Carta abierta a Pablo Castro Pinos, "Fireman"

Hola, Pabliño.
Debo ponerte unas letras porque me lo pide el sentido común y el agradecimiento, y no digo que me lo pide “el cuerpo” porque alguno de nuestros admiradores comunes podría pensar que me gustas y otros aún más retorcidos pensarían en la Guardia Civil. Y nada de ello es cierto; a pesar de reconocer que eres un tipo guapo, lo siento, no me gustas.
Dicho esto, para que no haya malos rollos como esas delirantes trifulcas que montan otros en sus patéticos y cansinos dominios virtuales, debo hacerte una serie de consideraciones para que nuestra amistad no se resienta y siga fortaleciéndose como lo ha hecho hasta ahora.
Entendí las causas por las que no llegaste a cenar el viernes porque te lo impidió una urgencia profesional y ahora lo lamentamos por no haber disfrutado esa cena contigo.
El sábado era uno de esos días que uno espera con impaciencia. Dada mi condición de pescador del montón, mal escritor y peor periodista, el día me deparaba pesca y comida con Fireman y Narla, D. Francisco. Por cierto, cuando digo lo de mal escritor, digo también que tengo ocho libros publicados y que este año serán diez. Lamento mi falta de humildad, pero es para recordarle al acomplejado orensano que él sigue con 1 y que no pasará de “sólo 1” aunque mil veces viva. Tranqui, Pablo, esto es una cuenta pendiente que tengo malsaldada.
Pues eso. que Javi, Xoel y Maca nos tenían preparada una de esas guapas-guapas. Hablando de belleza, te felicito por tu buen gusto a la hora de casarte y de paso agradecerte que te acompañara Merce, la madre de tus hijos ¡Que simpatía, qué saber estar y, si me permites, qué insultante belleza…! ¿Cómo no nos van a tener envidia, Pabliño?
Los tres mosqueteros del CIT nos convencieron a primera hora con una empanada de locura –cuerpo a tierra-, otros llevan la empanada a cuestas toda la vida. Para empezar, el papeo, que ya sabes que si oyes cantar el cuco con el estómago vacío te entra el mal fario y gafas la temporada al por mayor.
Y nos fuimos al río. Mi hermano vital, Torres (y Roca, por parte de su señora madre), había desistido de pegar unos lances a tu lado –se amilanó, oye- por lo que se adueñó de la Canon, que estas experiencias hay que documentarlas con todo lujo de detalles y sin reparar en gastos de revelado del carrete…
Alto Eo y Rodil. Zonas de agreste fisionomía, frondosa vegetación y hermosura paisajística. Picamos unas cuantas y, a pesar de estar absolutamente absorto en la contemplación de tus lances, tuve tiempo de ver a dos truchas que cuando ya estaban al alcance de tu línea, una le dijo a la otra: ¡Coñó, el bombero! Y acto seguido salieron escopetadas río abajo. Media hora después estaban en la placidez de Ximonde. ¡Pescar no pescarás, pero las dejas impresionadas…!
Ciertamente, Pabliño, lo pasamos francamente bien siguiendo tus evoluciones y aprendiendo detalles que no pasan desapercibidos.
Reparamos el desgaste matinal con la comida en Casa Horacio de Chao de Pousadoiro ¡Qué amabilidad y qué bien se come…! El yantar, ya con Paquiño –el de apellido ilustre con nombre de río- fue en consonancia a la conversación a la que no faltó un significado ullanés, Miniño, que ya templaba la vara para el Concurso del Salmón del Eo.
Si te parece y me permites, campeón, mando desde aquí mi agradecimiento a Javier, Xoel y Maca. ¡Vaya trío!
Por la tarde volvimos a pegar unos lances con tiempo más que suficiente para llegar a un momento verdaderamente emocionante para ti.
Muchos son los llamados pero pocos los elegidos. Este año las alturas pontenovesas del CIT te llamaron para rendirte público, merecido y sentido homenaje en el acto protocolario de la Fiesta de la Trucha. Homenaje a la 4º directiva del CIT, nombramiento de Socios de Honor a Alberto Torres, a los Amigos do Miño y a S.D. Rodeo. Pregonazo de Francisco Narla (y Trucha de Oro) e Insignia de Oro para Pablo Castro. Por momentos ponías cara de no saber ni por donde andabas. No sé si era la emoción o que estabas descubriendo un mundo nuevo (y tan feliz como el de Karina).
Compartimos degustación con Dario Campos, otras autoridades y muchos pescadores que se acercaron a la que ya es tu segunda casa, y tuvimos tiempo de catar las maravillas de Javier, el de La Mina, con una parrilla de rosario y reclinatorio.
Y retirada que tampoco era cuestión de pasarnos abusando de tu compañía. Unas horas después tenías que batirte en las caprichosas y bravas aguas del Eo.
