasado, la pesca deja de ser un método para obtener comida y evoluciona hacia una actividad de ocio. Está convencido de que esto es lo esencial y es lo que aún sigue pasando en esencia. Considera que hay gente que sigue buscando en la pesca sacar del río todo lo que pueda para llevárselo, pero comienza a ser una actitud sin sentido. Sin embargo Joaquín entiende que, en ocasiones, te apetezca comer alguna trucha de las que uno mismo saca del río, pero hacerlo sistemáticamente es algo fuera de estos tiempos. Además, con la cantidad de pescadores que somos y el aumento de jornadas en el río con la facilidad de transporte, no hay agua que resista esa presión de extracción de pesca.

- “Yo me conciencié de ello antes incluso que aprender a pescar a mosca y lo vengo cumpliendo.
La pesca hoy día es una más de las actividades de ocio que practicamos en la naturaleza y se hace por conseguir engañar a un pez, simplemente por pescar, no por llevar la necesaria comida a la prole.
Esa conciencia va creciendo día a día en los pescadores españoles y será la única garantía de futuro para nuestra pesca. Si tenemos que esperar a que alguna de las administraciones resuelva el problema o limpie las aguas... apañados vamos”.

En la actualidad están más de moda que nunca las iniciativas conservacionistas y ello ha fortalecido el poderío social de la pesca.
Joaquín entiende que la pesca será lo que quiera ser y está admitida como un fenómeno social de grandes proporciones al que no se da importancia porque el pescador no lo exige.

- “Desconozco las cifras de pescadores de nuestro país, pero no me extrañaría nada que se acercasen al 5% de la población y eso es mucha gente para la pobre calidad de agua que disfrutamos.
Pero el pescador no deja de practicar una actividad de ocio que le proporcione felicidad, por lo que no pretende convertirla en otra lucha más, como puede ser la de su trabajo. Por ello no se deja oír con fuerza entre la sociedad. Pero que no quepa duda a los gobernantes que, un 5% cabreado es capaz de hacer mucho daño.
Económicamente en España la pesca es una actividad por explotar en la mayoría de sus campos. El único organizado es la pesca desde embarcación en mar.
Pero ¿os habéis dado cuenta que hasta para comprar cualquier tipo de equipo hay que recurrir a marcas extranjeras? Hay poquísima producción nacional, por no decir nada. Por eso digo que la pesca será lo que quiera ser.
Resulta curioso que ahora, las casas rurales y otros tipos de economías de turismo situadas en las zonas poco habitadas, vivan fundamentalmente del trasiego de pescadores que, entre la primavera y el verano disfrutan de la pesca. Esto se nota claro, en aquellas zonas que disfrutan de agua suficiente para la pesca.
Sinceramente creo que aquí, por la pesca, queda todo por hacer. Hasta casi mi generación, hemos vivido de una relativa abundancia de todo en el campo. Mi generación ha sido la primera que ha visto como disminuía la pesca acompañada de la falta de calidad de agua y de las obras públicas mal diseñadas y concebidas. A pesar de ello vivimos en un país privilegiado que, con poca agua, guarda enormes tesoros que muy pocos se han atrevido a explotar. Puede que sea por esto y por otras razonas, por las que aún, económicamente, la pesca sea un mundo aún por eclosionar".