El cabronazo de Brandón nos hizo madrugar. Qué frío, oye. Pero había calor humano con la llegada de un nutrido grupo de mosqueros deseosos de estar a tu lado.
Con la primera manga concluida y finiquitada, tenías todas las opciones al hacer un segundo en tu tramo pero, ya ves como son estos jodidos que querían meterte en dificultades. Hasta tu fiel amigo de Catoira se prodigó en su tramo colocando un sexto puesto en la primera manga y eso que después controlaba a Brandón que es como si vigilas a Snoopy lleno de chupitos de Fairy (Grande, el cabronazo este de José Luís)
Ya en la segunda manga me acerco a mi tramo y resulta ¡oh, cielos! que me esperabas porque la fortuna te deparó la inmensa oportunidad de controlar a un portento de la seca. Nada visto hasta hoy. Noté desde el primer momento tu nerviosismo. Por un lado querías aprender y asimilar algo de mis inmensos conocimientos pero, por otro, sabías que si me dejabas pescar a gusto te podía hacer un roto en la clasificación final. Así que empezaste a liarme con tu amena y agradable conversación -¡cabrito zalamero!- tanto que fui cayendo en tu pérfida trampa. Y pasaron los minutos en los que hablamos de todo y a veces de casi todos –algunos no merecen ni una línea- y cuando me di cuenta apenas tenía tiempo material para cuatro lances mal ejecutados, pero aún podía salvar la plica y la manga. Y ahí, en un comportamiento impropio de un Campeón del Mundo utilizaste otra artimaña de veterano en competición. Liaste a tu inocente señora para que se hiciera la desnortada por las calles de A Pontenova –ni que A Pontenova fuera Nueva York- y con la preocupación por su desorientación yo ya no podía ejercer mi magno magisterio ni salvar la plica.
Pero me acordé de un amigo mío, un fiera que perdió un campeonato del mundo por una trucha, el mismo que descendió en su casa, y a falta de 17 segundos, en un intento más desesperado que certero, aún pude realizar mi doble spey con tirabuzón invertido y triple tracción lineal inversa, pero los dioses del Eo tenían el lugar reservado para ti. Te afeo la conducta por distraerme pero en Waldemar te voy a pegar un meneo de carallo. Toma nota, que concurso con casco vikingo y cuernos, esas protuberancias óseas con las que nacemos orgullosamente los de Catoira y que a otros le salen al casarse.
Reconócelo, respiraste aliviado cuando plegué la Maxia virguería de Viñuales. Ahora sí tenías el oro mucho más cerca porque el resto de los competidores… pues…. Papito, Seijas, Comba, Delmiro… del montón, oye. No eran malos y hasta tenían ciertas cualidades pero el Brandón hace escuela…
Y así fue, libre de peligro, tampoco fallaste en la segunda entrega.
Comimos, como siempre, en un ambiente de fiesta y pesca con el tiempo justo de volver al Auditorio para la entrega de premios. Otro momento emocionante. Mira, amigo Pabliño, que he oído ovaciones dignas de La Scala de Milán, pero la que te tributaron cuando te entregaron “O Forno” de Campeón en A Pontenova va a ser recordada durante tiempo, mucho tiempo. Un público entregado a una trayectoria, a una forma de ver y sentir la pesca, a una persona con principios, a un caballero… Emocionante, oye (en Waldemar, agradécele sus aplausos a Monty, el Jefe del Poblado, que acabó en el Centro Médico con las manos despellejadas…)
Y no hubo tiempo para más que para la despedida y alguna que otra llamada durante el camino de regreso. El resto queda entre nosotros y en las orillas del majestuoso Eo.
Finalmente, debo recordarte que no fuimos juntos al colegio y que tampoco hicimos la mili en Regulares, que la amistad es mucho más que eso. Pasaste por A Pontenova y, creo que A Pontenova pasó por ti. Eso es lo que cuenta. Que ahora sabes que tienes una tierra en la que se te respeta y se te quiere; una tierra donde siguen tu exitosa carrera; una tierra y un río donde siempre habrá una copa de vino y un taco para recibirte cuando quieras.
Aún no habías llegado a tu casa y los anfitriones preguntaban si habían estado a la altura de tan ilustre visitante, y, yo, que no soy nadie, les dije que sí, que pocas alturas hay como ellos y como tu. Pero como la contestación había quedado coja, Alberto Torres concluyó la jugada marcando un gol de cabeza: ¡Porque somos la hostia!
Pues eso, que A Pontenova no tuvo dos Campeones del Mundo en el Concurso de Mosca de este año pero los tendrá en el Encuentro de Prensa dentro de dos semanas.
Lo más importante, que por A Pontenova no pasó el Campeón del Mundo, paso Pabliño, Fireman, el humano que pesca como un ser de otro planeta; pero recordaremos la persona, el amigo.
Gratitud eterna y amistad per sempre.
O de Catoira.

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